EL ataúd Asante
La tradición oral recuerda que en la antigüedad, eran los troncos ahuecados o las cortezas de árboles, los materiales más comunes usados como receptáculos, dentro de los cuales se colocaban los cuerpos de los asante muertos, que previamente al entierro se envolvian en algodón. Actualmente, para hacer gala de la importancia y riqueza de la familia o la generosidad de sus deudos o amigos, dado que al difunto ya poco le puede interesar, se ha introducido la moda de encargar hacer o importar, ataúdes hechos de plata, latón o incluso vidrio. Cuanto mas caro o estrambotico, a nuestros ojos, mejor.
Osei, – 2002, afirma que:
“Los ataúdes son bastante comunes en la cultura asante”.
Parece que en origen se fabricaban a partir de láminas sacadas de las grandes raices de la onyina o árbol de la seda, que proorcionaban finos contrafuertes planos.
Rattray, – 1927, afirma que:
“Cuando se usaba un ataúd, se depositaba el cuerpo simplemente envuelto en esteras”.
Para no reducir la controversia sobre este tema sólo a los asante, es prudente comprobar lo común de esta práctica, en casi todos los rincones.
“El cuerpo no solo se representa en el arte. Se usa para hacer arte, o se transforma para convertirlo en arte. El cuerpo humano es un material más, susceptible de creación artística. Puede ser pintado o esculpido, o puede ser parte de una actuación o espectáculo”. Lazzari y Schlesier.- 2002.
Los asante son unos de los mejore valedores y ejemplo de lo anterior.
el arte funerario
Han adoptado el cuerpo humano, muerto o vivo, incorporandolo en sus artes funerarias como transmisor de ideas y creencias a expensas de las palabras. Como resultado, tienen un repertorio de arte corporal funerario que va desde pintar la piel, a la elaboración de tipos de peinado o vestuario, incluido el calzado, el uso de amuletos, pulseras, collares, tobilleras y adornos corporales diversos para preservar ciertas creencias relacionadas con la muerte.
También, como tantos otros, incorporan todo tipo de objetos, personales, de los seres queridos o con conceptos para proporcionar un buen tránsito y o estancia, como sucede en gran parte de África y medio mundo.
Es claro y comprobado que en los enterramientos se introducían objetos, tenidos ahora como obras de arte, que comprendían útiles como lanzas, arcos y flechas, taburetes, herramientas, adornos e incluso tabaco y aquellos otros artículos que el difunto utilizaba en su día a día como los recipientes donde comía o bebía.
Los objetos más importantes encontrados en un enterramiento, fueron los del rey Tutankamón de Egipto que murió en . Estos fueron descubiertos en su tumba en el Alto Egipto casi 3.300 años después, en 1922. Comprenden joyas, muebles, altares y máscaras recubiertas de oro.
Para los asante, es imprescindible acreditar la posición o estatus del fallecido, para lo que se presenta el cadáver y su túmulo adecuadamente.
Simbolismo
Estos están dictados por factores tales como las circunstancias de la muerte, la edad, la posición social y la jerarquia del fallecido. Utilizan unas pulseras, monedas, que simbolizan el ‘espectro’ y el ‘alma’, Saman Sika o Kra Sika, adornos con un diseño concreto, que se adaptan a las muñecas del cadáver. A ello se le añade polvo de oro sobre sus oídos y en las mejillas sobre el arco cigomático, conocidos como sikagubea, lugar para verter el polvo de oro.
Tambien se coloca y sujeta en el costado, un atillo de tela con polvo de oro, a efectos de moneda para el tránsito; parte de su cabello a veces se coloca en la boca.
Rattray, -1927, justifica esto aseverando que el cabello es una forma de dinero o tiene algún valor en el mundo de los fantasmas.
Rattray 1929, p.152. y otros especialistas, de antes y ahora, atestiguan y documentan, que la cabeza del cadáver del jefe es afeitada y que sobre ella se le aplican lineas alternativas, rojas hechas con tinte de sono, blancas de arcilla y negras de bidie u hollin.
Tesis de Benenneh
Sobre esto hay una texis comentada de Benenneh, 1999, que da una peculiar interpretación sobre estos colores de la siguiente manera: “Invariablemente, el rojo representaba la sangre de los parientes vivos, el negro la muerte y el blanco a los antepasados. El motivo del por que esto, era reconocer fácilmente a la persona muerta si de repente aparecia caminando como un saman, fantasma o espectro”.
También se sabe que a veces, se sujetaba la cabeza del cadáver con un cazo de metal con mango, en el que se insertaba la cabeza por la nuca con el mango tras el cuerpo, para que la cabeza quedara siempre firme; y que en lugar de colocar las manos sobre su seno, a veces se le introducian los dedos en un kuduo o recipiente metalico relleno de polvo de oro.
La conclusión sigue siendo que el cadáver estaba vestido y adornado con mucha más opulencia de lo que nunco estubo en vida.
Los catafalcos eran como camas de latón nuy trabajadas y brillantes y de uso común. Se recubrian con varias mantas y multicolores kente que debían ser de buena calidad. En general, el cuerpo se colocaba en posición de cúbito supino con las manos dobladas sobre el pecho o paralelas al tronco, con las peculiaridades que ya se han dicho. Estaba cubierto con un untunoma o sudario, que generalmente era un kente, lógicamente el mejor disponible, adornado con todas las formas posibles de ‘moneda espectral o alma’ Saman Sika o Kra Sika, en forma de adornos dorados o plateados de varias formas, tamaños y diseños, colocados en el brazo, antebrazo, muñeca o tobillos. Esto también lo confirmaba Benneh -1999.
El algodón
Curiosamente y como resultado del uso de algodón para prácticas funerarias, empezo a escasear y fue un producto que se adquiría en cuanto se podía por el alto valor que alcanzaba. Esto produjo un efecto adverso, pues a menos algodón, más se quería utilizar en el sepelio. Los familiares comenzaron a experimentar dificultades para obtener la cantidad requerida y debido a esto se llamaba a familiares, amigos y simpatizantes, para ver si donaban algo de algodón para envolver el cadáver. La escasez por el acopio, produjo tal demanda que se empezaron a utilizar determinadas mezclas o productos sustitutivos, como el nsaabodes, un subproducto o mezcla del asaawa o algodón y aborde, cualquier otra fibra.
Esto influyó en el asuede, los bienes fúnebres. Esta es una práctica en la que una viuda o viudo, así como sus seres queridos, entregan artículos como esteras, almohadones, retales de tela o pañuelos y anillos. Muchos otros asante divergen de lo anterior y opinan que el término nsaabodeε, escrito tal cual, se ha derivado de la práctica de ofrecer pequeñas cantidades de nsafufuo, vino de palma, como otro tipo de donacion que ayudara a la familia al ofrecer bebida a los allegados durante el funeral. Y que por lo tanto, nsaaboadeε, literalmente significa vino de asistencia. Cualquiera que sea la etimología de los nsaabodes, todas las contribuciones al respecto, ya sea directamente a la familia afligida o indirectamente al difunto, se denominaron así.
Curiosamente, varios de estos primeros comentarios sobre los funerales de los Akan podrían servir hoy para describir aspectos de las actividades funerarias actuales. Lo que confirman sucesivamente deMarees 1604, Bosman 1705, Atkins 1735, Bowdich 1819, Cruickshank 1853, MacDonald 1898.
Occidentalización
Las típicas coronas occidentales, también se han convertido en recurrentes. La penetrante occidentalización ha acabado con determinadas tradiciones, suprimido el uso de ciertos requisitos tradicionales sobre el dinero y de los otros numerosos artículos que solían acompañar a los muertos al mundo de los espíritus. El código de vestimenta del cadáver, además de las reglas tradicionales, también está cediendo a dicha presión. Esto se atribuye en parte al desprecio con que el cristianismo, el islam y la cultura occidental consideran esta práctica, ya que se considera adoración de ídolos.
Antiguamente, la tradición requeria que las ceremonias fúnebres se celebraran los lunes o jueves, excepto si esos días coincidian o estaban reservados para nnabone, los días en que las deidades bajan entre los hombres y se inmiscuyen en sus asuntos. El término tiene una traducción similar a ‘días malos’. En la actualidad esto ya casi ni se recuerda.
Casi todo esto, queda relegado y gran parte es atribuible a la creciente occidentalización pero tambien a los expoliadores de tumbas, que dada la gran parafernalia y alarde con que se siguen realizando los enterramientos, no dudan en realizar saqueos masivos, sin respeto por los restos de los difuntos ni por ninguna otra cosa que no sea hacerse con lo que de oro pueda haber o por cualquier objeto susceptible de ser vendido en el mercado ‘negro’.
En esta foto de Anthony Pappone, se observa la comitiva de un asantehene con todo el ritual, alarde de ostentación y vestimenta tipica de un funeral.
Es curioso observar en la actualidad que procesiones como la de Adoa, dedicada a las ceremonias de enterramiento se mantengan, contrariamente a lo que los nuevos gustos imperantes quisieran; esto se debe al gusto aun mantenido, y aumentado, por el gusto por la ostentación que prevalece entre los akan, siendo estas ceremonias un escaparate excepcional. Los funerales akan demandan del boquiabierto espectador una atración manifiesta. Similar al interes que levantan entre los espectadores, el derroche y extravagancia de nuestras procesiones de Semana Santa.
Especialmente en los de personas relevantes, se puede observar a mujeres y niñas procesionando, vestidas con llamativos trajes dansinkran bajo capataces que ostentan pulidos cuencos de metal, en un brillante cortejo.
Nketia, -JHK 1955, comenta que: “Las niñas, que no se espera que ayunen, se desplazan al principio de la comitiva, sembrando el suelo con petalos de flores y cantando: ¡Nana awuoo!, ¡Ymmuuuuuuuu!. “Se dice que al hacerlo, estaban demandando dinero para comprar comida, incidiendo en que si no se cumplía con la demanda, interrumpirían las ceremonias funerarias”. Todo esto último fueron retazos finales y ya desaparecidos que en la actualidad no se dan.

Juanjo Andreu
Profesor de Bellas Artes y comisario cientifico de arte tribal africano
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