Las leyes
El Estado Asante, era, de facto, una teocracia. Pero no hay que olvidar la imposición desde el siglo XVII de la legislación inglesa. Aunque en principio adécuan las reglas a la idiosincrasia de los asante, acaban, tras las multiples revueltas, por imponer sus conceptos legales. Si al principio regularon lo comercial, su mayor interés, acabaron por extender sus conceptos a lo penal, instaurando corte y jefe de policia. Al Rey Asante y su Consejo, no les quedó otra que rubricar lo impuesto. Dicho lo cual, el Estado Asante se regía invocando postulados religiosos, más que seculares o legales
Lo que un estado de hoy en día vería como crímenes, para los Asante tan sólo serían faltas. Los actos antisociales demostraban falta de respeto a los antepasados, y sólo eran secundariamente dañinos para la comunidad, aunque si el jefe o el rey no castigaban tales actos, invocaba la ira de los antepasados y por lo tanto, corría peligro de ser acusado. La pena por algunos de estos lesivos actos era la muerte, pero rara vez se imponía; lo más común era condenar al destierro o el encarcelamiento.
Era habitual que el Rey exigiera o conmutara todas las penas capitales.
Las decisiones conmutadas por el Rey y los jefes, a veces se otorgaban previo rescate o soborno; incluso estában reguladas de tal manera que no debían confundirse con multas, pero se consideraban como ingresos para el estado, por lo que en su mayoría se daba la bienvenida a pleitos y litigios. Las conmutaciones tendían a ser mucho más frecuentes que las ejecuciones.
Código penal
Los Asante, incluso hoy, rechazan y penan el asesinato, e incluso consideran el suicido un asesinato, de tal manera que antiguamente al cadáver de quien se suicidaba lo decapitaban exactamente igual que a un asesino. Decapitaban a los que se suicidaban, pues era el castigo usual por un asesinato. El suicidio era un crimen despreciable, sobre todo en la corte, pues mermaba el prestigio del Rey al ser este el único autorizado a dictar tal sentencia.
En un juicio por homicidio, se debía establecer la intención. Si el homicidio era accidental, el asesino pagaba una indemnización al linaje del difunto.
El loco no podía ser ejecutado debido a la ausencia de intención responsable, excepto si era por asesinar o maldecir al Rey; en el caso de insultar o maldecir al rey, la embriaguez era una defensa válida.
Los crímenes capitales incluían el asesinato, el incesto dentro de la línea femenina o masculina, y las relaciones sexuales con una mujer que estuviera menstruando; la violación de una mujer casada y el adulterio con cualquiera de las esposas de un jefe o del Rey, también.
Los insultos al Rey, a un jefe o miembro del tribunal, conllevaban la pena capital, obviamente una agresión, con mayor motivo. Maldecir al Rey o invocar poderes para dañarle, se consideraba un acto indescriptible y estaba penado con la muerte. El que incita a otro para cometer tal acto debía pagar una gran indemnización.
A los practicantes de hechicería y brujería se les condenaba a muerte pero no por decapitacíon, ya que su sangre no debía derramarse. Se les ejecutaba mediante estrangulación, ahogamiento o quemados.
Por lo general, era entre las familias o linajes donde se resolvían las disputas particulares, al igual que hoy. Sin embargo, cuando el crimen lo requería, un jefe podía emitir un ditamen en nombre del Rey por el que tales disputas podían ser llevadas a juicio ante un jefe de mayor rango e inluso llegar al Rey.
el Tribunal del Rey
Al final, si hacía al caso, era el Tribunal del Rey el que dictaba sentencia, ya que solo el Rey podía ordenar la pena de muerte. Ante el Consejo de Ancianos y el Tribunal del Rey, los litigantes podían explayarse cuanto tiempo quisieran. Cualquier persona presente podía interrogar al acusado o al acusador, y si el proceso no daba lugar a un verdicto, se llamaría a un testigo especial para que brindara testimonio adicional. Si había un solo testigo, su juramento aseguraba que decía la verdad. Además, era impensable que favoreciera o fuera hostil a cualquiera de los litigantes. Los casos sin testigos, además de la brujería o el adulterio, se resolvían mediante pruebas, como ingerir veneno.
La veneración hacia los ancestros establece el sistema moral de los asante y proporciona la base principal para las sanciones gubernamentales. El vínculo entre la madre y el niño centra toda la red, que incluye ancestros y otros hombres también. Su sistema judicial enfatiza el concepto asante de rectitud y buen comportamiento, que favorece la armonía entre las personas.
Las reglas fueron hechas por Nyame, Dios, y los antepasados, por eso, uno debe comportarse en consecuencia.

Juanjo Andreu
Profesor de Bellas Artes y comisario cientifico de arte tribal africano