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Juanjo Andreu

Dossier digital de antropología africana y arte tribal africano.

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Juan Jose martin Andreu

La metalurgia en África del mito a la realidad

octubre 12, 2022 by Juan Jose martin Andreu Deja un comentario

METALURGIA FRICANA

LOS HERREROS AFRICANOS NO SON ALQUIMISTAS

Primero advertir que no soy experto en nada y menos en esto.

Tras mucho leer e investigar, voy a intentar resumir lo mejor que pueda algo que me ha interesado profundamente, primero por las obras vistas en metal de los distintos pueblos africanos; segundo porque tras tan solo vislumbrar, me es imposible profundizar por desconocimientos técnicos, reconocer que encierra aspectos increíbles. Yo también hubiera pensado que esos objetos provenían si no de los atalantes, sí de civilizaciones tecnológicamente más avanzadas, antes de conocerlos jamás hubiera imaginado estuvieran manufacturados en el continente africano.

No es de extrañar el poder y respeto que merecidamente se tiene a los herreros.

Permitidme primero hacer un colorario sobre la metalurgia, aunque incidiendo en el continente africano.

1ª Foto: Casimir Zagourski

La Metalurgia

El hierro Del mito a la realidad.

Imaginemos una estrella fugaz, tan rauda, que en un deslumbrante parpadeo cae ante nosotros entre un silbeante pero atronador zumbido, pavorosas llamas y una impresionante fumarola que nos advierte de la escasa distancia donde ha caído.

2ª

Ahora el hecho en sí nos asustaría, aunque supiéramos de qué se trata. Pero pensemos esa misma situación, si somos capaces, en los prolegómenos de nuestra era, hace tres mil años por no retrotraernos más.

Los meteoritos debían causar pasmo y tras esto incertidumbre.

Mil una preguntas debieron sobrevenir sobre los observadores. No sé cuánto tiempo pasaría entre esas primeras situaciones, el miedo al incendio que me imagino ocasionarían y el que alguien se atreviera a acercarse y mirar aquello que había venido del cielo.

Lugar donde residía lo Sagrado.

En ciertas culturas es probable que se imaginasen castigos divinos, peleas entre dioses o un regalo por la adoración al dios, ahí intervendría, en cualquiera de ellas, el medrador de turno. Lo cierto es que llegaban a la tierra cargados de sacralidad celestial, pasando posiblemente a ser uno de los primeros objetos a los que se rindiera culto.

Los expertos dicen que de ahí procede muy probablemente el culto profesado a tantos meteoritos o incluso su identificación con una divinidad, perciben en ellos la primigenia forma de lo divino, junto al miedo al no saber ni entender.

Dado que la Tierra era la Diosa Madre Nutricia, cualquier cosa que la hendiera tenía un componente masculino, los lugares donde se hallaban los meteoritos creíase que habían sido escogidos por la Divinidad enviados con su arma, el rayo.

Parece ser que en algún momento, el ser humano se atrevió a manipularlo o tras una caída, vio que se partía dejando ver una especie de cáscara que envolvía un núcleo, una almendra más brillante fría y extremadamente dura, que utilizó en fabricar herramientas similares a hachas, martillos o puntas de flechas, cosas que también penetraban en la tierra. Como los meteoritos y los rayos, estos útiles simbolizaban la unión entre el cielo y la tierra.

La esencia masculina de los meteoritos les era indiscutible, pues ciertos sílex y herramientas neolíticas han recibido de los hombres de épocas posteriores el nombre de ‘piedras de rayo’, ‘dientes de rayo’ o ‘hachas de Dios’.

En contrapartida otros muchos símbolos y apelativos asimilaban la tierra con la mujer.

Platón ya recordaba en ‘Menex, 238 a’ que en la concepción la mujer es la que imita a la tierra, y no a la inversa.

El hierro meteórico es utilizado por los ‘primitivos’ mucho tiempo antes que los minerales ferrosos terrestres. Por otra parte, es sabido que antes de descubrir la fusión, los pueblos prehistóricos trataban a ciertos minerales lo mismo que si fueran piedras; es decir, los consideraban como materiales idóneos para la fabricación de objetos líticos.

Hasta los que nada sabemos, sabemos de la gran raigambre del hierro en África. El arqueólogo francés Gérard Quéchon comenta con acierto: “El hecho de tener raíces no supone afirmar que sean más profundas que las de los demás… porque lo importante en sí no es que la metalurgia africana sea la más reciente ni la más antigua”. “Además, si algún día nuevos hallazgos demuestran que la siderurgia se difundió desde otro foco primigenio, África no sería mejor ni peor por ese motivo”.

Nicole Boivin, directora del Instituto Max Planck de Alemania para la Ciencia de la Historia Humana, hace doce años viajó a Kenia, a Panga ya Saidi, a una red de cuevas en el Valle del Rift, a menos de 10 millas de las costas del Océano Índico. Boivin pretendía desentrañar aspectos sobre las rutas comerciales establecidas por los africanos orientales hace 2.000 años. En estas cuevas de la costa de Kenia encontró datos que hablan de poblaciones asentadas desde mediados de la Edad de Piedra hasta la Edad del Hierro. En el primer nivel de excavación encontraron piezas de hierro de entre el 200 al 1000 de n.e. y según fueron acotando en capas más profundas encontraron muestra de cambios graduales en innovaciones culturales, tecnológicas y simbólicas que comenzaron hace 67.000 años.

3ª Excavación de Panga ya Saidi, Kenia. Foto: Mohammad Shoaee

África creó su propia siderurgia tres mil años antes de la era cristiana. Esta es la conclusión a la que se llega en el libro “Aux origines de la métallurgie du fer en Afrique”, “Los orígenes de la metalurgia del hierro en África”, un monumental trabajo científico recién publicado por las Ediciones de la UNESCO, en el que se echan por tierra muchos prejuicios y que los interesados deben leer. 

Es poco conocido, que milenios antes de n.e., en África, ya se dominaba la técnica para transformar el mineral de hierro en metal; y menos aún que antes de la colonización ya existieran galerías subterráneas a gran profundidad, de las que se extraía el mineral ya de manera industrial, como las minas de hierro de Télé Nugar desde hace siglos abandonadas, que fueron descubiertas en 1911 por el General Dérendinger. Discurren por túneles de más de 1 km a las que se accede por varias bocas y que desembocan en grandes cámaras de hasta 22 por 10 metros. Se sabe que fueron excavadas en época precolonial, pero no ha sido hecha, aún, una datación precisa. Pocos saben que los africanos construían, antes de la colonización, por tanto antes de la producción industrial en Europa, hornos para reducir el mineral que podían tener hasta más de 6 metros de altura. También es poco conocida la importante función que cumplía el herrero en las sociedades africanas ni la que desempeñó el hierro, como valor económico, en la construcción de las metrópolis del África en la edad antigua.

4ª Boca de una mina en el País Dogón, Malí.

La metalurgia del hierro no llegó a África desde el Asia Meridional, a través de Cartago o de Meroe, como se ha afirmado durante mucho tiempo. La tesis de su importación, muy impregnada de la ideología colonial, se tambalea ante los recientes descubrimientos científicos que parecen corroborar la existencia de uno o varios focos de actividades siderúrgicas en África Occidental y Central, así como en la región de los Grandes Lagos. Los hechos son elocuentes. Las dataciones efectuadas en los años ochenta en Termit, en Níger Oriental, aventuraron que el trabajo del hierro se remontaba a 1.500 años antes de Cristo, mientras que en Túnez o Nubia hizo su aparición en el siglo VI de nuestra era. Ya en el siglo XXI, datas hechas al oeste de Termit Tintoumma, en Égaro, Nigeria, las pruebas atestiguan una época mucho más temprana: más de 2.500 años antes de n.e., lo que remite a que la siderurgia africana es coetánea a la del Oriente Medio. 

Hablando de hierro y África, no podemos dejar de resumir el origen y proceso metalúrgico del hierro en el antiguo Egipto, conscientes de lo especializado y complejo de este tema concreto. Durante largo tiempo los egipcios no supieron de otro hierro que no proviniera de meteoritos. El hierro de yacimientos no parece haber sido utilizado en Egipto antes de la XVIII dinastía y el Nuevo Imperio, del 1550 al 1259 aC., según R.J. Forbes, p. 429.

Ciertamente los objetos de hierros encontrados entre los grandes sillares de la Gran Pirámide, 2900 a.C., y en otra de la VI dinastía en Abidos, provenían de hierro terrestre, aunque no está claro que su origen fuera egipcio. En esa época los egipcios lo llamaron ‘biz n pt’, literalmente ‘metal del cielo’, pues el fulgor que emitían al entrar en la atmósfera permitía ver caer del cielo los meteoritos que se incrustaban en la tierra. Este metal celeste era más rico en níquel que el hierro terrestre, dotándole de más flexibilidad y resistencia, y se le dio más valor que a las gemas o el oro. No fue sino hasta el 2.500 a.C. que los mineros comenzaron a extraer el hierro de la tierra, e incluso llevó cientos de años depurar el precioso mineral y manufacturarlo. Forbes, p. 428, afirma que el término biz n pt se aplicó en primer lugar al cobre. Rickard, en ‘Man and Metals’, I, p. 149, nos dice que: “Los Hititas lo hicieron igual; un texto del siglo XIV aC., apunta que sus Reyes utilizaban el hierro negro del cielo”.

No debe creerse que la utilización de este meteórico material ferroso propiciara una edad del hierro, pues ni era fácil de encontrar ni el existente abundaba, por eso era tan preciado como el oro y casi de uso exclusivo en rituales. Tuvo que descubrirse, posiblemente ante meteoritos candentes, la fusión de los minerales para dar entrada a una nueva era de la Humanidad, la de los metales.

Sobre todo en lo referente al hierro. A diferencia de la del cobre y del bronce, la metalurgia del hierro se industrializó con rapidez, una vez desvelado y difundido el secreto de fundir los minerales de hierro más comunes y abundantes, como el brillante negro de la magnetita, o el rojizo de la ‘piedra de sangre’ o hematita. Matrimonio perfecto, como decían y dicen los dogón, pues la negra se encuentra incluso sobresaliendo de la tierra y es dura, mientras que la otra, roja y blanda, está en lo profundo, cavando. Dado que los yacimientos eran ricos y fáciles de explotar no hubo ya dificultades para obtener cantidades de metal suficientes.

Fundir hierro proveniente del cielo, nada tenía que ver ni con el terrestre, ni con los sistemas de fundir cobre y mucho menos bronce. Tuvo que llegar el horno y la posibilidad calórica de llevar el metal al rojo vivo, para que con el endurecimiento que así se conseguía el hierro se posicionara en la cumbre utilitaria de los metales. Las evidencias dicen que fue en las montañas de Armenia, sobre el 1200 al 1000 aC., donde la metalurgia a escala industrial se dio primeramente. Forbes, pp. 417 y ss, nos dice que: “De allí, el secreto se expandió por el Próximo Oriente a través del Mediterráneo y por la Europa central, si bien, como acabamos de ver, el hierro, ya fuese de meteórico o de yacimientos superficiales, era conocido ya en el III milenio aC., en Mesopotamia, lugares como Tell Asmar, Tell Chagar Bazar y Mari; en el Asia Menor en Alaca Hüyük y probablemente en Egipto”.

Así como la Edad de Piedra estuvo largo tiempo impregnando con sus estilos la Edad del Bronce, esta supeditó del mismo modo la del hierro. Emergió el hierro así, dando paso a nuevas formas en estatuillas, ornamentos, amuletos y útiles. Tuvo, y lo conserva aún en algunos ámbitos, carácter sagrado por su procedencia celestial y lo exotérico que añadía el fuego, a lo qué a posteriori se unió lo telúrico que aportaban las hoquedades o minas necesarias para extraer el terrenal. Como es natural, la metalurgia del hierro se benefició de los descubrimientos técnicos de la del cobre y el bronce. Es sabido que desde el período neolítico, del VI al V milenios, el hombre utilizaba esporádicamente el cobre que podía encontrar en la superficie de la tierra, pero le aplicaba el mismo tratamiento que a la piedra y al hueso, lo que quiere decir que ignoraba las cualidades específicas del metal. Fue más tarde cuando se comenzó a trabajar el cobre calentándole, pero no es hasta entre el 4000 al 3500 aC., períodos de Al Ubeid y Uruk, que se inicia la fusión de cobre, aunque esto no permite aún hablar de una ‘edad del bronce’, ya que la cantidad que se producía de dicha aleación era muy pequeña.

Esta generalidad que al establecerse en Europa impera, no se da en África, donde de la piedra se salto primero al hierro antes que al bronce, aunque las cuestiones técnicas si se dieron de igual manera.

El herrero es ante todo un jornalero del hierro, esto le hace un trashumante un nómada, en busca del mineral que necesita y de quien le encargue una labor. A lo especial de su trabajo y los medios que necesita, entre fuego, fumarolas y chispas que crean un ambiente inusual, propicio para condicionar al aturdido agricultor o guerrero que necesita de un útil o arma con el que conseguir la cosecha del siglo o la conquista del mundo, es el hombre perfecto al que hacer partícipe de esas ilusiones o de los fracasos que hasta entonces han tenido. Es el guardián, pero también difusor de los mitos, que trasmite entre los ritos y misterios de su labor. Lo que traslada a los asistentes a un expectante y prodigioso universo inmaterial. Si a eso se suma que es la Madre Tierra la que proporciona lo necesario para la consecución de lo que se ha solicitado, la metalurgia es el agente conductor hacia un mundo sexualizado donde la creación del útil se ritualiza como un acto de procreación aunando lo femenino y lo masculino y dotando al acto en paridad con lo que de ginecológico tiene todo alumbramiento.

Hemos hurgado en la visión y conducta del hombre arcaico con respecto a la Materia, en un nuevo compromiso social, derivado de la concepción del nuevo escalón que ocupaba al acceder al poder de trasmutar substancias, dotándolas de nuevas formas. Conviene explicar que tal vez el primer horno derivara de aquel fuego sobre el que alguien, casi seguro una mujer, colocó un recipiente de barro crudo que, sorprendentemente, cogió una dureza y resistencia inusual. Esa o ese primer alfarero, fue el inductor de que alguien después se aunara al ‘club’ de los capacitados en modificar el estado de la Materia, aunque no haya vestigio alguno sobre este hipotético hecho. Es por ello que este trabajo se vuelca en el estudio de la relación de ese personaje ancestral con los minerales. Si de origen, parece lógico pensar que el minero era a su vez fundidor y forjador, veremos más adelante cómo esas profesiones se diversifican, aunque mantengan fuertes lazos. Todos ellos reivindican una experiencia mágico religiosa particular en sus relaciones con la sustancia; esta experiencia es su monopolio, y su secreto se transmite mediante los ritos de iniciación de los oficios; todos ellos trabajan con una materia que tienen a la vez por viva y sagrada, y sus labores van encaminadas a la transformación de la Materia, su ‘transmutación y perfeccionamiento’ el concepto de ‘alquimia’ que se le dio en orígen.

La alquimia no fue en origen una ciencia empírica, una química embrionaria, conviene dejarlo claro; no llegó a serlo hasta más tarde, cuando quienes la practicaban percibieron su valor real y su razón de ser. La historia de las ciencias no reconoce ruptura absoluta entre la alquimia y la química: una y otra trabajan con las mismas sustancias minerales, utilizan los mismos aparatos y, por lo general, experimentan de la misma manera. En la medida en que se reconoce la validez de las investigaciones sobre el origen de las técnicas y las ciencias, el punto de vista del historiador de la química es perfectamente defendible: la química ha nacido de la alquimia; para ser más exactos, ha nacido de la descomposición de la ideología alquímica. Pero en el panorama visual de una historia del espíritu, el proceso se presenta de distinto modo: la alquimia se erigía en ciencia sagrada, mientras que la química se constituyó después de haber despojado a las sustancias de su carácter sacro. Desde el punto de vista del alquimista, la química suponía una ‘degradación’, por el mismo hecho de que entrañaba la secularización de una ciencia sagrada. De todos modos no se pretende hacer una apología de la alquimia, tan solo ubicarla en la historia.

No vamos a insistir sobre la sacralidad del hierro. Ya pase por caído de la bóveda celeste, ya sea extraído de las entrañas de la tierra, está cargado de potencia sagrada. La actitud de reverencia hacia el metal se observa incluso en poblaciones de alto nivel cultural. Precisemos que no se trata aquí de ‘fetichismo’, de adoración de un objeto en sí mismo y por sí mismo, de ‘superstición’, en una palabra, sino del respeto sagrado hacia un objeto ‘extraño’ que no pertenece al universo familiar, que viene de ‘otra parte’ y, por tanto, es un signo del más allá, una imagen aproximativa de la trascendencia. Esto es evidente en las culturas que conocen desde hace mucho tiempo el uso del hierro terrestre: persiste en ellas aún el recuerdo fabuloso del ‘metal celeste’, la creencia en sus valores ocultos.

Los beduinos de Sinaí están convencidos de que aquel que consigue fabricarse una espada de hierro meteórico se hace invulnerable en las batallas y puede estar seguro de abatir a todos sus enemigos. El ‘metal celeste’ es ajeno a la tierra y, por tanto, ‘trascendente’; procede de ‘arriba’; por eso es por lo que para un árabe de nuestros días es maravilloso, puede obrar milagros. Tal vez se trate aquí, una vez más, del recuerdo fuertemente mitologizado de la época en que los hombres únicamente empleaban el hierro meteórico. También en este caso nos hallaríamos ante una imagen de la trascendencia, pues los mitos conservan el recuerdo de aquella época fabulosa en que vivían hombres dotados de facultades y poderes extraordinarios, casi semidioses. Plinio, el Viejo, murió con 56 años, en su ‘Naturalis Historia’. XXXIV, 44, escribía en el siglo Iº, que el hierro es eficaz contra las ‘noxia medicamenta’ o medicinas dañinas y las secreciones nocturnas adversas, ‘adversus nocturnas limphationes’. Pero no solo el hierro, también las herramientas del herrero tienen ese carácter sagrado. El martillo, el yunque, de hierro y para el hierro pero también el fuelle, símbolo fálico por excelencia, ya participan, per se, sin ayuda humana, de esa sacralidad y por tanto parte fundamental de la magia transformadora que conecta con la permisividad de los dioses y por ello, adquiriendo carácter religioso.

Para el herrero de Togo: “Mi mujer, mi martillo, mis hijos, son mi familia”. Para los tshokwe, entre otros de Angola, el martillo es fundamento de agricultura al crear con qué ‘acariciar’ la Tierra y es tenido y agasajado como príncipe y tratado como tal. Muchos ribereños del Ogowe, que no trabajan el hierro y desconocen por tanto todo lo que le atañe, consideran digno de veneración el fuelle de los forjadores de las tribus vecinas. Otros pueblos de la curva del Niger creen que en el fuelle se encierra la dignidad del herrero. En cuanto a los hornos, estén donde estén, tienen las características de un cuerpo de mujer y su construcción se realiza de acuerdo a unos rituales precisos que se guardan en secreto. El metal es sagrado; el herrero al ser su ‘sacerdote’, también; el horno y las herramientas al ser fundamentales para el logro de su utilidad final, lo son, pero además, están dotados del poder mágico de activar su funcionalidad.

El herrero es alguien a quien tener respeto, pues su carácter sobrenatural abarca no solo el mundo de la luz y lo divino, sino también el de las sombras y lo oculto pues no sólo crea los emblemas y útiles que le unen a lo primero sino también aquellos que conducen al mundo del otro lado. Hablamos de tiempos antiguos en el que el ser humano daba minúsculos pasos tecnológicos que le llevaban siglos tan solo para cada prueba y descarte, pero que sin ellos no estaríamos aquí, en mi caso delante de un p.c. Eran tiempos en que el orígen de cada solución a una necesidad, pasaba por ser un don que lo sobrenatural proporcionaba y que acababa en mito, y desde luego los mitos primigenios son la portada del libro de los mitos que se fueron sucediendo como se puede ‘leer’ en la influencia de los de la Edad de Piedra sobre la de los Metales.

Con la piedra en la mano, en la punta de un palo o atada a otro sobresaliendo por los lados, el hombre produjo fuego, cazaba, cortaba y rompía huesos, quien lo poseía, estaba dotado del poder de un dios del poder del rayo. Tan mortíferos como benéficos, esos útiles, aún no herramientas, eran tan ambivalentes como el rayo y la dualidad del carácter de los dioses; a veces dadivosos y otras acreedores. Y si la piedra, aquello que se pisaba al caminar tenía con tan solo utilizarla ese componente sobrenatural, cómo no iba a pasar e incluso intensificar estos conceptos aquello salido de ‘lo caído del cielo’. El martillo, heredero del hacha de los tiempos líticos, se convierte en la enseña de los dioses fuertes, los dioses de la tempestad. Y en cuanto herrero, el dios defenderá a cosechas y hombres.

5ª Martillo de fragua africano, golpeando sobre yunque de piedra. Foto Sergey Dolya

Son dioses humanizados los que aportan el conocimiento a los hombres que para que les presten atención mandan ‘piedras de rayo’ entre fragor de tormentas, es por eso que se les manifiesta con martillos y hachas de doble faz.

Entre los Dogón su mito de la creación presenta a Dyongo Serou el Herrero Celestial que baja de regalo la agricultura y con ella el conocimiento del hierro y cómo trabajarlo. En su golpeo contra el yunque los herreros imitan el gesto del dios del que son miméticos acólitos. La metalurgia, posterior a la alfarería y la agricultura, se enmarca en un universo espiritual en el que el dios celeste, proveedor de los materiales y modos, de las cosechas y de la fortuna en la caza, se convierte en un poderoso dios, que además es fecundador, esposo de la Madre Tierra y padre del hierro.

Los expertos aquí cambian el criterio y apuntan a que es a partir de este momento en que la incruenta ‘creación’ donada, cede su paso a la sangrienta ‘procreación’, exigiendo desde entonces un pago o sacrificio que agradezca o repare el esfuerzo por lo nasciturus, sea este un útil, cosecha, ganado o vástago. Explica esto porqué en los mitos de la metalurgia el rito necesita de comunión con la deidad y estar acompañado de sacrifico sangriento. Y en la unción de los conceptos donde se crean los mitos, lo divino y humano, en ese cosmos, mítico a su vez, aunque creado a fin de cuentas por un hombre, no deja de sentar bases en las que creación y procreación o fabricación, necesitaran previamente del consiguiente sacrificio. Y si es un edificio, recordemos el mito de Vida la serpiente que exigía a los mandé sacrificar 7 vírgenes para permitir asentar un pueblo, transfiriendo la vida de la víctima al propio edificio, pasando este a ser el nuevo cuerpo o receptáculo del espíritu de la víctima sacrificada.

Y en la mente del hombre, a fin de cuentas creador del mito, en realidad el sacrificio, que aparentemente es realizado sobre otra creación del mismo dios, esconde en realidad que el sacrificado es el Dios, un Dios representado como un hombre. Este simbolismo procede tanto de las tradiciones mitológicas, en relación con la creación del hombre, como de los mitos sobre el origen de las plantas alimenticias.

Para crear al hombre, Marduk el dios babilónico, se inmola a sí mismo: “Solidificaré mi sangre y de ella haré hueso. Pondré al hombre de pie, en verdad el hombre será… Construiré al hombre, habitante de la tierra…”. King, que fue el primero en traducir este texto, lo relacionaba con la tradición mesopotámica de la creación transmitida por Berosio, siglo IV aC, en que el autor recrea en griego una hermosa historia caldea, que aún perdida, dice: “Y Bel, viendo que la tierra estaba desierta, pero que era fértil, ordenó a uno de los dioses que le cortara la cabeza, y que mezclase con la tierra la sangre que de ella iba a manar y que formase hombres y animales capaces de soportar el aire”. Análogas ideas cosmogónicas se encuentran en Egipto. El sentido profundo de todos estos mitos está claro: la creación es un sacrificio. Sólo se puede animar lo que se ha creado mediante la transmisión de la propia vida, sangre, lágrimas, esperma, ‘alma… De igual manera, otra serie de mitos nos hablan del origen de las plantas alimenticias, surgidas del autosacrificio de un dios o una diosa. Un ser divino, de uno u otro sexo y edad, se inmola voluntariamente para garantizar la existencia del ser humano, en que se sacrifica a la víctima, se la despedazada, y esparcen los trozos por la tierra para proporcionarle fecundidad, surgiendo y creciendo de cada uno las diversas especies de plantas alimenticias. El mito en cuestión da orígen a las celebraciones periódicas previas a la siembra y tras la recolección y el porqué de los sacrificios humanos en beneficio de las cosechas.

De igual modo, según algunas tradiciones, los metales pasan también por haber surgido de la sangre o la carne de un ser primordial semidivino que fue inmolado. De todo esto, surge la ‘sexualización’ del reino vegetal y mineral, y a su vez, de los útiles y objetos del mundo que lo rodea; y en relación directa con esta simbología sexual, habremos de imaginar el Vientre de la Tierra; la mina asemejada a un útero; y a los minerales con embriones; imágenes todas ligadas a la idea de parto y alumbramiento, de lumbre y luz, fuego, y a los rituales que acompañan los trabajos en las minas y la metalurgia.

Los xitara de Mozambique, dividen los minerales en ‘machos’ y ‘hembras’; los primeros, duros y negros, se hallan en la superficie de la tierra, mientras que los minerales ‘hembras’, blandos y rojizos, son extraídos del interior de la mina; la mezcla de ambos ‘sexos’ es indispensable para conseguir una fusión fructífera. Se trata, claro está, de una clasificación subjetiva derivada de una apreciación con la que justificar el rito, más que la de atribuir porque sí, sexualidad a un mineral, puesto que ni por el color ni la dureza de un mineral se le pueda dar capacidad sexual. Ahora bien, conviene volver al tiempo en que esto comenzaba, donde la realidad era otra y se necesitaba de milagros y del taumaturgo que los llevara a cabo para hacer fuego cuando hacia frio, entonces sí era de suma importancia explicarlo con algo simple, como lo era el que para llevar a buen término el trabajo de fusión, esa ‘fusión’ pasaba por unir los dos sexos que hicieran posible el ‘nacimiento’; el ‘matrimonio de los minerales’ se volvía así, imprescindible. Pueden encontrarse similares conceptos en la antigua China. Se dice que Yu el Grande, el Fundador primordial, sabía distinguir los metales macho de los hembra. Por tal razón atribuía a sus calderas los dos principios cosmológicos, el yang y el yin. Y si eso tuvo arraigo en China, también los parámetros alquímicos encerrados en el antiguo tratado ‘Mysterium Conjunctionis’ o ‘Unión Mística’. De igual modo la herramienta estaba a su vez sexuada, lo que hace exclamar al poeta Ibn Errümi: “¿Cuál es la mejor arma? Aquel sable, cuál si no, de afilado y masculino filo, y femenina hoja”.

Por su parte, los árabes llaman al hierro duro ‘hombre’ o ‘dzakar’ y al hierro blando ‘mujer’ o ‘ ánit’. Los herreros de Tanganika realizan unas hoquedades como ventanucos en su hogar, unos, la mayoría, son: “Nyina, madre, será por ellos por donde tras el fundido saldrá la escoria y el mineral de forja; por la de enfrente isi, o padre, se introduce el fuelle; las intermedias son los aana, hijos, que despejan el humo”.

Todos sabemos qué es una matriz, aquel órgano interno femenino que permite a las hembras ser madres. En un taller, imprenta o laboratorio, es aquella pieza con la que se da forma, se crea, o se emulsiona; en la metalurgia medieval europea era aquel recipiente que recibía el hierro fundido para solidificarse en una forma concreta, lo que llegó a África, donde antes se escuchaba tal cual, ‘matrix’, matriz en latín. Para qué inventar un nombre para algo donde se crea o da forma si ya tenemos uno como matrix. Tan lógico como lógico es pensar en que cualquier otro objeto, útil, medio o material que se utilice en el proceso de ‘creación’ se usen los mismos términos que en la reproducción humana. Si eso se dio en Europa y ahí sigue, porqué no admitir esa correlación en cualquier otra parte del mundo. Embrionario no es solo eso que se gesta en el útero o matriz femenina, sino todo aquello en fase de creación, desde una empresa, a un boceto artístico o la idea de una novela. Feto, viene de facto, hecho. Al igual que fetiche. Todo esto nos sirve para que no nos extrañe la correlación de la metalurgia y su proceso, con las connotaciones sexuales que requiere la maternidad. Cuando la lluvia cae con fuerza, los dayak de Borneo tienen la certidumbre de que es ‘masculina’. En cuanto a las aguas cósmicas, vemos que Lili, 9 y 10, en el libro de Enoch las divide así: “El agua superior representará el papel del hombre; la inferior, el de la mujer”. Zohar, fol. 14 b, 11-152, dice a su vez: “Un pozo alimentado por un arroyo simboliza la unión del hombre y la mujer”.

ALQUÍMIA

El fuego, fue fundamental, el primer gran ingrediente utilizado por el ser humano. El calor que generaba, era como el recibido por el feto en el seno materno.

Calor de la madre que llegaba y alimentaba a través del cordón umbilical. Partiendo de ahí y a la luz del sol, de ese eje, el ombligo, del que salía el vital y nutricio cordón, se genera la creación. Desde entonces todo parte de un punto o eje generador. Los Zuni, subgrupo de los indios Pueblo americanos, por ejemplo, dicen que la humanidad emergió tras la hierogamia, o unión de Cielo y Tierra, de las cuatro cavernas matriz ctónicas, o del inframundo subterráneo. Y que guiados por los Gemelos míticos, los humanos pasaron de una profunda matriz a otra situada más arriba hasta que llegaron a la superficie de la Tierra. Este mito, es en sí un ejemplo explícito de la Tierra idealizada como madre, y la antropogonía o relato mítico de la creación del hombre, está presente en términos de ontogenia, formación del embrión y gestación, repitiendo el acto del nacimiento de la Humanidad, concebido como una emersión desde la más profunda caverna matriz ctónic.

Los ríos sagrados de Mesopotamia tenían su fuente, según se decía, en el órgano generador de la Gran Diosa. Cada manantial o fuente, por tanto, era tenido como vagina de la tierra. En babilonio el término ‘pü’ significa a la vez vagina y fuente de un río. El sumerio ‘buru’ significa vagina y río. El término babilonio ‘nagbu’, fuente, está emparentado con el hebreo ‘neqebá’, hembra. En este mismo idioma la palabra ‘pozo’ se utilÍ2a también con el significado de mujer, esposa. El vocablo egipcio ‘bi’ significa útero al mismo tiempo que ‘galería de mina’.

Recordemos que las grutas y cavernas eran asimiladas también a la matriz de la Madre Tierra. El papel ritual de las cavernas, probado en la prehistoria, podría interpretarse igualmente como un retorno místico al seno de la Madre, lo que explicaría tanto las sepulturas en las cavernas como los ritos de iniciación verificados en estos mismos lugares. Quedémonos por el momento con esto: si las fuentes, las galerías de las minas y las cavernas son asimiladas a la vagina de la Madre Tierra, todo cuanto yace en su vientre está aún vivo, bien que en estado de gestación. O dicho de otro modo: los minerales extraídos de las minas son, en cierto modo, embriones: crecen lentamente, con un ritmo temporal distinto al de los animales y vegetales, pero crecen, ‘maduran’ en las tinieblas telúricas. Su extracción del seno de la tierra es, por tanto, una operación practicada antes de término. Si se les dejase tiempo para desarrollarse, los minerales se harían perfectos, serían metales ‘maduros’. Lo que da una medida del compromiso de los mineros y metalúrgicos en el oscuro proceso del crecimiento mineral. Tenían que justificar a todo trance su intervención, y, para hacerlo, pretenderían sustituir con procedimientos metalúrgicos la obra de la Naturaleza. Al acelerar el proceso de crecimiento de los metales, el metalúrgico precipitaba el ritmo temporal: el ‘tempo geológico’ era cambiado por él por ‘tempo vital’. Esta audaz concepción, según la cual el hombre asegura su plena responsabilidad ante la Naturaleza, deja entrever ya un presentimiento de la obra alquímica. Por una razón análoga se dejaba reposar a los minerales después de un período de explotación activa. La mina, matriz de la tierra, necesitaba tiempo para volver a engendrar.

Plinio, Nat. Hist., XXXIV, 49, escribía que: “Las minas de galena de España, renacían al cabo de cierto tiempo”. Estrabón, en ‘Geografía’, V, 2, habla de cosas similares y Barba, autor español del siglo XVII, dice a su vez: “Una mina agotada es capaz de rehacer sus yacimientos si se la tapona convenientemente y deja reposar por un período de diez a quince años. Porque, los que creen que los metales han sido creados desde el principio del tiempo se engañan groseramente: los metales ‘crecen’ en las minas”.

Me es difícil pensar, al contrario que otros, que el africano compartiera esta idea, y no creo tenga relación con el hecho de que ‘la obstrucción de las antiguas minas del Transvaal’ u otras, tenga que ver con eso.

Creer que la metalurgia y la agricultura, dependían por igual de la fecundidad de la Madre Tierra, dio al hombre confianza reforzando su orgullo, pues era el más indicado para colaborar en este propósito de la Naturaleza, sintiéndose directo contribuyente de los procesos de crecimiento que se gestaban en el seno de la tierra. El hombre llega al punto de creerse capaz de modificar y acelerar el ritmo de estas ‘lentas maduraciones’; de alguna manera él marca el tiempo. Lo que incita a un autor del siglo XVIII a escribir: “Lo que la Naturaleza ha hecho hasta ahora podemos igualmente hacerlo nosotros, remontándonos al procedimiento que ella ha seguido. Lo que ella acaso siga haciendo con ayuda de siglos en sus soledades subterráneas, nosotros podemos hacer que lo concluya en un instante, ayudándola y poniéndola en mejores circunstancias. Del mismo modo que hacemos el pan, podemos hacer los metales. Sin nosotros la espiga no maduraría en los campos; el trigo sin nuestros molinos no se convertiría en harina, ni la harina en pan sin amasamiento y cocción. Acordemos, pues, con la Naturaleza la labor mineral, lo mismo que hemos hecho con la agrícola, y sus tesoros se abrirán para nosotros”.

Bajo esta idea, la alquimia buscaba acelerar ese proceso de ‘maduración’ trasmutando cualquier mineral en oro. Ese era el favor que con fervor los alquimistas pedían encontrar no tanto para hacerse ricos, sino por congraciarse con la naturaleza y tal vez con ellos mismos más que con sus semejantes, pues como eremitas, en realidad poco les importaban. El alquimista de la Edad Media, adopta y perfecciona la obra de la Naturaleza, al mismo tiempo que trabaja para hacerse a sí mismo. Si nada entorpece el proceso de gestación, todos los minerales se convierten con el paso del tiempo en oro. Todos los minerales, dejados en reposo en sus matrices ctónicas o telúricas, las del inframundo, habrían acabado por convertirse en oro, siglos o milenios más tarde. Así como el metalúrgico transforma un ‘embrión’ o mineral en metal, adelantando el proceso de crecimiento comenzado en la Madre Tierra, el alquimista sueña con acelerarlo coronándolo con la transmutación de todos los metales comunes en el más noble, el oro. En la ‘Summa Perfectionis’, tratado alquímico del siglo XIV, puede leerse que: “Lo que la Naturaleza no puede perfeccionar más que en un largo espacio de tiempo, nosotros, con nuestro saber hacer, lo acabamos en breve lapso”.

La nobleza del oro es, por tanto, fruto de su madurez; los otros metales son comunes por estar ‘crudos’, no ‘maduros’. Podría decirse que la finalidad última de la Naturaleza es el perfecto acabado del reino mineral, su ‘maduración’. La transmutación natural de los metales, en oro, está inscrita en su propio destino, la perfección.

El Oro, per se, es portador de un simbolismo altamente espiritual; los textos indios dicen: “El oro, representa la inmortalidad”.

Los obreros musulmanes deben guardarse muy bien de dejar entrever su religión por signos externos u oraciones. “Se supone que el oro está bajo la jurisdicción y en posesión de un ‘dewa’ o dios, y su búsqueda es, por consiguiente, impía, y así los mineros deben conciliarse con el dewa mediante plegarias y ofrendas, poniendo gran cuidado de no pronunciar el nombre de Alá ni practicar actos del culto islámico. Toda proclamación de la soberanía de Alá ofende al dewa, quien inmediatamente ‘oculta el oro o lo hace invisible’ ”.

Es por esto que los mineros deben efectuar rituales de ayuno, meditación, oración y culto, previo período estipulado de castidad, en función de la actividad que vayan a desarrollar. El objetivo es acceder a la inviolable antesala de lo sagrado, sin perturbar la vida allí existente ni alterar los espíritus que la rigen, pues el contacto es con una sacralidad diferente a la de su universo religioso familiar, una sacralidad más profunda y aún más peligrosa. Es por ello que expresan la sensación de adentrarse en un mundo ajeno, al que no pertenecen; donde se elaboran los misterios de maduración de los minerales, que aún pareciendo estáticos, saben que son en las entrañas de la Madre Tierra donde están y se llevan a cabo. Es entonces cuando el herrero se encamina al proceso más aventurado y arduo. Reemplazar a la Madre Tierra para acelerar y perfeccionar la ‘maduración’, el crecimiento. Los hornos son, sin duda, la matriz ideal, una matriz creada en exclusiva para el mineral donde la gestación concluya en el mejor parto. No son de extrañar las precauciones previas y los tabúes y rituales que se realizan durante la fusión. Si el horno nunca está lejos de las minas, del mismo modo es mejor instalarse cerca. Se crean campamentos consistentes pues saben de lo dilatado del proceso, meses en África, que suelen ir de mayo a noviembre, período en el que además deben mantenerse puros. Walter Cline, op. cit., 119, apunta que los fundidores Chewa de Zambia y Malawi observan la continencia más rigurosa durante todo este tiempo. Los sudafricanos BaYeka no aceptan mujeres cerca de los hornos -ibíd., 120. Tampoco sus vecinos, los Bail que más rigurosos, viven aislados durante toda la temporada metalúrgica: “El obrero que haya tenido sexo nocturno ha de ser purificado” –ibíd., 121. Los mismos tabúes sexuales se encuentran entre los BaKitara Nyoro de la actual Uganda; si el fabricante de fuelles ha tenido relaciones sexuales durante su trabajo, los fuelles se llenarán constantemente de agua y rehusarán cumplir con su cometido. Los Fang de Gabón se abstienen de toda relación sexual desde dos meses antes, y durante todo el tiempo que duran los trabajos de fusión. -ibíd., 125. La creencia de que el acto sexual puede comprometer el buen éxito de los trabajos es común a todo el África negra. Incluso algunos de los cánticos que se entonan en el trabajo aluden a los tabús sexuales. Según W. Cline, 121, los Bail cantan previamente: “Kon gwe, clítoris, y Malaba la negra, labios vaginales, me horrorizan. He visto a Kon gwe soplando el fuego.

Kon gwe me horroriza. ¡Pasa lejos de mí, pasa lejos, tú, con quien he tenido relaciones repetidas, pasa lejos de mí!”. Estas canciones pueden ser oscuros vestigios de elementos simbólicos nupciales. El herrero de los Bakitara trata al yunque como si fuera una desposada. Cuando los hombres lo transportan a casa cantan como en una procesión nupcial. Al recibirlo, el herrero le asperge agua ‘para que tenga muchos hijos’ y dice a su mujer que ha traído a casa una segunda esposa. -Cline, p. 118. Entre los Bail, mientras se construye un horno, un muchacho y una muchacha penetran en su interior y pisotean habas, el crepitar que producen simboliza el ruido del fuego. Los niños que han representado este papel deberán casarse más tarde. -ib’id., p. 120. Cuando se dispone de observaciones más precisas y elaboradas, se aprecia mejor el carácter ritual del trabajo metalúrgico en África. R. P. Wyckaert, que ha estudiado de cerca los herreros de Tanganika, nos cuenta detalles significativos. Antes de ir al campamento el maestro herrero invoca la protección de las divinidades: “Vosotros, abuelos que nos habéis enseñado estos trabajos, precedednos para saber cómo debemos actuar. Tú, el misericordioso que habita no sabemos dónde, perdónanos. Tú, mi sol, mi luz, cuida de mí. Yo os doy a todos las gracias”.

6ª Excavación de dos hornos florales dentro de un cráter en Fiko, Malí. Foto Dra. Anne Mayor

La víspera de la partida hacia los hornos todo el mundo debe guardar continencia. Por la mañana, el maestro herrero saca su caja fetiche de ‘medicinas’ la reverencia y todos desfilan ante ella, se arrodillan, y con el dedo, el maestro les impregna en la frente con ceniza o tierra blanca. Encabezados por el maestro, el grupo se encamina hacia los hornos, un niño lleva la caja de ‘medicinas’ y otro un par de pollos. Una vez en el lugar, se inicia el ritual depositando las medicinas en el horno y se da paso al sacrificio. Cada niño lleva un pollo que inmolan a la vez ante el maestro herrero, vertiendo la sangre sobre el fuego, el mineral y el carbón. Luego, uno de ellos entra en el hogar, mientras que el otro se queda en el exterior; ambos continúan las aspersiones dirigiéndose a la divinidad, diciendo varias veces: “¡Enciende tú mismo el fuego y que arda bien!”. -op. cit., p. 375. Según las indicaciones del jefe, el niño que se encuentra en el interior del horno coloca las medicinas en la zanja que se ha excavado en el fondo del hogar, deposita allí también las cabezas de los dos pollos y lo recubre todo con tierra. A la forja también se la honra sacrificando un gallo. El herrero entra en el interior, inmola el gallo y esparce su sangre sobre la piedra yunque, diciendo: “Que esta fragua no estropee mi hierro. ¡Que me dé riqueza y fortuna!”. -ibíd., p. 378.

La explicación del ceremonial, el papel de los dos niños y el sacrificio a los hornos, con las cabezas de los pollos enterradas a los pies del hogar, parecen testimoniar un sacrificio de ‘sustitución’, último vestigio de aquellos sacrificios humanos que requería la divinidad para el buen fin del proceso metalúrgico, también en África. Entre los Chewa de la antigua Nyasalandia, ahora Malawi, el que quiere construir un horno se dirige a un mago, nganga. Este prepara ‘medicinas’, las mete en una mazorca de maíz e induce a un niño para que la arroje sobre una mujer encinta, lo que provocará el aborto a la mujer. El mago busca y recoge el feto y lo quema, junto con otras ‘medicinas’, en un lugar preciso donde se ha excavado un agujero. Es encima de este agujero que se construye el horno. Los Tonga de Zambia tienen la costumbre de arrojar en los hornos una parte de la placenta para garantizar la fusión del metal. Dejando momentáneamente aparte el simbolismo del aborto, estos ejemplos africanos representan una forma intermedia entre el sacrificio humano concreto o simbólico, con uñas y cabellos, y el sacrificio de sustitución, como el sacrificio de los pollos entre los herreros de Tanganika, citado antes. Cline, op. cit., página 12, nos dice: “La idea de relaciones míticas entre el cuerpo humano y los minerales aflora igualmente en otras costumbres. Los Mandingo de Senegambia, tras un accidental derrabe con algún muerto, abandonan la mina de oro durante varios años: calculan que el cuerpo, al descomponerse, dará paso a un nuevo y rico yacimiento aurífero”.

Estos mitos, ritos y costumbres suponen un tema mítico original que los precede y justifica: los metales proceden del cuerpo de un dios o de un ser sobrenatural inmolado. Basta con pensar en los herreros africanos para advertir hasta qué punto está la obra metalúrgica inmersa en una atmósfera sagrada. Incluso se observa cierto paralelismo africano con el texto mesopotámico que antes vimos. Los herreros Ushi, subgrupo Bemba de Zambia, sacrifican pollos en los hornos; los BaKitara inmolan un carnero y una gallina sobre el yunque. -Cline, op. cit., p. 118. La costumbre de colocar ‘medicinas’ en los hornos está muy extendida. -ibíd., p. 125. Las libaciones de cerveza son asimismo practicadas: entre los Bail, el primer ritual que se verifica en la fusión consiste en verter cerveza mezclada con ‘medicinas’ en los cuatro hoyos excavados bajo el horno. -ibíd., p. 120.

7ª Ascuas de un horno en Malí

SEÑORES DEL FUEGO

Hemos visto que el fuego aportó lo fundamental para avanzar en lo vital, tecnológico y esotérico. La gente se calentó y cocinó, lo que propició una evolución prioritaria, incluso se duplicó la vida del humano. El poder controlarlo, trasladarlo, incrementarlo o menguarlo a voluntad, produjo nuevos recursos abriendo infinidad de posibilidades. Surgieron casi a la par, mentes más avispadas que se aprovecharon del temor a lo aún desconocido, y los componentes físicos: humo, chisporroteo, fulgor del candente metal y ambiente en general del entorno, dieron pie a empezar a hablar de lo esotérico, místico, e incluso impulsar creencias. Pero siempre predominaba sobre todos, el que dominaba el fuego. El alquimista, como el herrero y antes que ellos el alfarero, eran ‘señores del fuego’, pues con él dominaban y cambiaban a su gusto la Materia.

El primero que consiguió, gracias a las brasas, endurecer y dar consistencia a las ‘formas’ que había dado a la arcilla, debió sentir la embriaguez del demiurgo: acababa de descubrir un ‘elemento’ con capacidad para transmutar. Percibió que mientras el calor ‘natural’, el del Sol o el vientre de la Tierra, hacía madurar lentamente, lo hacía él con el fuego en un tempo insospechado. Seguramente, y no olvidemos que hablamos del humano arcaico, quien accedió a ese descubrimiento experimentaría un entusiasmo similar a quien por primera vez pisó la luna o los que desvelaron la estructura molecular del ADN, al pensar el campo que se le abría al haber conseguido hacer en breve tiempo lo que la Naturaleza nunca le había mostrado. Con el fuego se habían desvelado dos secretos fundamentales, acelerar los tiempos de la Naturaleza, y realizar cosas diferentes a lo que en ella se encontraba. Tal vez él no, pero de seguro alguien pensó que ese ‘milagro’ se debía a fuerzas mágico religiosas capaces de modificar el mundo y, por tanto, no pertenecientes a éste.

8ª Diorama del Museo de Historia Natural de Mongolia

No tengo claro, porqué los etnógrafos relatan procesos de autocombustión o ignición espontánea surgidos en tiempos remotos. Aunque es cierto que en los siglos XVIII y XIX se determinaron casos que se atribuyeron a procesos ‘naturales’. El controvertido investigador Jonh E. Heymer en su ‘The Entrancing Flame’ de 1996, afirma que eran personas con desequilibrios psicosomáticos, que caían en trance antes de su combustión. Demos pábulo o no a estas elucubraciones, ‘producir fuego’ en el propio cuerpo era tan antinatural que si sucedía, tenía que ser debido a haber trascendido la condición humana. Según los mitos de algunos pueblos arcaicos, se atribuía como natural a las Hechiceras la posesión de fuego en sus órganos genitales, pudiendo incluso cocinar sus alimentos, aunque si un hombre pretendía verlo, desaparecía. Sea como fuere, lo cierto es que el ser humano, emulando la capacidad de estas mujeres accedió al fuego mediante la variante de una cópula sexual, al frotar un puntiagudo palo contra otro hendido. Aunque físicamente comprobado, el mito tiene un indudable componente matriarcal, pues el fuego surge por el frotamiento de dos trozos de madera o sea de una unión sexual, y se consideraba que habitaba o estaba ‘contenido’ en el trozo de madera ‘hembra’. Debido a este simbolismo, la mujer, en este nivel cultural, es normal que fuera tenida por hechicera. Tal vez la fuerza del hombre se impone y se apropia y domina el fuego, desbancando en número los hechiceros varones, a las hembras. En Dobu, Papúa, los nativos cuentan que los brujos y las hechiceras vuelan por la noche y que se puede seguir el rastro de su vuelo por las huellas de fuego que dejan tras ellos.

También los herreros, como los chamanes, son considerados ‘señores del fuego’. En algunos ambientes culturales el herrero es considerado con más estatus o al menos al mismo nivel que el chamán. Los Sakha o Yakuta situados junto al Baikal entre Rusia y Turquía dicen: “Herreros y chamanes vienen del mismo nido”. Considerados dueños de poderes sobrenaturales, dicen también: “La mujer de un chamán es respetable; la de un herrero es venerable”. Y un tercero afirma: “El primer herrero, el primer chamán y el primer alfarero eran hermanos de sangre. El herrero era el mayor, y el chamán estaba entre los dos. Esto explica que el chamán no pueda provocar la muerte de un herrero”. Sus primos Dolgan dicen que: “Los chamanes no pueden adueñarse de las almas de los herreros, pues éstos las conservan en el fuego; por el contrario, es posible para el herrero apoderarse del alma de un chamán y quemarla en el fuego”. Según los mitos Yakuta, el herrero recibe su oficio de una divinidad malévola.

Según otra tradición, el antepasado de los Yakuta, Elliei, fue el primer forjador. Otro herrero mítico, Chy ky, fue el predecesor de los guerreros: él forjaba sus armas al tiempo que les enardecía o daba sabios consejos. Los Yakuta atribuyen a los herreros el poder de curar por medios naturales y no con la ayuda de espíritus, como hacen los chamanes. Un herrero de novena generación accede a medios sobrenaturales, sobreponiéndose a los espíritus, y por ello puede forjar los tintineantes objetos de hierro que adornan el traje del chamán, cuyo ruido ahuyenta a los espíritus. Como el hierro es cosa exclusiva del herrero, con cada obra, aumenta sobremanera su poder mágico religioso. El control y dominio del fuego marca el grado de sacralidad de forjadores y chamanes situando su nivel; el ‘superior dominio’ otorga una posición de ‘estado superior’ al de la condición humana. Y, sobrepasado lo humano, capacita al herrero para crea las armas de los héroes. No se trata solamente de su fabricación material, sino de la magia de que las inviste; es el misterioso arte del forjador el que las transforma en armas mágicas.

Hemos visto cómo se desarrolló la transición del mineral de hierro meteórico al terrestre, y al margen de su procedencia, de ser tenidos como simples piedras, a adquirir con el fuego gran valor económico o de trueque y consideración mística.

LOS AFRICANOS NO SON ALQUIMISTAS  la ‘alquimia’, del árabe ‘al khīmiyā’, proviene de la idea de antiguos humanos que pensaron que si el fuego permitía hacer cambios en la naturaleza, porqué no la conjunción de los elementos con los que este convivía, el aire, agua y tierra, y los que a su vez estos encierran, producirían en conjunto un quinto elemento. Individuos, de los más ilustrados para sus épocas, a lo largo de 2500 años, desarrollaron una serie de ideas fisicoquímicas que finalmente derivaron en conceptos filosóficos empíricos que acabaron por adquirir carácter místico.

La alquimia se practicó en el continente Asiático, de Mongolia a la India y de Corea a los Urales; en toda La Península Arábiga, de Arabia a Yemen y de Persia a Egipto y por supuesto en Europa, hasta bien entrado el siglo XVIII.

Al quinto elemento se le llamó ‘piedra filosofal’, curiosa manera de aunar lo material con lo espiritual. Se trataba al principio de imitar a Midas y la posibilidad de trasmutar metales básicos en oro; tras siglos de fracasos se pensó que con lo conseguido se podía acceder a un elixir de la vida, curando enfermedades y alcanzando una juvenil inmortalidad. Otros fracasos más dotaron a ciertos ‘iluminados’ de la perfección como humanos en su máxima expresión, morirían, sí, pero envueltos en la sabiduría que suponía la ‘felicidad celestial’. No pudieron acceder a la ‘Chrysopoeía’, trasmutar piedra o metal en oro, pero sí a la ‘Opus Magnum’, la Gran Obra, que hacia innecesario lo material pues habían conseguido la felicidad. Sí es cierto que la química y la física se nutrieron avanzando con ellos.

Y es en África donde el ser humano se muestra más pragmático, y aún venerando lo llegado del cielo como un don, se vuelca, casi de inmediato en términos de evolución, en lo práctico, pasando a transformarlo en el recurso de utilidad que es El africano, contrariamente al resto del mundo, no consideró el fuego más que el medio para un fin. Y lo mejor para conocer qué significo el fuego para África, nada para empezar como los trabajos de Walter Cline y de la Misión Griaule. En 1936 Cline extraía las siguientes conclusiones de sus investigaciones: “1ª.- En las llanuras herbosas del norte del África Oriental, los forjadores constituyen una casta menospreciada y su trabajo no ofrece un carácter ritual acentuado. 2ª.- Por el contrario, en el África Occidental los herreros se hallan en relación con las sociedades secretas de hombres, gozan de un gran prestigio como magos y disponen de ‘clubs’ cerrados. 3ª.- En el Congo y regiones circundantes, los herreros se agrupan en hermandades, están asociados con los sacerdotes y los jefes, y a veces incluso forman un todo con estos últimos, y el trabajo de la forja constituye un ritual con gran número de espíritus y remedios”. Continuando con Cline, añadir, que: “Todo africano conoce los aspectos mágico religiosos del herrero, sus secretos de iniciación, sus tabúes sexuales, la ‘personalidad’ del martillo y del yunque y lo hereditario de la profesión”.

Forbes, p. 64, dice: “Aparte de las hermandades de herreros estables, encuéntranse asimismo forjadores ambulantes que gozan de la reputación de poderosos magos”. Y si los Baris antes del Nilo Blanco ahora Sudan del Sur, consideran a los herreros ambulantes como parias, los BaLolo o Logoa del Congo les muestran gran respeto e incluso les suponen descendientes de reyes o aristócratas. Esta dualidad de la profesión del herrero negro se explica en parte por la historia cultural de África. Y aunque Hermán Baumann, op. cit., p. 498, da prevalencia a la civilización paleonigrítica, que: “Abarca el norte del Congo, el alto Nilo hasta Abisinia, el centro y sur del África Oriental, lo que plasma la auténtica civilización del hierro africano, y es en ese ámbito donde es más apreciado, desempeñando un papel religioso de relevancia, sumado a que es el sucesor, en todo sentido, del Herrero mítico, pues como él, aporta las herramientas necesarias para el cultivo, emulando al Herrero mítico como Héroe civilizador, cooperador de la obra divina de la Creación”.

El herrero está vinculado a la tierra sagrada como lo están los alfareros y las mujeres que excavan la tierra en busca de oro. En más de un lugar, por ejemplo, en el círculo cultural del Alto Níger, las mujeres de los herreros son las alfareras de la tribu. En cambio, en la civilización de los cazadores de las estepas y en las civilizaciones camíticas pastorales, los herreros son menospreciados y forman castas aparte. Baumann, pp. 283, 431, dice: “El herrero y las herramientas que forjan no han adquirido el papel civilizador asumido en las culturas paleonigríticas. Este es, entre otros, el caso de los abisinios y somalíes, entre los cuales los herreros Toumala, constituyen una casta de intocables; de los Tedas, al norte del Tchad, principalmente en el Sahara central, donde los forjadores son desdeñados y forman una clase de parias endógamos”. Cline, p. 114, añde: “Los Wa Ndorobos, nilotas camiticos, cazadores, desprecian igualmente a los forjadores: éstos no gozan de ningún derecho legal en la comunidad e incluso pueden ser condenados a muerte por sus superiores”.

Baumann, p. 259, agrega: “Sus vecinos, los Massai, nilotas camiticos, nómadas, ganaderos, dejan la fusión del hierro y el trabajo de la forja a los Il Konnonos, una casta muy despreciada”.

Cline, p. 114, nos dice que según la creencia de los Massai: “La vecindad de un compuesto o vivienda, kraal, de forjador entraña el riesgo de atraer la muerte, la enfermedad u otras diversas desgracias a un kraal normal. El hombre que cohabite con una mujer perteneciente a la casta de los herreros perderá la razón, engendrará hijos inválidos o morirá en la próxima incursión. Ol kononi, herrero, es un término injurioso cuando se aplica a un individuo que no lo es; pronunciar esta palabra después de la puesta del sol significa atraerse los ataques nocturnos de los leones o de los enemigos. El mismo oficio del herrero es impuro”.

Pero volvamos a las poblaciones africanas donde el herrero es enaltecido:

Entre los Chagga o Wa Tchaggas, bantúes camitizados, actualmente en Tanzania, y básicamente agricultores, los herreros son tan temidos como honrados. Aunque en lo concerniente al matrimonio tienen sus prevenciones “No es conveniente dar una hija aun herrero, porque se expone a un gran peligro al divorciarse. Si el divorcio resulta inevitable, el herrero puede inmunizar a su mujer frotándole el cuerpo con manteca en presencia de su madre o de otra mujer testigo, lo que recuerda el método utilizado por los Massai para descontaminar al herrero tras cada nuevo objeto de hierro, y ofreciéndole un bastón antes de pronunciar el divorcio”.

El martillo está dotado de un poder especial. Al encargar un martillo, el cliente, previamente, debe entregar al herrero un macho cabrío y una cantidad estipulada de cerveza. Con esta herramienta se podrá defender mágicamente, contra ladrones o enemigos. Los herreros, no contribuyen a actividades de magia negra, más bien están considerados como chamanes benefactores. Con el hierro se consiguen eficaces y poderosos amuletos, siendo un excelente medicamento.

Cline, p. 116, nos va diciendo: “Las mujeres de los Chagga occidentales llevan torques de hierro en torno al cuello, a los brazos, pues se supone que estos objetos dan fertilidad y sirven para curar a los niños enfermos”.

Cline, p. 119: “Entre las gentes de Katanga, círculo cultural congolés del Sur, los que trabajan los metales constituyen una sociedad religiosa secreta, Bwanga, que implica una iniciación y un culto específico”.

Cline, p. 120: “El maestro fundidor de los BaYeke, tribu Nyamwezi, círculo congolés del Sur, colabora con un chamán; entre los Bail, agricultores, círculo zambeziano, el ‘iron doctor’ supervisa la operación de la fusión”.

Cline, p. 122: “En el Congo meridional los herreros forman una hermandad hereditaria, cuyos miembros gozan de un estatuto social casi igual al de los chamanes y se hallan bajo la dirección de maestros llamados tanto ocim banda, hechicero (witeb-doctor), como ocivinda, herrero”.

Cline, p. 124: “Entre los Mosengeres y los BaSakatas, círculo congolés del Sur, el maestro herrero es generalmente el fundador del pueblo y su oficio es hereditario”.

Cline, p. 125: “La identidad de funciones de herrero y jefe aparece atestiguada en otros muchos grupos de la región del Congo, en primer lugar en el Ogowe Superior, donde los forjadores son siempre hechiceros y frecuentemente jefes; en el Loango, donde el fuego sagrado nacional se halla a cargo de un sacerdote herrero; entre los BaSongies, donde los herreros figuran inmediatamente después de los jefes; entre los BaHoloholo, donde figuran asimismo después de los jefes y los cazadores y antes de los subjefes y los chamanes, etc.”.

Cline, p. 126: “Los Tivs de la Nigeria del Norte atribuyen al hierro la virtud de asegurar la comunión entre los muertos y los vivos; creen además que las herramientas de hierro participan de la fuerza mágica que impregna la forja y que se manifiesta sobre todo en el rayo”.

Estas citas anteriores, escritas a primeros del siglo XX, son básicas, pues remiten a recuerdos y actuaciones ancladas en tiempos antiguos, conservadas en el acervo cultural de quienes las fueron trasmitiendo. Sobre el hierro específicamente se han hecho buen numero de estudios y practicado excavaciones desde entonces aquí, 2020, y aún se mantienen activos con expertos, mujeres y hombres, de reconocido nombre; pero creo que antes de entrar en estos nuevos datos que se van aportando, merece la pena retornar los datos recopilados a principios del XX, en las expediciones encabezadas por Marcel Griaule y los especialistas que le acompañaron. Pues son ellos los que recogieron los mitos cosmogónicos y de origen, y el privilegiado lugar que ocupaba, y ocupa, el herrero africano y su dualidad en cuanto a su función religiosa. Gracias a Marcel Griaule y sus colaboradores disponemos hoy de una amplia documentación sobre la mitología del Primer Herrero entre los Dogón, círculo cultural del Volta, y los Bamana, círculo del Alto Níger. Entre los primeros la profesión de herrero es muy estimada y sus herramientas ocupan un lugar importante en el culto, ya que el Primer Herrero es figura esencial de la mitología por haber recibido del Dios supremo, Amma, las muestras de los principales granos cultivables, que colocó en el interior de su maza, suspendiéndose luego del extremo de una cadena de hierro mediante la cual Dios le hizo descender sobre la tierra. Este mito llegó por varias vías y según otra variante, los herreros vivían primitivamente en el cielo y trabajaban para Amma. Pero como uno de ellos hubiese robado el mijo del dios, ocultándolo en su maza, Amma le hizo descender a la tierra; al tocar el suelo se hizo impuro y, por consiguiente, incapaz de volver a subir al cielo. Según una tercera variante, la más completa, el Herrero Antepasado construyó en el cielo un granero dividido en ocho departamentos que representaban los órganos principales del hombre: en cada departamento depositó uno de los ocho granos cultivables. Este granero, construido de tierra celeste, fue llevado después a la Tierra por el Primer Herrero y allí, al dispersarse, se convirtió en el campo primordial puro, en torno al cual se organizó más tarde la Humanidad. Fue igualmente el Primer Herrero celeste quien inventó el fuego, enseñó a los hombres la agricultura, así como a domesticar los animales. Harry Tegnaeus, página 35, comenta: “Según otros mitos, el Héroe Civilizador de los Dogón, el Genio Monitor Nommo, se metamorfoseó en Herrero y descendió a la tierra para revelar a los humanos la civilización. Siendo visible la acción de Nommo en el cielo durante las tormentas”.

Al otro extremo del mundo se reproduce un mito similar, que nos relata la University of Chicago Press en ‘The Forge and the Crucible’: “Al dios Dantsien San de los T’ou jen, de Kuang Si, en Laos, le sacrificaban cabras, pues se sirve de las cabezas como de yunques. Durante las tormentas Dantsien San bate su hierro entre los cuernos del animal sacrificado; los relámpagos y zigzagueantes rayos caen sobre la tierra derribando a los demonios. El dios defiende, en cuanto herrero, las cosechas y los hombres. Dantsien San es un dios de la tormenta, correspondiente al tibetano Dam Can y, por tanto, a rDorjelegs pa, que cabalga una cabra y parece ser una vieja divinidad bondadosa. Ahora bien, rDorje legs pa es un dios herrero; su culto está en relación con la tormenta, la agricultura y la cabra”.

En los Dogón encontraremos una situación análoga: “Es el Herrero celeste el que desempeña el papel de héroe civilizador; trae del cielo los granos cultivables y revela la agricultura a los humanos. Hace estallar el rayo y golpea la tierra con piedras de trueno. La secuencia ‘Herrero celeste-Héroe Civilizador-agricultura-papel religioso’ del herrero no es monopolio exclusivo de los Dogón. Se encuentra también, en una forma más o menos completa, entre los Yacouba Sawadogo de Burkina Faso”. Tegnaeus, p. 40: “Entre los Gourounsi , donde el Primer Herrero es también Héroe Civilizador, el herrero ejerce funciones de sacerdote del fuego y del rayo”. Tegnaeus, pp. 42 y ss: “Entre los Bolon, una de las poblaciones más arcaicas del Volta, según los mitos, el Primer Herrero, hijo del Dios supremo, descendió a la Tierra y reveló a los humanos el fuego, la domesticación y la agricultura; el herrero desempeña un papel importante en la vida religiosa y social, es maestro instructor en las ceremonias de iniciación, es adivino y profeta, etc.”.

Tegnaeus, p. 47: “Entre los Somono, pescadores Bamana, un mito cosmogónico atribuye al Herrero Primordial el papel de colaborador de la Creación; el sacrificador en el culto del Genio del agua debe pertenecer a una familia cuyos antepasados fuesen herreros descendidos del Cielo”.

Entre los Bamana, el gran sacerdote es casi siempre un herrero, y herreros son los que controlan las sociedades secretas. Tauxier había demostrado ya que la misma situación aparece entre los demás Mandes, Malinkes, Guasulonkes, etc.

Tegnaeus, p. 55: “Según un mito Akan, el Herrero descendió a la Tierra encargado por Dios de modelar dos docenas de hombres y de animales”.

Entre los Ewe, el herrero y las herramientas de la fragua ocupan un importante lugar en la vida religiosa. Se supone que el martillo v el yunque han caído del Cielo y es ante ellos donde se presta juramento; el herrero es el hacedor de lluvia y puede conducir una guerra a feliz término. Según los mitos, el Primer Herrero, considerado a veces como el mismo Hijo del Dios supremo, fue enviado por Dios para concluir la creación y comunicar a los hombres el secreto de las profesiones. Tegnaeus, pp. 82 y ss: “Para los Yoruba fue Ogun, el Primer Herrero, quien forjó las primeras armas, enseñó a cazar a los hombres y fundó la sociedad secreta Ogboni”. Tegnaeus, p. 102: “Nzeanzo, el Héroe Civilizador de los Mboula, era a la vez herrero, médico y monitor: enseñó a los hombres todas las técnicas útiles e instituyó las cofradías de herreros”.

Tegnaeus, p.104: “Entre los Tchamba, Daka, Durru y otras tribus vecinas, la mitología del Forjador Héroe Civilizador es extremadamente rica: el Primer Herrero les reveló no sólo el fuego y el medio de cocer sus alimentos, sino también el arte de edificar las casas, el comportamiento sexual requerido para tener niños, la técnica de la gestación, la circuncisión, las formas del enterramiento, etc.”.

Tegnaeus, p. 105: “Dicho de otro modo, el herrero entre los Durru y en otras tribus tiene un papel social religioso más importante que el rey”.

Tegnaeus, pp. 142 y ss: “La mitología de los Kikuyu pone en acción a tres hermanos, Héroes Civilizadores: el primero les enseñó la domesticación del ganado; el segundo, la agricultura, y el tercero, el arte de forjar los metales”.

Tegnaeus, p. 172: “Para concluir esta rápida revisión de ejemplos africanos recordemos finalmente que el primer rey de Angola fue, según las tradiciones, un Rey Herrero”. Tchibinda Ilunga, apuntamos nosotros.

La cultura Paleonegrítica, como vemos, se ‘forja’ entorno al concepto religioso atribuible al mito ‘Herrero Celeste Héroe Civilizador’, pero no solo por ser el hacedor de las herramientas agrícolas, pues si leemos los mitos completos de los que estos pueblos hablan, lo aconsejamos, veremos la versatilidad de sus hechos y generosidad.

En otras culturas básicamente agricolas, como la eslava, el herrero y el hierro no tienen reconocimiento alguno, utilizan el hierro a lo sumo con fines apotropaicos, a pesar de estar situada su cultura cerca de Táurico y Yeniseico dos de los más antiguos centros metalúrgicos de la Tierra. Debemos remitirnos a mitologías e ideologías religiosas para comprender la función de herrero.

9ª Trasmisión oral africana. Foto: Arsgravis. Universitat de Barcelona

Hemos visto dos visiones humanas en torno al hierro: los de la Alquimia, deseosos de ir más allá de lo natural pero con fines particulares; otra, Natural, que saca partido a lo que hay para aprovechar lo que la Naturaleza ofrece a todos.

Ambas visiones incorporan a sus deseos conceptos religiosos, que adjetivamos ahora como mitos. Es el soporte al que agarrase cuando adentrarse en lo desconocido nos produce miedo. A lo inmaterial de lo desconocido, mejor crear un contrapunto, igualmente inmaterial pero semejante a nosotros, capaz de acercarnos o facilitarnos lo que necesitamos, y en función de las crecientes demandas, se va ampliando el mito para que nos recuerde dónde estuvimos.

Algo donde reflejar lo conseguido y las soluciones desarrolladas.

El Dios Supremo Creador, nunca se muestra ni acerca; es su mejor creación, su hijo, mensajero o ayudante imprescindible, el Herrero Celeste, quien se encarga de concluir sus obras y perfeccionarlas en su nombre. El Herrero Celeste, aporta la ‘civilización’ al ser humano organizando el mundo. Esta ‘civilización’ tutelada, capacita al hombre para desvelar los misterios que Dios encerró en sus creaciones y que tanto habilitan al humano para asimilarlas e ir prosperando en la Tierra.

Agradecerlo requiere de aunarse y hacerse ver y oír de manera especial. Nadie mejor que el dominador del fuego, capaz con él de ‘crear’ consistentes formas útiles, para dirigir estos rituales. De ahí que el herrero sea el celebrante idóneo en cualquier ceremonia. Es el sacerdote perfecto en las culturas o ‘civilizaciones’ de carácter agrícola. Incluso sus relaciones con los jefes o soberanos, con los cuales se confunde en ciertas regiones, son de orden religioso.

En cuanto al menosprecio que se da al herrero entre los Massai y otros pueblos camíticos, hay que recordar, primero, que no practican la agricultura, y además, la ambivalencia mágico religiosa que dan al hierro; siendo objeto sagrado, el metal es tan peligroso como benéfico. El capaz de ‘hacer’, herrero o artesano, adquiere entre los suyos carácter divino o semidivino, son arquitectos, danzantes, músicos, médicos hechiceros. Hacer es conocer, saber la fórmula mágica que permita ‘inventarlo’ o ‘aparecer’ espontáneamente. El artesano es por lo mismo un mago, conocedor de secretos, por eso todos los oficios implican una iniciación, en la que los transmiten mediante una tradición oculta. El que hace cosas eficaces es el que conoce los secretos de hacerlas. Así se explica en gran parte la función del herrero mítico africano en su calidad de Héroe Civilizador: ha sido encargado por Dios de perfeccionar la creación, de organizar el mundo y, además, de educar a los hombres; es decir, de revelarles la cultura. Importante es subrayar el papel del herrero africano en las iniciaciones de la pubertad y las sociedades secretas: en un caso como en otro se trata de una revelación de misterios o, en otros términos, del conocimiento de realidades últimas. En este papel religioso del herrero, se advierte una réplica de la misión de Héroe Civilizador de su homónimo, el Herrero Celeste: es figura fundamental para la formación, no solo espiritual, de los jóvenes, es una especie de monitor, prolongación terrestre del Primer Instructor descendido del cielo in illo tempore.

Para los Dogón, los primeros habitantes de la región, mitificados, eran los Tellem, hoy desaparecidos dice el mito que bajo tierra, y que forjadores infatigables aún se escucha el resonar de sus martillos. No solo en África hubo, y hay, individuos prácticos que buscaban la utilidad; las sociedades guerreras, tanto en Europa o en Asia central y extremo oriente, como Japón, implicaban ritos de iniciación en las que el herrero ocupaba un lugar destacado. Es sabido que, tras la cristianización de la Europa nórdica, Odhin y la ‘caza furiosa’ fueron asimilados al Diablo y las hordas de condenados. Se daba así un gran paso hacia la adscripción del herrero con el Diablo. El dominio del fuego, común al mago, al chamán y al herrero, fue considerado en el folklore cristiano como obra diabólica; una de las imágenes populares más frecuentes presenta al Diablo arrojando llamas por la boca. Quizá tengamos aquí la última transformación arquetípica del ‘Señor del Fuego’.

Lo que nos remite de nuevo a que en el continente europeo y el asiático, la alquimia mantuvo durante largo tiempo su ‘ebullición’.

10ª Volutas y chispas de brasas en una fragua Dogón. Fotógrafo desconocido

Para terminar con el tema de la alquimia, permitidme incorporar unos textos de referencia sobre esta materia, de quien le dedicó profundos estudios y diversos libros, Mircea Eliade que en 1956, publicó ‘Forgerons et Alchimistes’ tal vez el vademécum y referencia clave para profundizar en su conocimiento:

« “Resultará sobre todo instructivo arrojar luz sobre el desarrollo ulterior de algunas ideas fundamentales relativas al crecimiento de los minerales, la transformación natural de los metales en oro y el valor místico de dicho metal. En cuanto al complejo ritual ‘herreros-cofradías de iniciación-secretos de oficio’, no cabe duda de que algo de su estructura particular se transmitió a la alquimia china y no solamente a ésta: la iniciación por un maestro y la comunicación ceremonial de los secretos siguieron constituyendo durante mucho tiempo una norma de la enseñanza alquímica. La búsqueda del oro implicaba igualmente la de una esencia espiritual. El oro tenía un carácter imperial, se hallaba en el ‘centro de la tierra’ y estaba en relaciones místicas con el ‘chü’, rejalgar o sulfuro; el mercurio amarillo y la vida futura, las ‘fuentes amarillas’.

En cuanto al estado ‘caótico’ alcanzado por la meditación e indispensable a la operación alquímica, interesa por varias razones a nuestra investigación. En primer lugar, la semejanza entre este estado ‘inconsciente’, comparable al del embrión o del huevo, y la materia prima, la ‘massa’ confusa de la alquimia occidental, sobre la que más adelante insistiremos. La materia prima no debe ser entendida únicamente como una situación primordial de la sustancia, sino también como una experiencia interior del alquimista. La reducción de la materia a su condición primera de absoluta indiferenciación corresponde, en el terreno de la experiencia interior, a la regresión al estado prenatal, embrionario.

Para el pensamiento simbólico, el mundo no sólo está ‘vivo’, sino también ‘abierto’; un objeto no es nunca tal objeto y nada más, como sucede con el conocimiento moderno, sino que es también signo o receptáculo de algo más, de una realidad que trasciende el plano del ser de aquel objeto. Para limitarnos a un ejemplo: el campo labrado es algo más que un trozo de tierra; es también el cuerpo de la Tierra Madre; la azada es un ‘phallus’, sin que por ello deje de ser una herramienta; el laboreo es al mismo tiempo un trabajo ‘mecánico’, en cuanto efectuado con herramientas fabricadas por el hombre, y una unión sexual orientada hacia la fecundación hierogámica de la Madre Tierra. Observemos que la descripción de Zosimo no sólo recuerda el desmembramiento de Dionisos y otros ‘Dioses moribundos’ de los Misterios, cuya ‘pasión’ es en cierto modo homologable a los diversos momentos del ciclo vegetal, sobre todo la tortura, la muerte y la resurrección del ‘Espíritu del trigo’ sino que también presenta sorprendentes analogías con las visiones de iniciación de los chamanes y, en general, con el esquema fundamental de todas las iniciaciones arcaicas. Es sabido que toda iniciación incluye una serie de pruebas rituales que simbolizan la muerte y resurrección del neófito. En las iniciaciones chamánicas, estas pruebas, aun cuando sean experimentadas en un ‘segundo plano’, son a veces de una extremada crueldad: el futuro chamán asiste en sueños a su propio descuartizamiento, su decapitación y su muerte. Gracias a las operaciones alquímicas, asimiladas a las ‘torturas’, a la ‘muerte’ y a la ‘resurrección’ del místico, la sustancia es transmutada, es decir, obtiene un modo de ser trascendental: se hace ‘oro’, que, repetimos, es el símbolo de la inmortalidad. De Medio Oriente, hasta Egipto se consideraba que la carne de los Dioses era de oro: al convertirse en un Dios, los Reyes, y el Faraón, alcanzaba también la conversión de su carne en oro. La transmutación alquímica equivale por ello a la perfección de la materia; en términos cristianos, a su redención. Hemos visto que los minerales y los metales eran considerados como organismos vivos; se hablaba de su gestación, su crecimiento y su nacimiento e incluso de su matrimonio. Los alquimistas adoptaron y revalorizaron todas estas creencias arcaicas. La combinación alquímica del azufre y el mercurio casi siempre se expresa en términos de ‘matrimonio’, mediante el cual se simboliza una unión mística entre dos principios cosmológicos. Aquí reside la novedad de la perspectiva alquímica: la Vida de la Materia no está ya definida en términos de hierofanías ‘vitales’ como en la perspectiva del hombre arcaico, sino que adquiere una dimensión espiritual.

La muerte, corresponde generalmente, en el nivel operatorio, al color negro que tomaban los ingredientes, a la ‘nigredo’. Es la reducción de las sustancias a materia prima, a la masa confusa, la masa fluida, informe, que corresponde, en el nivel cosmológico, a la situación primordial, al caos. La muerte representa la regresión a lo amorfo, la reintegración del Caos. De aquí que el simbolismo acuático tenga un papel tan importante. Una de las máximas de los alquimistas era: “No efectúes ninguna operación antes de que todo haya sido reducido al Agua”. En el terreno operacional, este proceso corresponde a la disolución del oro en el agua regia.

Kirchweger, presunto autor de ‘Áurea Caleña Homeri’ en 1723, obra que, dicho sea de paso, ejerció una notable influencia sobre el joven Goethe, escribe: “Es seguro y cierto que la Naturaleza entera era Agua en el comienzo; que todas las cosas han nacido por el Agua y por el Agua deben ser destruidas”.

La regresión alquímica al estado fluido de la materia corresponde en las cosmologías al estado caótico, primordial, y en los rituales de iniciación, a la ‘muerte’ del místico. Situándose en diferentes perspectivas, C. G. Jung y J. Evola comentan con acertada pertinencia el simbolismo de la Muerte de iniciación según se desprende de la ‘nigredo, putrefactio, disolutio’. Conviene añadir que la disolución y la reintegración del caos es una operación que, sea cual fuere su contexto, presenta por lo menos dos dignificaciones solidarias: cosmológica y de iniciación. Toda ‘muerte’ es al propio tiempo una reintegración de la Noche cósmica, del Caos precosmológico; en múltiples niveles, las tinieblas expresan siempre la disolución de las Formas, el retorno al estado seminal de la existencia. Toda ‘creación’, toda aparición de las Formas o, en otro contexto, todo acceso a un nivel trascendente se expresa con un símbolo cosmológico. Ya lo hemos repetido en muchas ocasiones: un nacimiento, una construcción, una creación de orden espiritual, tienen siempre el mismo modelo ejemplar: la cosmogonía. Así se explica la aparición en culturas tan diferentes del mito cosmogónico, no sólo el día de Año Nuevo, cuando el mundo vuelve a ser creado simbólicamente, o con motivo de la entronización de un rey, de un matrimonio, de una guerra, etc., sino también cuando hay que salvar una cosecha amenazada o curar una enfermedad. El sentido profundo de todos estos rituales nos parece claro; para hacer bien una cosa o rehacer una integridad vital amenazada por la enfermedad hay que volver primero ‘ad originem’ y luego repetir la cosmogonía. La muerte de iniciación y las tinieblas místicas tienen así una valencia cosmológica: se reintegra el estado primario, el estado germinal de la materia, v la ‘resurrección’ corresponde a la creación cósmica. Para utilizar la terminología moderna, la muerte de iniciación disuelve la Creación y la Historia, libera de todos los fracasos v pecados; en fin de cuentas, del desgaste inseparable de la condición humana. Su participación en las fases de la ‘opus’ es tal que, por ejemplo, la ‘nigredo’ le procura experiencias análogas a las del neófito en las ceremonias de iniciación cuando se siente ‘engullido’ en el vientre del monstruo, o ‘enterrado’, o simbólicamente ‘muerto’ por las Máscaras y los Maestres iniciadores. Corresponde verosímilmente, en el terreno espiritual, a una ‘resurrección’ que se traduce por la apropiación de ciertos estados de conciencia inaccesibles a la condición profana, en el nivel operativo, éste es el fenómeno de la ‘coagulación’, consecutivo a la ‘putrefactio’ inicial.

Probablemente se trata de un ‘lenguaje secreto’, como el que encontramos tanto en los chamanes de las sociedades arcaicas como en los místicos de las religiones históricas, ‘lenguaje secreto’, que es a la vez expresión de los sentimientos intransmisibles de otra forma a través del lenguaje cotidiano y comunicación críptica del sentido oculto de los símbolos. Por el mismo hecho de que manifiestan lo sagrado, cambian el régimen ontológico de los objetos: una piedra, un árbol o una fuente, desde el momento en que adquieren un carácter sagrado, se hacen inestimables a los ojos de los que participan en esta experiencia religiosa. En cuanto a las crisis del mundo moderno, hay que tener en cuenta que este mundo inaugura un tipo absolutamente nuevo de civilización. Es imposible prever su futuro desarrollo. Pero resulta útil recordar que la única revolución que puede comparársele en el pasado de la humanidad, el descubrimiento de la agricultura, provocó trastornos y síncopes espirituales cuya gravedad apenas nos es dado imaginar. Un mundo venerable, el de los cazadores nómadas, se perdía con sus religiones, sus mitologías, sus concepciones morales. Fueron precisos milenios para extinguir definitivamente las lamentaciones de los representantes del ‘viejo mundo’, condenado a muerte por la agricultura. Debe igualmente suponerse que la profunda crisis espiritual provocada por la decisión adoptada por el hombre de detenerse y vincularse a la gleba, necesitó siglos para integrarse por completo. No somos capaces de darnos cuenta de la ‘transvaloración de todos los valores’, ocasionada por el paso del nomadismo a la existencia sedentaria, ni siquiera imaginar sus repercusiones psicológicas y espirituales. Ahora bien: los descubrimientos técnicos del mundo moderno, su dominio del Tiempo y del Espacio, representan una revolución de proporciones análogas, y cuyas consecuencias estamos aún lejos de haber integrado. La desacralización del trabajo, sobre todo, constituye una llaga abierta en el cuerpo de las sociedades modernas. No podemos estar seguros, sin embargo, de que no se produzca una resacraíización. Nuestro propósito era solamente mostrar que la crisis espiritual del mundo moderno tiene también entre sus premisas lejanas los sueños demiúrgicos de los herreros, los metalúrgicos y los alquimistas. Es bueno que la consciencia historiográfica del hombre occidental se descubra solidaria de los actos e ideales de sus antecesores lejanos, incluso si el hombre moderno, heredero de todos estos mitos y todos estos sueños, sólo ha conseguido realizarlos desolidarizándose de sus significados originales”. »

ÁFRICA

Hemos visto hasta aquí, la diferencia entre el hierro místico y el hierro práctico, en ambos casos siempre útil. Nuestra ‘falcata’, la ‘glaudius’ romana, el ‘nihontó’ japonés, el ‘kopke’ egipcio, el ‘alfanje’ otomano o la ‘flissa’ africana, son básicamente espadas, de hierro, adaptadas a las características, me imagino y dicen que morfológicas, del guerrero donde se fabricaban; todas las más útiles allá donde se usaran, sin pensar en otra cosa durante su uso que ‘mejor tú, que yo’. Seguro que los circunloquios previos a su fabricación recibirían bendiciones para que el portador fuera protegido y el enemigo eliminado. En unos sitios rodeadas de misticismo y religiosidad y en otros ensartando o cortando trozos de madera para simplemente comprobar su efectividad. Los africanos, a medio camino de esto en cuanto al agradecimiento, pero convencidos que antes útil que estorbo. Sí quedó clara la calidad del producto final. Veamos algunos ejemplos:

El País Dogón tiene una herencia notable por la cantidad y variedad de sus restos de hierro, proporcionando un contexto favorable para analizar la formación de las castas de herreros y la organización de la industria del hierro. El uso generalizado del hierro ha tenido un gran impacto en la organización de las empresas y en la gestión del territorio. Para reconstruir la historia de la industria siderúrgica en el país Dogón, se desarrolló un enfoque extenso y diacrónico, basado en el análisis de las tradiciones orales y los restos arqueológicos recogidos durante la prospección y excavación.

Minas y minerales

El lecho de roca geológico de la meseta Dogón consiste en areniscas de cuarzo paleozoico. Durante el Eoceno, estas rocas sufrieron una fuerte alteración que resultó en la formación de una coraza laterítica. Esta corteza ha sido desguazada en gran medida por la erosión, pero quedan fragmentos dispersos. 
Algunos niveles de esta laterita son ricos en óxidos e hidróxidos de hierro y han sido extraídos como mineral. Generalmente, se trata de capas profundas y los mineros han excavado pozos de 5 a 10 metros para alcanzarlos. En la base del acantilado de Bandiagara se encuentran sedimentos de arcilla del Paleozoico que también contienen niveles ricos en hierro. En varios puntos, fueron explotados mediante minas de pozo. El hierro está en forma de óxidos, amalgamados con otros materiales como arena, arcilla, y otros.

Lo primero es saber que en África se pasó directamente de la edad de piedra a la del hierro sin transición previa por la del bronce, sino que este material se utilizó allí a posteriori. Conocer también que el hierro requería de técnicas y condiciones donde se aunaban el conocimiento de su proceso de búsqueda, al igual que el de la extracción y fundido.

Este último proceso el del fundido, hace que sea visto en África como material sagrado pues a un medio como el fuego se le atribuye el carácter, sobre todo en tiempos remotos, de mágico y esotérico, pero que le permite al varón la posibilidad de crear, dar vida, en definitiva lo más parecido a parir.

Esa pieza realizada en hierro es material sagrado, como lo es un exvoto para nosotros, como por ejemplo la petición de un buen tránsito y resultado en el viaje previsto a través de los enormes ríos que les circundan.

En un acto multitudinario realizado en 1995 once grandes maestros herreros dogón, conocedores y guardianes de esta actividad ancestral, se reunieron invocando a los espíritus, acordando realizar un último fundir. Este evento se convirtió a la postre en una película documental titulada ‘Inagina, la última casa de hierro’ ‘Inagina, the last house of iron’, que se puede ver sin costo en Internet.

En vista de la movilidad de estos, en el tiempo y el espacio, uno puede preguntarse si en efecto fue verdadero su impacto en la evolución de la cultura dogón. El lugar de trabajo del herrero puede tener un aspecto modesto y sobrio, pero las creaciones artísticas que se han producido allí son algunas de las manifestaciones más deslumbrantes del sistema de culto dogón.

Fragua de Dalenkada, detalle

La fragua

La fragua o herrería es un habitáculo austero consistente en una pared de piedras apiladas, orientada de este a oeste, una manera de protegerse del ardiente sol, y una serie de pilares enfrente, al sur, sobre los que instalan un entramado de maderas y ramas que a su vez sustentan, apoyado, un techo de paja. La instalación de este recinto se ubica fuera del poblado, pero en las cercanías.

El horno en sí, se instala en el interior de la herrería. Como en toda África se construye haciendo previamente un vaciado, a modo de lecho, un poco por debajo del nivel del terreno. Sobre él se construye un poyete apilando piedras y sobre este se fabrica con barro el horno en sí. Este sistema de los dogón no varía en lo básico de las del resto del continente. Es un recinto sagrado.

Es un lugar de gestación, siendo el herrero el esposo de la fragua. 

12 Horno del pueblo Nyanga. Al igual que caso todos los pueblos del sur de la R. D. del Congo y Angola, como los Tshokwe, sus hornos y fraguas semejan por fuera el torso de una mujer, reproduciendo por dentro su útero y órganos genitales de ambos sexos.

El arqueólogo Andah B. en ‘Estudio de las actividades africanas en su contexto cultural’, de 1995, nos dice: “La figura de arcilla cocida más grande de África es un horno de fundición de hierro. Las mamas de arcilla; las aberturas vaginales; los fuelles, similares a testículos; y los tubos de soplado, similares a penes, son parte de un sistema reproductivo, construido culturalmente, que utiliza el cuerpo femenino y partes de la anatomía masculina. Las formas de ejecución rituales que utilizan potentes tropos, gestos corporales y sonidos, transforman los hornos en cuerpos humanos. Las representaciones antropológicas han examinado por mucho tiempo sólo la fecundidad femenina y los procesos reproductivos tergiversados, como la menstruación. Sin embargo, la descripción detallada de las expresiones rituales arroja nueva luz sobre las categorías previamente dicotómicas de hombres y mujeres en la fundición de hierro y crea una comprensión más completa de la materialidad del cuerpo femenino en los hornos de arcilla cocida”.

Los herreros

Los herreros componen una casta esencial, se dividen en clanes endogámicos y viven al margen de la sociedad dogón. Ellos no se casarían con personas que no fueran de su hermandad. Hay dos agrupaciones distintas, el Jèmè na y el Irine.

El de Jèmè Na es tan antiguo que se hunden sus raíces en un pasado tan lejano que alcanza el mito. En el que se cuenta que Amma doto a Dyongu Serou el primer hombre, a través de koro Na el arca de los dones divinos, entre otras de la facultad de fundir y ‘parir’ el hierro. Vivían principalmente en las llanuras de SenoGondo.  Ellos fueron muy expertos en técnicas de extracción y fundiciones de metales.

La época colonial trajo consigo acceso a otras fuentes de suministro y de ahí al comercio de hierro procesado y otros metales, posteriormente ellos tal vez por esto, lo dejaron a finales de los años 40 del pasado siglo. Aún hoy en día se pueden ver restos de antiguos hornos de barro en muchas partes del país. 

Pero ¿quiénes eran estos herreros y de dónde habían venido? Es difícil responder a esta pregunta. Sin embargo, el hecho es que los herreros dogón han sido reconocidos desde la antigüedad por su dominio del medio. Entre los siglos X al XV, la provincia de Yatenga ya fue testigo de una intensa actividad metalúrgica que siempre se ha atribuido a los Kibse Dogón. En los tiempos de las conquistas Songhay y Mossi, era habitual obligar a los herreros y otros artesanos a abandonar sus pueblos de origen y ubicarlos en otros territorios conquistados. Su conocimiento técnico sobre la fabricación de armas y herramientas agrícolas era vital para cualquier poder que buscara el control sobre la tierra y las gentes. 

Como  sociedad agrícola, los dogón de la meseta y la falla de Bandiagara carecían de artesanos. Con toda lógica, se dirigieron a los herreros establecidos en las llanuras bajo la meseta, para aprender el oficio. 

Los Irine eran originalmente agricultores dogón que aprendieron el oficio de herrería de los Jèmè Na, a los que en principio compraban e hierro fundido que utilizaban. Básicamente fabricaban herramientas agrícolas. Los Irine también aprendieron y trabajaron la madera. Era uno de entre los grandes grupos de escultores dogón. Aparte de su artesanía en hierro y madera, los herreros estaban acreditados como poseedores de poderes curativos por lo que realizaban las operaciones de circuncisión y ablación. También intervenían como mediadores en los conflictos que surgían entre los aldeanos. Esta es una responsabilidad que tenían, y aún tienen, en común con el Hogón.  Ellos apenas vivían habitualmente en su pueblo natal. Se instalaban en un pueblo donde fuera necesaria y valorada su habilidad. Por eso los Irine solían llevar el apellido patronímico de su pueblo de adopción.  Se dice que un Jèmè Na era libre de hacerse cargo de un trabajo realizado por un Irine cada vez que esto le satisficiera. Una decisión que a un Irine no le quedaba más remedio que aceptar. 

Comprobada la movilidad de los herreros en el tiempo y el espacio, uno puede preguntarse cuál fue su impacto real en la evolución de la cultura dogón. Sea como fuere el lugar de trabajo del herrero puede tener un aspecto modesto y sobrio, pero las creaciones artísticas que se han producido allí están entre las manifestaciones más deslumbrantes del sistema de culto dogón.

Marcel Griaule y sus colaboradores han publicado lo recibido de sus informantes, sobre el mito de Dyongo Serou, el Primer Herrero. Se recoja cualquiera de los distintos relatos, lo cierto es que La profesión de herrero es muy valorada y sus herramientas ocupan un lugar importante en el culto, ya que unos u otros relatan que recibió de Amma, las simientes de los principales granos cultivables, y que suspendiéndole luego del extremo de una cadena de metal, un mito mandé, Dios le hizo descender sobre la tierra.

Según otra variante, los herreros vivían primitivamente en el cielo y trabajaban para Amma, pero como uno de ellos hubiese robado el mijo al dios, Amma le hizo descender a la tierra; al tocar el suelo se hizo impuro y, por consiguiente, incapaz de volver a subir al cielo. Según una tercera variante, la más completa, el Herrero Antepasado construyó en el cielo un granero dividido en ocho departamentos que representaban los órganos principales del hombre: en cada departamento depositó uno de los ocho granos cultivables. Este granero, construido de tierra celeste, fue llevado después a la Tierra por el Primer Herrero y allí, al dispersarse, se convirtió en el campo primordial puro, en torno al cual se organizó más tarde la Humanidad. Fue igualmente el Primer Herrero celeste quien inventó el fuego, enseñó a los hombres la agricultura, así como a domesticar los animales. Según otros mitos, el Héroe Civilizador Dogón, se metamorfoseó en Herrero y descendió a la tierra para revelar a los humanos la civilización, acción que se manifiesta haciéndose notaren el cielo durante las tormentas, truenos, rayos y relámpagos.

Los herreros en cuanto Maestros Iniciados, son los grandes depositarios de la palabra, principal agente activo de la vida humana y de las mentes. Son los herederos de las palabras sagradas y mágicas transmitidas por la cadena de los antepasados y cuyo origen se sitúa en las primeras vibraciones sagradas emitidas por Dyongo Serou, el primer hombre enterrado, mortal por tanto. El primer herrero fue uno de los ocho ancestros humanos que del cielo bajaron a la tierra. Llegó en, Koro Na, el arca donada por Amma que contenía todo lo necesario para que la gente pudiera sobrevivir. Él enseñó a la gente cómo hacer las herramientas y plantar las semillas para el cultivo de alimentos.  

12ª Hierro candente saliendo del horno

Es conocido que los ‘primitivos’ trabajaron el hierro meteórico mucho tiempo antes de aprender a utilizar los minerales férricos terrestres.

No insistiré sobre la sacralidad que otorgan al hierro, sus creaciones, ámbito y su oficiante. Provenga de la bóveda celeste, o extraído de las entrañas de la tierra, está cargado de potencia sagrada.

El herrero, y antes que él el alfarero, es un ‘señor del fuego’, pues mediante el fuego es como se produce el milagro de intervenir sobre una materia para sustanciar otra. El primer herrero que consiguió gracias a brasas transformar y endurecer considerablemente una ‘piedra del trueno’ debió sentirse embriagado. El fuego se tornaba en el medio de conseguir hacer algo distinto de lo que existía en la Naturaleza, y adecuado a lo imaginado o pretendido, era, por tanto, la consecución del permiso para regular una fuerza misticoreligiosa, por tanto, sobrenatural. Otorgaba así al herrero el carácter de ser privilegiado. Las herramientas del herrero participan asimismo de ese carácter sagrado. En tiempos remotos cuentan que el duro mineral negro, se encontraba casi paseando, sobresaliendo en la superficie de la tierra, era el hierro macho, mientras que el mineral hembra, blando y rojizo, se encontraba escarbando, en oquedades; la mezcla de ambos era indispensable para conseguir una fusión fructífera. Eso cuentan pero lo que sí parece importaba era la visión global de la realidad, pues era lo que justificaba el rito, es decir, el alquímico matrimonio de los minerales, y que éste hiciese factible un nacimiento.

Es comentado el caso de un ‘Maestro del Cuchillo’ dogón, del la región de Pignari, el entorno del Bandiagara, que un día mintió para salvar la vida de una mujer perseguida a la que compadecido había escondido en su casa. Tras quedar la mujer a salvo y consciente de la mentira, dimitió espontáneamente de su cargo, considerando que no reunía las condiciones rituales para ejercerlo de una manera válida. Si a quien promulga la tradición, conocedor de ella, se le respeta tanto en África es porque él, primero, se respeta a sí mismo. Si interiormente la persona mantiene el criterio, que le impide mentir, él es un hombre cabal, dueño de las fuerzas que en él habitan. En torno suyo reina el orden y la tranquilidad.

Esto muestra la idea de la importancia que se le da en la educación tradicional africana al dominio de uno mismo. Hablar poco es señal de buena educación y de nobleza. El muchacho aprenderá muy pronto a dominar la expresión de sus emociones, incluso su sufrimiento, y contener las fuerzas que le afloran, siguiendo el ejemplo del ancestro primordial que contenía en sí mismo, las fuerzas del universo.

No hay que confundir a los relatores de los orígenes, que saben enseñar en función de quien les escucha, con los trovadores, narradores y animadores públicos, que en general son de la casta de los Dieli o griots y sólo entretienen.

La metalurgia de estos pueblos me ha llamado siempre la atención y he procurado buscar la de cada una de los pueblos sobre los que he trabajado y algunos conocéis. Pero hay innumerables trabajos técnicos, ilustrativos, didácticos o simplemente relacionados, sobre la metalurgia entre los dogón, tan impresionante como el número en cuanto a otros pueblos de África. Aquí he preferido relatar lo que de atractivo entiendo pueda resultarle a un neófito. Me limitaré a exponer en articulo a parte el que creo puede interesar a los entendidos o expertos. También la referencia de alguno que me ha parecido especialmente interesante. Entre otras cuestiones interpretar el término o concepto Inagina.

El hierro forjado 13 . Instrumental agrícola extraído de excavación

En el norte del Camerún, las mujeres Murgur separaban el mineral pulverulento mezclado a las aguas arenosas de los arroyos. En Gabón, la gravilla de hierro y manganeso se recogía en los lechos secos de los ríos. Los mineros africanos también utilizaban las rocas ferruginosas, ya se encontraran en lo alto de las colinas o se llegara hasta ellas a través de pozos y galerías que seguían las vetas. En toda África, la gravilla laterítica recogida en el suelo sirvió como materia prima. En varias regiones, como ya hemos visto, la actividad minera no podía tener lugar si no accedían a ello las potencias sagradas responsables de los yacimientos. La precedían rituales propiciatorios y la acompañaban comportamientos integrados a esos rituales. El amo de la tierra debía hacer ofrendas.

Cuando los mineros eran hombres, debían practicar la abstinencia sexual durante varios días. También se podía encomendar la “cosecha” a mujeres y niños, que, según se creía, estaban más cerca de los espíritus poseedores de la tierra y sus recursos.

14.- Canoa de hierro, conmemorativa de los viajes de los jefes por el cauce del Niger. Pueblo Dogón, Malí. Datada sobre el siglo XVIII.

Parece cada vez más clara la idea de que el hierro se empieza a producir en varias zonas muy distantes entre sí en el continente africano, mucho antes de lo que hasta hace 4 o 5 años se creía, las investigaciones y las nuevas tecnologías han propiciado estas nuevas dataciones. Entre otras, y como ejemplo, las realizadas en la zona de entre los valles del Niger y el Benue en Nigeria, por el Prof. Peter Breunig y la arqueobotánica Prof. Katharina Neumann de la Universidad alemana de Goethe cuando se descubrieron, aún siguen apareciendo hoy en 2019, piezas de terracota de la Cultura Nok, donde a la par y confluyendo, se encontraron restos de escorias que demuestran que con el hierro, se mantenía una ‘industria’ de relativa importancia. Las primeras noticias de culturas en las que el hierro tenían una importancia fundamental son del primer milenio a. C., que fueron producidos probablemente por pueblos protobantúes agrícolas. Los Nok, ya eran capaces de fundir y forjar el hierro hace 2.500 años, es de suponer, aunque no se conozcan, que hubo otras culturas anteriores conocedores de la metalurgia del hierro, pero, por el momento, los Nok están entre una de las primeras grandes culturas de la edad del Hierro africana. Por otro lado, se relaciona a los Nok con el origen de los bantúes, aunque no hay pruebas. Los hallazgos son de tal envergadura que la Fundación Alemana de Investigación ha aceptado la solicitud de financiación del proyecto dirigido por el renombrado profesor y arqueólogo africano Dr. Peter Breunig con 1,5 millones de euros, para completar el proyecto en 2020, y avanzar sobre el conocimiento de las cultura de hace 2500 años en esta zona de Nigeria del África Occidental.

La cultura Nok de aproximadamente 1500 años de antigüedad, que lleva el nombre del pequeño pueblo de Nok al noreste de la capital, Abuja, comienza alrededor de 1500 aC., según lo ya verificado y refrendado en este proyecto. En ese momento, la gente vivía en comunidades agrícolas simples, cuyo cultivo más importante era el mijo perla. Las elaboradas figuras de terracota, por las cuales la cultura Nok también es conocida fuera del mundo arqueológico, ocurren 600 años después, alrededor del 900 aC., según nos confirman ambos profesores, que por cierto fueron secuestrados en 2017.

Afortunadamente liberados, estos investigadores del Instituto de Ciencias Arqueológicas de la Universidad de Goethe están mostrando los resultados de sus muchos años de investigación arqueológica, dedicados a la cultura de la Edad del Hierro Nok. Como punto y seguido de su esfuerzo, se realizo la exposición de Liebieghaus, en Frankfurt, que se centró en las figuras de terracota encontradas en las excavaciones así como diversos audiovisuales sobre los restos de fraguas y las escorias encontradas.

Ellos apuntan, que gracias a Bernard Fagg estos hallazgos fueran fundamentales para adentrarse con rigor científico en este arte figurativo, el más antiguo del África subsahariana, siendo Fagg quien  también descubrió que los fabricantes de las terracotas Nok producían el hierro más temprano en el África subsahariana.

Entre 1969 y 1974 se hicieron las primeras dataciones sobre el hierro de la zona de Taruga Nok , como ya se ha dicho en Nigeria, que se dio entre los siglos IX-X aC., y el de Termit en Níger oriental, entre los siglos VII y X aC., mientras que en Túnez el hierro sólo había aparecido en el siglo VI. No obstante, subsistían dudas en cuanto a la fiabilidad de esa datación. En Nubia, en Napata, se atestiguó la presencia del hierro a fines del siglo VIII a.C., pero se planteaban interrogantes sobre la edad de las escorias de Meroe. Nuevas investigaciones revelaron que: por una parte, el hierro de Meroe es solamente del siglo VI aC.; y, por la otra, en la región de Termit la siderurgia data indiscutiblemente de por lo menos 1.500 aC. Se obtuvieron fechas próximas de 1.200 aC., cerca del lago Victoria Nyanza y en el Camerún. Al oeste de Termit, en Egaro, las fechas se remontaron a 2.500 aC., o antes; de confirmarse estos datos la antigüedad de la siderurgia subsahariana sería similar a la del Oriente Medio.

14 15 16 14.- Pin pä cuchillo ceremonial tellen con punta de hierro. Propiedad de la galería Bruno Mignot

15.- Carnero de hierro. Cultura Dogón. 13,o2 x 23,81 x 3,97 cm. Instituto de Arte de Minneapolis.

16.- Casco janus de los Dogón. Hierro negro, en principio meteórico, aunque la galería Bruno Mignot donde está depositado lo data sobre 1950.

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17.- Moneda de hierro Kirdi o Mumuye, Nigera.

18.- Figura de hierro Mumuye, Nigeria.

19.- Cuchillo de ejecución Nagbaka. R. D. del Congo.

El bronce 22 y 23.- Cabezas para remate de báculos Bamana de Malí en bronce. Siglo XIX.

Es en la zona ribereña del Mediterráneo, parece que producto de contacto con los habitantes de la Península Ibérica, que se encuentran y documentan objetos de cobre en el período comprendido entre el tercer y segundo milenio de nuestra era, que se observan en grabados al occidente del Magreb y en enclaves de la cordillera del Atlas.

La metalurgia local se manifiesta por la fundición y uso del cobre en Tigidit en el Níger, donde la presencia de hornos indican su fabricación local, así como en Guelb Moghrein en Mauritania, aunque ya en el primer milenio, y a partir de mineral de cobre autóctono.

El bronce no es conocido en África hasta época histórica, incluido el Egipto faraónico, a pesar de usarse el cobre desde la época predinástica. Otro hecho interesante es que en determinadas zonas la aparición de la metalurgia del hierro es anterior a la del cobre y por tanto del bronce.

La aparición de la metalurgia en África se remonta a los albores del 1.300 a.C., y a diferencia de otros continentes, se empezó a trabajar antes el hierro que el bronce. Parece claro que el origen de las fundiciones proviene del llamado Creciente Fértil y que a África llega a través de la península del Sinaí.

Cuando siglos más tarde, en el 375 aC., Alejandro Magno llega a Egipto y funda la Alejandría que nos lega, revestido de brillante casco y peto tachonados con medallones de bronce, no impresiona por ello, algo ya conocido, sino por su concepto táctico y social, que sí asombra por donde va. Permitidme recordar que romanos más tarde y durante siglos; o los europeos en 1096 cuando se promulga la primera cruzada por la que los guerreros cristianos penetran en África armados y protegidos con refulgentes armaduras; o españoles, valencianos y levantinos en el XII que llegan hasta las hoy Burkina o Nigeria huyendo de los almorávides, fulanis y hausas.

Pero como dato definitorio exponer que alrededor del primer milenio antes de nuestra era se conoce de la existencia de aleaciones de cobre arsenical primero y siglos más tarde con estaño, bronces de uno u otro tipo y dureza, en la zona de Tigidit, en el Níger. No es complicado entender, sabiendo de estos y otros numerosos datos existentes, que en África se trabaje el metal, que del hierro ya sabían de mucho antes, con el mismo método que en las otras culturas para su modelado, el de la cera perdida, que retocaban con afilados útiles metálicos a modo de cinceles y pulían con piedras de arenisca y o arena suelta. El metal más preciado era el oro, pero era algo potestativo de las monarquías y por ejemplo los dogón para nada lo utilizan en figuras. O yo no las conozco.

Es el latón o bronce de adjetivo africano, pues son aleaciones distintas a las europeas, con las que este pueblo realiza magnificas obras, propias, en figuras de todo tipo como representaciones de ancestros o altares y brazaletes, pulseras o colgantes. Pero sea cual sea su función o utilidad, sin dejar de mostrar su simbología mística y o religiosa. Es mucho lo que se sabe sobre la metalurgia en África y la de los dogón en particular, como de las de muchos otros pueblos africanos. Pero eso ya lo hemos ido viendo antes.

La aparición del bronce en Edo Benín que los caballeros usaban de diversas maneras en sus corazas, cubriendose de pies a cabeza, parece probar que la metalurgia estaba al servicio de todo tipo de uso, una vez que esas armaduras, sin duda alguna, eran de fabricación local. Desde temprano se ha hecho todo el esfuerzo para fabricar esos accesorios con otro material que no sea el hierro, debido al clima, manteniendo la misma forma, y ​​preocupándose en hacerlos seguros y protectores. Es por eso que esas armaduras han demostrado, al final del período histórico de Benín, ser elementos puramente decorativos.  Recordemos que muchos de los caballeros medievales, que sucumbieron bajo sus armaduras en el camino de la Tierra Santa, durante las cruzadas, no soportaron el calor y los rigores del clima. La técnica de moldear el bronce por el proceso de cera perdida, responsable de las bellas obras de arte de Ifè, Benín, o Ijebu, fue compartida entre la región atlántica del Golfo de Guinea y la antigua Meroë en el actual Sudán. La orfebrería, la fabricación de filigrana de oro, y la manipulación del cobre, estaño y de las aleaciones metálicas, habían sido bastante difundidas durante el África precolonial. 

Como curiosidad veamos la composición media de las aleaciones para el bronce en el continente europeo y en el africano. Proporciones: África, Ifé: 85% cobre; 10% estaño; 5% oro. Europa: entre 75 a 80% cobre; 5% estaño; 3 a 5% plomo; 12 a 15% cinz.

Recordemos que Samory Touré poseía copias de rifles europeos, durante su lucha de resistencia contra los franceses, hechos por los herreros locales. Hay que admitir que su eficiencia no era la misma, debido a la calidad inferior del metal. El oficio de ‘hacedor de llaves’ también era conocido en ese tiempo en África.

Las repetidas victorias de los guerreros de Nubia contra las legiones romanas de Cornelius Gallus en agosto del año 29 aC., puede darnos una idea de lo que era el nivel tecnológico de ese país en ese período.

Egipto conoce ya plenamente el Eneolítico, es decir, la utilización metalúrgica del cobre, que muy posiblemente llegó al valle del Nilo, y en consecuencia al continente africano, a través de la península de Sinaí desde el Creciente Fértil, Mesopotamia y Persia, como se ha dicho. Parece, poco probable la invención independiente de la metalurgia en Egipto, por falta de recursos o incentivos, aun cuando sabemos de técnicas afines como las utilizadas ya por los badarienses para la obtención de un subproducto de la calcinación de fragmentos de azurita, carbonato de cobre azul; y de malaquita, carbonato de cobre verde; cuya utilidad aprendieron tempranamente para preservar sus ojos de la reverberación solar. Esta se obtenía fundiendo uno u otro carbonato sobre las piedras del hogar mediante carbón de madera. El esmalte logrado fue utilizado asimismo para decorar perlas de esteatita, con magníficas obras y paso previo al llamado cristal africano. No es de extrañar que en este ambiente se difundiera muy pronto el uso del cobre autóctono, aunque limitado a pequeños objetos obtenidos mediante la técnica de martillado, que precede a otras, posiblemente importado desde Anatolia. Estas hicieron realidad el conocimiento del bronce en todo el Creciente Fértil a la vez que de un extremo a otro del Mediterráneo, y la transmisión al África de unas operaciones de fabricación que en un principio requerían concretos comportamientos rituales. Es posible que junto a tales conocimientos se presente el Megalitismo en sus primeras manifestaciones, que pronto se difunde por numerosas regiones africanas, cuando ya desde el Asia occidental empiezan a llegar los primeros barruntos del hierro, que los asirios exportarán a Egipto, de donde llega remontando el Nilo a Meroë antigua capital del reino sudanés de Kush. Desde aquí se expande al resto del continente africano, a la vez que el conocimiento de su metalurgia.

No se descarta que el hierro pudiera llegar al Sahara llevado por nómadas, o incluso que fuese reinventado localmente. Los primeros africanos que al parecer utilizaron la metalurgia al sur del Sahara fueron melanodermos artífices de la cultura nigeriana de Nok, que se manifestó entre el 500 al 200 d.C. La Cultura Nok fue desvelada en 1943, a raíz de reanudarse la explotación de una vieja mina de estaño y dio ocasión, al arqueólogo inglés Bernard Fagg, de identificar un particular complejo cultural que se manifestaba a lo largo de unos 500 kilómetros de este a oeste y 300 kilómetros de norte a sur durante el último período pluvial, y que se caracterizó por un extraordinario arte en terracota, a la vez naturalista y dinámico, del que se encontrarán notables muestras en Jemaa, Wamba y Nok, que se desarrolló en el seno del ámbito nigeriano sin aparente influencia exterior, en un entorno en el que conviven agricultores y cazadores que practican el culto a los antepasados, que hacen gala de un realismo figurativo que no volverá a manifestarse hasta la emergencia, milenio y medio después, del arte de Ife, Benin. Por otra parte, la metalurgia del hierro aparece en los primeros siglos de nuestra Era asociada a cerámicas de base ahuecada utilizada en Kenya, Ruanda, Uganda y Tanzania, así como vasos de decoración en estrías que se presentan en Zambia y en la actual República de Zimbawe. En África del sur, los primeros usuarios del hierro datan del siglo IX o X. Aquí agricultura y metalurgia parece que llegaron coetáneamente y, muy posiblemente, su conocimiento permitió la fabricación de aperos agrícolas que impusieron la agricultura como género de vida sobre la caza y la recolección. No obstante, los cazadores recolectores seguirían viviendo junto a los agricultores hasta épocas ya históricas, caracterizándose por su dominio del llamado arte rupestre.

24

25 24.- Cofre Dogón para medicina. Bronce. Siglo XIX. 25.- Canoa recordatoria de viaje de jefes por el Niger. Bamako, su ciudad, significa ‘Casa de los cocodrilos’. Bronce. Siglo XIX.

26 27 28 26.- Caminantes Dogón, referencia a su mito de emigración y figuras en las que se basó Giacometti para sus ‘Caminantes’. Bronce. Siglo XIX.

27.- Recipiente Mossi de Burkina Faso, posiblemente para guardar medicamentos contra la picadura de la mosca Tse Tse que mataba sus caballos. Bronce. XVIII-XIX.

28.- Maternidad en la que el niño mira qué ha preparado su madre. Recogido en territorio Gurma. Bronce. Siglo XX.

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30.- Pareja de Obas, o jefes regionales del Reino Edo o Bini en Benin City, Nigeria. Bronce. El de la izda. Presenta tocado y atuendos precoloniales, datado en el siglo XVIII. El de la derecha lleva el gorro alado de estilo frigio y presenta influencias europeas, francesas. Siglo XVIII AL XIX.

31.- Cabeza de bronce del estilo, data siglo XVIII a XIX, Ile Ifè., de los Yoruba. Nigeria.

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metalurgia en África
metalurgia en África

31 y 32.- Pareja de muñecas Namji Tiv de Nigeria. Bronce, cuentas de vidrio y caurís. 33.- Tobillera Bamoun, Camerún. Bronce.

34.- Tewahedo, es el nombre Amárico de la Iglesia Ortodoxa Etíope. Copto es el nombre que tiene la Iglesia Ortodoxa Egipcia.                     
Ciertamente y con los disturbios, guerras y secesión de Eritrea, cada cual atribuyó nombres propios a cada iglesia o circunstancia.
La cruz que os mostramos del siglo XVII, y de la zona etíope de Gondar, en la provincia de Amhara; está como veis esmaltada al fuego y como era corriente montada sobre el soporte del báculo en metal bañado en plata. Detalle a observar, es la concurrente manera que a modo de plegaria ofrendan casi todos los pueblos africanos, sea cual sea su origen, región o creencia; esta plegaria se refleja dentro de esta cruz, como en casi todas las de esta zona, en las dos especie de asas que salen por debajo de la cruz y que en su extremo vemos a su vez rematadas también por cruces.
Realmente son brazos implorantes, como entre tantas otras regiones  de África, donde los remates son manos trasformadas, incidiendo en las plegarias.
En los esmaltes podemos observar por una cara, motivos del nacimiento, vida y prendimiento de Cristo y por la otra su crucifixión, resurrección y trasmisión de su legado a sus discípulos.  Son notables y característicos los desmesurados ojos con los que el Arte Bizantino preservado y presente en esta zona, mira y nos mira a través de los retratos de esos personajes bíblicos

metalurgia en África

Las cruces etíopes tienen su origen en la Iglesia Copta, la Iglesia Cristiana de Egipto. Creada por san Marcos en el siglo I. Con el tiempo, las enseñanzas Coptas se propagan a Etiopía, donde la representación de la cruz se desarrolla y expande. Tales cruces pueden ser tan sofisticadas que a veces es difícil percibir la susodicha cruz. Estilísticamente suele quedar patente la región donde se han creado, por lo que dicho estilo recibe por lo general el nombre de la ciudad o región de origen, como Axum, Lalibela o Gondar

Las cruces realizadas al rededor de hace 100 años o más, se elaboraron fundiendo táleros de plata llamados de María Teresa. Estas monedas de plata eran la moneda del Imperio Austro-Hungaro, cuya emperatriz de 1740 a 1780 fue la antedicha María Teresa. Inicialmente acuñada en 1782, tuvieron una utilidad real durante más de 100 años, aunque todavía se utiliza en algunos lugares, fue moneda corriente desde Marruecos a Yemen pasando por todo el norte africano e incluso utilizada en esos años en varios de los nuevos países americanos.

Curiosamente, esta cruz, como se ha dicho, tiene el embudo para insertar el báculo de metal bañado en plata, lo que aún se puede apreciar aunque el uso y la limpieza lo han degastado. La cruz en sí, sí es de plata maciza.

La Metalurgia en la Prehistoria Africana

Todas las técnicas desarrolladas por la humanidad a lo largo de la historia y de lo que se conoce como prehistoria han sufrido una evolución diferente según la zona en la que se desarrollaban, pudiendo diferenciar diversas fases que no se pueden trasladar durante el mismo período a otra región. Este es el caso de la metalurgia africana en la que, al contrario que sucedía en Europa, se pasó directamente de la Edad del Cobre a la Edad del Hierro, que empezó a extraerse y a tratarse entre el 600 a.C y el 600 d.C con unas técnicas muy diferentes a las utilizadas en Europa durante la misma época. Actualmente y desde una perspectiva eurocentrista parece difícil de concebir el paso del Cobre al Hierro sin pasar antes por el Bronce pero hay que tener en cuenta que en otros lugares del mundo, como es en este caso África, no existían los mismos recursos que en Europa, las mismas técnicas o incluso las mismas materias primas y en cada región la metalurgia se desarrolló de manera propia. De esta manera, las técnicas metalúrgicas fueron evolucionando de manera más notable en Europa con el paso del tiempo mientras que, poco a poco, en África se fueron abandonando los antiguos hornos de fundición por parte de determinados pueblos, aunque esto no ocurrió hasta el siglo XX, pues terminó resultando poco rentable el trabajo de los herreros cuando podían obtener los mismos objetos gracias al contacto con occidente y con un menor esfuerzo ya que la cadena operativa para realizar este proceso, como podemos ver en el ejemplo de los Inagina, herreros dogón, es larga, dura y costosa además de que actualmente no son muchos los que todavía recuerdan los pasos que hay que seguir y como hay que hacerlo, solo los más mayores y cuyos padres o, más bien abuelos, pudieron llegar a trabajar en estos hornos. La primera fase tendría como escenario la mina y su objetivo sería la extracción del mineral. La cadena operativa para la fabricación de cualquier objeto metálico es muy diferente en África y puede llegar a durar algo más de un mes aproximadamente. Normalmente no se construyen nuevos hornos sino que se reconstruyen los hornos antiguos ya existentes pertenecientes a la comunidad. La creación de un nuevo horno es un acontecimiento realmente extraño que solo ocurre con el nombramiento de un nuevo maestro. Así, tomando como ejemplo a los Inagina podemos diferenciar diversas fases de la cadena operativa: La extracción del mineral se realizaba entre los meses de enero y marzo y terminaba el día en que el sol alcanzaba a penetrar hasta el fondo de la mina y, tras este trabajo de extracción, se fabricaba el hierro. El primer paso es la apertura de la mina, que tiene que ser realizada por el propietario de esta con el sacrificio de un animal, inaugurando así la mina. Este sacrificio, sin embargo, debe realizarse en un lugar alejado de la mina porque el mineral es considerado ‘rojo’ y en la mina está prohibido todo objeto de color rojo pues, según la tradición dogón, el rojo provocará la ira del mineral que, según cuentan los nativos, se adentrará en el suelo y desaparecerá. Ya sabemos cómo ellos conceptúan el color rojo y por qué, no nos tiene que extrañar por tanto el que tengan una serie de supersticiones al respecto. El color rojo está prohibido alrededor de la mina, por ejemplo objetos de cobre o nuez de cola porque el color de uno y el jugo de la otra son rojos. No se admite a ninguna mujer, ni en las cercanías de la mina, porque puede tener la regla, tampoco al varón que haya tenido relaciones o tan sólo corteje a una mujer porque se le supone manchado, impuro; si alguno de ellos entrase en la mina, esta corre el riesgo de hundirse. Otra peculiar regla es que si alguien que viste una prenda roja quiere entrar, no puede bajar por ella más de tres veces su tamaño ya que ese es el límite de lo sagrado. Otra tradición o superstición que mantienen los dogón es que los miércoles no se extrae mineral durante todo el día ya que es el día en que los espíritus de la ‘casa del metal’, visitan las minas y los hombres temen toparse con ellos. Si no se encuentra mineral tras diversas jornadas de búsqueda se realizan una serie de sacrificios para invocar a la suerte y, una vez encontrado el mineral, se extraen algunos bloques a la superficie sólo para examinar su calidad ya que antes de extraer el mineral es necesario purificar la mina con hierba sagrada y un trozo de corteza del árbol sagrado, Sa, bajándolos hasta el fondo de la mina; una vez purificada la mina, se extrae el mineral y se sube a la superficie donde se selecciona y se lava de impurezas. Finalmente es transportado a los hornos donde se deposita en una plataforma de roca y se cubre con escorias, plantando una vara de mijo sobre el montón para que nadie se apodere del mineral.

La segunda fase se basa en la reconstrucción y puesta a punto del viejo horno que va a ser utilizado para esta tarea, esta fase se lleva a cabo a la vez que la anterior. En primer lugar se elige el horno, entre los viejos hornos si no hay ninguno en uso y, entonces, se realizan tareas de restauración y puesta a punto del horno.

Por respeto a los antepasados nunca se desmonta la base de un horno ya que, según la tradición, allí descansa el alma de su constructor por lo que solo se reconstruye la parte superior del mismo, cuando un maestro moría, su sucesor era el encargado de poner a punto el horno.
Antes de comenzar con los trabajos de reconstrucción, lo primero es realizar una serie de fórmulas rituales, probablemente, para espantar a los malos espíritus y dar gracias el primer constructor del horno, a continuación se desmonta el horno, se limpia el lugar, se despejan los vanos de las toberas y se recuperan los bloques de escoria para la construcción de un nuevo horno. En primer lugar se recoge la arcilla que se utilizará como revestimiento del horno y se mezcla con arcilla recuperada del antiguo horno, agua y paja. Esta mezcla se amasa y se deja reposar durante una noche, a la mañana siguiente se vuelve a amasar y se empieza a revestir el horno. Se incrustan grandes bloques de escoria en la arcilla que poco a poco va dando forma a las paredes del horno para reforzar el caparazón de este y también se rehace la trampa que les permitía acceder a la boca del horno y, utilizando siempre la misma arcilla, sellan los bloques de gres que se habían derrumbado. La base del horno es reconstruida con seis grandes aberturas en la pared en las que se encajarán las toberas y para que la chimenea quede perfecta, el diámetro de la boca no puede superar los 35 cm. Después de numerosas horas recubriendo las paredes del horno con arcilla una y otra vez, finalmente, se termina el acabado exterior, alisando capas mucho más finas de arcilla con las manos. El revestimiento y acabado interior del horno se realiza con arcilla de termitero, se trata de una arcilla especial rica en silicio, muy pura y refractaria. Esta arcilla se mezcla con agua y paja y se colocan dos pequeñas termitas muertas en la masa. La utilización de esta arcilla para el interior del horno es clave ya que esta arcilla no fisura y aguanta bien el calor en elevadas temperaturas. Así, con esta mezcla se revoca el vientre del horno aunque solo puede hacerlo una persona especial, al que llaman decano, con dos capas muy finas de esta arcilla, la primera de no más de 2 cm de grosor y la segunda de unos 15 mm. Esta arcilla, además, es utilizada para el revocado del brocal de la chimenea, el relleno de las fisuras exteriores y el labrado de las toberas.
Se pone fin a este apartado, tras más de dos semanas de reconstrucción, dando el horno por terminado y dejándole secar durante unos cuatro días.
Por último, la tercera fase es la relacionada con los procesos de fundición y forja. Para esto es necesario que el horno esté bien seco y tener una gran cantidad de mineral aunque aún se necesita el carbón que van a utilizar para la fundición por lo que el primer paso es la búsqueda de este combustible, ellos utilizan leña de un árbol muerto, considerado sagrado en cierto modo ya que no puede ser utilizado en la cocción de los alimentos y las mujeres no tienen derecho a cortarlo. El carbón producido por este árbol no deja cenizas y tiene un gran poder calorífico. La leña que cortan se transporta a un campo donde es calcinada y transformada en carbón. El combustible necesario para esta operación son unos 300 kg de carbón, que se carga y se lleva cerca del horno, donde se descarga. Mientras tanto se hace fuego en el horno y se quema paja en el interior que después se carga la hoguera con cepas de acacia blanca; los hombres trituran el mineral para eliminar cuerpos extraños; se confeccionan las toberas que serán selladas en las desembocaduras del horno y que son indispensables para asegurar su aireación; y se prepara el terreno en todo el perímetro del horno: raspan el suelo y lo limpian dejándolo libre de todo material indeseable y desmenuzan la tierra y la tamizan con una capa de polvo que mezclada con agua servirá para el sellado de las toberas.
Antes de hacer nada más, se sacrifican dos gallos a los antepasados en la zona, el gallo no debe batir las alas y su sangre no debe empapar la tierra pues es roja y no debe penetrar en ella, siendo borrada inmediatamente para que no perjudique a los procesos de fundición. Después de esto, el vientre del horno se llena con varas de mijo y se enciende el fuego mientras se pronuncian las formulas rituales para crear las brasas, una vez hechas estas se tapan las embocaduras para colocar las toberas. Todas las toberas tienen que estar al mismo nivel y se colocan dos toberas en cada una de las cinco embocaduras y tres en la central. Tras arrojar hierbas secas para reavivar las llamas, se dispersan cuatro briznas de paja y cuatro trozos de carbón en honor al ‘espíritu Bola’, Kru el que rige las encrucijadas y a los cuatro genios cardinales y entonces se vierte la primera carga de carbón en el horno. Tras el vertido del último cesto se taponan los orificios de las toberas para que ningún polvo se introduzca en el horno y tapan las lumbreras con el mortero y recubren todo con la tierra polvorienta aunque poco más tarde sacan los tapones de tierra que obstruyen estos orificios.
Antes de descargar el mineral, se lanzan cuatro trozos de mineral en honor a los cuatro genios cardinales y entonces el mineral se vierte en el horno. Además de los ritos a los cuatro dioses cardinales, se levanta una pequeña pila en equilibrio con trozos de carbón y mineral y si esta se viene abajo el proceso será firme, de nuevo esta es otra prueba más de la gran ritualización que sufre un proceso que en Europa parecería impensable tratar de esta manera. En otras curiosas prescripciones, por ejemplo, se establece que una persona cuya mujer esté embarazada no puede cargar el horno, ya que sería padre dos veces, pudiendo pasarle alguna desgracia al niño y salir mal la fundición; tampoco se puede silbar durante el trabajo pues solo el hierro tiene derecho a ello y un hombre que silba tiene un mayor riesgo de accidente y provocará que el hierro no sea de buena calidad, además, una persona con una yaga curada con algún bálsamo contra la inflamación tampoco puede acercarse, ni verter carbón y mineral en el horno porque se piensa que dicho bálsamo actuaria a su vez en el horno de manera perjudicial.
Durante toda la noche se verifica el estado de la combustión y cargan el horno con carbón y con mineral, también se riegan constantemente los tabiques de las toberas y a la mañana siguiente se continua aún con este proceso y además se introduce en el horno una carga de mineral recuperado que se cree que le proporcionará al hierro mayor dureza. Esto se realiza durante toda la jornada en la que la temperatura del horno se mantiene constante.
A media tarde se vierte la última carga de mineral en el horno y casi a media noche se vierte la última de carbón y así, a plena noche, el fuego emite varios crujidos que según lo ancianos significan que el mineral estalla y se funde. Por la mañana el hierro se ha aglomerado en bloques y por fin se abre el horno y se mide la altura de las brasas, ya que no debe exceder la altura de la de la embocadura de las toberas. De esta manera, el vientre del horno es regado y exhortado, las paredes son derribadas, se ataca la arcilla endurecida y se rompe y se despejan las toberas.
Sin embargo los primeros bloques extraídos son escoria y tras esta aparecen grandes bloques de metal similares a negras esponjas, pues normalmente la materia orgánica deja un vacío que toma el aire dejando esas curiosas burbujas. Una vez obtenido el metal, se apaga finalmente el fuego y a la mañana siguiente se acude a la forja y, sobre una losa de piedra, fragmentan cada esponja de hierro para eliminar las impurezas, todo el hierro obtenido se calienta al rojo vivo y el gran bloque de hierro calentado al rojo blanco se extrae de la forja y se martillea sobre la losa de piedra, posteriormente se pone otra vez al fuego y se martillea de nuevo y así sucesivamente hasta que el hierro tome la forma de un sable mientras el resto del pueblo canta y danza alrededor mientras todo el proceso es llevado a cabo. Tras horas de trabajo, se va perfilando la hoja del sable y comienza a golpearse sobre el yunque y así hasta que, por fin, se obtiene la pieza deseada.
Como hemos podido comprobar con este ejemplo, la fabricación de un objeto metálico no solo conlleva un gran trabajo para la comunidad sino que además implica una gran inversión de tiempo y energía que en estas sociedades bien puede ser necesaria para la agricultura y la ganadería, en caso de que posean, o en su defecto para la caza o incluso la recolección, por ello no es demasiado descabellado pensar que en África, actualmente, este trabajo haya quedado desfasado y sean solo los mayores los que recuerden cómo se llevaba a cabo o como se realizaba pues los más jóvenes prefieren dedicar su tiempo y esfuerzo en otras cosas que pueden considerar más importantes ya que, después de todo, objetos metálicos van a conseguir igualmente gracias a su contacto con los comerciantes. Sin embargo esto no ocurría en la Edad de los Metales en África y, quizá con ciertas modificaciones, este proceso era el utilizado por las sociedades para obtener todos y cada uno de sus artilugios y toda la comunidad se veía involucrada en el proceso.
Además cabe destacar el notable papel simbólico que hemos visto que se desarrolla a lo largo del proceso. En todas las sociedades tradicionales la figura de un dios, o más de uno, depende de la sociedad, es la que mueve los hilos del mundo y es indiscutible el hecho de que todo poder viene de Dios y este poder es sagrado, intocable, indiscutible. De este modo si algo sale bien es porque Dios así lo ha querido mientras que si algo sale mal es porque los hombres han hecho algo que ha enfadado al Dios y por eso no ha querido que esto saliera como debería. Esto se ve claramente en el ejemplo de los Inagina donde siempre se busca no ofender a dios ni a los ancestros implicados, hacerles ofrendas y sacrificios y buscar siempre, de alguna manera, su bendición para que el proceso metalúrgico salga bien y no haya mayores problemas cosa que, probablemente se haya estando llevando a cabo desde el principio de esta técnica, quizá con distintos dioses, distintos ritos o distintos sacrificios pero con la misma finalidad.
Otra de las cosas que me parece destacable es el papel prácticamente nulo de la mujer en estos trabajos, ya sea el de recoger el mineral, el de reconstruir el horno o el de la fundición y forja con todos los procesos que ellos conllevan y, además, incluso tienen prohibido por ciertas creencias acercarse al lugar en el cual se desarrollan estas actividades. Esto puede haber sido así desde un principio o puede haber ido creciendo a lo largo del tiempo junto con la evolución de las creencias de estas sociedades pues, en un principio, todas estas sociedades adoraban a las diosas madres por lo que, en cierta manera, tenían a la mujer en alta estima aunque fuera solo por su papel reproductor y dador de vida mientras que con los Inagina se ve que la mujer queda relegada a ciertas actividades, más características de las mujeres como pueden ser la cocina o el cuidado de los niños.
Todo esto, para una sociedad más moderna e industrializada como la nuestra, parece algo oscuro y sin sentido pues en nuestra sociedad se busca principalmente racionalizar todos y cada uno de los motivos por los que suceden unas cosas u otras. Si algo sale mal se busca el motivo para intentar hacerlo bien la próxima vez, no hacer un sacrificio a un dios para que nos ayude a que salga bien y, si algo sale bien, se intenta repetir esto para que los aciertos sean mayores que los errores. No cabe duda, tras ver estos ejemplos, que la evolución cultural a lo largo del tiempo no sigue el mismo patrón por todo el planeta y hay áreas más y menos desarrolladas aunque no hay que olvidar que estas últimas pueden ayudarnos de manera etnológica y etnográfica a entender sociedades pasadas de las cuales apenas si tenemos más datos que los que nos ofrece el registro arqueológico.

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Como he comentado anteriormente, los primeros bronces africanos llegados a Europa a principios del siglo XX, descubiertos en el transcurso de las obras del primer ferrocarril, y puestos en valor por Bernard Fagg, hicieron pensar durante muchos años que se había descubierto la ubicación de la ciudad perdida de la Atlantida y durante decenios se exhibieron como tales. No se daba crédito a que los africanos fueran capaces de hacer fundiciones a la cera perdida del nivel que se exhibía. Indiscutiblemente fueron y son unos maestros en este medio.

Sea cual sea la zona y desde tiempo inmemorial, sus obras reflejan una maestría técnica que deslumbra.

De igual manera que fabrican objetos de prestigio o regalías de reyes o jefes, se ponen a fabricar útiles de uso cotidiano que perduren en el tiempo, como por ejemplo lo que se tomó durante largo tiempo como ampulosos adornos o temibles armas.

El africano no puede, como el resto del mundo tribal, acarrear nada en las manos dado lo abrupto de los terrenos donde se desenvuelven. Necesita llevar las manos lo más libres posibles, por lo que acarrea colgado o sujeto al cuerpo todo aquello que cree necesitar. Por ejemplo el dinero o sus monedas de cambio, por eso todo lo que a nosotros nos parecen adornos, abalorios o cuchillos, no dejan de ser sus monedas. Los pendientes, collares, brazaletes, manillas o tobilleras y cuchillos de formas aterradoras, por ejemplo.

Todo ello y sobre todo en la zona de influencia de los grandes ríos, son monedas.

Es tal la influencia económica que se mueve alrededor de este sistema de cambio, que los portugueses, esos primeros europeos que llegan al continente africano en el transcurso del siglo XIV, adaptándose a las costumbres y normas de cada región africana, distribuyen estos artículos y sobre todo las manillas, que ya en el siglo XVII se fabrican en Inglaterra, gran aliado de Portugal; eso sí copiando miméticamente el estilo y con el metal proveniente de la zona. Con ella inundan África y sus mercados, llegando a tal punto que ya durante la 1ª gran guerra contribuye fundamentalmente a que Inglaterra, asentada sobre enormes recursos de materias primas en la zona de la actual Nigeria, mientras que Alemania sobre abruptos terrenos de la zona norte de Camerún, influya definitivamente en el desenlace del conflicto, según los expertos.

Ya en la 2º Guerra Mundial, desde los tremendos y épicos combates de Erwin Rommel por Alemania y de Bernard Montgomery por Inglaterra, desarrollados en la zona norte y por la zona desértica del actual Sudán, intentado cortar las líneas de suministro, mientras que en los países negroafricanos de centro y sur África se atenían a una ‘entente cordiale’ porque ambos necesitaban no estorbarse, para poder abastecerse de las materias primas, metales y minerales necesarios para suministrar a las fabricas, dado que la guerra en Europa imposibilitaba la extracción de ni tan siquiera, una piedra de carbón.

Citan historiadores, que el bombardeo que sufre Londres en la 2ª guerra mundial con las famosas V1 y V2 sobre Londres, tenían como intención el destruir y parece que lo consiguen, la fábrica de estas manillas-monedas, situada en Birmingan, para cortar el suministro de esas materias primas procedente de África, más que destruir en sí la ciudad. Tras la independencia de Nigeria y ya en la década de los 90, se hace un intercambio de esas manillas provenientes de Inglaterra, de las que esta recopila 36.000.000 de uds., para retirarlas sustituyéndolas por la libra esterlina.

Desde el siglo XV hasta el siglo XX y a lo largo de toda la costa de Guinea con sus países adyacentes, estas pulseras como formato, se utilizaron como moneda o dinero. Estaban realizadas en el llamado bronce africano y su clara intención era la de comprar exclusivamente seres vivos, fueran esclavos, ganado o una novia

La palabra manilla deriva de la contracción de las palabras portuguesas mao anilho, o anillo para la mano.

metalurgia en África

Se puede decir, sin incurrir en exageración, que en África existe una verdadera cultura del hierro. En muchas comunidades, la fuerza simbólica de este metal lo elevó al rango de divinidad. En Nigeria, a finales del siglo IX, la forja llegó a ser el símbolo de la realeza entre los yorubas, al mismo tiempo que la divinidad del hierro, Ogun se convertía en el dios tutelar del reino, al que todavía hoy invocan como patrón todos los que ejercen oficios metalúrgicos. En las tradiciones africanas, los herreros desempeñan un papel fundamental. Al norte de Burkina Faso, en la región de Yatenga, al ancestro de los herreros, Bamogo, se le considera el salvador de la humanidad. Fue él quien fabricó utensilios tan fundamentales para el hombre como la cuchilla, el hacha o la azada que sirven, respectivamente, para seccionar el cordón umbilical, cortar la madera y cultivar la tierra o cavar la tumba… 

Pierre Maret, profesor de la Universidad Libre de Bruselas, dice que los bantúes se extendieron por África Central “gracias a la superioridad que les confería la metalurgia tanto en las faenas agrícolas, al facilitarles el desbroce de la gran selva, como en el arte de la guerra, al dotarles de armas de hierro”. 

A Isaac Adeagbo Akinjogbin de la Universidad Obafemi Awolowo, en Ile-Ife, Nigeria, le parece innegable que la unificación del país de los yorubas, realizada en el siglo X bajo la férula de los partidarios de Oduduwa, se debió en gran parte a la superioridad que les dio el dominio de la metalurgia. En tiempos de la dinastía de Odudawa, cada reino poseía tantas fundiciones y forjas como necesitaba para asegurar su autosuficiencia. Adeagbo dice también que “en los siglos XVII y XVIII, cuando la trata transatlántica de esclavos estaba en su apogeo, los yoruba seguían prefiriendo el hierro que ellos mismos producían y, desde un punto de vista religioso, consideraban que el metal importado era ‘sordo’ e impuro”. 

Las técnicas siderúrgicas, que llegaron a ser elementos integrantes de la espiritualidad y del bienestar material de los pueblos africanos, se han perpetuado hasta nuestros días. Al igual que sus antepasados que, como explica Hamady Bocu : “Solían hacer acopio de fragmentos metálicos de procedencia y composición muy diversas para fabricar nuevos objetos”, los artesanos de hoy han sabido adaptar los conocimientos prácticos tradicionales a la elaboración de productos modernos. Las asociaciones de herreros, como la creada en la Medina de Bamako, están proliferando en el continente para dedicarse a producir toda clase de objetos prácticos para la vida cotidiana, utilizando esencialmente metales recuperados. En África, la artesanía del hierro está cobrando un nuevo vigor, pese a que parecía condenada a desaparecer por no ser competitiva en el mercado. 

Bien, este trabajo, podría extenderse incluyendo aquí el capítulo completo de la metalurgia de los pueblos cuyos textos hemos ido publicando, como los de los Dogón, los Mossi, Ashanti, Fon, Yoruba, Reino Kongo, Luba o Tshokwe entre otros, o los de ‘La Moneda Africana’ o ‘Armas Africanas’ cada uno con su peculiaridad o característica, lo que se iría a un libro, lo que no es nuestra intención, y que además, fuera de su contexto sería más complicado de entender para el aficionado, por eso casi mejor, al interesado, recurrir a esos textos donde se encontrará con datos más específicos.

Incidir por último, en que los trabajos arqueológicos en el África Subsahariana han ido en aumento, era fácil, desde los años 80 del siglo XX hasta la fecha. En la actualidad, 2019, diversas alianzas de Universidades norteamericanas y europeas, conjuntamente con las africanas, siguen trabajando con interés, bien dirigidas coordinadas, con presupuestos serios, y sobre todo comprometidos especialistas; ya han adelantado datos y conclusiones, pero creo que para alimentar el interés sin sobrecargar con más datos, este trabajo creo que es suficiente; obviamente, en su momento y cuando los distintos trabajos estén concluidos, los comentaremos. Lo que hasta ahora hemos visto, son datos diversos de especialistas o universidades que se pueden consultar en la bibliografía, como por ejemplo el del trabajo titulado: “Aux origines de la métallurgie du fer en Afrique. Une ancienneté méconnue: Afrique de l’Ouest et Afrique Centrale”. “Los orígenes de la metalurgia del hierro en África. Una antigüedad ignorada. África Occidental y Central”, que se ha publicado en el contexto del proyecto “Las Rutas del Hierro en África”. Sus autores son eminentes arqueólogos, ingenieros, historiadores, antropólogos y sociólogos que describen los orígenes de la edad del hierro en África con abundante información técnica y se preguntan por las consecuencias sociales, económicas y culturales de la metalurgia en el continente negro, al que han restituido ese ‘signo importante de la civilización que hasta ahora se le había negado’, como dice en el prólogo el ex Director de la División del Diálogo Intercultural de la UNESCO, Dudu Diene. 

Hamady Bocum, Director del Patrimonio en Senegal, por su parte nos dice: “África es el lugar donde el ingenio de los artesanos llegó al extremo de lograr la producción del hierro en hornos hechos con troncos de banano, y no se observan en ningún otro continente tantas variantes en el modo de realizar la cadena de operaciones de la reducción directa del hierro”, o sea la técnica que permite obtener el metal de una sola vez, sin tener que recurrir a la fundición. Este ingenio ya fue encomiado a principios del siglo XIX por el letrado tunecino Mohamed El Tusny, que en el diario de su viaje al Chad y al Sudán describió las lanzas y puñales templados ‘con una maestría inglesa, por decirlo de algún modo’, así como las pipas de hierro provistas de ‘canutos curvos y serpenteados como los de algunas pipas europeas, pero más elegantes y graciosas, y pulimentadas además con tanto brillo y nitidez que parecen de plata’ ”. 

HUELLAS HISPANAS

Con datos recopilados por el divulgador Gerardo Muñoz Lorente, dejadme exponeros este curioso trabajo sobre aquellos primeros inmigrantes que al igual que los de las pateras de ahora, realizaron una emigración similar pero a la inversa, desde la Península Ibérica, la antigua España a África.

En el área occidental del Sahel hay muchos lugares con nombre español y familias con apellidos castellanos y valencianos, cuyos orígenes tienen en común la llegada de moriscos expulsados.

Hay quien lleva años reuniendo pruebas para demostrar que hubo moriscos expulsados del antiguo Sharq Al Andalus, luego reino de Valencia, que llegaron a afincarse incluso en el África subsahariana. Es el caso del contestano Roberto Llorens Reig, residente en la actualidad en Barcelona, que ha vivido varios años en Benín, donde llegó a ser vicecónsul honorario de España.
Llorens recuerda que guerreros procedentes del Sahel, área africana que, como un cinturón, abarca desde el sur de Mauritania hasta Sudán, pasando por Senegal, Malí, norte de Guinea y Burkina Fasso, Níger, norte de Nigeria y Camerún, y Chad, llegaron a España a finales del siglo XI formando parte del ejército de Yusuf ibn Tashufin, quedándose muchos de ellos a vivir en Sharq Al Andalus y Al Andalus. Asimismo recuerda que, en los archivos municipales de Alcoy y del Patriarca de Valencia, se han encontrado unos escritos que atestiguan la presencia, entre 1516 y 1521, de esclavos africanos negros en Cocentaina. “Algunos eran Mandingas y Peulhs de Macina, Matina, ambos de Malí. Otros eran de etnia Ibo originarios de Nigeria, de los pueblos de Calabar, Omon u Ornon*1. De Ghana eran los de Cape y Elmina (Ermina). Guineanos los de Terranova, parte oriental de la costa de Guinea, y Brafera. El resto de los conocidos que no he podido ubicar eran de Salminguo, Temin, Tierra Magno y Algarp (É) cambiaban su nombre indígena por uno cristiano y adoptaban el apellido de sus nuevos amos, “el de los Esteve, los Seguí (É)” ”.

*Nota 1: Se refiere a los Orón.

“Los descendientes de estos esclavos negros, así como los de aquellos guerreros del Sahel, debieron abandonar forzosamente Cocentaina, según Llorens, ‘formando parte de los más de 11.000 moriscos que el día 21 de octubre de 1609, salieron de Cocentaina y su condado para embarcarse en el puerto de Denia o de Moraira’, llevándose consigo sus apellidos cristianos, Esteve, Guerra, Seguí, o toponímicos, Ayelo, Alberic, Castella, Sylla, así como sus costumbres y formas de expresarse, hispanoárabe y valenciano, tan propias de sus familias, tras varias generaciones viviendo en estas tierras. Estos mandingas seguramente fueron ‘los que se llevaron a algunos de esos blancos, moriscos, hasta sus tierras de origen en Benín”.
Para los historiadores la hipótesis de Llorens es harto aventurada. Ciertamente el tráfico de esclavos negros en aquella época era algo cotidiano. Aunque su desembarco era obligatorio en el puerto de Valencia para el cobro de impuestos, muchos barcos negreros, sobre todo portugueses, preferían hacerlo ilegalmente en el puerto de Alicante, o en playas cercanas, donde eran entregados a los mercaderes que, a su vez, los vendían en diferentes poblaciones de la costa y del interior. Josep Lluis Santonja, archivero municipal de Alcoy, tiene bien estudiado este asunto, y confirma que, en efecto, fueron bastantes los negros, ‘mandingas y de otras tribus’, que sirvieron como esclavos durante aquella época. Pero en casas de cristianos. Conjeturar que los que vivían en Cocentaina fueron expulsados, todos o en parte, junto con los moriscos, a quienes acompañaron luego hasta la tierra de sus ancestros en el África subsahariana es ‘rizar el rizo’, en expresión de Santonja, quien añade: “Está documentado que todavía había esclavos negros en esta zona en el siglo XVIII”.
Sin embargo, es bien sabido que la dinastía de los Arma que gobernó Tombuctú, Mali, durante el siglo XVII fue fundada por moriscos y los datos que recogió Llorens en Benín no dejan lugar a duda sobre la huella hispana, castellana y valenciana, que todavía hoy pervive en esa parte de África.

Los Arma
Pero no fueron estos moriscos contestanos y posiblemente de otras localidades alicantinas los primeros en llegar a Benín, ya que al parecer otros lo habían hecho una década antes.
Se tiene por cierto que: “En octubre de 1590 un ejército que hablaba castellano y valenciano, compuesto por 4.000 granadinos, 500 europeos, 60 cristianos, 1.500 caballeros árabes y 1.000 auxiliares camelleros, partió de Marrakech y cruzó el desierto del Sáhara portando por primera vez cañones, arcabuces y caballos, en busca de un sueño: fundar un nuevo Al Andalus a orillas del río Níger. Iba al mando el Pachá Yuder, un hombre de ojos azules y nacido en el pueblo almeriense de Cuevas de Alamanzora con el nombre de Diego de Guevara. Expulsado de España, llegó a Marrakech, donde el sultán Al Manssur le nombró primero caíd de dicha ciudad y después pachá de su ejército gracias a su habilidad como militar. Tras un durísimo viaje, durante el que perecieron dos terceras partes de los hombres, Pachá Yuder y su mermado ejército vencieron a las huestes del reino Songhay el 13 de mazo de 1591 en Tondibi, Mali, muy cerca del río Níger”.

Algunos historiadores aseguran que los shongay llamaron a los invasores ‘alarma’ porque, cuando les atacaban, ellos gritaban ‘¡Al arma!’. Otros opinan que el apodo procede del hecho de que fueran los primeros guerreros que usaban armas de fuego en esa parte de África.
Aunque intentaron proseguir su camino hacia el sur, Pachá Yuder y sus soldados se tropezaron con los terrenos pantanosos de lo que ahora es Burkina Faso, por lo que decidieron regresar a Tombuctú, donde se instalaron. En esta ciudad los altos mandos se casaron con las princesas de la dinastía shongay y los soldados con las plebeyas, formando así la dinastía y la casta de los Arma. De 1591 a 1618 los Arma gobernaron aquellos territorios de la curva del Níger por delegación del sultán de Marrakech y con capital en Tombuctú. En 1618 lograron independizarse y gobernaron hasta 1737, en que fueron vencidos por los tuareg en la batalla de Taya. El área de influencia de los arma irradió hacia lugares vecinos: Burkina Faso, Benín, Níger, Senegal, norte de Nigeria, Guinea y Ghana.
Este es, pues, el lugar al que llegaron los moriscos de Cocentaina y quizás de otras poblaciones alicantinas que, según Llorens, acompañaron a los esclavos mandingas en su viaje a las tierras de sus antepasados, tras ser expulsados de España en 1609. Y, desde allí, algunos debieron incluso de continuar hacia el sur, hasta la bahía de Benín.

Ibi en Nigeria
En la zona occidental del Sahel existen muchos lugares con nombre español: las ciudades y pueblos de Manga, Mal, Lago, Sapo, Serena, Toma, en Burkina Faso; Baila, Domingos, Poder, en Senegal; Dominga, en Ghana; Morita, en Togo; Manta, Nata, Tampobre, Tia, Tio, Tuya, Suya, en Benín; Las Hamadas, unas elevaciones rocosas cercanas a Tombuctú. O con nombre catalán o valenciano: las ciudades y pueblos de Ibi, en Nigeria, Ayelo, Gayá, Mahon, Sebba, donde se producen la mayor cantidad y mejores cebollas; los ríos benineses de Oli, Nano, Sarga, Sota.

Los Esteve negros
Donde hay familias que todavía hoy se apellidan Esteve, Seguí, Montcho, Gantcho, Bonagana, Massa, Amat, Ayelo, Castellá, Davo, Massia, Tormo, Mora, Bandera, Guerra, Gómez, Sastre, Abad, Mollá, Moya, Pereghi, Sap, Aguilar, Diaz, León, Mansilla, Médrid, Mena, Perez, Pina, Rodríguez, Toro, y así hasta más de 300 apellidos que encontró Llorens en esa parte de África. El jueves 27 de noviembre de 2003 apareció en el diario beninés Le Matin una noticia sobre una cantante llamada Ayelo Castalla. Y un miembro de la familia Esteve, Philipe, beninés y propietario de un taller de reparación de bombas de inyección de motores diesel, negro como el tizón, como sus hijos y nietos, como sus padres y abuelos, le contó una tarde a Llorens la leyenda que, transmitida oralmente de generación en generación, a él se la contó su padre, que se llamaba Salustiano, asegura que sus antepasados fueron un día blancos, “venidos del norte, de más allá del desierto, del otro lado del mar”.
Las familias Arma tienen sus apellidos unidos al oficio o cargo político que desarrollan en la sociedad. Así, los Touré son jefes, los Mandés son los servidores, los mandados, los Konta son los pescadores del río Níger que nunca han pesado los peces, sino que los cuentan, los Karabenta se dedican a vender el pescado. Además de los Kazaré, Marka, Bobos, otras estirpes armas con eco valenciano son los Barber y los Sembla.
Muchas costumbres de los actuales Arma, unas 10.000 familias, nos hablan de su pasado español y valenciano: su arroz, mucho más importante en su dieta y en su gastronomía que en las de los pueblos vecinos, es redondo y corto, del tipo bomba, típico de Valencia; sus panes tienen forma redonda y les hacen dos cortes en cruz; no usan sables curvados sino espadas rectas de estilo toledano; marcan sus ganados al estilo hispano, al fuego; las puertas de sus casas tienen formas andalusíes y, en las señoriales de Gao y Tombuctú, con soportales de piedra, se pueden encontrar escudos heráldicos semejantes a los españoles, no siendo pocos los que tienen como fondo una cruz.
El castellano y el valenciano se siguió hablando en Tombuctú y en el área de influencia de los arma durante muchos años. La última referencia histórica se encuentra en una carta enviada por el sultán marroquí al pachá de Tombuctú escrita en español. Todavía hoy muchos Armas hacen sus cuentas en castellano y tienen en su vocabulario palabras castellanas y valencianas con el mismo significado con el que las conocemos nosotros: alcalde, alfalfa, alpargata, albornoz, garrafa, ámbar, alfombra, bakora, bonet, dacsa, intelligentsia, net, sabata, sabó, saya, má, Llorens apunta: “Era costumbre valenciana decir a los niños pequeños sedientos: ‘Vols má? ¿Quieres agua?’. En la orilla del lago Faguibin se encuentra el poblado Arma de Ras el-Má, literalmente ‘A ras del agua’, habitado por las familias Abad y Tormoz”. Entre las mujeres arma, informa el ex vicecónsul honorario español en Benín, abunda el apelativo cariñoso español Nena, Nana, y en algunos otros casos el de Enana.

Como dato a añadir a este, es aconsejable a los interesados, echar un vistazo al ‘Fondo Kati Tomboctú’, para averiguar muchas otras concomitancias españolas en África.

BIBLIOGRAFIA

– The Forge and the Crucible: The Origins and Structure of Alchemy. University of Chicago Press

– Mircea Eliade 1956: ‘Forgerons et alchimistes’. Flammarion, París.

– https://derblaueritter.de/casimir-zagourski-polnischer-fotograf-zentralafrikanischen-voelker-und-braeuche/ – https://www.archaeologie-online.de/nachrichten/projekt-zur-nok-kultur-geht-in-die-endrunde-3763/

– https://www.archaeologie-online.de/nachrichten/werte-im-widerstreit-von-braeuten-muscheln-geld-und-kupfer-2130/ conchas novias y bronces – https://unesdoc.unesco.org/ark:/48223/pf0000120220_spa

– http://www.unesco.org/whc/ “Las Rutas del Hierro en África”

– http://www.unesco.org/culture. Rúbrica: La cultura en África

Peter R. Schmidt, R. Peter y S. Terry Childs; ‘Los altos hornos de maleza. África entró directamente en la Edad de Hierro con un saber hacer original’ de – https://unybook.com/apuntes/file-1318493d68eade57731b2318fb7c4d1b/prehistoria/trabajo-la-metalurgia-en-africa – https://www.webislam.com/articulos/39393 los_dogon_mito_y_realidad.html – https://www.artehistoria.com/es/contexto/bronce

–https://www.diarioinformacion.com/dominical/2010/07/05/huellas-moriscas-africa-subsahariana/1022515.html – https://popular-archaeology.com/article/early-modern-humans-cooked-starchy-food-in-south-africa-170000-years-ago/ – https://www.researchgate.net/project/Peuplement-humain-et-paleoenvironnement-en-Afrique-Projet-Pays-dogon – https://www.arsgravis.com/el-alma-de-la-tierra-la-creacion-del-hombre/ – https://people.ucalgary.ca/~ndavid/Homepage/video.html – https://www.artehistoria.com/es/contexto/bronce – https://www.diarioinformacion.com/dominical/2010/07/05/huellas-moriscas-africa-subsahariana/1022515.html

– Las Rutas del Hierro en África 
http://www.unesco.org/whc/ 
– “Las Rutas del Hierro en África”: 
http://www.unesco.org/culture (rúbrica : La cultura en África)

– “Los altos hornos de maleza. África entró directamente en la Edad de Hierro con un saber hacer original” de Peter R. Schmidt y S. Terry Childs

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– https://www.webislam.com/articulos/39393-los_dogon_mito_y_realidad.html

https://www.escepticos.es/repositorio/elesceptico/articulos_pdf/ee_08/ee_08_dogon_un_misterio_inexistente.pdf

-Black Hephaistos, 1995: explorando la cultura y la ciencia en el trabajo del hierro africano. (48 minutos.) Calgary: Universidad de Calgary, Departamento de Medios de Comunicación.

El video presenta la tecnología tradicional africana de fundición de hierro. Al unir aspectos rituales, mágicos y técnicos, esta tecnología está metafóricamente vinculada a la procreación. El espectador luego participa en el trabajo de laboratorio metalúrgico, incluida la microscopía óptica y electrónica que revela el funcionamiento de esa tecnología. Las imágenes de video, filmadas en 1989 y 1993 en las tierras altas del Mandara de Camerún y Nigeria, registran el proceso de fundición de hierro por Ajokfa, un maestro de hierro de Plata Kapa, y la multa y forja por Hundu, un herrero de Sukur. La escena cambia de un lado a otro entre África y el Departamento de Ciencia e Ingeniería de Materiales de la Universidad de Arizona, donde el Dr. David Killick demuestra cómo se obtiene la comprensión científica de estos procesos a través de análisis metalúrgicos de su s productos y subproductos.

– Datos extraidos del laboratorio de metalografía, de Philippe Fluzin en Belfort (Francia),

– Datos tomados en conjunto de trabajos de los profesores:

Allen F. Roberts, profesor de Arte y Culturas / Danzas del mundo en la UCLA

Marla C. Berns, Shirley & Ralph Shapiro, Director, Fowler Museum at UCLA

William J. Dewey, profesor adjunto de historia del arte africano en la Universidad Estatal de Pensilvania

Henry John Drewal, profesor Evjue-Bascom de historia del arte y estudios afroamericanos en la Universidad de Wisconsin de Madison

-El arqueólogo suizo Eric Huysecom y el camarógrafo Bernard Augustoni trabajan con 13 fundidores maestros para recrear la construcción de un horno tradicional para fundir hierro en Mali. No ha habido ninguna fundición de hierro tradicional en África desde la década de 1960, en parte debido a la importación de sustitutos más baratos. La construcción de los hornos y el trabajo involucrado en la producción real está profundamente entrelazada con el ritual, el simbolismo y el género. Esta película describe con gran detalle cada aspecto del evento, desde la selección del sitio de la reconstrucción, que es el sitio de horno más antiguo que queda en la región, activo por última vez en 1961, hasta el resultado final. Esta es una película importante para Estudios Africanos, Arqueología, Religión, Ritual, Tecnología y Género.

Inagina se proyectó en el Festival de la Mostra en Brasil, en el Congreso Internacional de la Sociedad de Arqueólogos Africanos y recibió el reconocimiento de la Sociedad de Antropología Visual en la reunión anual de la Asociación Estadounidense de Antropología en 1998.

Los cineastas han creado un sitio web para la película en: http://anthro.unige.ch/galerie/inagina/index.gb.html

-Muñoz Lorente, Gerardo, 2010: Huellas Hispanas en África. Web.

metalurgia en África

Juanjo Andreu
Juanjo Andreu

Profesor de Bellas Artes y comisario cientifico de arte tribal africano

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Orígenes de la moneda en África

octubre 12, 2022 by Juan Jose martin Andreu Deja un comentario

LA MONEDA EN ÁFRICA

“Prácticamente todo lo manipulado por el hombre es útil para el trueque, pero no todo es moneda”.

Permitidme antes algunas consideraciones.

No sé en culturas de otros continentes, tampoco mucho de este. Pero si vemos cómo actúa la Naturaleza, no conozco ninguna especie animal donde no estén bien delimitados los roles de género.

Sólo la especie humana habla de igualdad, pero no creo que en cuanto a lo físico, sino en la capacidad del pensamiento.

Retomo, no conozco especie en que no se tengan claras las funciones, los roles de género. Y sí, sé de aquellos animales con capacidad de cambiar de género pero lo alteran a la par que su función.

Casi todas las especies forman matriarcados donde la hembra predominante decide. Los machos suelen vagar sueltos y acuden junto a las hembras llamados por el celo de estas, pero deben ganárselas cada cual a su manera.

La especie humana, se sabe que también actúo así.

Hablamos de la moneda, sea con el origen que sea los expertos dicen que la moneda más antigua conocida son unos aros de conus, especie de caracol, encontrados en excavaciones sumerias y datados sobre el 4.000 a.C. El conus es un caracol marino que muerto su molusco, gastada la concha por efecto del mar el viento y la arena, forman unos aros que podían encontrarse en las playas.

Tras estos y sí documentados figuran los caurís, un bivalvo que como el conus se da en el Indico y el Pacifico y cuya datación ya figura en documentos del 2.500 a.C. Arqueólogos y etnólogos concuerdan en que la especie humana vio en la forma del caurí una vulva femenina, de donde derivó a ser el primer objeto tenido como reverencial por el interior donde no se veían mucho, y cuando aparecieron en cierta cantidad evolucionó a moneda, por lo que hemos visto significaba, su pequeño tamaño y su fácil manejo y transporte.

En resumen y él porqué de esta introducción. El varón humano necesitaba de mujer para establecer su mundo, pero para acceder a ella debía compensar a su núcleo familiar, sus padres y clan. Y la evolución le llevó a compensar con algo más que preocuparse por ella, también porque lo consintieran los suyos, de ahí tener que pagar una ‘dote’ o contraprestación acordada y de ahí, si no el origen, que pudiera ser, sí la mayoria de las monedas, como vamos a ver.

Breve introducción a las monedas Africanas Tradicionales

Al conocer las monedas tradicionales africanas, nos daremos cuenta que se le debe dar al africano su cuota en la historia del sistema monetario y de la aparición del dinero y permitir que reivindique su lugar en él.

Comprenderemos así mejor a los pueblos que las utilizaron; pues la moneda es, en cierto sentido, reflejo de la sociedad que la crea, con sus creencias, costumbres, economía e incluso el desarrollo tecnológico de cada pueblo.

Nos daremos cuenta que lo que da valor a su moneda, no es tanto el ‘valor intrínseco’ del material con que está fabricada, sino su función como ‘símbolo del dinero’, y por ende de estatus, poder, función común ejercida siempre.

Pero el África Negra no surgió de la nada, el aislamiento mantenido en el tiempo, con el trasfondo del miedo a ‘lo negro’, pareciendo este impenetrable y peligroso, no fue generalizado ni supuso un inconveniente para algunos aguerridos aventureros, que siendo conscientes de tener a mano un tesoro, pretendieron ocultarlo, y nada mejor que mantener e incluso acrecentar la idea de lo tenebroso para sin duda poder ser sus únicos beneficiarios.

Pero veamos algunos ejemplos de cómo se desenvolvieron en el tiempo las gentes que allí habitaban, y que pasó cuando la codicia superó al miedo.

Representación del siglo XV a.C. en Karnak del viaje de la reina Hatshepsut a Punt

El misterio envuelve a Punt y su civilización, como a niguna otra en África. Los relatos históricos del reino datan del 2500 a.C., en que aparece en los registros egipcios como ‘Tierra de los Dioses‘ rica en ébano, oro, mirra y animales exóticos como simios y leopardos. Los mismos datos hablan de las imponentes caravanas y flotillas que lo egipcios enviaban con mercancías para intercambiar con Punt, sobre todo en la época en que reinaba Hatshepsut en el siglo XV a.C., sin embargo no consta en sus datos la ubicación donde se encontraba. Esta ubicación de tan legendario reino es tema de controversias entre arqueólogos y expertos, en que un grupo significativo se inclina por su existencia en el este africano, en algún punto de la costa del Mar Rojo.

En 2010, se optó, para ver si aportaba datos, que se analizara un babuino momificado que aparecía como regalo de Punt al faraón.

El equipo de expertos dictaminó, que el animal resultaba equiparable a los babuinos existentes en las actuales Etiopía y Eritrea, quedando la ubicación de la Tierra de Punt sumida aún en el desconocimiento.

Antigua ciudad de Meroe en la orilla este del Nilo en Sudán a 200 km de Jartúm. Yannick Tylle

Aunque eclipsado por sus vecinos egipcios del norte, el Reino de Kush se mantuvo como una potencia regional en África más de mil años. Este antiguo imperio nubio alcanzó su apogeo en el segundo milenio a.C., cuando gobernó una vasta franja de territorio a lo largo del Nilo en lo que ahora es Sudán.

Casi todo lo que se conoce de Kush proviene de fuentes egipcias, que indican que era un lucrativo centro económico cuyo mercado abastecía de marfil, incienso, hierro y sobre todo oro.

El reino era a la vez socio comercial y rival militar de Egipto, incluso lo gobernó durante la 25ª dinastía durante la que adoptó muchas de sus costumbres.

Los kushitas acabaron por adorar a algunos de los dioses egipcios, momificar a sus muertos y construir sus propias y singulares pirámides.

Alrededor de Meroe, la antigua capital kushita, perviven aún las ruinas de más de 200 pirámides, bastantes más que las que se encuentran en todo Egipto.

Haz y envés de una moneda de oro representando a Kaleb rey de Aksum. Este Reino del noreste de África que abarcaba la actual Etiopía, regiones fronterizas de Sudán, la mayor parte de Eritrea y parte de la costa occidental de la península arábiga, tuvo un importante papel comercial entre los siglos I d. C. y X d. C., participando activamente en los intercambios comerciales entre la India y el mediterráneo, sirviendo de punto de encuentro entre el subcontinente indio y el Imperio romano.

Durante el mismo período en que el Imperio Romano se levantó y cayó, el influyente Reino de Aksum marcó el destino sobre partes de lo que ahora son Eritrea y el norte de Etiopía. Sorprendentemente poco se sabe sobre los orígenes de Aksum, pero en los siglos II y III d.C. era un emporio comercial cuyo oro y marfil lo convirtieron en un vínculo vital entre la antigua Europa y el Lejano Oriente.

El reino tenía ya un código legislativo conocido como Ge’ez, uno de los primeros en emerger en África, y desarrolló un estilo arquitectónico distintivo que implicaba la construcción de enormes obeliscos de piedra, algunos de los cuales sobrepasaban los 30 m de altura.

En el siglo IV, Aksum se convirtió en uno de los primeros imperios en el mundo en adoptar el cristianismo, lo que condujo a una alianza política y militar con Bizancio. El imperio más tarde entró en declive en algún momento alrededor del siglo VII u VIII, pero su legado religioso todavía existe hoy en día en la forma de Tawahedo, la Iglesia Cristiana Etíope.

Mezquita de Djenné en Malí. Foto Florian Yubero Cañas

El Imperio de Malí se remonta a la primera década del 1200, cuando Sundiata Keita, un jefe tribal más conocido como el ‘Rey León’, lidera una revuelta contra el rey Sussu que atropellaba a su gente y uniendo a los suyos da pie al nuevo estado.

Bajo Keita y sus sucesores, el imperio ejerció su control sobre una gran parte de África Occidental apostando sobre todo por estimular el comercio.

Sus ciudades más importantes fueron Djenné y Tombuctú, ambas famosas por sus elaboradas mezquitas de adobe y el renombrado magisterio de sus escuelas islámicas. Una de esas instituciones, la Universidad Sankore de Tombuctú, incluía una biblioteca con unos 700.000 manuscritos.

El Imperio de Malí finalmente se desintegró en el siglo XVI, pero en su apogeo fue una de las joyas del continente africano y fue conocido en todo el mundo por la sabiduría de sus gentes y su riqueza y lujo.

Una historia legendaria sobre las riquezas del reino se detiene en el Mansa, emperador o rey de reyes, Musa Keita I, que hizo una escala en Egipto durante una peregrinación en el siglo XIV a La Meca. Según registraron fuentes de la época, el Mansa Musa derrochó tanto oro durante la visita que hizo que su valor se desplomara en los mercados egipcios durante varios años.

Tumba de Askia emperador de los Songhai en Gao, Mali. Por Louis Dafos

Por su gran tamaño, pocos estados de la historia africana pueden compararse con el Imperio Songhai. Formado en el siglo XV a partir de algunas de las antiguas regiones del Imperio de Malí, este reino de África Occidental era más grande que Europa Occidental y se extendía por una docena de las actuales naciones.

El imperio disfrutó de un dilatado período de prosperidad gracias a vigorosas políticas comerciales y a un sofisticado sistema burocrático que distribuía sus vastas posesiones en diferentes provincias, dirigidas estas por su propio gobernador. Alcanzó su cenit a principios del siglo XVI bajo el gobierno del fervoroso rey Muhammad I Askia, que conquistó nuevas tierras, llegando a forjar una alianza con el lejano califa musulmán de Egipto y estableciendo cientos de escuelas islámicas en el área de Tombuctú.

Aunque el Imperio Songhai fue una vez uno de los estados más poderosos del mundo, a finales del 1500 las luchas internas que desembocaron en una fratricida guerra civil se fue desmoronando, dejando el campo abonado para que el sultán de Marruecos mandara sus hombres conquistándolo.

El gran patio de cerramiento, Gran Zimbabue. Foto de Bill Raften para Getty Images

El Gran Zimbabue es uno de los monumentos más impresionantes en el África subsahariana. Es una imponente colección de rocas estratégicamente apiladas, y torres y muros defensivos de grandes piedras, adaptadas a sinuosas formas a partir de bloques de granito cortados. La ciudadela rocosa ha sido durante mucho tiempo objeto de mitos y leyendas, llegó a pensarse que fue residencia de la bíblica Reina de Saba, pero los historiadores ahora la conocen como la capital de un imperio autóctono que prosperó en la región entre los siglos XIII y XV. Este reino gobernó una gran parte de la actual Botswana, Zimbabue y Mozambique.

Era particularmente rica en ganado y metales preciosos, y se mantuvo en una ruta comercial que conectaba los campos de oro de la región con los puertos de la costa del Océano Indico. Aunque poco se sabe sobre su historia, los restos de objetos de cerámica china, vidrio árabe y textiles europeos, aventuran que ciertamente fue un centro mercantil bien conectado.

La ciudad fortaleza en el Gran Zimbabue fue misteriosamente abandonada en algún momento durante el siglo XV, después de que el reino entrara en declive, pero en su apogeo se estima que fue el hogar de más de 20.000 personas.

Evolución del Trueque

Cambiar huevos por miel o un conejo por un cesto entra dentro de lo coherente. Consiste en acordar con otro cambiar lo que sobra por lo que falta.

No hay lugar en el mundo en que dicha práctica no se llevara a cabo, de hecho la moneda no deja de ser el intercambio mediador del trueque, una inteligente forma, útil, pero sobre todo estimulante para el que produce o recolecta las monedas

Los expertos sitúan ese momento en que la moneda interactúa como tal en el s. XVIII, los economistas porque desde ese momento les es más fácil contabilizar qué por cuánto y los numismáticos porque dan pie a su dedicación.

Tan simples apreciaciones se deben a la percepción general de para qué la moneda, esa primitiva, que los antropólogos distinguen en apartados como ‘moneda primitiva’, ‘tradicional’, ‘premoneda’ o ‘paleomoneda’, entre otros, aunque cada vez más estos matices se tiende a reducirlos a ‘moneda económica’ y ‘premoneda’, advirtiendo además de que son meras acepciones sin una diferenciación clara.

Se conocen unos pequeños aros o anillos posiblemente encontrados a orillas del mar cuyo origen parece el desgaste lógico de conchas de gasterópodos.

Pero en este caso al haberlos encontrado en abundante cantidad en prospecciones arqueológicas en la antigua Mesopotamia, y haberlos datado en el IV milenio a. C., se apunta a que los sumerios pudieron haberlos utilizado con una capacidad monetaria, pudiendo ser las primeras en la Historia de la humanidad.

En donde no hay dudas, pues existe documento, es en la utilización del caurí como primera “moneda”, registrado en China a finales de la dinastía Xia, sobre el 2.200 a.C. Tras esta documentación se aportan otras demostrando que no hubo región del Planeta en que no se utilizaran diversas conchas como monedas. 

¿Y en África? Desde antes del s. XV a la llegada de los europeos, en el Reino del Kongo, ya utilizaban como moneda un pequeño caracolillo de la especie  Olivancillaria nana, lo que aunque mucho más tarde en 1811 documenta Lamarck, llegando a apuntar que lo denominan N’zimbu. También se documenta que utilizan anillos de conus, muy similares a los empleados en Melanesia, que como veremos fueron frecuentemente imitados por los traficantes europeos en materiales vítreos o cerámicos.

Sin duda la ‘moneda concha’ más importante en África, ha sido el caurí. De manera que ya en el siglo X los árabes los utilizaban en el comercio transahariano, siendo a la llegada de los europeos, que se registra y data la enorme cantidad de toneladas de pequeñas conchas que inundaron el continente africano.

          Los primeros comerciantes portugueses, llegaron a las costas de África Occidental en el s. XV y pronto aprendieron que los nativos rechazaban sus monedas convencionales, incluso las de oro, prefiriendo utilizar diversos objetos como manillas y cuencos de cobre y latón, tejidos o conchas. De esta forma, primero los portugueses, y más tarde holandeses e ingleses utilizaron masivamente estos elementos para comerciar con el africano.

Una de las monedas más empleadas, con la que se adquirió la mayor parte de los esclavos que fueron trasladados al continente americano, fue la concha de la especie Cypraea moneta Linnaeus 1758, denominada caurí.

Cypraea moneta Cypraea annulus

Jan Hogendorn y Marion Johnson, investigadores incansables, nos aportan una vasta documentación relativa al comercio de esclavos africanos, adquiridos con ‘monedas concha’ por los traficantes europeos.

El comercio requería en primer lugar acudir a las Maldivas, en el Índico al sur de la India, donde se encontraban y reproducían miríadas de estos bivalvos. 

Ya en el s. XVII y hasta finales del XIX, los caurís se transportaban a los puertos de Londres y Ámsterdam, donde eran subastados en sacos, siendo adquiridos por comerciantes ingleses, holandeses, portugueses, franceses e incluso daneses.

Los mismos barcos cargados con los mismos sacos de caurís, retornaban parte del camino en dirección a la costa africana para cambiar su paseada mercancía por esclavos. La precisa información de la carga, revela que durante el siglo XVII se introducían cada año más de 125.000 Kg. de estas pequeñas ‘monedas concha’.

La misma precisa documentación señala que mientras en 1520 un esclavo varón podía adquirirse con poco más de seis mil caurís, un siglo más tarde ya costaba más de diez mil y a finales del XVIII la cifra ascendía a más de 170.000. 

Finalizado el tráfico de esclavos tras la abolición en 1807, el caurí siguió utilizándose para el comercio del aceite de palma, de forma que sólo en 1836 se introdujeron más de doscientos mil kilos de conchas en el continente africano. Sin embargo el final de esta ‘moneda concha’ se produjo cuando hacia mediados del s. XIX, se incorporaron al comercio ingentes cantidades de una especie muy similar, Cypraea annulus Linnaeus 1758, abundante en Zanzíbar, en la costa oriental africana.

Como en esos mismos momentos ocurría en Norteamérica, con la industrialización del ‘wampum’, la entrada masiva de “moneda”, produjo una enorme inflación que desestabilizó el mercado y terminó con la propia moneda, el caurí en África y el ‘wampum’, un curioso cinturón de cordel ensartado con abalorios utilizado como moneda por pueblos amerindios, en Norteamérica. 

Mientras en la costa occidental africana la principal moneda era el caurí, en la oriental se utilizaba el Ndoro, un disco elaborado con la concha del molusco Conus virgo, Linnaeus 1758, o con los opérculos de las caracolas del género Turbo, a los que en el sur y centro, Namibia, Angola y sur del Congo llamaban Ekipa.

Pronto los portugueses adoptaron esta moneda para el comercio del oro, marfil y esclavos en la costa oriental africana, fabricando grandes cantidades de imitaciones cerámicas que introdujeron masivamente en todo el cono sur, desde Mozambique a Namibia, pasando por Zambia, Angola hasta el sur del Congo.

Incluso comerciantes de Castilla utilizaron estas conchas como moneda a finales del medievo, los primeros viajes documentados desde Cádiz y Sevilla a la costa de Guinea se remontan a 1453, participando marineros andaluces y vascos.

En 1474 se acopian grandes conchas en Canarias con las que se podían obtener veinte o treinta pesos de oro por pieza, dichas conchas se cotizaban en Sevilla a veinte reales de plata, debido a la gran demanda que había para el comercio africano. En abril de 1477 Fernando el Católico ordenó que una flotilla partiera hacia la costa de Mina en Guinea y uno de los principales elementos utilizados como moneda eran las conchas extraídas en Santiago, Canarias y Cabo Verde.

El 6 de febrero de 1477 Fernando el Católico nombró jefe de la flotilla a Juan Boscan. El florentino Francisco Bonaguisa y el catalán Berenguel Graner recibieron instrucciones precisas sobre los materiales que tenían que cargar en los barcos. En mayo de 1478 el gobernador de Canarias, Diego de Herrera, recibió la orden de abastecer de conchas a Bonaguisa y Graner, además de telas, cuencos de bronce, manillas, cuentas de vidrio y otros elementos. En verano de 1478 una flotilla de 35 carabelas partió de la costa andaluza para comerciar en la Costa de Oro, pero a su regreso fue interceptada por la flota portuguesa al mando de Jorge Correia y Mem Palha, capturando el cargamento de oro obtenido, que fue trasladado a Lisboa a finales del verano. Posteriormente y tras renunciar los Reyes Católicos a comerciar en la costa africana, los prisioneros fueron devueltos a Castilla por el príncipe Juan.


No obstante dicha promesa los castellanos se saltaron la imposición retornando de nuevo por las costas africanas en busca del codiciado metal, y así están documentados los viajes de las carabelas ‘La Bolondra’, ‘La Toca’, ‘La Galiota’ y ‘Sant Telmo’ entre 1479 y 1480. A finales de 1480 Diego Cao llevó a Portugal tres naves castellanas capturadas en la costa de Mina, aunque las naves castellanas continuaron su furtivo proceder en los sucesivos años, a pesar de las severas medidas impuestas por Alfonso V, de dar pena de muerte al extranjero que realizara comercio en la costa africana controlada por Portugal.

J.W. Blake, 1941: ofrece en los textos de su obra toda esta documentación sobre el comercio castellano por las costas de África desde 1453 a 1480.

Al igual que ocurriera con las manillas de cobre y latón, los primeros que introdujeron de forma masiva el comercio con caurís, fueron los portugueses durante los siglos XV y XVI, cuando disfrutaban del monopolio del comercio marítimo africano.

Historias y porqués aparte, veamos con más detenimiento las monedas en sí.

A lo largo de la historia de la humanidad, los diferentes pueblos se han servido de los más variados objetos y materiales, incluso animales y productos agrícolas, para pagar sus deudas nivelar sus trueques y realizar sus ofrendas religiosas, donativos y regalos.

Estos objetos variaban en función de las tradiciones de cada pueblo, pero tenían en común la significación dada por la comunidad humana que los usaba.

El símbolo de valor económico, social o sagrado, puede ser idéntico aunque los objetos sean diferentes: el hierro, el cobre, la plata y el oro, acuñados por nuestros pueblos, poseen el mismo símbolo que los objetos, animales y minerales utilizados por los ancestros de los africanos actuales.

Todos son denominados ‘dinero’, formas de pago.

Hoy utilizamos en los países más desarrollados, ya como moneda, iconos reconocibles en un móvil, papel, plástico o el bonobús; y lo son, aunque en desuso, cheques, tarjetas de crédito débito o ‘letras de cambio’.

África no era el mundo perdido.

Los pioneros navegantes portugueses, que perseguían llegar a la India circunnavegando África, llevaban quincallería, alcohol, armas obsoletas, objetos vistosos y baratos como espejos, y herramientas, para cambiar donde fuera. Y encuentran África y al africano, que ya utilizaba el trueque y tenía un sistema monetario que sorprende a aquellos portugueses no por el cómo, sino por el con qué, las inusuales formas de sus monedas. Sin entender el valor que en realidad, a parte de la forma, cada pueblo daba a lo que con otro nombre, era su ‘moneda’.

A partir del siglo XVI en el África Subsahariana, habiendo llegado interesados de media Europa ya, esas ‘monedas’ africanas conviven con las acuñadas en Portugal, España, Francia e Inglaterra, hasta la primera mitad del siglo XX.

A medida que se estableció el sistema colonial, los europeos generalizaron e impusieron la circulación de las monedas de sus propias metrópolis.

En las colonias subsaharianas fue desapareciendo el trueque. En lugar de cambiar un animal por cereal, los frutos del bosque por pescado o remedios vegetales por pieles, era más práctico ‘vender’ esa ‘mercancía’ y recibir su precio en ‘moneda’, lo que permitía acudir al ‘mercado’ a comprar lo necesario, sin tener que buscar la persona interesada por su producto.

A aquellos europeos no les interesaban sistemas, no era lo que buscaban y tenían claro qué valía allí de donde venían. Su obsesión era llenar sus barcos de oro y marfil, o al poco tiempo esclavos para América, eso era negocio, eso era dinero y eso, que duró unos tres siglos, empobreció el continente africano al privarle de la fuerza tesón e inteligencia de sus gentes.

Hemos visto que en los mercados, el pequeño comercio utilizaba como moneda de cambio unas pequeñas conchas, llamadas caurís, a las que en Brasil y parte de Suramérica llaman “buzios”, que en África también sirven a los adivinos para echar las suertes, según las figuras que formen los caurís al caer en el suelo al ser lanzados de una cierta manera.

Cuando hace más o menos medio siglo, los caurís dejaron de ser la moneda habitual, pasaron a servir como adornos de cinturones, brazaletes, calabazas musicales, maracas, pulseras o colgantes. Siempre recordando que son símbolo de prosperidad y riqueza: fueron dinero.

Una de las principales dificultades para incorporar la ‘premoneda’ y sus variables, radica en su multifuncionalidad. A diferencia de nuestra moneda occidental, que tiene una exclusiva función comercial, en las denominadas culturas primitivas la moneda puede presentar otras muchas funciones.

Al igual que ocurre en el resto de las especies vegetales y animales del Planeta, una de las principales relaciones específicas de la especie humana es la competencia, resuelta en muchos casos a través del enfrentamiento violento entre individuos de pueblos o etnias vecinas. Sin embargo, también a través de la cooperación pueden conseguirse sustanciales ventajas para la supervivencia y el progreso.

Para regularizar estas situaciones surgen costumbres como la “hospitalidad”, que fijaros como se parece fonéticamente a su opuesta: “hostilidad”, y en este contexto se crean objetos simbólicos, que sirven para realizar regalos y afianzar las relaciones entre pueblos vecinos.

En otros casos se utilizan para pagar una dote, “monedas de la novia” o para resarcir a los familiares de una víctima de muerte violenta, “dinero de sangre”, o simplemente contribuyen en rituales de origen ancestral que facilitan las relaciones y la interacción social.

Los países de cultura musulmana de África del Este y mediterránea, como Etiopía, Egipto, Libia, Túnez, Argelia y Marruecos conocían desde muy antiguo las monedas, introducidas por los fenicios, casi un milenio antes de nacer el Islam.

Cuando los ejércitos musulmanes invaden estos pueblos, encontraron monedas romanas y de Bizancio, además de beréberes y visigodas de Hispania: de cobre, bronce, plata y oro.

El ‘denarium’ dio origen a la palabra genérica ‘dinero’, que los árabes adoptaron algo modificado, bajo la forma de ‘dinar o ‘dirham’, aún hoy utilizado como base de muchos sistemas monetarios de países islámicos.

Hago alusión a esta parte de África, porque no es objeto de esta explicación.

Al abordar el estudio de la premoneda africana, lo podemos hacer desde una perspectiva antropológica, analizando su uso y su significado, o bien, tal como desarrollaremos seguidamente, podemos establecer una clasificación tipológica, en función de los materiales de que están fabricadas estas ‘monedas’.

Es en el Continente Africano, donde la numismática primitiva y el arte, a veces se fusionan de tal forma, que algunos de los objetos utilizados como moneda, pasarían a ojos de alguien no especializado, como auténticas obras de arte tribal.

Se han sugerido varios criterios para intentar ordenar y clasificar los numerosos objetos utilizados como moneda, siempre insuficientes.

Por este motivo presentamos dos categorías principales: en primer lugar aquellos que manipulados o no, tienen un origen “orgánico”, y en segundo lugar aquellos elementos u objetos premonetales de origen “mineral”.

Dentro del “orgánico”, diferenciaremos en primer lugar si su origen es vegetal o animal y posteriormente señalaremos los principales tipos en cada grupo.

Así por ejemplo, entre los de origen vegetal diferenciaremos: semillas comestibles o no, así como elementos de madera, rafia o algodón.

Entre los de origen animal, señalaremos el ganado, las conchas de moluscos, y o los elaborados con colmillos, cuernos o pelo.

Mayor complejidad presenta el apartado de premonedas de origen “mineral”, donde podemos encontrar desde elementos no elaborados en estado natural como la sal o el oro, como un sinfín de sofisticados y complejos utensilios con gran variedad de formas. Siguiendo el criterio de tomar como referencia la naturaleza química de los objetos, diferenciaremos entre objetos metálicos y no metálicos. Dentro de los no metálicos incluiremos la sal, las rocas y los materiales elaborados de origen mineral, como la pasta de vidrio y la cerámica.

El segundo grupo de elementos metálicos, es el más numeroso y representativo de la premoneda africana.

Siguiendo el criterio utilizado anteriormente podríamos separar entre materiales elaborados en hierro y otros fabricados en cobre o en alguna aleación derivada, latón o bronce.

Sin embargo, dada la complejidad y riqueza de objetos, hemos utilizado un criterio estético, es decir consideraremos grupos de objetos que tienen una misma función, o bien que recuerdan o se inspiran en determinados instrumentos o herramientas. Dicho lo cual, esto no deja de ser un criterio más, pues no siempre resulta fácil incluir a algunos objetos en una de las familias propuestas.

Los objetos fabricados en hierro, son seguramente, los más conocidos y representativos de la moneda subsahariana. 

Hasta no hace mucho, se creía que la industria del hierro en el África profunda, se había introducido a partir de Asia, a través de rutas de comercio desde Nubia o por el Sáhara. En la actualidad, las pruebas de termoluminiscencia y dataciones más precisa han permitido establecer la cronología de yacimientos arqueológicos en Nigeria, Tanzania y Camerún, datándolos en el 2.500 a.C.

De esta forma la siderurgia africana, se habría desarrollado a la par que en Asia y Oriente Medio, aunque parece que sin conexiones específicas, y siglos antes que su introducción en Europa.

Bajo estos conceptos, presentamos un esquema sobre la clasificación de la Premoneda Africana:

Materiales de origen orgánico

   – Vegetales

         – Semillas comestibles: cereales.

– Semillas no comestibles: semillas de Abrus precatorius: llamadas damba, o rati. Utilizándose en Nigeria y Camerún y regiones periféricas.

                   – Polvo o pasta de madera roja: túkula. En los Congo y aledaños.

                   – Paños de rafia o algodón: como el machira, tsulu, adinkra, lubongo, o shoowei de Gambia, Senegal, Ghana, Nigeria o Congo

– Animales

   – Conchas de moluscos.

– Discos de Conus: kibangwa. En Congo, Kenia, Uganda, Etiopía.

                    – Caurís: Cypraea moneta y C. annulus; simbos: Olivella nana.

                    – Dientes de hipopótamo, tallados o como abalorio.

                    – Colmillos y cuernos: de elefante, hipopótamo, en aros, cuernos de rinoceronte.

                    – Pelos de la cola: de elefante o jirafa.

– Ganado.

                    – Esclavos.

Materiales de origen mineral

   – No metálicos

                      – Sal: amolé. Usada en Sierra Leona, Malí, Nigeria, Camerún, Congo, Sudán, Etiopía.

                      – Cerámica, ágata y vidrio: cuentas de collar aggry.

                      – Discos de cuarcita perforados: sokpé, piedras de Togo. Utilizados en Sierra Leona, Ghana, Togo, Benín y Nigeria.

   – Metálicos

                      – Tobilleras: diako, ambi, ebuke, batakataka, konga. Que utilizan en Malí, Burkina Faso, Costa de Marfil, Togo, Ghana, Congo etc..

     – Brazaletes, de origen árabe y usados en todas partes.

                      – Pulseras: onganda. En ambos Congo, Angola y aledaños.

                      – Manillas: popo, mkporo, abi, ejema, onoudu, okombo, usadas y así llamadas sobre todo en África occidental.

                      – Cruces de Katanga: handa. Usadas en los Congo, Zambia, Zimbabwe y Mozambique.

                      – Lingotes: losol, tajere de hierro, en Nigeria y países relacionados. Lerale de cobre, en Sudáfrica y entorno.

  – Cruces de plata o metal. Etiopía.

– Hierro

– Espirales: minkata, mitako. En los Congo, Angola y limítrofes.

                      – Azadas, como símbolo de terreno propio: bokona, ensuna, hashshash, iwenga, jembe, khasu, lokongo, munesia, purr purr, sakania, shoka. Usadas en Burkina, Nigeria, Camerún, Congo, Uganda, etc.

                      – Gongs y cencerros: elojundja, ilonga, gunga. En los Congo, etc.

– Puntas de flecha: m’bili ngbaka. En R.D. del Congo y R. Centroafricana  Zong, mandjang, bitchie en los Congo y aledaños.

                      – Martillos: ensuba o maza Potato. Desde Costa de Marfil a Camerún.

                      – Varillas: boloko en forma de U de cobre, y rectas mukuba en Congo. Buji de hierro en Liberia. Gitzi o peniques Kissi de hierro en Liberia y Sierra Leona.

                      – Forma de lanza: bikie en Camerún, ikonga en Congo. Liganda, ngbele, doa, dibunga. En los Congo y países aledaños.

                      – Armas arrojadizas o cuchillos: pinga, ngwolo, moko-ndo, za, oshele, kul, peniques Ogoja. En Gabón los Congo, Angola etc..

                      – Armas Ceremoniales: mbulu o cuchillo de ejecución Ngala, ikul, ikula, trombasc, ntosoko o cabeza de pájaro. Gabón los Congo, Sudán etc

                       – Hachas ceremoniales: zappozap, kasuyu. Ambos Congo.

– Hachas arrojadizas. En Camerún y aledaños.

– Oro        

– Figuritas metálicas: Contrapesos de oro Akan, Costa de Marfil, Ghana, Togo y Benín o  ranitas de bronce  de Camerún.

                       – Polvo de Oro. Pueblos Akan. Benín, Ghana, Togo, Costa de Marfil.

EJEMPLOS DE MONEDA AFRICANA

– Origen orgánico.

Yam y Kroo

Cereales, frutos y tubérculos principalmente, han sido empleados frecuentemente como moneda, en todos los rincones del mundo y aunque menos documentado, también en África. El yam o ñame, era usado como moneda entre los pueblos del delta del Níger, así como el aceite de palma, esencial en el siglo XIX y muy comercializado aún en día y a cuya medida denominaban “kroo” nombre de origen ghanés pero extendido en el continente.

N’Dé Semillas del Abrus Precatorius

Más conocidas son algunas semillas como las denominadas N’Dé, “ojos de cangrejo”, producidas por el árbol de la familia de las leguminosas, Abrus precatorius, de reducido tamaño y colorido y hermoso aspecto, y utilizadas por numerosos pueblos, como adorno, abalorio, medida de peso y moneda. En el siglo XIX, cien de estas pequeñas semillas equivalían a un penique dándose la circunstancia de que a pesar de su vistoso color, poseen una proteína muy venenosa denominada ‘abrina’, y la ingestión de una sola de estas semillas  puede llegar a ser mortal.

Abrus precatorius versus Oro:

Unos escritos de Samuel Brun en el siglo XVII prueban que los Akan fijaban las modalidades monetarias para el comercio que realizaban con los europeos.

En ellos se indica que los europeos cambiaban sus mercancías contra el bono de oro o sika nfutuo, establecido; que las pequeñas cantidades de polvo de oro las llamaban gagara y se pesaban con la stroma nombre dado a unas bandejas preestablecidas y el damba, simientes en grano o N’Dé, del árbol abrus precatorius

Granos de N´Dé en la palma de una mano y un arbusto de Abrus precatorius

Túkula

Muy utilizado por sus componentes místicos, tiene el color de la sangre, aún lo utilizan para propiciar la conexión con el más allá, y de ahí su contravalor; era y es el polvo o pasta de madera roja del árbol del irosun, Baphia nítida, que se da sobre todo en la actual Angola y cuya dureza, modo de extracción, secado y pulverizado resultaba muy costoso; polvo al que ellos denominan túkula y con el que fabricaban unas tabletas con dibujos geométricos estampados en su superficie. En polvo, un puñado de polvo de túkula equivalía a un puñado de oro en polvo. Como moneda en el Congo, sirvió como sustitución de los muy famosos paños de rafia que llamaban Shoowei, que hacían los Shoowa un clan del pueblo Kuba que se especializaron convirtiéndose en los que mejor y más bellos producían, y que ahora son conocidos como “terciopelo del Kasai”.

Terciopelo del Kasai

Los tejidos Shoowei, conocidos como terciopelo del Kasai, eran realizados por los pueblos Kuba, básicamente por los integrantes del clan Shoowa, y que servían en principio como tapiz para el asiento del rey. Se realizaba sobre una base entretejida de fibra muy fina, recogida del interior de ciertas palmeras jóvenes.

Se secaban al sol y luego se cortaban en tiras de 2 mm a lo que ahora se conoce como rafia; a continuación los hombres realizaban la base y luego las mujeres, era valor añadido si estaban embarazadas, insertaban sobre él las finas tiras coloreadas, con las que realizaban bellos ornamentos que podían ocupar hasta un año para su realización final. El valor era por tanto determinado por la belleza y calidad de la labor realizada; eran por ello muy apreciados como moneda de cambio o como valiosos regalos.

Eran uno de los  elementos más empleados como moneda en gran parte del África central, pues su valor provenía de que en su primera utilización, servían de cubreasiento de los reyes Kuba; eran cuadrados de unos 40 cm. de lado, que dependiendo del tamaño y la zona se conocían como Tsulu, Nta o Etoho. El conjunto de 30 Tsulu, constituían un Nta, cantidad suficiente de paños, para que unidos, formaran una manta capaz de cubrir a un difunto. Un Tsulu, elaborado con fibras de palmera, se llevaba un día de trabajo, y mientras lo producían, las mujeres tejedoras cantaban determinadas canciones que recordaban el mito fundacional. Con 8 o 10 piezas podía adquirirse un cuchillo, y con un Nta se podía comprar una pipa o un brazalete.

Estos paños de rafia recibían el nombre de Macuta en la zona colonizada por los portugueses, y por este motivo, la moneda que se acuñó en Angola entre los siglos XVIII y XX recibió también el nombre de Macuta, con la que se sustituyó a los antiguos tejidos de rafia usados como moneda.

Además de esos pequeños tapices utilizados como monedas, se realizaban largos tejidos de hasta ocho metros que eran usados alrededor de la cintura tanto por hombres como mujeres muy significados. Los realizados para hombres eran llamados Mapel y los de la mujer Ntshak. Dependiendo la delicadeza de su trabajo o si llevaban insertos abalorios o sobre todo caurís, su trueque o contravalor podía ser muy importante.

Los paños de algodón tejidos como los Adrinka, más pequeños que los mortuorios y con estampados circulares, llamados Machiras o Gabagas que al mercado se llevaban como pequeñas faldas, fueron también muy populares como medio de pago desde Ghana, Benín y Nigeria y por lo mismo con los pueblos que se relacionaban.

a b a: Foto donde vemos cómo una mujer va entretejiendo sobre el soporte previo el patrón escogido, mientras una persona con Mapel o Ntshak, aunque me parece un varón, observa. b: Mujer que parece estar ‘remallando su tapete.

c d

c: No sé si este es el sitio para situar esta foto. La escara de su espalda es claramente atribuible a los pueblos Kongo y posiblemente Yombe; se realizaba a mujeres de alto estatus. Su falda no lleva los pliegues de las Kuba ni tiene que ver tampoco con sus patrones, pues se ve lisa. Y si hablamos de trueques algo muy caro le ha costado a ella, pues le han cortado su mano derecha, algo que se realizaba en época de Leopoldo II, por tan solo el hecho de castigarla a ella o al varón más cercano, que no hubiera realizado el trabajo exigido. d: Curiosa foto con efecto espejo de dos muchachas cuyo pie dice literalmente ‘Jóvenes chicas Mayumbe’, Yombé diríamos ahora, refiriéndonos a este pueblo al que se asimila con los Kongo. Llevan como faldas paños de ‘estilo’ Shoowei

Origen animal

Entre las premonedas de origen animal, podemos señalar el ganado, no olvidemos que el término “ganado” recibe ese nombre porque se ganaba tras una pelea o era el tributo con el que se pagaba al vencedor tras una guerra. No es preciso recordar el papel que tradicionalmente ha tenido el ganado como unidad de valor y de cambio, baste recordar los términos de ‘pecunia’ del latín pecus, ganado o rebaño, y ‘capital’ de cápita, cabeza, que siendo lenguaje cotidiano, hacen referencia a este origen, y aunque en la actualidad nos puede parecer una barbaridad, también los esclavos fueron utilizados como tal moneda y unidad de valor. Ya P. Enzing  había señalado en 1949 el papel de los esclavos como moneda de cambio, y más recientemente los trabajos del Prof. Hongendorn muestran la utilización de esclavos como moneda en el califato de Sokoto, Nigeria, hasta finales del siglo XIX.

Bilbo S. XV Constitution National Center

En el tráfico de esclavos africanos, se utilizaban unas barras de hierro con grilletes, denominadas Bilbos, debido a que se fabricaban en Vizcaya, Bilbao. Estos instrumentos aparecen frecuentemente citados en obras literarias de la época, por entre otros, Cervantes, Shakespeare, Cooper…, y algunos ejemplares se conservan como recuerdo en instituciones como la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos o la Torre de Londres.

Bilbo S. XVII Constitution National Center

Encontramos también diversas conchas utilizadas como dinero, los vistosos ejemplares del género Conus, el Conus Imperialis o el Conus Papilionaceus, fueron utilizados como ornamento y moneda así como las pequeñas conchas de Olivancillaria nana, utilizada por los portugueses desde el siglo XVI.

Ya en 1575, 10 uds, equivalían a 1 real portugués

Conus enteros, o seccionada la parte superior formando un disco, fue una importante moneda en el centro este africano.

Recordemos que el Kongo fue el primer reino africano convertido al cristianismo bajo influencia portuguesa en el siglo XVI. Estos aceptan por tanto esta concha como moneda, basándose en esta equivalencia:

1.000 uds de Oliva Nana a la que correspondían 100 reales y que llamaban Funda

10.000 uds. o 1.000 reales eran Lufuk

20.000 uds. o 2.000 reales eran Cofo

Unitariamente denominadas nzimbu ó simbos fueron usadas en el Congo hasta 1621, estableciéndose múltiplos como el Lukufu que equivalía a 10.000 conchas o nzimbús, o el makufu tatu a 30.000, valor a su vez de un esclavo varón.

Sin embargo, la especie de concha más utilizada y conocida es el caurí, Cypraea moneta y después la especie Cypraea annulus, importada por los europeos durante varios siglos para adquirir esclavos en la costa occidental africana.

Los denominados “dientes de hipopótamo”, son en realidad trozos de conchas recortadas utilizadas como moneda en Nigeria y Costa de Marfil. 

En sánscrito Kaurí y con nombre científico, cypraea moneta, es un molusco gasterópodo de la misma familia y con la misma utilidad como moneda, que el Conus Imperialis o el Conus Papilionaceus.

Básicamente originario del archipiélago de las Maldivas y por tanto camino de los continentes asiático y africano. No era por tanto extraño encontrarlo como moneda de cambio tanto por los colonizadores franceses como posteriormente por los ingleses en la India durante el siglo XVIII, e incluso en los tesoros de las tumbas egipcias de los faraones del 3000 a.C., descubiertas en 1960.

Parece que en origen eran utilizadas como amuleto propiciatorio de fecundidad, observemos que tiene forma de vulva femenina, contra la esterilidad, sinónimo de abundancia y por tanto símbolo de prosperidad y posible origen por esta causa de la moneda como tal.

Los colonos utilizaban un baremo equivalente a dos docenas y media, 32 uds. De estos caurís al que denominaban “rotl”

La equivalencia comercial era entre los siglos XVIII-XIX, para una vaca 2.500 uds.

Una cabra 500 uds.

Una gallina 25 uds.

   marfil

Por la dificultad de conseguirlos, su dureza y flexibilidad y por tanto su versatilidad, también se utilizaban como moneda diversos aros realizados en marfil, bien de colmillos de elefante como de cuernos de rinoceronte, así como pelos de la cola de la jirafa o del elefante.            

De origen mineral no metálico.

Dentro de las piezas de origen mineral, podemos considerar por una parte las elaboradas con productos no metálicos, como la sal, rocas o materiales de cerámica y vidrio, y el grupo de objetos metálicos que constituye el conjunto más numeroso y diversificado de la premoneda africana.

La sal ha sido utilizada como medio de pago durante siglos a través de la historia.

La palabra castellana “salario” deriva de la costumbre romana de abonar a los legionarios parte de su sueldo en sal, que era imprescindible hasta casi entrada la época industrial para preservar la comida, y que hasta tiempos muy recientes, y aún, se ha utilizado como moneda en Etiopía, en forma de barras de unos 800 gramos de peso denominadas amolé. Como la sal es muy frágil, dichas barras se protegían para su transporte y uso cotidiano como moneda de cambio, con fundas de algodón, hojas de palmera o mimbre.

Desde la antigüedad se ha conseguido sal por cuatro sistemas bien diferenciados, la sal gema o mineral, la sal marina, la obtenida a partir del lixiviado de rocas y suelos salinos, y por último, la sal producida lejos de la costa, en África central, que es la más costosa de elaborar y requiere de sofisticadas técnicas, como la producida a partir de las cenizas de determinados vegetales o incluso de la orina del ganado.

En ciertas zonas con doce bolsas de sal, unos 10 kilos, se ‘compraba ‘ una novia.

Cortando y limpiando lascas de sal en el Danakil, Etiopía

Sokpè

Sokpè, es en traducción literal “piedra del rayo”, se usaban en la actual zona de Ghana, Togo, Benín y gran parte de Nigeria. La peculiar relación en esa zona de África con los meteoritos, hace pensar que al principio de ellos provenían.

Según las leyendas africanas de los pueblos de la zona, de una u otra manera se explica que caían del cielo con los rayos y aparecían con el trueno, por lo que además las usaban como talismanes con poder curativo.

Sokpe

Los que se conocen son de cuarzo planos y redondeados de entre 3 y 10 cms de diámetro, agujereados en el centro, por lo que puede ser que como otros que se verán más adelante se utilizaran colgados como collares, sujetos a algún tipo de red que permitiera se hundiera atrapando a algún pez o como contrapeso en los telares. Como monedas ya eran utilizadas desde el periodo precolonial. Se sabe que también eran utilizadas de igual modo en otros continentes.

Sokpès como contrapeso

La leyenda Yoruba cuenta que…. Descubrió el signo Okana Meji y prescribió a Shango un sacrificio, consistente en recoger doscientas una Sokpè o piedras del rayo, que se debían ofrendar en determinados y concretos ritos.

Konguda

Al igual que las sokpè, usaban un jaspe al que llamaban konguda, o ‘huevos de cocodrilo’, pues eso parecen, una vez horadadas, parece que en origen servían de contrapeso para las redes de pesca, pero dada su rareza y peculiar colorido y veteado, pasaron primero a ser colgantes de prestigio y posteriormente a monedas de gran valor.

Konguda

Cristal Africano

Corr, es una pasta de cristal conocida como ‘oro rojo’, que extienden por el continente los portugueses desde 1480 y que pasando a Europa, comienza a producirse tanto en Holanda como en Venecia para utilizarlo como moneda de compraventa de materias básicas en el continente africano.

No olvidemos el trasunto de Nerón con la incursión de sus legiones en territorio Nubio*, para hacerse con el control minero de lo que creían yacimientos, de donde supuestamente se sacaban los abalorios de material cristalizado que portaban los esclavos africanos cautivos en esa época y que alcanzaban desorbitados precios entre la nobleza romana. Este conocimiento que aprenden aquellos romanos del siglo II, sobre la tecnología de cristalización y coloración del sílice por los africanos, es la que trasladada a la península de Itálica, da pie a montar fábricas de dichos collares moneda y a posteriori de los hermosos cristales venecianos o de Murano. * En esa época África era también llamada Nubia

Chevrón Collar de perlas de chevrón  

No está o tengo yo muy claro el origen de este término claramente de origen romance, y utilizado con b o v indistintamente, en las lenguas que lo componen como el francés y las distintas españolas. Usado principalmente en heráldica se refiere a un formato específico de escudo, como un patrón que semeja una V invertida. Las llamadas Perlas de Chevron , tal vez por los picos que muestran sus dibujos similares a estrellas, son objetos de colección muy popular y todavía siguen siendo muy valoradas en nuestros días en el África occidental, donde continúan siendo usados con fines ceremoniales y prueba de prestigio, ocasionalmente también y cuando el personaje es alguien de mucho estatus, suele ser enterrado con estos collares, con los que se supone que paga el buen transito al otro lado.

Aunque de origen africano, a partir del siglo XV empiezan a ser fabricadas en vidrio en Italia. Las conocidas como Perlas de Chevron son cuentas de vidrio especial, fabricado originalmente para el comercio en el Nuevo Mundo, ya Colón transportaba algunas para intercambiar con los nativos americanos, y eran moneda de pago en la trata de esclavos en África.

Se componen de varias capas consecutivas de vidrio de color, entre 4 y 7 capas. El núcleo inicial se forma en un molde en forma de estrella, y puede llegar a tener entre cinco y quince puntas. La siguiente capa de vidrio se ajusta a esa forma de estrella. Después de que se han aplicado todas las capas, el vidrio en caliente se estira hasta el espesor deseado y cuando se enfría, se corta en segmentos cortos que muestran el patrón de estrella resultante en sus extremos. Dichos extremos pueden aparecer lijados mostrando así el patrón de Chevron lo que demostraba su finura y por lo mismo su valor. Las llamadas perlas de Chevron, tradicionalmente se componen de capas rojas, azules y blancas, pero las piezas mas modernas se pueden encontrar en cualquier combinación de colores. Las originales hechas para el comercio con el Nuevo Mundo y en África se componen típicamente de capas de verde, blanco, azul y rojo.

Millefiori Millefiori

Es un término de origen italiano cuyo significado sería ‘miles de flores’.

Tal vez porque en el dibujo que se aprecia en cada cuenta, se podrían llegar a contar semejante número de flores.

Son también conocidas como ‘perlas de esclavos’, y menos común pero usado a menudo ‘cuentas de comercio’.

Son pequeños trozos de vidrio con motivos que semejan un minúsculo o lejano campo de flores, que fueron utilizados desde el siglo XVI al XX, como moneda para el intercambio de bienes, servicios o esclavos, de ahí el nombre.

De origen africano también se copian en Italia con el objetivo de ganar dinero en el intercambio, como no, y facilitar el paso a los exploradores primero y a los comerciantes europeos después a través de toda África, estas cuentas se hicieron en toda Europa, aunque los venecianos dominaron la producción.

Estas cuentas comerciales también se encuentran en los Estados Unidos y Canadá, y en toda América Latina. La producción de cuentas de esclavos, o de comercio, se hizo tan popular que, literalmente, toneladas de estas cuentas se utilizaron para este propósito. Incluso llegaron a ser utilizadas como lastre en los barcos de esclavos y comerciales a la ida, intercambiándose por carga humana a la vuelta junto a otros artículos para comerciar, así como por marfil, oro u otros bienes deseados en Europa y en todo el mundo.

Las cuentas no eran objeto de comercio en sí, pero se producían de acuerdo a la demanda. Las llamadas de las mil flores, Millefiori como son conocidas en su acepción italianizada, o las Perlas de Venecia, pues Italia fue el país donde se fabricaron ya industrialmente con mayor maestría, eran producidas recreando unos pequeños dibujos de flores de estilo muy naif, sobre forma de cañas fundidas en sílice coloreado hasta su vitrificación. Luego de moldeadas se cortaban en trozos de entre 5 a 7 cms.

Kiffa

Cuentas como las perlas de Kiffa originarias de Mauritania pero imitando la apariencia de las cuentas de millefiori y creadas por las mujeres a partir de vidrio en polvo, por su delicadeza no exenta de belleza, han adquirido un valor propio por su peculiaridad.

El éxito de esta forma de moneda se puede atribuir al alto valor intrínseco que los pueblos africanos otorgaban a sus artículos decorativos. Los africanos daban, y aún aprecian, un valor monetario a las cuentas de vidrio, denominándolas y utilizando como moneda o ‘dinero de África’, y el almacenamiento de la riqueza y el estatus social puede determinarse fácilmente por la calidad, la cantidad y el estilo de joyas usadas.

Esto creó en África una gran demanda de ‘cuentas de comercio’.  

Piedras duras

cornalina

El africano, como casi la totalidad de pueblos antiguos, otorgaban a las piedras en función de lo que les trasmitían determinadas propiedades. Caramba es como si hubiera ido a la tienda esotérica de la plaza, o le hubiera preguntado al de los minerales de la esquina. Pues efectivamente, la cornalina, el ágata, jaspe u otras piedras duras o semipreciosas se asumía con un carácter incluso místico o cosmológico fueron talladas y pulidas entre otros por los Baule de Costa de Marfil y utilizadas y copiadas por pueblos limítrofes, que las utilizaban a su vez como valiosas monedas en pagos de cuantía de importancia. Curiosamente estas cuentas también se utilizaban en lugares tan remotos como Bohemia, la India o el Sáhara. 

Aigry

Entre los muchos abalorios que se producían en África, unos muy valorados eran los compuestos con ciertas piedras azules que se encontraban en el este del Delta del Niger, por su vistosidad y rareza resultaron entre los más cotizados, a las piedras las llamaban Aigry. Advertir que nada tienen que ver con el lapislázuli.

Otros elementos muy populares, utilizados como moneda en África son las cuentas de collar de distinta naturaleza. Si bien en algunos casos están realizadas con elementos naturales como caurís o conchas diversas, coral, madera, coco, o incluso p.v.c. que por lo inusual adquirió en el sureste un importante valor; las más frecuentes son de minerales de vistosos colores o de pasta de vidrio.

Originalmente las cuentas de ágata azul utilizadas como moneda denominadas Aigry, fueron sustituidas paulatinamente por los comerciantes europeos, especialmente los venecianos y holandeses, que se pusieron a fabricar cuentas de vidrio imitando a las Aigry naturales, con lo cual podían adquirir ventajosamente muchos productos. De esta forma, tal como ocurrió en muchos otros casos, por ejemplo con los cauríes y con los brazaletes o manillas, se produjo una importante inflación ante la masiva entrada en el continente africano de ingentes cantidades de cuentas de collar manufacturadas en Europa. Es tal la riqueza y diversidad de dichas cuentas de collar, que incluso se organizan congresos internacionales y existen revistas especializadas sobre este tema.

Origen metálico

Dentro de la premoneda africana, el grupo más numeroso y diversificado está constituido por una serie de variados objetos metálicos, entre los que podríamos establecer cuatro familias principales: 1º armas, 2º adornos, 3º utensilios como azadas y cencerros y 4º varillas o lingotes.

Frecuentemente se produce una sinécdoque, es decir, los utensilios necesarios para la vida cotidiana como instrumentos agrícolas, armas de caza, etc. acaban representando el valor del trabajo realizado con ellos, convirtiéndose de esta forma en “moneda”. En un segundo proceso de sinécdoque, estos instrumentos se transforman, pierden su función original, y quedan reducidos a monedas única y exclusivamente.

Metales

Es raro encontrar armas de bronce o latón, estas se realizaban en hierro que es para ellos un metal con más poderes místicos, que protegían del muerto a su homicida. Permitidme por tanto que veamos antes el metal, entendiendo esto como los que necesitan de fundición y aleaciones, como el latón, cobre y bronce, e incluso cinc o aluminio, lo que no necesita el hierro.

De los abalorios metálicos, eran los más comunes aquellos que sirviendo a su vez de monedas, lo que aquí tratamos, pudieran llevarse encima, pero dejando libres las manos. Eran por tanto aros metálicos de distintas formas y envergaduras que se adaptaran a brazos, normalmente pulseras, o piernas, tobilleras por lo general.

Arriba y aquí personas Mbole con sus monedas

En el Congo antes Zaire, las mujeres ricas de los pueblos Mbole o Jonga del grupo cultural Mongo utilizaban unas pesadas y grandes tobilleras de bronce que al principio y en algunos círculos denominaban “konga”, cuya utilidad real era la de moneda.

Pueblos Ekonda o Kutu del grupo Mbongo, también en el Congo, fabricaban también otro tipo de tobilleras, en este caso con un exclusivo uso monetal, formadas por grandes anillos esféricos de cobre cuyo diámetro variaba entre los 18 y 35 cm., y que reciben diferentes nombres y valor según su tamaño; “diako” son los aros pequeños; “ambi”, los medianos; “ebuke”los grandes; y “batakataka” los muy grandes.

            Ebuke de los Ekonda Mbongo o Kutu

Manillas

El africano no puede, como el resto del mundo tribal, acarrear nada en las manos dado lo abrupto de los terrenos por donde se desenvuelve. Necesita llevar las manos lo más libres posibles, por lo que lleva colgado o sujeto al cuerpo todo aquello que cree necesitar. Entre ellos el dinero o sus monedas de cambio; por eso todo lo que a nosotros nos parecen adornos o abalorios, e incluso armas, no dejan de ser sus monedas, como pendientes, collares, brazaletes, manillas, tobilleras, o aparentes y aparatosas armas, por ejemplo.

Todo ello, sobre todo en al zona de influencia del valle del Níger, son monedas. a b

a: Estas son las llamadas King, de procedencia nigeriana y recogida en la región de Biafra, se utilizó sobre todo para comerciar con esclavos. Se difundió sobre todo por todos los países costeros desde Guinea Konakri a Costa de Marfíl, Ghana, Togo, Benín, Burkina, Nigeria y Gabón.

b: Este otro tipo, de carácter comercial, como moneda el más difundido y de origen Nigeria, fue el más reproducido en Europa. Curiosamente, en un principio quisieron que tuvieran una alusión a los pueblos más importantes atribuyendo esta a los Igbo e Ibibio.

c: Este otro tipo con ligeras variantes a los Yoruba , Edo, Bini y Fon. Y por último…

d: Estas a los Igala, Tiv y Jukun. Aunque parece ser que ninguno de ellos las distinguían.

Su difusión se extendía por Nigeria, Niger, Benín, Togo y Burkina Faso principalmente.

c d

La manilla, por su simpleza, fue de las primeras ‘monedas’ en circular.

Era tal la influencia económica que se movía alrededor de este sistema de cambio, que los portugueses, primeros europeos que llegan al continente africano en el transcurso del siglo XVI, adaptándose a las costumbres y normas de cada región africana, distribuyen estas manillas que ya en ese mismo siglo XVI se fabrican en Inglaterra, gran aliado de Portugal, eso sí, copiando miméticamente el estilo y con el metal proveniente de la zona.

Dogón, Malí. Latón. 1.130 gr. 10,9 cm diámetro Nigeria. Cobre 1.250 gr. 15 cm diámetro

Naanen 1993 indica que : “Entre 1504 y 1507, en la factoría de San Jorge da Mina, en la costa de Sama, cerca del río Níger, se llegaron a importar más de 280.000 manillas para el comercio con los nativos. La función de las ‘manillas’ europeas era similar a la de los caurís, constituían un tipo de moneda bien aceptado por los africanos, si bien en la época del comercio de esclavos, las importaciones de cobre o bronce no llegaron a superar las 500 toneladas anuales. En 1902 se prohibió la importación de manillas en Nigeria y en abril de 1949 se prohibió su uso como moneda, permitiéndose a cada familia conservar un máximo de 200 ejemplares con fines ceremoniales. De esta forma fueron desmonetizadas, retirándose de la circulación más de treinta y dos millones y medio de piezas”.

Sea como fuere, con ellas inundan África y sus mercados llegando a tal punto que en la 1ª gran guerra, con estas monedas, Inglaterra, que estaba asentada sobre enormes recursos de materias primas en la actual Nigeria, paga con dichas manillas esos recursos, mientras que Alemania, instalada sobre los abruptos terrenos de la zona norte de Camerún, es incapaz de sacar partido; esto según los expertos, decantó en gran manera el desenlace del conflicto.

En la 2º Guerra Mundial, se desarrollan los tremendos y épicos combates entre Erwin Rommel por Alemania y Bernard Montgomery por Inglaterra, en la zona norte y la desértica del actual Sudán, mientras que en los países negroafricanos de centro y sur África se atenían a una entente cordiale, dado que ambos bandos necesitaban no estorbarse, para poder saquear las materias primas, metales y minerales, necesarios para suministrar a las fabricas, dado que la guerra en Europa, imposibilitaba la extracción de ni tan siquiera una piedra de carbón.

Citan historiadores, que el bombardeo que sufre Londres en la 2ª guerra mundial con las famosas V1 y V2 sobre Londres, tenían como intención el destruir y parece que lo consiguen, la fábrica de estas manillas monedas, instalada parece ser en Birmingham, para cortar el suministro de esas materias primas procedente de África, mas que destruir en sí Londres.

Del intercambio de esas manillas llegadas de Inglaterra que se hace en la década de los 90, Inglaterra recopila como hemos visto 32.500.000 de uds., que intercambia y sustituye por la libra esterlina en papel moneda.

Desde el siglo XV hasta el siglo XX y a lo largo de toda la costa de Guinea con sus países adyacentes, estas pulseras como formato, se utilizaron como moneda o dinero. Estaban realizadas en el llamado bronce africano y su clara intención era la de comprar exclusivamente seres vivos, fueran esclavos, ganado o una novia.

a b

a: Torke de esclavo; pesado y grande como cualquier pulsera si estuviera abierto, pero imposible de llevar en ninguna muñeca, por lo que si simples monedas irían ensartados en cinturones y si para identificar al esclavo comprado, creo que la única manera era llevarlo sujeto al cuello de alguna manera, que prefiero no imaginar. Creo que las incisiones y peculiaridades eran la ‘marca’ del ‘amo’, aunque la forma, por otras que he visto en foto, era siempre esa.

b: Claramente es una manilla de la órbita de los Chamba o Mumuye, y como veremos en otras ‘monedas’ por el similar cincelado, posiblemente de una mujer, ya esposa.

La palabra manilla deriva de la contracción de las palabras portuguesas mao anilho, anillo para la mano.

Tan peculiares pulseras, eran a veces de tamaño muy pequeño para ser usadas como tales, por lo que vulgarmente eran llamadas “torke de esclavo”, pues fabricadas en Europa desde finales del siglo XV hasta 1948 su utilidad básica no era otra que adquirir esclavos en la costa africana. c d

c: Monedas manillas de cinc de los Songhai de Malí y la zona fronteriza al oeste de Niger.

d: La abundancia de este metal y el recorrido de los pueblos que transitan por la ‘autopista’ que es el Sahel hace que estas monedas se conozcan como Dangaleat y lleguen, como esta, a Chad

Estas ‘manillas’ de cobre, bronce o cinc, se fabricaron en Birmingham, Manchester y Liverpool, Inglaterra; o en Nantes, Francia, donde ahí y en sus colonias eran conocidas como Popo, al igual que en Alemania y  Portugal.

En este último país, su uso como moneda para comerciar en África, comenzó en fechas muy tempranas, hacia 1499. En esta época bastaban cuatro manillas denominadas Mkporo para adquirir un esclavo, pero poco después, en 1522 el precio había subido a 57 manillas.

Las conocidas ‘manillas de esclavo’, que se ajustaban a las muñecas y antebrazos

A la contra y para facilitar maniobrabilidad, los ricos podían llevar tobilleras, de mayor valor que las manillas y si esclavos porque les facilitaba trabajar más.

a b

a: Moneda de tobillo de los Mossi, Burkina Faso.

b: Monedas de tobillo de los Kapsiki de Camerún.

c

c: Monedas de tobillo de los Tikar de Camerún. Este tipo de abalorio a veces se adjudica a los Baulé de Costa de Marfíl, que las hacen similares pero no iguales. Estas, realizadas en general por los Tikar y por tanto por los Bamún, se veían y utilizaban entre la élite y adquirían un alto valor, incluso algunas había en plata. Al igual que las de los Baulé, estas tenían una peculiaridad que consistía en meterlas en lodo, dejarlas secar, y ese lodo hecho barro al sacudirlo mientras estaba duro producía un sonido parecido al de un cascabel, gigantesco eso sí.

Aunque no hablamos de metalurgia, muchos sabréis de la influencia de la pez en la fundición, y el alto nivel adquirido por los fundidores, moldeadores y cinceladores de Camerún.

Saber si una pieza de aleación es antigua o no, se puede ver a simple vista si raspando el barro, saben como avejentar, se aprecia el negro profundo de la pez. Depositada en el interior de estas piezas, la pez daba durabilidad y un timbre más agudo al sonido de estas piezas.

Eran y son frecuentes en toda África, distintos tipos de pulseras o brazaletes, utilizados tradicionalmente, así como monedas; en unos casos provistos de cascabeles, como los utilizados por los pueblos Akan y otros, pues se oía como al gato por donde estaba el esclavo, pero luego también como acompañamiento al danzar, y siempre, con las formas características de cada pueblo o tribu.

a b

a: Tobilleras de origen Akan, realmente Ashanti, que con cascabeles, aparte del valor, advertían de la proximidad de un esclavo. Posteriormente se utilizaron en las danzas.

b: Como estas Yoruba de la zona de Cove, en ambos casos con guijarros dentro de las cápsulas.

No existe verificación de que estos objetos se fabricaran en España, y durante la época en que Portugal estuvo unido durante el reinado de Felipe II al Imperio Hispano, desde 1580 hasta 1640, el tráfico de esclavos en las costas africanas era un exclusivo monopolio portugués.

Una variante de estos objetos son las denominadas “manillas rey, reina o príncipe”, conocidas con el nombre indígena de Onganda, tal vez por su procedencia pues eran famosas sus minas de cobre, que en realidad eran barras de bronce romboides que se curvaban adaptándolas a las muñecas, con sus extremos más o menos achatados, de tamaño y peso muy superior al de las manillas europeas. Estas ‘monedas’ se utilizaban como elementos de prestigio y como ‘dinero de la novia’, constituían un elemento de transición entre los auténticos brazaletes o manillas y los lingotes.

A medio camino entre un brazalete y un lingote, realizaban partiendo de una vara cilíndrica y larga unas espirales que parece se adaptaban a las muñecas o tobillos, en un sistema similar a los torques Fang que se ponían a las niñas en caliente y que para quitárselos o la mujer había muerto o la presión ejercida sobre pecho y espalda, posibilitaba poca supervivencia, estas espirales eran utilizadas como monedas en Nigeria y Congo. En este último país, también circularon como moneda unos pesados brazaletes de bronce de hasta seis kilogramos de peso y que en realidad son lingotes curvos. En ocasiones resulta complicado asignar una pieza a una categoría de objetos determinada, éste puede ser el caso de algunos brazaletes que al final acabaron convirtiéndose en lingotes, o viceversa.

Minkata

El brazalete lingote en espiral

Manillas de los Bidda, Nigeria

Nigeria es entre los de África Occidental el más grande y con mayor cantidad de grupos poblacionales, cada uno de estos grupos en su capacidad y acorde a sus creencias ritos y gustos, culturalidad, crea sus monedas, lo que no quiere decir que no circulen fuera de su entorno pues al final por el valor intrínseco en sí y por la relación establecida, era aceptada por los demás.

Muchos crearon lo que se denomino ‘árboles dinero’, un tronco del que emergían ‘ramas’ que podían extraerse para pagar con ellas.

Los Yoruba son uno de esos grupos y utilizaban diversos objetos metálicos como valor moneda. Tal vez lo más utilizado era el conocido como el ‘árbol dinero’ que medía entre 30 a 45 cms. y que debido a las varias ‘ramas’ que lo componían, podían llegar a 70, se podía disponer de alguna para hacer frente a pequeños pagos, veremos uno en hierro y abajo uno cuyas ‘ramas’ son monedas.

Al estar bajo dominio británico, cada rama adquiría una equivalencia que variaba según la zona o el momento, fluctuando entre el medio centavo y los diez centavos, sobre todo en la época de entre principios del siglo XX hasta mediados del mismo. Además de las metálicas se utilizaban calabazas recubiertas de monedas decimales de peniques

a b

a: Versiones contemporáneas de un ‘árbol’ dinero, y una maraca y ‘calabaza dinero’.

b: Un gastado cinturón de cuero sujeto a la cintura servia para llevar ensartados anillos de bronce que se utilizaban como calderilla

Cruz de Katanga

Un grupo muy numeroso de premonedas congoleñas está formado por las Handa o cruces de Katanga, lingotes aplanados de cobre o bronce fundido con forma de aspa o cruz de San Andrés. Las grandes tienen un peso que oscila alrededor del kilo, pero las hay más pequeñas de variadas formas, en algunos casos con aspecto de letra ‘H’. Estas últimas son las más antiguas, y fueron usadas como moneda en Zimbabwe desde el siglo XIII al XVII, mientras que las ‘cruces de Katanga’ con forma de “X” se utilizaron hasta comienzos del siglo veinte.

Handa cruces de Katanga

Tewahedo cruces etíopes

Cruces Tewahedo usadas como moneda. En la del centro puede verse cómo está recortada sobre un tálero de María Teresa de Austria, directamente.

Los etíopes cristianos llaman a su religión Tewahedo, diferenciándose de la que practican los cristianos egipcios que es la Copta, ambas muy similares pero con peculiaridades litúrgicas y jerarquías distintas.

Usan diversos tipos y tamaños de cruces y báculos de plata o plateados, y solo las cruces de cuellos se utilizaban como moneda, que tenían su origen no solo en su acendrada fe cristiana sino también en la peculiar imposición del colonizador Imperio Austrohungaro que en el siglo XVIII introdujo en la zona los táleros de plata de la emperatriz Mª Teresa de Austria, monedas que recortaban y daban forma de cruz, y así siguieron circulando en la región durante mucho tiempo.

Azadas Khasu

Azuelas del pueblo Verre, Camerún

Estas son curiosas piezas de doble uso, pues si de bronce aparte de moneda, son manifestaciones de poder, como lo es el Tenganaba o ‘señor de la tierra’, jefe político de los Nakonsé Mossi, en Burkina o directamente similares a cetros para la realeza de los Verre en Camerún, que los llaman Khasu siendo atributos de gran jerarquía, y muestra de riqueza y poder, pero inútiles como herramienta o útil de hierro, incapaces de ahondar la tierra.

interior exterior

Pequeñas azadas moneda Hoe de hierro del pueblo Chamba de Nigeria. En el detalle del exterior se pueden apreciar, cinceladas, una sucesión de estrías, como las de aquella manilla que vimos antes, que semejan los surcos de un campo labrado y sembrado.

Las herramientas, por tanto de hierro, son útiles agrícolas, azadas o azuelas y a su vez monedas, tienen el objetivo en su forma y tamaño, de hacer ver el poder económico o estatus del propietario. Son chapas laminadas de hierro de diversos tamaños y formas, desde la gran doble azada de los pueblos Mambilla del Camerún, con unos 60 cm. de alto por 40 de ancho, obviamente un emblema, hasta el numeroso grupo de pequeñas azuelas, herramienta de tallistas o carpinteros, utilizadas por los pueblos Ngelima, Mbole, Bamileke y Kwele en el Congo, Camerún, y Gabón, como la conocida ‘moneda murciélago’ Gayum de los Chamba de Nigeria y menos conocidas pero también de este pueblo las Hoe, Hayahidi o la Djarun, de los Kirdi, y utilizadas tradicionalmente como ‘moneda de la novia’ con las que se satisfacía la dote matrimonial. Teniendo esa doble función, de ‘herramienta moneda’, en muchos otros lugares su forma original ha evolucionado y solamente conservan una función monetal. Éste sería el caso del Purr purr, también nigeriano, formado por una lámina de hierro doblada por la mitad, que estuvo operativa en el área de Gwosa hasta que la administración colonial en 1939 la prohibió.  Veamos algunas muestras:

Moneda Mambila de Nigeria    Monedas azada Gayun ‘murcielago’, de los Chamba de Nigeria

a b

a: Moneda Djarun de los Chamba de Nigeria. Es obvio apreciar que son de dote por una novia.

Esta azada moneda, de 26 x 8 x 3 cm es peculiar. Vemos en el detalle claramente una cabeza, con las escaras que solían hacerse alrededor de la boca; el cuerpo, tiene todo el contorno cincelado con pequeñas incisiones horizontales y paralelas tan anchas como juntas y a su vez las rebordea una línea continua en zigzag; los ‘senos’ muestran las mismas incisiones del reborde, y en el torso, donde nacen, se aprecian otras incisiones que asemejan los pétalos abiertos de una flor; en el centro del pecho lleva las escaras de su clan y de su iniciación.

El desgaste que se aprecia en el filo de la punta, parece indicar que el novio se esforzó en demostrar, posiblemente a los padres, su firme compromiso.

El conjunto es una buena muestra de amor, interés y dedicación del solícito novio.

b: Moneda a la que los Chamba dan el nombre de Hayahidi. Amor seguro que el mismo, pero no todos tienen el tiempo o el dinero para que le hagan un trabajo como el anterior.

Tres monedas de los Mumuye, también de Nigeria.

Dos azadas moneda Mumuye o Jukum Dos azadas moneda Kirdi.

El fácil acceso al hierro de estos pueblos, ha otorgado a sus herreros cierta maestría y aunque guardando ciertos ‘toques propios’ se aprecia la similitud de rasgos. Especial es cómo idealizan el esfuerzo humano, sin regatear a la mujer su dedicación a las labores agrícolas. Mucho se ha discutido sobre la humanización de estas formas y si son brazos o pechos los discos en espiral. Tal vez sean ambas cosas. Creo que en su simpleza son exquisitas obras de arte. Parece que el diseño original partió de los Chamba y asimilaron los que antaño eran sus más cercanos vecinos los Mumuye, difundiendo ambos la idea entre el resto. Mientras los más poderosos Chamba resistieron, los Mumuye bajaron hacia el sureste donde coincidieron con los Jukun, introduciéndose algunos también en Camerún.

Kirdi es un término que engloba a diversos pueblos desplazados al norte de Nigeria y Camerún como los Fali, Kapsiki, Mafa matakan, o Mousgun entre otros, que como los Mumuye salieron de su asentamiento original junto a los Chamba por la presión de las incursiones islamistas. De origen árabe parece que el término Kirdi lo introduce el clan Toroobe, de los Fulah que fervorosos creyentes dentro de la rama sunita del Islam, se asimilaron y casaron con Hausas dejando incluso de hablar Fulfulde. Aparte otras consideraciones despectivas lo que significa es “no conversos”.

La moneda, claramente alusiva a la mujer, vemos que aparte de azada, del tipo que usa la mujer para escardar sus cultivos, hace referencia a la cabeza, pero también brazos de esa mujer, y por tanto considerada como suficiente para adquirir con ella el equivalente al producto que ella consigue entre día de mercado y día de mercado, el trabajo de unos 15 días mínimo. Estas ‘monedas’ fueron de uso común hasta bien entrado el XIX en la región.

Los Mambilla, de quien son estas dos monedas reciben o dan nombre a la meseta donde viven en Nigeria, aunque también penetraron en Camerún por la llanura Tikar o Ndom. A la moneda de la izquierda le dan el nombre de Mfunte wuli, el cuerpo que da vida, la fertilidad.

c d

c: No solo monedas azada se hacen en Nigeria o Camerún. Hemos dicho que también eran numerosas en la R.D. del Congo y esta, realizada por los Ngabaka, es una buena prueba.

d: Encontrada en Tanzania, en el área de Mwanza, esta moneda azada, apunta a que pueda ser de los Haya, el pueblo que parece ser a inicios de nuestra era, ya tenía expertos fundidores y artesanos del hierro.

Lingotes 

Con respecto a las barras, varillas o lingotes metálicos, podemos distinguir los fabricados en cobre o aleaciones de este metal, y los elaborados con hierro. Entre los primeros los más extendidos son los mitakos o varillas de cobre o latón que se agrupaban en ‘puñados’, pues era la cantidad que cabía en la mano de un hombre. También el boloko o barra de cobre curvada en forma de “U”, era una moneda muy característica en ciertas zonas del Congo.

Hierro Dubil

Lo primero que hay que comprender es que para el africano, el hierro es por sí mismo un material sagrado. A lo esotérico que se deriva de la utilización del fuego para fundirlo, hay que añadir que en muchas partes, desde el inicio de los tiempos y hasta hoy en día, este mineral provenía de los meteoritos que, incandescentes, caían del cielo.

El hierro es por tanto un bien sobrenatural, su decolación, fundición y transformación lo consideran ‘un periodo de gestación’ de la fragua, ‘la madre’; siendo el herrero, personaje de relevancia, el ‘esposo de la fragua’.

Con respecto a los lingotes de hierro, el Dubil era una barra recta y el Losol o Tajere, más o menos lo mismo pero con un engrosamiento en el centro y con los extremos más finos, son ‘monedas’ típicas nigerianas.

Losol

Al margen de estos, de por sí las varas de hierro de 30 a 40 cms por 2 de ancho eran ya cotizadas monedas, que al ser demandadas para hacer herramientas, útiles o monedas de más valor por su elaboración, tenían una gran demanda.

Kilindi monedas de los Kissi

En el apartado de las varillas de hierro, los Kissi, Gizzi o Gitz cuya traducción sería guías, son un pueblo asentado entre Guinea Conakry, Liberia y Sierra Leona en el África Occidental. Los Kissi llaman a estas monedas Kilindi o Gizzi, son unas estilizadas varillas de hierro de entre 25 a 40 cms. de largo, retorcidas en su largo eje central y con un inicio similar a un T invertida a modo de pies en un extremo y en el otro un plano que semeja una cabeza.

Era la moneda más extendida y popular de la zona desde 1880 a 1950 ampliando su área de influencia hasta Senegal. Por lo general se llevaban e intercambiaban en manojos de entre 20 o 50 uds, múltiplos de la libra.

En 1900 la equivalencia era que por 1.000 uds se podía comprar un toro, por 1.500 una esposa y por 5.000 un buen esclavo.

Por un Kissi Kilindi, 10.000 uds. podían llegar a comprarse las almas de los seres vivos, por lo que también eran llamadas ‘monedas con alma’.

Hasta tal punto se entendía que tenían alma propia, que si una varilla se partía, lo que era tan fácil como habitual, el brujo o curandero era el único capacitado para repararla, de manera que la dolorida alma, pudiera recuperar su lugar en el mundo. El porqué de peniques se debía a la propia fragmentación de dicha moneda inglesa, duodécima parte de un chelín o centésima de una libra, lo que se regulaba en época colonial empaquetando dichas unidades.

Estas curiosas monedas circularon hasta los años 70 del siglo veinte.

Kilindis o gitzis

Monedas Boloko de los Kusu

En la R. D. del Congo se utilizan unas barras metálicas curvadas en forma de U invertida, terminadas en pequeños discos horizontales, son conocidas como Boloko y utilizadas por los Kusu y con una longitud de entre 30 a 50 ctms.

Hay objetos que sin ser moneda aportan un importante valor económico.

Me refiero a las representaciones en madera de serpientes que utilizan numerosos pueblos en África Occidental. Los blancos, que preguntan afirmando, deducen y explican: “Eso es una deidad. ¿Verdad?”.

Respuesta de quien amable pero harto: “Sí ”.

Claro que es una deidad, que tiene un muy antiguo origen, data del 700 d.C. Permitidme entreteneros: “Pues se dice que cuando las 30 familias procedentes de Egipto llegaron al oeste de la curva del Niger y antes de disgregarse, se encontraron una gigantesca serpiente con siete cabezas que les cortaba el paso. El líder en ese momento, Khass Dingka un noble egipcio que había sido mano derecha del faraón, se dispuso a llegar a un acuerdo antes de enfrentarse con ella y perder a algún miembro de su grupo. Khass Dingka o Dinga Cisse, como pasó a llamarse, se informó que se llamaba Bida y que dominaba toda lo región, y tratándola por su nombre escuchó sus pretensiones para dejarles establecerse y poder cruzar el río. Bida le exigió que cada siete años le entregaran la más bella doncella para que le sirviera y que igualmente por cada nuevo asentamiento de un pueblo se le entregara otra. A lo que Dinga Cisse no tuvo más remedio que transigir.

Ante la buena actitud de Dinga Cisse, Bida le prometió que cada temporada dispondría de lluvias suficientes para que cultivaran y que en el río encontrarían oro y riquezas así como en otros lugares de alrededor. Y esta paz decidió a Dinga Cisse que porqué no asentarse, siendo el germen de un gran imperio, el de Ghana”.

Mitos aparte, no hubo hasta hace poco, las cosas cambian, ni pueblo ni casa que no enterrara en la entrada del nuevo pueblo e incluso como buen augurio en los cimientos de cada nueva casa, una terracota con forma de serpiente y otra de una muchacha, siendo posible encontrarlas el siglo pasado en casas derribadas.

Las de madera se colocaban entre los cultivos para que estos prosperaran y ahuyentaran a los roedores; ahora se hacen, pero para vender a los turistas.

Los mitos de Aido Whedo o del santuario de serpientes del Bosque Sagrado de Kpassè en Ouidah, Benín propiciados y difundidos en Nigeria, parece no haber duda de que tienen su origen en este.

Con estas referencias y partiendo como en las monedas anteriores de varillas metálicas, es muy común ver monedas semejando ofidios, como las de los Lobi en Burkina Faso y Costa de Marfil, que utilizan para sus intercambios, unas barras con forma de sinuosas serpientes de 18 a 50 cms.

Serpenteantes monedas de los Lobi a b

a: Moneda árbol de serpientes llamada Taka de los Chamba de Nigeria.

b: Moneda serpiente Jukun de Nigeria.

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c: Moneda serpiente de los Mumuye de Nigeria.

d: Moneda de los Mumuye de Nigeria. Mientras que las anteriores son claramente identificables con serpientes, esta, se me parece, personalmente, más a la idealización de una vaca. Esto me lleva a pensar que al igual que muchas de estas ‘monedas’ están hechas por los Chamba y algunas menos por los Mumuye, si eran encargos de otros pueblos, sobre todo las imitando serpientes por los Yoruba a las que muchas se atribuyen, pudiera ser que esta tuviera algo que ver con los Kantana.

Volviendo a la abstracción de las formas no podemos olvidar las monedas Akika de los Idoma de Nigeria que como vemos en esos cinco ejemplos semejan un esbelto árbol o humano, cuya copa o cabeza tiene una forma triangular plana, seguida de un largo vástago, reticulado, lo que da una inusual fortaleza que impide doblarlo, que termina en una especie de doblez circular, como para ser ensartada en un palo clavado en el suelo de forma que se sujete inhiesta.

Miden sobre 70 cms de alto. Obviamente a más cabezas, más valor. No conozco ninguna de dos. La de cuatro es de menor tamaño pero de mayor envergadura.

En un sistema técnico similar, aunque a miles de kilometros, los Ngebele, Topoke y Mbole del Congo, hacen unas elegantes monedas que llaman Linga, Liganda, Ngble o Doa, estas enormes monedas fluctúan entre el 1,8 a los 2 m. de altura y los 0,35 a 0,20 cm de ancho.

Son, como hemos visto en las Idoma fundidas, y en caliente, posiblemente sobre una lasca de piedra adaptada, las trabajan de manera que presentan un doblez a modo de nervadura en el medio en toda su longitud y un reborde doblado por su envés en todo su perimetro; también tienen el doblez cilíndrico en la parte de abajo.

Estas, como las Idoma, son imprescindibles como dote de novia y en el caso de divorcio lo único que no era obligado devolver.

Linga, Liganda o Ngble

Las campanas en hierro son recurrentes en los pueblos africanos, con utilidades diversas y siempre con esa impronta que da el hierro, fundido, moldeado y trabajado hasta darle el carácter requerido.

El ejemplar que mostramos lo utilizaban pueblos de la R.D.del Congo como los Ngabaka, Ngabandi, Nkutshu, Kuba y Zande.

Los Ngabandi en concreto, asentados en la rivera del Ubangi en la actual R. D. del Congo, entregaban a los curanderos ejemplares como el de la foto a, para que las tañeran durante las ceremonias Ganza de purificación de los aldeas y sus gentes antes y después de las lluvias y nombre que también recibían. Con esas campanas además, podían hacerse compras, trueques o dotes. Cincuenta de esas campanas eran la dote requerida para acceder a una novia, previamente insertada en el vástago de una lanza se ‘rendía’ ante su puerta; con tres se compraba un bushel, medida de volumen equivalente a 32 litros, de yuca. Cada campana mide unos 40 cms. Aunque en 1920 la administración colonial prohibió cualquier gesto ritual y el uso de otra moneda que no fuera la impuesta, no está claro cuándo dejo en realidad de usarse.

a b

c d

a: Campana moneda llamada Ganza de los Ngabaka de la R.D. del Congo.

b: Campana moneda de la Región de los Pastizales del Camerún. Esta doble campana como vemos se tañía con un palo, como todas las que ahora vemos, porque como el resto carecía de badajo. Curiosamente esta, cuando se utilizaba como instrumento se la llamaba Agogo, y como moneda era sin embargo Gankogui. Casi todas ellas servían también para llamar a los ancestros.

c: Campana moneda Yoruba de Nigeria, también se llevaba insertada en un palo.

d: Campana moneda de los Igbo de Nigería, aunque de lo que cuelga vemos cuentas y metales de muchos otros países de África Occidental. Parece que su uso como pago era tan solo para los gastos de funerales y por eso suelen llamarla Adrinka.

Gongs de hierro de diferente formato, daban idea del estatus social de el poseedor y a su vez le permitía hacer transacciones económicas de importancia.

Además de los instrumentos agrícolas o sus derivados, empleados como moneda, encontramos también otros objetos cuyo origen es la ganadería. Son los cencerros y gongs de hierro, utilizados como instrumentos musicales pero también en ceremonias rituales de relevancia donde se requería a los espíritus de los muertos cuando las situaciones comunales requerían de su mediación o en casos particulares solicitando favores o consejos concretos.

Estos objetos de variadas formas reciben las denominaciones de eloundja, ilonja, gunja o gonguni según el pueblo y país.

Los utilizados por los pueblos Nkutshu y Jonga del Congo, servían como moneda para adquirir diversos bienes, como por ejemplo el que incluso en 1910, con un doble gong se pudiera comprar una mujer o dos esclavos varones.

Eloundja cencerros monedas de los Chamba de Nigeria

Gonguni cencerros monedas de los Yoruba de Nigeria

Tan desconocidas como poco vistas, se sabe de otras monedas de hierro conocidas como ‘monedas aguja’ llamadas aiyu, ozala y umumu, parece que solicitadas por la dificultad de su ejecución dado su pequeño tamaño, pero de gran utilidad para los tejedores e incipientes costureros. Circularon en el sur de Nigeria, en el estado de Anambra Adamawa una de las zonas más pobladas por blancos que demandaban arreglos de mayor minuciosidad. Por lo que parece que estos trabajos pretendían asemejarse a las agujas llegadas de Europa.

Armas

La utilidad primordial de un arma no deja de ser la caza y defenderse. Si esta pieza estaba bien adaptada al objetivo pretendido, era deseada y por ello copiada o transacionada por su propietario si veía beneficio. Si encima de su practicidad resultaba bella, adquiría un valor extra al ser demandada por las élites.

Siguiendo un recorrido de oeste a este y de norte a sur, como en todos nuestros escritos, veamos cómo a la utilidad el africano suma gusto y equilibrio pera imaginar formas tan bellas, como peligrosas.

Los Buji, de Liberia, conciben estos objetos con doble capacidad, de arma y moneda, con una abstracta pero elegante figuración humana. Foto Galería Walu

Mandjong

Una singular arma que dejó de serlo para adaptarse casi en exclusiva como moneda fue el Mandjong del pueblo Kwele asentado en la frontera entre Gabón al noreste y del Congo a su noroeste. En su orígen era un arma arrojadiza entre punta de flecha y boomerang conocidas como Zong, que guardaban ese gusto por la forma acorazonada que se ve en sus máscaras, ciertamente si alcanzaba su objetivo podía causar un grave daño.

Fue tras la llegada de los colonizadores, que su administración impuso a los herreros que adaptaran su forma al mandjong o ancla que llevaban sus barcos, permitiendo su uso como moneda pero limitando otras alternativas.

En general las armas hablaban de prestigio social, valentía y coraje, y riqueza. Cuanto más delicada fuera su elaboración, enriquecida con elementos añadidos, y la cantidad de ellos que tuviera, más prestancia se daba a su propietario.

Estas ‘monedas arma’ se utilizaban principalmente para hacer frente a pagos ceremoniales o para compraventa de bienes excepcionales.

Cuando en el s XVII se habitúan los europeos a recalar en sus costas y se adentran por el interior, aparecen en el continente las armas de fuego, haciendo que paulatinamente las ‘armas blancas’ pierdan su razón de ser, pasando a adquirir valor en función de su preciosismo, material y belleza.

La aparición de armas blancas llegadas de Europa, más adaptadas al objetivo pensado, empuja a los artesanos africanos, conscientes de su mayor eficacia, a imitar dichas armas aunque con elementos ‘decorativos’ propios, dejando de lado las suyas. Según van perdiendo carácter agresivo lo ganan en el económico y se van alterando las proporciones y los materiales, dando paso a que partes que ocupaba el metal, se enriquezcan con elaboradas maderas o abalorios.

Su aspecto pasa a ser lo más relevante. Y no ya por imposición, sino por la convicción que da el beneficio económico, todas las armas blancas africanas

pasan a ser monedas de uso cotidiano y común, de manera que estuvieron en uso hasta bien entrado el siglo XX.

Pero antes veamos aquellas primeras.

CUCHILLOS

El grupo más numeroso y diverso de armas moneda está formado por los cuchillos, que podemos clasificar en dos grandes grupos, los cuchillos arrojadizos, empleados en el combate y en la caza, y los cuchillos ceremoniales, a veces de gran vistosidad y belleza.

a b

a: Sengese es el nombre dado por los Matakan a sus diversos cuchillos moneda. Están situados en las estribaciones de las montañas Mandara al noreste de Nigeria, norte de Camerún y Chad.

b: Ngalio son los cuchillos moneda del grupo Sara del Chad, R. Centroafricana y Sudán

Siguiendo el utópico recorrido oeste este norte sur, entramos en Chad donde encontramos a los Sara, que parece ser lo conforman una serie de pueblos, entre los que están los Ngambaye, Laka y Kabba que sobre el siglo XVI salen de algún lugar entre Etiopía y Egipto, pasando por Sudán hasta llegar a su actual ubicación.

Aunque parece que al principio se creyó que eran un solo pueblo con tres clanes, la llegada a Chad y su asentamiento los hicieron por etapas y separados.

Guerrero Sara Laka Ngambaye Foto Alain Descombes

Peter Westerdijk, lo incluye y relaciona en S.P. II ig.26-Kipinga 54

Al parecer primero llegaron los Ngambaye, después los Laka y al final los Kabba.

Los Ngambaye aunque defienden su identidad e integridad como pueblo unido, sí aceptan que se componen de ciertos clanes prevalentes, como los:

Mbao, asentados junto al rio Logone viviendo de la pesca, de la que sacan subproductos que intercambian con los agricultores vecinos.
Makoula, que cultivan arroz aprovechando los humedales inundables del norte de la meseta de Benoye.
Kelang, ubicados en la región de Beinamar, y que al igual que los Mang de la meseta de Benoye, cultivan sobre todo mijo.
No tienen jerarquías establecidas, ni políticas ni religiosas y las cuestiones a debatir se solucionan por consenso.

Celebran una única festividad que siguen todos los Ngambaye, que está a mitad de camino de evento religioso y manifestación de orgullo popular, pues los rituales, danzas, cantos y alegría generalizada, celebran la cosecha, donde lo importante es compartir y agradecer al otro el esfuerzo realizado durante el año.

Genéricamente le dan el nombre de Nai o luna a este celebración.

c d e

b c d e: Ngalio son los enormes cuchillos moneda utilizado por los pueblos Sara de Chad, R. Centroafricana y Sudán. Son de hierro forjado a veces compuestos de piezas ensambladas. Llegan a tener una envergadura de 125 x 50 cm.

Llamados Ngalio son utilizados por los Sara del sur de Chad, norte de la R. Centroafricana y sur de Sudán del Sur, donde hay otro numeroso grupo junto a la frontera con la R.D. Congo. Al margen de sus tradicionales enemigos, los Fulani y la colonización francesa, sus mayores problemas los han enfrentado con los Tubu, pueblo trashumante que con su ganado, junto con sus pastores Haddad, se movían entre el Sahara y el Sahel. Y aunque en su regulación social primaba la hospitalidad permitiendo beber agua libremente de cualquier pozo aunque estos tienen dueño o subirse a una palmera para coger dátiles, uno de sus principales cultivos junto a algún cereal, sus históricos enfrentamientos eran continuos y solían acabar mal, por lo que se acordaban ‘deudas de sangre’ o Goroga, que se satisfacían con estas monedas o Ngalio, que en función del número de excrecencias tenían más valor, cerrando los conflictos aunque fuera temporalmente. Otra moneda era la sal y el natrón, obtenidos de Doon Orei una caldera volcánica del macizo de Tibesti, que dan al ganado y utilizan medicinalmente.

e f

e: Nzakara, cuchillo moneda de los Zande de la R.D. del Congo

f: Cuchillo moneda de los Mongo Ngata Kundu de la R.D. del Congo.

Hemos visto que dentro de los cuchillos arrojadizos no existe un patrón, salvo que suelen ser planos y tener tres hojas o puntas, pudiendo ser más o menos rectos y alargados o cortos y redondeados, las variadas ramificaciones que poseen, les confieren muy diversos aspectos. De lo que no hay duda es que en ocasiones estos estilizados y sofisticados objetos se convierten en obras de arte.

Veamos ahora lo que llamaríamos:

ARMAS DE PARADA

Este es un antiguo término castrense, en que para los desfiles los jerarcas utilizaban normalmente ostentosas espadas, siempre con mango para poder mostrar la hoja, que más que un útil práctico para el cometido que se le suponía, la batalla, se utilizaban para hacer alarde de poder, y no hay mayor poder que tener más y mejores cosas que el otro. Por lo que la forma pasaba a ser un escaparate de habilidad artística, belleza y elementos como incrustaciones de metales preciosos u otros elementos raros y por ende caros, aunque en este caso y en África, los es su diseño, técnica y aparatosidad..

Conviene tener presente que este tipo de ‘arma, objeto de prestigio y moneda’ recibe un nombre en cada región en función del idioma, lo que al desconocerse por lo general, se les puede atribuir cualquiera de los términos que vemos a continuación:

Danisco es el término en Margi o Marghi, hablado en Nigeria, Camerún y Chad

Goleyo lo es en Musgu, zona de Biu Mandara, hablado en Camerún y Chad

Njiga por los Bagirmi, que tienen lengua propia de origen Sudanés Central, viven en Bornu entre Nigeria y Chad

Mambele en el Bantú del grupo BaKuba al este del Kasai y Sankuru en la R.D. del Congo

Hunga Munga en Lingala, centro norte de la R.D. del Congo sur de R. Centroafricana y Sudán del Sur Kpinga en Bangala, sub lengua del Lingala, es el término más generalizado, entre otros lo usan los Zande

Estos cuchillos pueden tener mil formas y su común es que tienen mango y que aparte de lo atractivo de sus líneas claramente pueden causar graves daños. Su uso se extiende desde el Alto Nilo en el este atravesando África Central hasta Gabón en África Occidental. En algunas partes de Africa Central, estas armas asumen la forma de la cabeza de un pájaro. 

Veamos algunas muestras como siempre de oeste a este y de norte a sur.

El pueblo Kru de Liberia, creó esta ‘Hoja de Prestigio’, con la doble intención de ser mortal arma y valiosa moneda. Mide 47 por 10 cm el hierro y perteneció a la colección de Arnold Crane de Chicago, el siglo XIX. La elegante hoja acanalada muestra una pátina incrustada y hace mucho perdió el mango de madera.

Similares objetos, como figura en la parte inferior derecha de la ilustración, los hacen no solo los Kru, sino también los Dan, Grebo, Ngere y Baulé.

Hacha ceremonial de los Tiv de Nigeria

Joyce 1998 en ‘Life Force at the Anvil’, argumenta respecto a este objeto:

“Un vínculo metamórfico entre el liderazgo efectivo y el lenguaje influyente, se exhibe en esta pieza donde ambos conceptos se funden en uno, en la lengua y la hoja del hacha. Las palabras de los líderes deben ser autorizadas y sabias y el discurso es una herramienta aguda”.

Westerdijk 1984 en ‘African Metal Implements’, nos dice: “Sólo hombres ricos e importantes parecen haber disfrutado del privilegio de llevar estos elementos”.

Visoná, Poynor, y Cole 2008 en ‘Una historia del arte en África’, afirman que :

“Estos emblemas los utilizaban los Tiv en rituales de curación”, y sugieren que: “Es probable que fueran hechos por los abakwariga los herreros de los vecinos Hausa”.

La fértil sucesión de valles que forman la cuenca donde el Benue confluye en el Níger ha atraído durante siglos a una diversa panoplia de pueblos.

Desde hace ya siglos, ocupan entre otros este territorio los pueblos Afo, Ebira, Idoma, Igala y Tiv. La parte inferior del Benue, de más de kilometro y medio de ancho durante la temporada de lluvias, fue tanto camino como barrera: permitió como camino la salida y entrada de conocimiento y mercancías e impidió, como barrera, la incursión de intrusos o enemigos. Los Fulani, en sucesivas incursiones, consiguieron controlar el territorio norte donde el Gongola abraza el territorio antes de verter al Benue consiguiendo que quienes allí habitaban, se vieran obligados a huir hacia el sur, sin olvidar ni dejar atrás sus más importantes emblemas rituales. La deriva trajo nuevas conexiones con aquellos que se encontraron con quienes intercambiaron ideas y cultura innovando. Uno de estos pueblos eran los Tiv, que llegados del sur establecieron y acordaron parámetros con aquellos con quienes habían establecido concomitancias y vecindad.

Emblema cetro cuchillo moneda de los Verre

Recordad a este pueblo, los Verre de Nigeria, aquellos de las monedas azuelas. Aunque a diferencia de aquellas, inútiles para el concepto de su función, esta, como arma, no deja de ser tan amenazante en la mano como temible blandida.

a b

Cetro en forma de cuchillo lanzador, Há Mboum del pueblo Mbum de Camerún

a: En 2011 Sotheby’s sacó en subasta este objeto, en una horquilla de entre 6.000 a 9.000 €. Alcanzó 216.750 euros. Tras esta subasta, en cuestión de unos meses, el mercado se vio inundado de H é Mboum, no solo salieron a la luz los que ya estaban fuera, sino que parece que la demanda de hierro en Camerún había crecido exponencialmente.

b: Recalcan quienes más saben, que estos objetos originalmente eran cuchillos arrojadizos, pero que luego dejaron de lanzarse y utilizarse como moneda, pasando a ser emblemas de la realeza, utilizados exclusivamente por los jefes de clan Mbum o Mboum.

Westerdijk 1988 en ‘The African Throwing Knife’, y Elsen 2003 en ‘De Fer et De fierté’ nos dicen: “Frobenius informó en 1912 que la residencia del rey Mboum adquirió renombre en honor a sus piezas de Há, pues cierta cantidad de ellas se habían depositado juntas en ella. Parece ser que en orígen la aparición entre los Mboum se remonta a su aparición cuando aún se utilizaban como cuchillos arrojadizos. Si bien mucho ha cambiado hoy en día, el Há todavía tiene un lugar en el contexto cultural moderno de los Mboum”.

Sin entrar ni salir, estos ‘emblemas’ no solo circulan, hoy, en el comercio, sino que se sabe que no hace 50 años, se utilizaban en Camerún como trueque.

Veamos a continuación cuatro armas con características muy similares. Por lo que sabemos de la nuestra, la b y las citas de las otras, que traducidas he respetado literalmente, recorren un territorio inmenso, casi dos veces Europa, que de Nigería traspasan casi la frontera este de la R.D. del Congo pasando por pueblos diversos con quién en sus migraciones se fueron relacionando. Es un mundo tan lógico como imprevisible, por lo que ni los debates y discrepancias deberían tener cabida aunque sí las precisiones documentadas que sí enriquecen.

a b

c d

a: Subastado por Sothebys y de la antigua colección de Maurice Wyckaert, en su catalogo se puede leer: “Primitivo tipo de cuchillo Fang de Gabón. Elsen 2009, No. 46ª, estima su datación entre 1850 y 1890. Según él, en 2003, p. 98 a 100, la forma de estos cuchillos de jet muy raros podría ser el origen de los hachas Fang y Kota con la cabeza de un pájaro”.

b: Mucho más modesto, presentamos este que como todas nuestras armas y o monedas no limpiamos aunque si preservamos de humedades y mayor oxidación, pues de momento no queremos repasar filos ni el cincelado; se encontró a principios del siglo XX en territorio de los Gbaya de Camerún, aunque son un pueblo originario de Nigeria que por la presión Fulani huyó, asentándose en el centro este de Camerún, norte de la R. del Congo, noreste de la R.D. del Congo y suroeste de la R. Centroafricana.

En nuestra clasificación figura como: “Cuchillo llamado Ngbafa, por los Gbaya y Ngombe”.

c: En su cartela dice: “Cuchillo de prestigio. Objeto en origen ‘cuchillo arrojadizo’ utilizado por los Ngombe, Doko, Mbanja y Ngbaka, de la D.R. Congo. De hierro, el mango es un conglomerado de rafia y cuero, forrado con piel de serpiente. Principios del siglo XX. ‘No se sabe mucho sobre la función de este tipo de cuchillo, que proviene principalmente de los Ngombe. Su relación tamaño peso lo hace ineficiente como cuchillo lanzador, y sus bordes lisos y redondeados sugieren que tampoco sería una arma de mano efectiva. Al igual que muchos otros cuchillos Ngombe, este tipo probablemente estaba reservado para la exhibición, como símbolo de rango, riqueza y prestigio. Contribuyendo a esta hipótesis, los cuchillos arrojadizos suelen tener un lado grabado con bordes biselados, y un lado plano, sin adornos, sin embargo, este tipo tiene incisiones y biseles en ambos lados’. ‘Zirngibl 1983 en ‘Armas cortas africanas raras’ y Westerdijk 1988 en ‘The African Throwing Knife’ dicen: ‘Ejemplos posteriores de este tipo se componían de hierro europeo reciclado de mayor grado, y llevaban superficies impecables y brillantes. Esta pieza es un buen ejemplo del estilo Ngombe más antiguo, mucho más pesado, y compuesto de hierro nativo’ ”. d: En su cartela dice: “Cuchillo lanzador, Kpinga de los Yangere, R. Centroafricana y Camerún Hierro forjado, fibra vegetal, ratán. Principios del siglo XX Los Yangere eran un pequeño grupo de unos 14.000 individuos que se separaron de los Banda en 1840 y se trasladaron al oeste a territorio Gbaya en el suroeste de R. Centroafricana y Camerún. Su nombre simplemente significa ‘los que se separaron’. Los Yangere adoptaron muchos aspectos de la cultura Gbaya, además de compartir gran parte de su cultura Banda con los Gbaya. De hecho, los Gbaya nunca habían usado pequeños cuchillos arrojadizos como estos, aunque lo hicieron posteriormente. Los Yangere adoptaron la palabra Kpinga  de los Gbaya para estos pequeños cuchillos arrojadizos, los Gbaya a sus cuchillos de hoz más grandes los llamaban Zade”.

Westerdijk 1988 en ‘The African Throwing Knife’ dice: “Mucho después de que los tiempos de las guerras tribales hubieran terminado y el trabajo tradicional de hierro cesara en 1920, muchos cabezas de familia de estas tribus todavía guardaban y atesoraban cuchillos, como preciosas reliquias familiares, refiriéndose a ellos con ‘una especie de respeto religioso”.

Es importante apuntar datos y precisarlos. Los Fulani, no eran tan solo los de Dan Fodio, por ejemplo, reconocido por implantar el Califato de Sokoto en Nigeria, no. Mucho antes inclusive, diversos clanes originarios del norte, de Libia a Marruecos, en nombre de su fe, pero también buscando dónde establecer cada cual su Reino y asentarse lo más cerca posible de su origen, bien pertrechados, organizados y a caballo, fundamental, desplazan a otros pueblos básicamente de cazadores recolectores o agricultores.

Ahora encontramos a sus descendientes, integrados, desde San Luis en Senegal a Djibouti y del norte de Sudán a Madagascar. No les fue difícil hacerse con el poder allí donde llegaban. Otra cosa fueron sus propias disputas.

Hemos hablado de pueblos diversos pero iniciando con un arma atribuida a los Fang y que en principio sitúan en Gabón y continuando con otra cuyo pueblo, los Gbaya , ahora dispersos, tiene origen Nigeria, pero que como a muchos otros, no les quedó más remedio que desplazarse de su origen a miles de kilometros. Retomamos nuestra idea de ‘viajar’ de oeste a este y de norte a sur, entrando ahora en Camerún:

Tan hermoso como aterrador, uno de los más conocidos cuchillos moneda es el Sengese, con forma de doble hoz y utilizado por el pueblo Matakam de Nigeria con poblaciones también en Camerún, Chad .

Aunque de su origen a su evolución su diseño ha pasado de ser una poderosa arma a un objeto de prestigio en su función de moneda.

De origen Kota, estos cuchillos de ‘cabeza de tucán’ son llamados Musele u Onzil o Ntosoko según el pueblo, pues también lo utilizaban los Nzabi, Mbamba y Fang. Aunque peligrosa arma, es un objeto al que los ‘maestros’ de las sociedades Mungala y Bwuiti ‘cargan de magia’, utilizándolos para preservar la vida social con las normas morales y religiosas que regulan la convivencia. Fundidos de hierro, cincelados con diseños que reconocen pertenencia a un clan, suelen tener el mango y a veces el espolón forrado con un trenzado de hilos de cobre, facilitando su agarre. Se usaban como moneda pero tan solo para adquirir fetiches o pócimas que sirvieran para alejar el mal, entendiendo esto como brujería, magia negra, raptos, robos u otros daños. Además de los Kota lo usaban los Fang y otros pueblos en las lindes del Ogowe en Gabón.

a b a: Cuchillo de ‘Pico de Tucán’ atribuido a los Fang, exhibido en el Museo de quai Branly. b: Esta foto es de inventario de entrada y de poca calidad por tanto. Como hemos dicho en anteriores ocasiones, mantenemos pero no limpiamos el oxido, pues es la mejor manera de datarlo; preservamos el hierro y el cincelado, que se ve con la pieza en la mano en todo el perimetro y el ‘ojo’ a 3 mm de media del borde, con una estría que divide el pico y un diseño de Ss horizontales situadas en la parte superior. Este tipo de cuchillo Onzil, además de reconocer a su portador como a alguien con gran prestigio social o religioso, destaca su utilidad como guardián de los valores del pueblo, pero además, por la inusual longitud de su vástago, está pensado como un arma efectiva, pues con esa envergadura es difícil autogolpearse. Nuestra ficha de entrada de 1987 dice: la ‘cascarilla’ da una exposición al oxigeno de alrededor de 100 años. Es una fundición de hierro trabajado el detalle en caliente, parece que se templó con orín. El mango y el espolón están forrados con un doble cordal de hilos de cobre y se remata por abajo con un tope también de cobre insertado en la espiral de cobre del mango.

Encontramos clanes Fang en Camerún, Guinea Ecuatorial y Gabón y a los Kota por causa de la migración, también en Gabón donde son alrededor de 30.000 y que se dicen los auténticos, y en la R. del Congo donde oscilan en los 10.000 individuos.

Westerdijk 1988 en ‘The African Throwing Knife’ y Blackmun & Hautelet 1990 en ‘Blades of Beauty and Death’ nos dicen: “Los cuchillos de cabeza de pájaro representaban simbólicamente armas que estaban metafísicamente dirigidas a herir a cualquiera que actuara antisocialmente contra la comunidad de la aldea practicando brujería o hechicería. El cálao es una criatura muy admirada en África por su persistencia e inteligencia”.

Los Azande, plural de Zande, son un enorme pueblo al que peyorativamente algunos llaman Nyam Nyam aludiendo a sus costumbres caníbales. Se distribuyen en el entorno donde confluyen las fronteras de Sudán del Sur, la R. D. del Congo y la R. Centroafricana, ocupando gran parte del enorme valle aluvial que forman la fuente y desarrollo del rio Ubangui.

En la R. Centroafricana también encontramos a los Nzakara Bandia pueblos relacionados, tanto que a veces se confunden con los Azande. Estos dos pueblos con origen Etiopía acaban llegando a las estribaciones de rio Ubangui donde se asientan. En el siglo XVIII establecen el reino de Bangassou a lo largo del río en la región de Ubangui Shar en la R.Centroafricana. Sobre 1860 siguiendo los parámetros de Leopoldo II en el Congo la administración francesa, potencia colonizadora, previo un acuerdo económico, cede la titularidad del territorio y sus gentes a empresas privadas que obligan a los habitantes, sin niguna contraprestación, ha cultivar y entregar cuotas de caucho y café, lo que llevó a que se redujera la población en un 50% por hambrunas enfermedades y sobreexplotación, lo que en 1928 derivó en la ‘rebelión de las azadas’ o de Kongo Wara que se ocultó en la metrópoli hasta casi 30 años más tarde.

Guerrero Zande. Foto Mision Afrcana Verona Kipinga Zande exhibido en el Met Museum.

a b

Kipinga es el nombre que se da a este tipo de cuchillo arrojadizo de tres hojas, que a su vez tiene carácter monetario, que es en definitiva de lo que hablamos. Ciertamente hay una cierta desinformación que adjudica dicho nombre a casi todos los cuchillos arrojadizos.

El Hunga Munga como también se conoce al Kipinga, en plural Kping, es un arma arrojadiza de algo más de 50 cm con tres cuchillas dispuestas de modo que pudieran herir de cualquier modo al oponente. Se dice que la cuchilla situada junto al mango, referencia el pene y por tanto virilidad de su poseedor. A estos objetos les consideraban ‘metal de la corte’ pues eran símbolo de gran estatus y de uso exclusivo de los guerreros profesionales bajo el mando del clan real de los Awongara. Los guerreros entraban al combate armados con tres o cuatro de estos cuchillos arrojadizos, escondidos detrás de los escudos, y por lo general se lanzaban contra los enemigos a una distancia de unos 10 metros. También eran moneda fundamental en el pago de dote, entregándose a la familia de la novia, siempre con testigos, antes de la boda. a: Este cuchillo lo tenemos referenciado como recogido entre los Nzakara y Yacoma, siendo estos un subgrupo Bangala de la R.D. del Congo fronterizo a Sudan. b: Recogido en la misma época y lugar que el anterior, la forma de este Hunga Munga nos llamó la atención cuando nos lo trajeron, al observar que apoyado contra la pared, parecía la gigantesca sombra de una ‘mantis religiosa’. Vemos que ambos cuchillos embuten la inserción final del cuchillo en un trozo de madera dura que luego, cada uno de una forma, han reforzado con tiras de cobre perfectamente ajustado.

Cuchillo Ondo de los Banda. R Centroafricana

Fotografía y texto de la Galería Ertribal En su cartela dicen:
“Cuchillo Banda, República Centroafricana y D.R. Congo
Hierro forjado, fibra vegetal. Finales del siglo XIX a principios del siglo XX.

El resultado de pasar el siglo XIX sumido en tumultos, largas migraciones y guerras intertribales fue que los otrora cohesivas Banda se dispersaran sobre una vasta área geográfica, divididos en pequeñas poblaciones independientes, y hablando unos 50 dialectos distintos. De manera similar, las armas Banda abarcan una amplia gama de estilos, desviándose a menudo dramáticamente de la estética tradicional”.

Westerdijk 1988 en ‘The African Throwing Knife’, dice: “Los cuchillos arrojadizos Banda estaban históricamente reservados para uso militar, para detener el avance de una fuerza enemiga, por ejemplo, pero su función evolucionó después de la década de 1920 para incluir propósitos pacíficos y espirituales, como implementos de baile ritual. Esta metamorfosis fue el resultado combinado del declive del conflicto en el siglo XX y de los persistentes ‘lazos emocionales’ de los Banda con sus cuchillos arrojadizas”.

c d

Ondo o Soro de los Manza Moko Ndo de los Ngbaka Mabo

Fotos y Textos Ethan Rider

c: Cuchillo arrojadizo Ndo o Soro de los Manza, República Centroafricana

“Hierro, latón. 39 cm. Principios del siglo XX

Los Manza y Gbaya son culturas distintas pero relacionadas. Se les agrupa lingüísticamente a menudo, por ejemplo, en la literatura francesa el término Manza engloba a los Gbaya.

Este cuchillo arrojadizo representa el diseño clásico de los Manza, con un ala ‘flexionada’ y sin decoración en las superficies de la plancha. Comparando esto cuchillos de los Manza con los de los Ngbaka Mabo mucho más comunes, Westerdijk escribe: ‘Para los Manza y Mbaka-Manza, los cuchillos eran sólo armas adicionales de menor importancia, y esto se refleja claramente en la forma ruda en que han sido fabricados, así como en el hecho de que estos tipos son muy raros’.

Lo que Westerdijk quiere decir al describir estos cuchillos como ‘armas adicionales’ es que entre los Manza, sus armas principales eran el arco y la flecha, la jabalina y la daga de brazo”.

d: “Cuchillo arrojadizo, Moko Ndo de los Ngbaka Mabo, R. Centroafricana y R.D. del Congo
Hierro, madera, cobre, latón . Principios del siglo XX.

Los cuchillos arrojadizos Mabo, conocidos colectivamente como Ndo, se utilizaban como armas de guerra, objetos de prestigio y cuchillas moneda. Según Poutrin 1910: ‘Ningún hombre Ngbaka Mabo salía de su aldea sin llevar sus lanzas y estos cuchillos, incluso en tiempos de paz’.

Su importancia como arrojadizos parece haber sido minoritaria; cuando se usaban en la batalla, funcionaban principalmente como armas de mano. Su papel como muestras de dignidad e insignias de cargo, parece haber prevalecido sobre cualquier papel marcial. En manos de cabezas de linaje, jefes de caza y especialistas religiosos, funcionaban como signos de autoridad y rango. Los líderes del culto antibrujería, llamado Wama, llevaban ejemplares de este tipo durante parte de sus ceremonias”.

Westerdijk 1988 en ‘The African Throwing Knife’ dice: “Esta pieza muestra incisiones con motivos de araña en el ala, la corona y el espolón, lo que alude al importante papel de la araña como héroe en muchos cuentos populares de los Mabo. Curiosamente, las incisiones en el ala se aplicaron claramente en un momento y con una técnica diferentes a las otras incisiones de la hoja. Estas incisiones posteriores en el ala se asemejan a un estilo congoleño al este de los Mabo, lo que sugiere que esta pieza fue intercambiada o transportada a un nuevo hogar al este del lugar en el que fue creada”.

Mango publicada en Lefebvre 2020: ‘The Throwing Knives: The Southern Knives’. Vlm 2, p 125.

Guerrero Ngombe, habitan en el triangulo que forman los ríos Itimbiri Ngiri el Congo y el Ubangi. Hablan y ocupan territorio Bangala o ‘los del agua’, lo que a veces les llaman. Al cuchillo en la mano del guerrero y a la derecha le llaman Bero.

a Ngwa b

Similares al Bero pero con más amplitud del arco, a estos cuchillos Mambele del amplio grupo Ngombe los llamaban Ngwa. Tal vez por su maniobrabilidad y menor peso, fueran los más usados en batallas. Aunque atribuidos a los Ngombe, no solo ellos los utilizaban, entre otros por los Mongo, Ngbaka y Ngbandi

León de Saint Maulin en 1880 nos dice: “llegando del norte de Camerún en el siglo XVII, ocupan las Provincias de Ecuador y Oriental. Se extienden desde aquí hacia el sur hasta Camerún y Gabón. Se encuentran entre los primeros bantúes en asentarse en el borde de los bosques húmedos y adaptarse a la sabana llegando a la cuenca del Mongala en Lisala, de allí se dispersan llegando algunos al sur de Ecuador donde ya estaban con anterioridad los Ngbaka, Ngbandi y Mongo instalándose cerca de estos últimos tras no pocas disputas. Cabe señalar, sin embargo, que no todos los Ngwa que esta gente hizo tenían el mismo uso o consideración. Había algunos tenidos por simples machetes utilizados durante la caza, pero también otros que tenían la forma de una espada recta o curvada, que se protegían con una cubierta hecha de la piel de un animal feroz, carnívoro, y llevados junto al pecho. Esto mostraba el valor del hombre. No se sacaba de ninguna manera, ni en ningún momento, pues se suponía que no encajaría en su cubierta sin antes beber sangre. Por lo tanto, incluso si un hombre estaba enojado o peleado con otra persona, tenía estrictamente prohibido sacar su arma para defenderse con ella, porque enarbolarla era sinónimo de que se derramaría sangre. Si no había logrado herir a su oponente, debía lastimarte a sí mismo, so pena de quedar señalado en la lista de mujeres. Otra importante categoría de Ngwa era el que estaba hecho de cobre que se utilizaba como valor fundamental de la dote. Esta rara vez se pagaba en dinero. Lo más común era por ese orden ascendente presentar a la familia instrumentos tradicionales, canoas, lanzas, machetes de cobre y rifles, entre otros. Estos objetos, o parte, se reutilizaban cuando un cuñado necesitaba a su vez entregar su dote. Pero cuando surgía un divorcio, la familia de la mujer estaba obligada a devolver todas las propiedades recibidas a la familia del hombre. Es importante señalar que el matrimonio sólo se producía entre familias de aldeas que tenían una buena relación entre sí y nunca entre personas del mismo pueblo. Eso evitaba el incesto”.

Za Bwambua Kipinga

de los Ngbaka Ngombe

Za es su nombre propio, Bwambwa el apellido, Kipinga el genérico y lo usan los Ngbaka y los Ngombe, en la R.D. del Congo
Son de Hierro, forrada la madera del mango con piel, tendones animales o fibras vegetales.

Este cuchillo arrojadizo, aunque usado por el grupo Ngombe, proviene de un diseño de los Ngbaka al que llamaban Za, tal vez la onomatopeya de chasquido que producía al golpear.

Los Ngbaka hacian referencia a él como símbolo de su héroe épico, Seto, que decían era su arma preferida. Y para ellos era la compañera o esposa de Za Sali, otro cuchillo, recto, que era su marido.

Aunque en otros no lo hemos especificado, de la parte inferior o tope del mango de todo este tipo de armas, salía un cordel, normalmente de tripas, tendones o nervios de algún animal, que una vez empuñada el arma, se ajustaba a la hoja o cuchilla pegada al mango, para utilizarlo a mandobles. Estos Za, eran costosos, pues a los más hábiles herreros ya les llevaba un largo tiempo. Aunque concebido como arma, no era su uso normal.

Westerdijk 1988 en su catálogo ‘The African Throwing Knife’ dice sobre ellos: “Su dueño lo lanzaba si no había otro recurso, o cuando entendía que podría recuperarlo”

Claramente su mayor utilidad provenía de su ampuloso diseño, que nada más verlo, era perfecta muestra del poder prestigio y riqueza de su propietario.

Conocido en general como Ngwolo o Bwambwa, principalmente lo usaban los jefes de la aldea, los del clan, los ancianos con linaje, u otros notables como distintivo de su posición.

Se blandían en alto en funerales relevantes, ceremonias de iniciación, e incluso durante la ocupación colonial, como arma distintiva de la policía nativa. Alcanzaban los 45 cm de media.

Ekumu Ekonda Ekumu o jefe Ekonda vestido de gran gala muestra el emblema que así lo certifica. Este emblema no es otro que su espectacular cuchillo Ngulu. 

Es obvio por esta extraordinaria foto de Carl Lamote, que no tiene intención de manchar sus galas decapitando o ni tan siquiera arañando a nadie.

Simplemente muestra su autoridad riqueza y poder.

El Ngulu es también conocido como Mbeli na Banzi, Bwakoya, Gulu, M’Bolo, Ngolo, Ngwolo o Ntsaka.  

En realidad lo utilizan muchos pueblos del grupo Mongo, aunque son los Ekonda, sing Konda, los que por las varias fotos de inicios del s XX, le dieron preeminencia entre los europeos. Este grupo y los afines se ubican en un territorio que abarca el medio sur de la Provincia de Ecuador y el noreste de la de Bandundu, el poblado triangulo que forma el sur del rio Congo con las orillas del Kasai y el Sankuru, al norte de la R.D. del Congo.

Con forma de hoz y lo amenazante que puede parecer, sobre todo por algunas ilustraciones que circularon por Europa en los años 20, se difundió la idea de que era un cuchillo de ejecución lo que ‘el espíritu del momento’ el Zeigeist que decían los alemanes, alentaba tal idea.

Espíritu así animado, propiciando la intención de mostrar el peligro al que los aventureros, misioneros y comerciantes entre otros, se enfrentaban en la salvaje África y recaudar fondos para llevar a cabo su importante esfuerzo y misión, entre tan amenazantes peligros. Aunque no hay foto en que se pruebe otra realidad que no sea la de representar alto estatus o rango, aunque como vemos nada tiene que ver con lo físico.


Entre otros, el Ngulu lo hacían y utilizaban los Ngombe, lo que unas veces se traduce por ‘Los del bosque’ y otras por ‘Los del rio’, pues ocupan ambos hábitat. Está formado por una hoja de hierro asimétrica profusamente grabada y un distintivo mango de madera, también a veces enriquecido, cuyo tope, grande y elaborado, se ajustaba a la mano de su propietario.

El especialista Gosseau en 1997 en su ‘Tribal Arms Monographs’. Vol 1 – nº 2, nos dice: “Hacen los grabados con una herramienta puntiaguda con forma de martillo que van golpeando con otra maza estando aún candente la hoja. Cerca del borde, con la hoja ya fría, realizan unas incisiones que recorren toda a lo largo su longitud. …estos cuchillos eran insignias de prestigio, implementos de danza ceremonial y objetos de valor utilizados para el intercambio, o como monedas”.

Se sabe que sus armas más habituales eran las lanzas, el arco y las flechas, y usaban en el cuerpo a cuerpo unas dagas o espadas cortas, de hoja alveolada, lo que no fue suficiente para hacer frente al invento de Hiram Maxim en 1884 de la 1ª ametralladora que llevaba su apellido. Hiram Stevens Maxim, un norteamericano nacionalizado británico, proporcionó a Henry M. Stanley un prototipo de su ametralladora, que se utilizó en África ya en 1886, pero fue durante la guerra con los Ndebele de Lobengula, en 1893 en que 50 soldados mantuvieron a raya a 5.000 guerreros con solo cuatro ametralladoras Maxim. Antes, Garnet Wolseley, Comandante en Jefe designado en 1888, ese mismo año en octubre, encargó 120 ametralladoras Maxim​ calibre 14,7 mm, que utilizó tanto en las guerras Ashanti, como en el Sudán acudiendo en auxilio de Charles Gordon que intentaba defender Jartum. La ametralladora fue decisiva para conseguir la rápida colonización de África, lo que los europeos, a finales del s XIX, ya habían conseguido.

1ª ametralladora de Gutling de 1862 Doko Ngombe con sus armas en un festival

Para concluir con el Ngulu al que también llamaban Lokula L’ombole, no se pueden ignorar los comentarios que hablan de su ‘tenebros0 pasado’ como ‘cuchillo de verdugo’, del que se dice: “El utilizado por el pueblo Nagala del Congo, hasta finales del siglo XIX, se empleaba en las ejecuciones rituales, descritas con gran detalle y dramatismo por los exploradores europeos que visitaron la zona.

Dentro de las creencias religiosas de estas tribus, figuraba la vida en el más allá después de la muerte, por este motivo, cuando se producía el fallecimiento de un jefe o una persona de prestigio social, con el fin de que pudiera ser adecuadamente servido y atendido en el más allá, tal como le correspondía su rango y estatus social, se seleccionaban de entre sus esclavos, 8 o 9 varones y 4 o 5 mujeres que eran sacrificados durante los rituales funerarios denominados Ligbeti, con el fin de que acompañaran al jefe y le sirvieran en el otro mundo. Este tipo de comportamiento no es nada nuevo en algunas culturas de la antigüedad, lo que más sorprendió y horrorizó a los viajeros europeos, es el que estos macabros rituales se mantuvieran vigentes hasta finales del siglo XIX en los remotos confines del África profunda.

La ceremonia de la decapitación, minuciosamente descrita por algunos exploradores que visitaron la zona a finales del siglo XIX, se celebraba durante los funerales. En estos actos, se reunían todos los habitantes de la tribu, y acompañaban el tenebroso ritual con gran profusión de gritos y bailes, en un ambiente de histeria colectiva, que añadía aún mayor dramatismo a la dantesca escena.  Para la decapitación, el verdugo empleaba un característico y vistoso cuchillo ceremonial con forma de hoz, que parafraseando la cita del etnólogo Marc Felix nos muestra ‘la terrible belleza de los instrumentos de muerte’. Este tipo de cuchillo llamado Ngulu, perdió en el siglo veinte su función original, conservando sin embargo su valor como símbolo de riqueza, prestigio social y como ‘moneda’ ”.

Los refinados Ekonda o Konda, también los Kundu entre otros del grupo Mongo, no eran de lucirse tallando madera, pero rozando el límite que su exquisitez les permitía, crearon otro ‘ornamento’ que mostraba su peculiar interés por la ostentación, las espadas de desfile o parada Byongi, que sumadas a su joyería en metal y sus vestimentas, les diferenciaban de otros pueblos.

Estas espadas Byongi, eran de cierta envergadura, superior casi siempre a las Ngulu. Fundidas en hierro, solían tener formas diversas imitando, parece ser, ciertos animales, casi siempre insectos, cuyas patas como vemos en este caso de un ‘mesotopus’ o ciervo volador mostraban como ganchos, con desmesuradas mandíbulas.

Ya hemos visto la utilidad que encuentra el africano en diversos insectos, como más al este el ‘jonespeltis spléndidus’ un ciempiés o aquí el ‘mesotopus lucanus’ coleóptero que ingieren pues les aporta gran cantidad de calcio, hierro y ácidos grasos insaturados, y también ácido cianhídrico con el que combaten fiebres, sobre todo la malaria, aunque sin saber bien porqué, eso sí administrado con cautela pues puede resultar intoxicante y peligroso por tanto.

Aunque la mayoría de estos objetos de prestigio moneda era como el que acabamos de ver, cualquier otro objeto, con forma cómoda de transportar, si aparentaba como este otro cuchillo moneda que sigue, también se consideraba Byongi. Además en este caso era importante mostrar la abundancia de sus minas de cobre y zinc para obtener latón, y mostrar a los interesados lo que se podía llegar a hacer con él.

A esta excepcional ‘arma de parada’, o de presumir ante los invitados, deslumbrando con su brillo dorado, mostrando riqueza y poder, oculto, por qué no en cierto señorío, los Ekonda la llamaban Byongi.

Propiedad, exhibida y a la venta por la Galería Ertribal que además de la foto nos dice:

“Byongi  Espada de desfile Ekonda, D.R. Congo.
Latón y madera. Principios del siglo XX. Ex colección Pierre y Valter Paurell Los
Ekonda o Konda del centro de la República Democrática del Congo son famosos por fabricar los diseños de cuchillas más ornamentados y extravagantes. Esta pieza sustancial, refinada pero restringida es un ejemplo más antiguo de lo que más tarde se convirtió en un tipo común”.
Elsen 2003 en ‘De fer et de fierté’ dice: “Las cuchillas Ekonda son impresionantes y ostentosas, y completamente inadecuadas para el uso funcional, son en cambio símbolos de prestigio sin restricciones. Estas espadas se exhibieron en una variedad de circunstancias, pero sobre todo en desfiles y adivinaciones; muchas eran también prerrogativa de mujeres”.

Este otro ejemplo, también de la Galería Ertribal, donde se nos muestran las dos caras de la hoja idénticas, plantea algo que nos dice de una técnica fuera de la época en que eran habituales, que no es otra cosa que para fundir una hoja de hierro, u otro metal, y que aparezca igual por las dos caras necesita de un molde que requiere de una tecnología que en África no se da hasta mediados del s XX, y aún así en contados sitios.

Veamos que nos dicen desde Ertribal:

“Falsa espada de desfile del estilo de los Mongo del suroeste, los Mpamba, Dia, Bai, Kutu de la R.D. Congo. Hierro forjado, madera, tachuelas de latón, 55 cm. Su proveniencia se remonta a 1993.

Este tipo de cuchilla, que se asemeja mucho a las espadas del desfile, se puede distinguir por su diseño de mango, mostrando una cabeza orgullosa y decorada. Este tipo de espada fue utilizado originalmente por un número de pueblos Mongo del sudoeste que viven en el área del lago Tumba y el lago Mai Ndombe. Estas espadas se exhibieron en una variedad de circunstancias, pero sobre todo en desfiles y adivinaciones; muchas eran la prerrogativa de las mujeres también.

Hay una serie de ejemplos publicados con los que podemos comparar esta pieza, en particular las de Elsen 1992 en común, en ‘Beaute Fatale’, de la colección del Museo Real para El África Central; Westerdijk, 1984 en ‘Africa Metal Implements’; Elsen 2003 en ‘De fer et de fierté’; Felix 2009 en ‘Fatal Beauty: Traditional Weapons from Central Africa’.
Al comparar este mango con los ejemplos publicados, vemos una estética consistente en la forma en que el escultor articuló los rasgos faciales y el mango general. Además, la hoja de esta pieza es incuestionablemente genuina. Así que a primera vista, esta pieza parece ajustarse a los parámetros estéticos correctos para este tipo oscuro, y también lleva una hoja antigua y genuina.
Al inspeccionar de cerca la intersección de la hoja y el mango, hay signos claros de adhesivo aplicado, que no deben estar presentes por ningún
motivo. Otra característica problemática es el color y la superficie del mango. La coloración en la superficie es esporádica e inconsistente con el desgaste que resultaría de la manipulación. Es probable que el asa sea una pieza antigua que ha sido manipulada o una pieza más reciente con la edad simulada. De cualquier manera, la superficie es problemática. En el reverso del cuchillo, hay un número de inventario escrito en
blanco. A primera vista, esto parece mostrar la presencia del cuchillo en una colección importante; posiblemente un museo. Sin embargo, esto también es problemático. Este tipo de etiquetado se realiza de forma coherente con cuidado, intención y precisión. En esta hoja, las letras se hacen con descuido, tanto que el escritor parece haberse quedado sin espacio, y así continuó su pensamiento en la siguiente línea. Mientras que en determinado escenario, esto podría resultar ser un error honesto, parece más probable un intento de engañar. Si el mango es de hecho una creación más reciente, como sugiere la extraña pátina y la presencia de adhesivo entre la hoja y el mango, una nota de colección inusual escrita en blanco sobre ambas piezas sin duda sugeriría que las dos piezas, hoja y mango, ‘nacieron juntas’. El hecho de que se desconoce el origen de esta información de colección sólo apoya la hipótesis de que la anotación blanca es un intento de engañar”.

No los conozco. Nada más que decir, su comentario les honra.

a b

a: Hierro clasificad0 en el grupo Mongo, en el entorno del pueblo Kutu. R.D. del Congo.

Hierro forjado en dulce trabajado al rojo vivo, coincidentes pero desiguales las nervaduras en cada cara; mango tradicional de madera.

Su utilidad resultaba del prestigio que se suponía a su poseedor, pues los filos difícilmente cortarían una rama. Sí marcaba la diferencia en las reuniones comunales, como ceremonias diversas, iniciación o recolección pero sobre todo en funerales. Como otros objetos similares era fundamental para pagar las dotes o adquirir fusiles.

b: Mongo también pero del entorno de los Sengele que aunque menos de 30.000 tienen idioma propio y poco contacto con el resto. Hierro sin alharacas, ni golletes ni incisiones, remate superior en fauces, con cabeza como tope del mango.

Utilizado como arma y machete en la espesura y la caza. Tradicional, herramienta común, adquiría importancia el mango, que no se cambiaba si el representado era alguien que había demostrado valía de algún tipo, lo que a la hora de transacionar podía triplicar el valor de uno nuevo.

Mujer con cuchillo Bwango

Tan conceptualmente modesto y simple como bello.

Este hierro es conocido como Bwango o Bwagogambanza por los pueblos Bonjo, Lobala, Mondzombo y Ngabaka de la R.D. del Congo

En una aparente ingenua abstracción humana, han dotado de sofistificación y grácil estética a la simetría del hombre que implora dirigiéndose al cielo.

Aunque el que vemos en la mano de la mujer resulta claramente insuficiente, sin el recorte y más grande podría ser el temible cuchillo Ikakalaka, y escuchando a otros expertos, serios, viendo cuchillos como este, pero con bien afilados bordes lo encardinan con el Ngulu, como cuchillo de ejecución.

Cuchillo Bwango

Algún buen amigo de la zona llega a explicarme, que Bwango es este tipo, de carácter monetal y que el Bwagogambamza, más grande y pesado y de bordes bien afilados es el de carácter guerrero y a veces utilizado por el verdugo.

Elsen describe la función de este tipo de hoja como ‘objetos de lujo para notables y jefes’. Gosseau 1997 en ‘Tribal Arms Monographs’ Vol. 1 nº2 nos dice: “También se utilizaron ceremonialmente, en particular en los ritos de iniciación para los hombres jóvenes. Las pequeñas huellas circulares en la superficie de esta hoja indican su origen en los Lobala, en lugar de los Ngbaka o Bonjo, que también crearon una hoja muy similar”.

Los belicosos Salampasu, como vemos en las fotos utilizan un cuchillo en toda regla, a mitad de camino casi de una espada. Pero sabiendo de lo violento de sus acometidas, a cara descubierta, está claro que este cuchillo, aunque arma, tiene una clara función como objeto ritual y de prestigio, pues esta no es la única foto de un Salampasu enmascarado blandiendo este tipo de cuchillos.

Espada corta Ikul de los Kuba
Los Kuba, Bakuba en plural, son originarios de la provincia de Kasai en la República Democrática del Congo.

Hoja de hierro y mango de madera con incrustaciones metálicas geométricas.
En el pasado, estos cuchillos eran un símbolo de masculinidad y entregados a los iniciados tras su transición a la edad adulta.
Los Kuba tenían un notable conocimiento de la forja y sus herreros ocupaban una destacada posición.

Espada corta Hungaan El Kwango e un importante río que dio nombre a los pueblos asentados en sus orillas y ahora a una provincia de La R.D. del Congo. Entre otros pueblos acogidos en sus orillas están los, Holo, Hungaan, Mbala y Pende siendo la provincia muy grande estos se ubican en el entorno donde el Kasai cierra la horquilla que forma con el Kwango.

Este hierro de cierta envergadura, 52 cm, forma una hoja de desigual grosor que del eje central va adelgazando hasta presentar un borde suficientemente resistente pero cortante. Se maneja gracias a un mango de madera, bien insertado y tal vez adaptable a una mano no excesivamente grande, más bien menuda. Por la información de quién lo trajo a nuestras manos, conocido hace años y autóctono de la zona lo hemos clasificado como Hungaan.

No tiene ningún significado nuevo que no sea su doble uso como arma, y que tras el primer paso del Mukanda se entrega este tipo de hoja al muchacho como símbolo de integración con los adultos. Tambien le sirve a este hombre como parte, importante, de dote para acceder a su mujer.

Cuchillo Me Buun

Cuchillo Me Buun de los Yanzi, Ngul o Pendé, R. D. del Congo

Exhibido y a la venta por la Galeria Binoche et Giquello. Foto y textos de dicha galería.
Hiero forjado con mango de madera con pátina marrón brillante. 18 x 29 cm
Arma de prestigio, la hoja discoide asimétrica se despliega formando una elegante paleta. El mango está cubierto con alambre de cobre, el tope de madera lo cubre una hoja del mismo metal. El arma cede y da paso con su forma al objeto en toda su nobleza.

Véase. Hierro y Orgullo, 218, Figura 79 para un objeto comparable

Poto cuchillo moneda

Muy popular es también entre algunos pueblos en la confluencia de los ríos Ituri, Giri y Mongala elcuchillo Poto, cuya extremidad del mango, está forrada de piel, formando una pequeña bolsa en cuyo interior se han introducido ‘polvos mágicos’.

Emambele

Este es un Cuchillo de Prestigio de los Mangbetu de la R.D. del Congo Recibe el nombre de Emambele pero también el de Trombasc, sin que nadie lo aclare. Se nos ocurre que como en otras ocasiones, Emambele, hace referencia al origen del clan primigenio, mientras que Trombasc es una onomatopeya que como otras veces alude al chasquido al impactar el cuchillo, lo que no es inusual.
Hombres Mangbetu exhibiendo sus Emambele

Lo normal es que como el que vemos en la imagen, tengan la hoja de hierro forjado, mango de madera forrado de hilos de latón, marfil o hueso.

Es el más famoso de los cuchillos de prestigio de los Mangbetu. El Emambele o Trombasc, tiene forma de hoz en ángulo recto con bordes afilados y con dos o tres agujeros. Su empuñadura estaba hecha de una variedad de materiales, incluyendo latón, madera, marfil y hierro. Si el herrero hacía la hoja, era otro artesano el que en paralelo realizaba el mango tras estudiar la mano de quien lo encargaba que le anticipaba el material. Esto era de suma importancia pues en una sociedad tan jerarquizada y elitista, el prestigio visual podía influir en el posicional.

Schildkrout & Keim 1990 en ‘African Reflections: Art from Northeastern Zaire’ dicen al respecto:

“Estos instrumentos también pueden utilizarse como cuchillos arrojadizos, pero suelen emplearse más como objetos rituales o monedas. El número de orificios en su hoja de dos a tres, indica el número de mujeres de su poseedor”. 

Distintos pueblos Mongo tienen varios tipos más de cuchillos con forma de punta de lanza, como los Ntsoko, o similares a algunos que hemos visto como el Efamba o el Ikakalaka, utilizados como moneda y objeto ritual.

Este sería el caso del oshele, utilizado en la zona central del Congo, entre los ríos Kasai y Sankuru, formado por una gran lámina de hierro de unos 90 cm. de longitud y que a pesar de su notable parecido con los cuchillos arrojadizos utilizados en la zona, ha perdido su utilidad como arma y se emplea en la práctica exclusivamente como moneda.

Otro tanto ocurre con el cuchillo kul, utilizado por la tribu Ngama, o con el cuchillo típico del pueblo Bubu, en la zona del río Ubangi, de forma redondeada y que carece de punta

Un segundo grupo de armas lo constituyen las hachas rituales, destacando entre ellas por su belleza la característica Zappozap o Kasuyu utilizada  por los pueblos Nsapo del Congo. Estas armas, auténticas obras de arte, suelen presentar varias caras humanas en relieve sobre las barras de hierro que conforman su hoja, y constituyen símbolos de poder y riqueza, no utilizándose por tanto en las transacciones comunes.

De aspecto más modesto, las pequeñas hachas rituales utilizadas por los pueblos Bana, Kapsari y Fali de Camerún tienen también una función monetaria.

Hachas Zappozap de los Nsapo, estos más que una subetnia de los Songye casi se podría decir que son un clan dentro de ellos.

Kibiki o Kasolwa hacha de los Luba Sankadi Hacha Ceremonial, Kibiki o Kasolwa de los Luba Shankadi o Kalundwe de la R.D. Congo
Madera, esteatita incrustada y hierro. 42,5 cm. Inicios del siglo XX.

Si algo tienen los Luba es talento, que demuestran con elegancia, técnica y versatilidad. Y cómo no, sus hachas ceremoniales también son un buen ejemplo. Un recio vástago de dura madera donde el artista se luce tallando una hermosa cabeza bien peinada, como solo saben hacerlo los Sankadi, que midiendo la palabra, nos muestra la justa medida de esta en un alarde al salir proyectada, sólida y consistente de la boca de la mujer, en una bella sintonía entre la madera y el hierro. Que parafrasea este en un poema visual, que apreciamos en los dibujos cincelados que encierra. Estos objetos no son comunes, son para reyes o jefes, y si a alguien se le diera, se le estaría encumbrando a tal cargo por el simple hecho de tenerlo. Sí, son objetos de prestigio y por eso tan solo para reyes, jefes, personas de alto rango, médiums espirituales femeninos u otros miembros de asociaciones secretas. Se llevaban sobre el hombro mostrando el rango cual medalla o galón en uniforme; empuñadas, también se mostraban en las ceremonias de la corte y en la danza en rituales y festivales.

Los emblemas reales Luba suelen encerrar moralejas de carácter resolutivo, de utilidad. Mensajes metafóricos como ‘abre camino’ o ‘desbroza antes de cultivar’, facilitan ideas y no tan solo el hecho concreto en sí. Westerdijk 1984 en ‘African Metal Implements’; Verswijver, G., De Palmenaer, E., Baeke, V., y Bouttiaux-Ndiaye, A., eds. 1996 en ‘Obras maestras de Africa Central’; Roberts & Roberts 2007 en ‘Luba: Visiones de Africa’; Visoná, Poynor, & Cole 2008 en ‘Una historia del arte en Africa’; Elsen 2013 en ‘Fatal Beauty’, edición negra, nos dicen: “La tradición oral de la Épica Luba relata cómo la realeza y la fragua de metales fueron introducidos por el héroe cultural Mbidi Kiluwe. Por lo tanto, blandir el hacha ceremonial implica un recuerdo de los orígenes reales y sus privilegios”.

Khaandu de los Yaka Foto del Met

Los Yaka como los Suku, estaban en la órbita del Reino Kongo del que se escinden, pasan por la sumisión a los Lunda, pueblo con aspectos sociales más ‘civilizados’ y después por la de los Imbangala o Jaga, que aunque hay dudas de quienes eran, no respecto a sus costumbres que como poco habría que reseñar como depravadas. Tras siglos de vasallaje a los Jaga o Imbangala, estos son aniquilados en el siglo XVII por las alianzas de otros pueblos con los portugueses y otros colonos europeos, recuperando los Yaka su identidad, pero recordando siempre las tan famosas como sanguinarias hachas de los Imbangala, por lo que se cree que estas son recuerdo de qué no hay que hacer y que sí para ser un hombre cabal, lo que de siempre es estricto y prioritario en el ciclo iniciático del Mukanda por el que ellos se rigen.

Este hacha Khaandu de los Yaka está depositada y se exhibe en el Met Museum NY

Varios tipos de lanzas tuvieron a su vez función monetaria, algunas reciben nombres específicos como las Bikie o Mimboss de Camerún, y mientras en algunos casos, como entre los pueblos Nkutshu, Tetela y Ngombe, conservan una doble y hasta triple función, la de armas, monedas y elementos litúrgicos en determinados bailes y ceremonias rituales, otras veces, como las elaboradas lanzas Mbole, Bangala, o Chamba, solo sirven como objetos de lujo y moneda.

Kuba Mongo, Tetela o Hemba Masai

Las lanzas de este tipo se utilizaban como objetos de prestigio y, a pesar de su diseño amenazante, eran menos propensas a actuar como un arma, siendo habitual, cuando era el caso, utilizar las puntas de lanza también como medio de intercambio o de pago. La extensa área tribal de los Kuba produjo numerosa variedad de estilos, incluso en las armas de prestigio. Pero como vemos en esta muestra, el doble uso se extendía desde Gabón a Tanzania.

Ya las vimos antes y si se tienen en la mano, causan estupor pues aunque su forma sugiere otra cosa, enseguida se entiende que no sirven como armas. Me refiero a las espectaculares Liganda o Ngble, gráciles, elegantes y esbeltas piezas de hierro, entre hoja de espada o punta de lanza de hasta dos metros de altura, utilizadas particularmente como monedas de dote que se devolvían en caso de divorcio, o como moneda normal hasta comienzos del siglo veinte por los Topoke del Congo. Y para apuntar otro dato, por treinta Ligandas u otro tipo de lanzas grandes, que genéricamente denominaban doa, podía adquirirse un esclavo.

Instrumentos musicales

Otra de las grandes familias que compartieron el tener una utilidad práctica con la de ser moneda tradicional, es la de los instrumentos musicales, principalmente como hemos visto las campanas o cencerros de metal.

La música es un concepto de gran valor y amplio significado en África, donde cada instrumento tiene un uso específico ritual, ceremonial o de medio de comunicación y es realizado exclusivamente por un músico que lo dota además de simbología y ‘poderes mágicos’.

Los de madera, aúnan el componente de involución de la naturaleza viva que permitió hacerlos, llamando a los vivos o concitando a los muertos según el tañido. Los realizados en hierro, campanas y sonajas fundamentalmente, tenían el añadido del valor del material y el peso de este.

a b

a: Campana de los Ambete o M`bete del Gabón b: Campana de los Eket de Nigeria Llamadas Ogrinya eran campanas usadas por pueblos de Nigeria, Camerún o Gabón, por pueblos como los Ambete, Eket o Fang, son sin embargo herederas de las tradiciones de los antiguos pueblos Idoma o Igbo y pertenecían a la sociedad Ogrinya, exclusiva de hombres que hubieran matado un elefante, un león o un hombre. Remedando, las crestas eran reflejo de un cráneo humano alusivas al guerreo o cautivo muerto Las de los Kota en Gabón, son utilizadas por los adivinos y los curanderos; individuos cuyas profesiones incluyen el diagnóstico y la curación de la enfermedad y otros tipos de desgracias.

Miden la a: 46 x 24 cm y la b: 56 x 25 cm

c d

la moneda en África

c: Dzo tambor del Bajo Kongo d: Dzo tambor de los Tshokwe de Angola

Al igual que las Ogrinya de más arriba, este tipo de ‘campanas de madera’, las Dzo, realmente tenían en su doble utilidad características muy concretas, servían para que el Nganga, el sabio brujo u hombre medicina, llamara a los espíritus de los difuntos, y a la vez como parte del pago a esos Nganga de los rituales para poder celebrar esos ritos, pero dado que no son baratas, requería que el pueblo o aldea se uniera para poder costearlas. Rondan los 45 x 25 cms.

Hay una gran variedad de Dzo o campanas de madera talladas, por los pueblos que viven en la región del Bajo Congo. Forman, junto a otras, parte del material utilizado por el curandero tradicional, para su comunicación con el mundo de los ancestros. Se les atribuye también el poder de revelar el más allá del otro mundo. Estas campanas de tañido sordo, se utilizan a modo de queda llamada, bien para movilizar a los hombres a la guerra o bien para convocar a los genios Dzo, del que reciben el nombre, en el culto a los muertos. En este último caso, se dice que el espíritu de los ancestros se refugia en la cabeza de la campana cuando esta suena y queda predispuesto de este modo a las solicitudes pretendidas. c: 53,5 x 23,5 cm – d: 58 x 23 cm

e f

la moneda en África
la moneda en África

e: Tambor de los Kuba llamado Pel Mmbish. Antropomorfo como se puede apreciar, es de una pieza de madera la ‘caja’ y lleva en los extremos dos membranas de piel de distinto tono; está tachonado con clavos e hilos de cobre; utilizado en todos los eventos, trasmite in situ las noticias, pues adelanta con su tañido a quien lleva la noticia. Se cambiaba por un esclavo o por un valor equivalente incluso un arma de fuego, siempre y cuando el receptor ya tuviera otra más moderna. Mide 73 x 28 cm.

f: Excepcional Linga o tambor de ranura de los Bena Lwlua al que llaman Thsingufu, su utilidad era similar al de los Kuba y correspondía también a un esclavo o arma de fuego. Este tipo de objeto de los pueblos de hábiles tallistas, como los Luba, Hemba, Lunda, Songye etc., tenían similares utilidades. De madera de una pieza, mide 106 x 35,5 x 23 cm.

g h

la moneda en África
la moneda en África

g: Genéricamente conocidos como Dungu o Kundi estos instrumentos cordófonos se encuentran por todo el continente africano, este de Camerún magníficamente tallado, con extensiones antropomorfas en el estilo de las estatuas ancestrales, se da indistintamente entre los pueblos Bamún, Bamileké o Tikar. Aunque en este caso nos inclinamos por los Bamún.
Como una proposición fálica nada más verlo, su origen se remonta a un antiguo culto de los ancestros. Ejercía un papel esencial en el ritual de iniciación masculina, guiando al participante en el ‘viaje’ a través de un metafórico útero, que le conducía al país de los ancestros, lugar donde él debía renacer. Pero era fundamental en las ceremonias terapéuticas de posesión propias de las sociedades femeninas. A partir del año 1930, a todos estos rituales, le fueron añadiendo paulatinamente elementos de la liturgia católica; así el arpa, principio femenino y génesis del mundo, es considerada la Santa Virgen en ciertas sectas sincréticas. Asociado como vemos a la mujer, era una importante, aunque inusual pues no abunda, moneda de dote lo que le daba un valor extra. Mide 61 x 67 x 28 cm

h: Shekere, Nsek o Axatse Cabaca. Es un instrumento de percusión extendido por toda África, consiste en una pequeña calabaza seca ahuecada que sirve de caja de resonancia, recubierta de una maya o red de rafia a la que se le han incorporado semillas duras, huesecillos, conchas o bolas de barro cocido, entretejidas en la red. Al agitar golpean contra dicha calabaza con un gran estruendo y sirve apara acompasar la música o danza. En todas partes del continente lo llaman de manera diferente, entre los Lega de la R.D. del Congo es conocida como Chekeré, como Lilolo en Kenia, Axatse por Chad o Sudán, Nsek por el Congo y Shekere por el África Occidental. Suele utilizarse mucho en la música de los Hausa de Nigeria. La forma de la calabaza determina el sonido del instrumento. Este Chekeré es de los Lega o Lengola del Congo. Todo cambia y lo antiguo poco a poco se olvida, pero la calabaza siempre ha sido un artículo asociado a la mujer, y como este, aunque ahora lo utilicen hombres en sus conciertos, era usado por mujeres que requería que cada tres patas de gallina o 12, actuaciones, se les pagara a cada mujer que actuara el equivalente al costo de uno de estos instrumentos.

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la moneda en África
la moneda en África

i: Gangkogy o Gankeke es el prototipo de campana o cencerro africano; consiste en un vaso invertido de hierro y al que en función del tamaño, adecuan un sonido mediante el golpeo de este con un palo de madera forrado o no a modo de baqueta. Su sonido produce para ellos el efecto de llamada imprescindible para solicitar la presencia de los antepasados, espíritus o incluso el mismo ser supremo. Muy utilizadas en zonas del Bajo Congo, Camerún, Nigeria, Gabón, Benin, o Ghana y en cada sitio con su peculiaridad, que normalmente pasa por colocar una figura o cabeza tallada en madera en su mango. Su tañedor es un hombre considerado sagrado aunque de algo lúdico se trate, conocido como Kpanligan, que es el interlocutor único por ejemplo entre el rey y los súbditos. Los mandatarios más importantes de las aldeas tienen sus propias orquestas, formadas principalmente por tambores. Durante las apariciones públicas de los jefes, los músicos tocan sus tambores y, también se añade el sonido de las campanas de percusión externa que son golpeadas con pequeños batidores. Pueden ser sencillas, como las Fang o el cencerro Mossi o dobles como el crochet Lobi, de diversos tamaños y normalmente de hierro. Este tipo de campanas puede medir entre 20 y 50 cm, dependiendo del uso que se le vaya a dar, algunos se aplican en ceremonias luctuosas, otros en actos de carácter religioso o con la finalidad de proteger a la aldea. Esta es de los Fang de Camerún. Como todo lo relacionado con lo funerario su valor era proporcional al coste de uno o varios funerales.según se acordara. Mide 37 x 12 x 5,5 cm

j: Dundun es un término también genérico, para tres en un instrumento que consisten en un digamos solista, uno en tono agudo y otro en grave. Pueden verse así tambores, campanas o trompas. En las campanas, como estas de Malí, la campana pequeña, como en cualquier o otro instrumento, es llamada Kenkeni, la mediana Sangban y la grande Doundounba. Vemos que son de zinc y tan solo es una plancha recortada de modo que al doblarla quede una parte estrecha a modo de asa, y dos partes más anchas, enfrentadas, que no se cierran ni tocan quedando cimbreantes, pero utilizado el espacio entre ambas como zona de amplificación. Son como vemos algo de bajo costo material y no tanto manual, pues hay que tener cierta pericia para que el artesano que las hace les de el tono preciso para la conjunción de la musicalidad. De todos modos su función de intercambio suele ser por algún otro útil, estancia o comida, pues si se ha ido al festival de algún pueblo, mejor cambiarlas antes de volver con la bolsa de la actuación que no con las campanas que fácilmente de vuelta se pueden volver a hacer.

Para los más interesados en otros instrumentos moneda, les remito a nuestro texto de ‘Instrumentos Musicales Africanos’, donde satisfarán su curiosidad.

Oro

W. Bosman habla de oro fino y puro llamado Acanni sika.

Los Akan utilizaban cajas cuyo volumen en polvo de oro se aceptaba como intercambio sin utilizar paridad de equilibrios. Lo normal era que figurara en la caja alguna inscripción o símbolo que indicara el valor ponderal del polvo de oro que cupiera en la caja. Y eso se ‘medía’, mediante unas figurillas preestablecidas, es decir, peso y moneda entran aquí en un sistema monetario. En el espíritu Akan, estas palabras no evocan la noción de peso, sino de moneda. Estas equivalencias estaban equiparadas con las monedas europeas. Las conocidas figurillas eran pues unos pesos-moneda y desempeñaban el papel de moneda marco y el polvo de oro desempeñaba el papel de moneda de sustitución. Manipular esta moneda era pues un asunto de especialistas. Había unos pesos masculinos y otros femeninos. Era un principio regulador de las transacciones comerciales. Los dos eran similares en la forma pero uno era el modelo reducido del otro. De la diferencia entre el peso masculino utilizado para comprar y el peso femenino para vender resultaba el beneficio del vendedor. La diferencia de peso de la figurilla masculina de compra menos el de la figurilla femenina de venta era el beneficio establecido y aceptado.

la moneda en África

Algunos tipos de contrapesos Akan

Monedas

Aksumite, es el nombre dado a las primeras monedas africanas encontrada en la actual zona de Etiopía Eritrea atribuidas a partir del rey Endubis de Aksum y datadas a partir del siglo III

Moneda s. IV reino de Aksum

la moneda en África

Moneda de oro siglo V del rey Ebana.

La conocida como Moneda de Aksum es la primera divisa autóctona conocida que se expendió en África sin el control directo de una cultura extranjera como la de los romanos o los griegos. Se acuñó y distribuyó desde el Reino del Bajo Aksum, durante el reinado de Endubis, en torno al año 270 hasta que comenzó su declive en la primera mitad del siglo séptimo.

El sultanato subsahariano de Kilwa acuñó monedas después del de Aksum en el siglo X. La moneda de Aksum sirvió como enseña de propaganda y muestra de la riqueza del reino, y la promoción de la religión nacional, al principio politeísta y cristiana oriental posteriormente, facilitando la actividad del Mar Rojo en la que prosperó.

La falta de trabajos arqueológicos en la zona a puesto de relieve, que con tan solo la moneda, esta resulta lamentablemente un elemento poco fiable en cuanto a determinar la cronología de los reyes aksumitas.

Leonardo Da Vinci realizó estudios sobre la fabricación de las monedas y trató de sustituir el amartillamiento en caliente de las monedas extraídas de lingotes metálicos, por el corte de discos metálicos lisos, de cinta ya preparada con el espesor deseado. Reunió en una sola máquina, a la que había acoplado punzones especiales, tanto la operación de corte como la de acuñación para la conocida entonces como Ceca Vaticana.

Antes de su aparición, los negocios se hacían mediante trueque o intercambio de bienes o enseres, y también se llegaban a pagar las mercaderías con lingotes de oro y plata. Al generalizarse el uso de monedas que mantenían siempre el mismo valor, se aumentaron con ello los intercambios mercantiles.

Si aceptamos la versión del historiador Herodoto, podemos decir que las primeras monedas surgen en el Asia Menor sobre el siglo VII a.C. Se mandaron hacer para facilitar la recaudación de los impuestos, aunque es muy probable que aparecieran mucho antes en cualquier otro lugar. El León de Lidia es la moneda oficial acuñada más antigua que se conserva; se acuñó en Turquía sobre el año 650 a.C. en la región que le da nombre, Lidia. Se fabricaron por orden del rey Alyattes como medio legal de intercambio, y estaban hechas de oro y plata. Hubo otras para las que se usaron metales como el cobre, el bronce y el hierro, pero se preferían las primeras por su escasez y su incorruptibilidad, ya que no se estropeaban aunque se almacenaran mucho tiempo. En el actual Pakistán se han encontrado monedas que datan del 2900 a.C., pero quizás las más antiguas provengan de China y sean anteriores al 5000 a.C.

El uso de las monedas se fue extendiendo e incluso el gran Alejandro Magno aparece ya en ellas. Se hizo frecuente estamparlas con el rostro de un soberano, la figura de un dios o algún otro símbolo. Estos sellos garantizaban su pureza y el peso del material con que se había acuñado la moneda.

En el Imperio Romano se creó una moneda homogénea en las distintas regiones y unitaria en peso, tamaño y valor, el ‘denario’, raíz latina de la palabra ‘dinero’. Se implantó una acuñación estatal, prohibiéndose cualquier tipo de acuñaciones particulares. En las antiguas monedas griegas había espigas de trigo y en las primeras romanas cabezas de ganado. Estas formas habían sido durante siglos símbolos del dinero, y su estampación permitía vincular las monedas con la idea general sobre el valor de las cosas reflejadas. De esta forma fue más fácil para la población comprender el nuevo sistema monetario.

No a todos los soberanos les salió bien el poner su rostro en las monedas. Durante la Revolución Francesa, Luís XVI trató de huir con su familia pero, estando ya muy próximos a la frontera y a pesar de los disfraces, un posadero los reconoció y dio la voz de alarma. El hombre manifestó: “¡Cómo no iba a reconocerlo! Todas las monedas de Francia llevan su efigie”.

El rey y su familia fueron trasladados a París y dos años después morían en la guillotina.

El mayor problema de las monedas era su transporte y almacenamiento. Por eso, ya en el año 845 a.C. los monarcas de la dinastía Tang emitieron un papel estatal, con un valor material muy inferior al que representaba. Sin embargo, su valor equivalía, por decreto, a una determinada cantidad de oro o plata. Sin embargo, la plata aún continuó teniendo protagonismo en las transacciones.

En España, Jaime de Aragón emitiría papel moneda en el año 1.250, pero su valor dependía de los tesoros de oro que tuviera el país.

El papel moneda se iría haciendo popular en el siglo XVIII, y los bancos privados fueron reemplazados para la emisión de papel moneda por los bancos centrales, hasta que a finales del siglo XIX se establece un patrón internacional de paridad con el oro. En la actualidad, tanto las monedas como el ‘papel moneda’, billetes, carecen de un valor intrínseco. Su aceptación existe por la confianza que tiene la gente en que otros lo aceptarán a cambio de bienes y servicios.

Las primeras monedas fueron acuñadas con carácter oficial, en Lidia, hoy Turquía, un pueblo de Asia Menor, aproximadamente en el año 600 antes de Cristo, aunque su origen y uso provenía de muchísimos años antes. Estas acuñaciones eran de oro y de plata y llevaban estampado el sello del león del Rey. Luego comenzaron a acuñarse también en China y posteriormente en Grecia, para ser adoptado  luego, por todos los pueblos.

Su nombre proviene del latín ‘moneta’, apodo con que se nombraba a la Diosa Juno, cuyo templo en Roma era usado para acuñar las monedas.

El hombre siempre ha hecho lo posible por cubrir sus necesidades. Una forma de conseguir cosas de las que carecía era el trueque, que consiste en cambiar una mercancía por otra. Esta práctica es posible porque alguien tiene un excedente de un bien y puede intercambiarlo por otro producto que posea otro individuo o grupo. Así, se cambiaba lana por un tipo de arma, o pescados por trigo. Sin embargo, si alguien deseaba vender una mercancía pero en ese momento no necesitaba ninguna otra a cambio, el trueque resultaba un sistema poco práctico que siempre hacia dudar del valor de los productos a intercambiar. Se buscó entonces un elemento que fuera generalmente aceptado en los procesos de intercambio. Era importante que fuera divisible, para permitir intercambios pequeños, y que resultara fácil de almacenar y trasladar.

Vemos en esta foto, cómo las monedas africanas tras la independencia, sobre 1960, incorporaron simbólicamente, las imágenes de las antiguas monedas. Así por ejemplo el ‘caurí’ a apareció en las monedas de Ghana, la ‘manilla’ b en las de Biafra y la cruz de Katanga en las monedas congoleñas c.

Veamos una panoplia hecha por Numisarchives donde se pueden ver las distintos tipos de monedas-metal, con su correspondiente listado explicativo.

Listado de las fotos de la Panoplia:

1.- Liganda hierro. República Democrática del Congo. Zona de  Kisahghani. Pueblo Topoke. 2.- Likonga hierro, variante de la anterior de los pueblos Lokele y Olombo. Congo.

3.- Penique Ogoja, Iyawa, Efufy o Yakaro hierro. Nigeria, República Democrática del Congo. Pueblos Akiuju, Nkun y Munshi.

4.- Oshele, Woshele o Shongo hierro. República Democrática del Congo. Entre los ríos Kasai y Sankuru. Pueblos Nkutshu, Bankutu, Zande y Bushongo.

5.- Pinga. Cuchillo arrojadizo, hierro. República Democrática del Congo, Sudán y República Centroafricana. Pueblo Zande.

6.- Cuchillo arrojadizo, hierro. República Democrática del Congo. Región de Ubangui.

7.- Mgulu, M’boutou. Cuchillo de verdugo de hierro. República Democrática del Congo. Pueblos Nagala y Ngombe.

8.- Ngindza hierro. República Democrática del Congo, República Centroafricana. Pueblos Bubu y Nzakkara.

9 y 10.- M’bili ngbaka moneda de los Ngbaka, hierro. República Democrática del Congo- República Centroafricana. Pueblo Ngbaka.

11.- Moneda azada de hierro. Camerún. Pueblo Mambilla.

12.- Lámina de hierro del pueblo Zande. República Democrática del Congo, República Centroafricana, Sudán.

13.- Ikonga, punta de lanza decorada (hierro). República Democrática del Congo.

14.- Punta de lanza de hierro. República Democrática del Congo. Pueblos Tetela, Mbole y Nkutshu.

15.- “Cuchillo de la tribu” Lobola, hierro. República Democrática del Congo. Región Ubangui.

16.- “Punta de lanza” de hierro. República Democrática del Congo, RepúblicaCentroafricana. Pueblo Ngbaka.

17.- Ingondá. Cuchillo ceremonial de hierro. República Democrática del Congo. Pueblos Ngombe, Poto y Mongo.

18.- Kul, cuchillo arrojadizo de hierro. Chad. Pueblo Ngama.

19.- “Lanza” de hierro. República Democrática del Congo. Pueblo Ngombe.

20.- Trombasc. Cuchillo ritual de hierro con mango de madera, marfil o metal. República Democrática del Congo, Sudán. Pueblo Mangbetu.

21.- Gayum Monedas murciélagos de hierro. Gabón. Pueblo Kwele.

22.- Mandjong hierro. Gabón. Pueblo Kwele.

23.- “Moneda mariposa” de hierro. Gabón. Pueblo Fang.

24.- Onganda bronce. República Democrática del Congo. Pueblos Jonga, Nkutshu y Mongo. 25 -29.- “Manillas de Birmingham” cobre-bronce de diferentes tamaños, desde las más pesadas, fig. 28, con más de un kilo de peso, hasta las más pequeñas, fig. 29, de unos 70 gramos. 30.- Onganda bronce. República Democrática del Congo. Pueblos Jonga, Nkutshu y Mongo. 31.- “Relieve de bronce” procedente de Benin Nigeria, representando un personaje portugués con una manilla. 

32.- “Lanza moneda” hierro. República Democrática del Congo. Curso inferior del río Lomami. Pueblo Mbole.

33.- Zappozap, Kasuyu. Hacha ceremonial en hierro, mango de madera forrada de cobre. República Democrática del Congo. Pueblo Nsapo.

34.- Lokongo, Guindja o “Moneda azada” hierro. República Democrática del Congo. Pueblo Ngabandi.

35.- Efamba, espada ritual de hierro. República Democrática del Congo. Pueblo Konda.

36.- “Cuchillo cabeza de pájaro” hierro. Gabón. Pueblo Pangwe o Fang.

37.- “Cuchillo ceremonial” hierro, cobre, madera. República Democrática del Congo. Pueblo Lokele.

38.- “Moneda azada” hierro. República Democrática del Congo. Pueblo Nkutshu.

39.- Guinze hierro. Nigeria. Pueblo Idoma.

40.- “Cuchillo ritual” hierro. República Democrática del Congo. Pueblo Bwaka.

41.- “Hacha ritual” hierro. Camerún. Pueblo Kirdi.

42.- “Lanza moneda” hierro. República Democrática del Congo. Pueblo Ngombe.

43.- “Punta de lanza” hierro. República Democrática del Congo.

44.- “Moneda azada”, lámina de hierro. República Democrática del Congo 45.- Losol o Tadji hierro. Camerún-Nigeria. Pueblo Fulani.

46.- “Placa de hierro” con apéndices. República Democrática del Congo. Región de Ubangui.

47.- “Lámina de hierro” con apéndices. República Democrática del Congo. Pueblo Banda.

48 y 49.- Shoka hierro. República Democrática del Congo. Pueblos Lokele y Olombo.

50.- Pur-pur, moneda azada de hierro. Nigeria.

51.- Buji o Dubil, barra de hierro. Liberia, Nigeria. 

52.- Eloundja, Ilonga, Gunga cobre, instrumento musical. República Democrática del Congo. Pueblos Nkutshu y Jonga.

53 y 54.- Kundja e Iwenga hierro. República Democrática del Congo. Pueblo Nkutshu.

55.- Mapuka, lámina de hierro con apéndices. República Democrática del CongoPueblo Mangbetu.

56.- “Serpiente” de hierro. Zaire, Burkina-Fasso. Pueblo Ngelima.

57.- Anyún, Aiju, Ozala o Umumu, “Monedas aguja” hierro. Nigeria.

58.- Peniques Kissi, Gitzi o Kilindi hierro. Liberia y Sierra Leona. Pueblo Kissi.

59.- Cruz de Katanga o Handa cobre. República Democrática del Congo. Regiónde Shaba. Pueblo Luba.

60.- ‘Hacha de guerra’ hierro y mango de madera. República Democrática del Congo.

61.- Mitako o “Moneda espiral” cobre. Nigeria, República Democrática del Congo.

62.- Bikie, lámina de hierro. Gabón, Camerún. Pueblo Fang.

63.- Sengese, cuchillo arrojadizo de hierro. Chad, Camerún. Pueblo Matakam.

64.- Boloko, Okanu o Konga cobre. República Democrática del Congo. Pueblo Nkutshu.

ALGUNOS BILLETES PRE INDEPENDENCIA anteriores a 1960

GENERALIDADES

Como hemos visto, generalmente se acepta que el primer objeto reconocido como moneda fue el ‘cauri’, esas valvas de un molusco originario del archipiélago de las Maldivas. Su nombre científico, Cypraea moneta, nos adelanta su carácter.

Es una pequeña concha que en algunos países africanos se siguió usando hasta hace no mucho tiempo. Su uso llegó a estar muy extendido, no sólo en África sino también en China, resto de Asia y América, e incluso se encontró en tumbas en Inglaterra, reconociéndosele por tanto como moneda primitiva, pues su utilización se remonta a unos 3.500 años antes de nuestra era.

Los chinos usaron monedas de hierro hacia el siglo IX a C., pero las reemplazaron por papel moneda, pues eran muy pesadas.

Otros elementos que también se utilizaron como monedas antes del uso de los metales fueron las barras de sal de donde viene el término salario, y que eran en aquellas épocas casi imprescindibles para la conservación de alimentos mediante la salación; también piezas de coral, barras de metales, trigo, e incluso animales como las vacas.

La gran riqueza artística de objetos para el trueque en las culturas y economías africanas, se basan en objetos tan variados como ágatas, caurís, cuentas de vidrio, lingotes, tejidos, armas, utensilios agrícolas o instrumentos musicales.

Los objetos creados para intercambio, monedas, son el referente de cada sociedad. En ellos apreciamos las bases de cada pueblo africano para delimitar sus creencias, cultura, autonomía, o su nivel técnico. Sin embargo, a pesar de que la moneda africana tradicional no responde a las formas occidentales a las que estamos acostumbrados, los más de doscientos tipos de piezas reconocidos, son objetos que han funcionado con los mismos fines que una moneda en cualquier otra parte del mundo.

A lo largo de la historia hombres y mujeres han utilizado distintos utensilios para realizar pagos, intercambios, donativos u ofrendas; estos objetos variaban en función de su propia tradición, pero tenían en común el hecho de que la comunidad que los empleaba les otorgaba un especial valor: económico, social o sagrado. Han existido otras formas de vender, comprar e intercambiar, distintas a las que hoy utilizamos pero que no son del todo ajenas a la idea de dar a un objeto que no sea una moneda, un valor económico o simbólico y usarlo como dinero.

Hoy es dinero una tarjeta de plástico, un cheque, o un abono para el autobús.

La moneda occidental se empezó a admitir para algunos pagos concretos en África a partir del siglo XVI, con la llegada de los comerciantes procedentes de Europa. Sin embargo las monedas tradicionales africanas eran las únicas que se reconocían para el comercio habitual. De hecho, las monedas tradicionales han estado en circulación hasta las primeras décadas del siglo XX, momento en el que fueron prohibidas por los colonizadores europeos. Tras la descolonización e independencia política, los países africanos acuñaron sus propias monedas y se adaptaron así al sistema monetario internacional.

Tradicionalmente los pueblos africanos emplearon como dinero, sal, cacao, conchas, así como tejidos, armas, herramientas, joyas, productos naturales o manufacturas a los que se les reconocía un valor por el propio material, pero también por su utilidad y por el simbolismo o significado que tenían dentro de cada sociedad. A ello se sumará con el tiempo un interés estético, derivado de la demanda del llamado mundo occidental, lo que los convierte además en objetos bellos y deseables que poco a poco adquirían más valor de intercambio y perdían a su vez el uso inicial para el que fueron creados.

Refinando sus formas, se aumentaba su valor.

La explicación se articula en grandes áreas que responden a la forma de cada

moneda. Una forma que viene determinada por el objeto del que proceden, un arma, un apero de labranza, un instrumento musical, o una joya. Hemos pretendido ofrecer una amplia visión de las monedas africanas tradicionales atendiendo a su forma, realzando la calidad estética de estas piezas, en muchos casos auténticas esculturas, y llamar la atención sobre su importancia en las tradiciones y economía africanas.

Aunque propios, estos textos técnicamente están basados, en informes de la Fundación Jiménez Arellano dependiente de la Universidad de Valladolid, Antonio José Molina Molina experto africanista misionero de los Padres Blancos, Miguel Ibáñez Artica, experto numismático y el equipo de A.T.A.

Gracias a todos

jj andreu

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LA MONEDA EN ÁFRICA

“Prácticamente todo lo manipulado por el hombre es útil para el trueque, pero no todo es moneda”.

Permitidme antes algunas consideraciones.

No sé en culturas de otros continentes, tampoco mucho de este. Pero si vemos cómo actúa la Naturaleza, no conozco ninguna especie animal donde no estén bien delimitados los roles de género.

Sólo la especie humana habla de igualdad, pero no creo que en cuanto a lo físico, sino en la capacidad del pensamiento.

Retomo, no conozco especie en que no se tengan claras las funciones, los roles de género. Y sí, sé de aquellos animales con capacidad de cambiar de género pero lo alteran a la par que su función.

Casi todas las especies forman matriarcados donde la hembra predominante decide. Los machos suelen vagar sueltos y acuden junto a las hembras llamados por el celo de estas, pero deben ganárselas cada cual a su manera.

La especie humana, se sabe que también actúo así.

Hablamos de la moneda, sea con el origen que sea los expertos dicen que la moneda más antigua conocida son unos aros de conus, especie de caracol, encontrados en excavaciones sumerias y datados sobre el 4.000 a.C. El conus es un caracol marino que muerto su molusco, gastada la concha por efecto del mar el viento y la arena, forman unos aros que podían encontrarse en las playas.

Tras estos y sí documentados figuran los caurís, un bivalvo que como el conus se da en el Indico y el Pacifico y cuya datación ya figura en documentos del 2.500 a.C. Arqueólogos y etnólogos concuerdan en que la especie humana vio en la forma del caurí una vulva femenina, de donde derivó a ser el primer objeto tenido como reverencial por el interior donde no se veían mucho, y cuando aparecieron en cierta cantidad evolucionó a moneda, por lo que hemos visto significaba, su pequeño tamaño y su fácil manejo y transporte.

En resumen y él porqué de esta introducción. El varón humano necesitaba de mujer para establecer su mundo, pero para acceder a ella debía compensar a su núcleo familiar, sus padres y clan. Y la evolución le llevó a compensar con algo más que preocuparse por ella, también porque lo consintieran los suyos, de ahí tener que pagar una ‘dote’ o contraprestación acordada y de ahí, si no el origen, que pudiera ser, sí la mayoria de las monedas, como vamos a ver.

Breve introducción a las monedas Africanas Tradicionales

Al conocer las monedas tradicionales africanas, nos daremos cuenta que se le debe dar al africano su cuota en la historia del sistema monetario y de la aparición del dinero y permitir que reivindique su lugar en él.

Comprenderemos así mejor a los pueblos que las utilizaron; pues la moneda es, en cierto sentido, reflejo de la sociedad que la crea, con sus creencias, costumbres, economía e incluso el desarrollo tecnológico de cada pueblo.

Nos daremos cuenta que lo que da valor a su moneda, no es tanto el ‘valor intrínseco’ del material con que está fabricada, sino su función como ‘símbolo del dinero’, y por ende de estatus, poder, función común ejercida siempre.

Pero el África Negra no surgió de la nada, el aislamiento mantenido en el tiempo, con el trasfondo del miedo a ‘lo negro’, pareciendo este impenetrable y peligroso, no fue generalizado ni supuso un inconveniente para algunos aguerridos aventureros, que siendo conscientes de tener a mano un tesoro, pretendieron ocultarlo, y nada mejor que mantener e incluso acrecentar la idea de lo tenebroso para sin duda poder ser sus únicos beneficiarios.

Pero veamos algunos ejemplos de cómo se desenvolvieron en el tiempo las gentes que allí habitaban, y que pasó cuando la codicia superó al miedo.

Representación del siglo XV a.C. en Karnak del viaje de la reina Hatshepsut a Punt

El misterio envuelve a Punt y su civilización, como a niguna otra en África. Los relatos históricos del reino datan del 2500 a.C., en que aparece en los registros egipcios como ‘Tierra de los Dioses‘ rica en ébano, oro, mirra y animales exóticos como simios y leopardos. Los mismos datos hablan de las imponentes caravanas y flotillas que lo egipcios enviaban con mercancías para intercambiar con Punt, sobre todo en la época en que reinaba Hatshepsut en el siglo XV a.C., sin embargo no consta en sus datos la ubicación donde se encontraba. Esta ubicación de tan legendario reino es tema de controversias entre arqueólogos y expertos, en que un grupo significativo se inclina por su existencia en el este africano, en algún punto de la costa del Mar Rojo.

En 2010, se optó, para ver si aportaba datos, que se analizara un babuino momificado que aparecía como regalo de Punt al faraón.

El equipo de expertos dictaminó, que el animal resultaba equiparable a los babuinos existentes en las actuales Etiopía y Eritrea, quedando la ubicación de la Tierra de Punt sumida aún en el desconocimiento.

Antigua ciudad de Meroe en la orilla este del Nilo en Sudán a 200 km de Jartúm. Yannick Tylle

Aunque eclipsado por sus vecinos egipcios del norte, el Reino de Kush se mantuvo como una potencia regional en África más de mil años. Este antiguo imperio nubio alcanzó su apogeo en el segundo milenio a.C., cuando gobernó una vasta franja de territorio a lo largo del Nilo en lo que ahora es Sudán.

Casi todo lo que se conoce de Kush proviene de fuentes egipcias, que indican que era un lucrativo centro económico cuyo mercado abastecía de marfil, incienso, hierro y sobre todo oro.

El reino era a la vez socio comercial y rival militar de Egipto, incluso lo gobernó durante la 25ª dinastía durante la que adoptó muchas de sus costumbres.

Los kushitas acabaron por adorar a algunos de los dioses egipcios, momificar a sus muertos y construir sus propias y singulares pirámides.

Alrededor de Meroe, la antigua capital kushita, perviven aún las ruinas de más de 200 pirámides, bastantes más que las que se encuentran en todo Egipto.

Haz y envés de una moneda de oro representando a Kaleb rey de Aksum. Este Reino del noreste de África que abarcaba la actual Etiopía, regiones fronterizas de Sudán, la mayor parte de Eritrea y parte de la costa occidental de la península arábiga, tuvo un importante papel comercial entre los siglos I d. C. y X d. C., participando activamente en los intercambios comerciales entre la India y el mediterráneo, sirviendo de punto de encuentro entre el subcontinente indio y el Imperio romano.

Durante el mismo período en que el Imperio Romano se levantó y cayó, el influyente Reino de Aksum marcó el destino sobre partes de lo que ahora son Eritrea y el norte de Etiopía. Sorprendentemente poco se sabe sobre los orígenes de Aksum, pero en los siglos II y III d.C. era un emporio comercial cuyo oro y marfil lo convirtieron en un vínculo vital entre la antigua Europa y el Lejano Oriente.

El reino tenía ya un código legislativo conocido como Ge’ez, uno de los primeros en emerger en África, y desarrolló un estilo arquitectónico distintivo que implicaba la construcción de enormes obeliscos de piedra, algunos de los cuales sobrepasaban los 30 m de altura.

En el siglo IV, Aksum se convirtió en uno de los primeros imperios en el mundo en adoptar el cristianismo, lo que condujo a una alianza política y militar con Bizancio. El imperio más tarde entró en declive en algún momento alrededor del siglo VII u VIII, pero su legado religioso todavía existe hoy en día en la forma de Tawahedo, la Iglesia Cristiana Etíope.

Mezquita de Djenné en Malí. Foto Florian Yubero Cañas

El Imperio de Malí se remonta a la primera década del 1200, cuando Sundiata Keita, un jefe tribal más conocido como el ‘Rey León’, lidera una revuelta contra el rey Sussu que atropellaba a su gente y uniendo a los suyos da pie al nuevo estado.

Bajo Keita y sus sucesores, el imperio ejerció su control sobre una gran parte de África Occidental apostando sobre todo por estimular el comercio.

Sus ciudades más importantes fueron Djenné y Tombuctú, ambas famosas por sus elaboradas mezquitas de adobe y el renombrado magisterio de sus escuelas islámicas. Una de esas instituciones, la Universidad Sankore de Tombuctú, incluía una biblioteca con unos 700.000 manuscritos.

El Imperio de Malí finalmente se desintegró en el siglo XVI, pero en su apogeo fue una de las joyas del continente africano y fue conocido en todo el mundo por la sabiduría de sus gentes y su riqueza y lujo.

Una historia legendaria sobre las riquezas del reino se detiene en el Mansa, emperador o rey de reyes, Musa Keita I, que hizo una escala en Egipto durante una peregrinación en el siglo XIV a La Meca. Según registraron fuentes de la época, el Mansa Musa derrochó tanto oro durante la visita que hizo que su valor se desplomara en los mercados egipcios durante varios años.

Tumba de Askia emperador de los Songhai en Gao, Mali. Por Louis Dafos

Por su gran tamaño, pocos estados de la historia africana pueden compararse con el Imperio Songhai. Formado en el siglo XV a partir de algunas de las antiguas regiones del Imperio de Malí, este reino de África Occidental era más grande que Europa Occidental y se extendía por una docena de las actuales naciones.

El imperio disfrutó de un dilatado período de prosperidad gracias a vigorosas políticas comerciales y a un sofisticado sistema burocrático que distribuía sus vastas posesiones en diferentes provincias, dirigidas estas por su propio gobernador. Alcanzó su cenit a principios del siglo XVI bajo el gobierno del fervoroso rey Muhammad I Askia, que conquistó nuevas tierras, llegando a forjar una alianza con el lejano califa musulmán de Egipto y estableciendo cientos de escuelas islámicas en el área de Tombuctú.

Aunque el Imperio Songhai fue una vez uno de los estados más poderosos del mundo, a finales del 1500 las luchas internas que desembocaron en una fratricida guerra civil se fue desmoronando, dejando el campo abonado para que el sultán de Marruecos mandara sus hombres conquistándolo.

El gran patio de cerramiento, Gran Zimbabue. Foto de Bill Raften para Getty Images

El Gran Zimbabue es uno de los monumentos más impresionantes en el África subsahariana. Es una imponente colección de rocas estratégicamente apiladas, y torres y muros defensivos de grandes piedras, adaptadas a sinuosas formas a partir de bloques de granito cortados. La ciudadela rocosa ha sido durante mucho tiempo objeto de mitos y leyendas, llegó a pensarse que fue residencia de la bíblica Reina de Saba, pero los historiadores ahora la conocen como la capital de un imperio autóctono que prosperó en la región entre los siglos XIII y XV. Este reino gobernó una gran parte de la actual Botswana, Zimbabue y Mozambique.

Era particularmente rica en ganado y metales preciosos, y se mantuvo en una ruta comercial que conectaba los campos de oro de la región con los puertos de la costa del Océano Indico. Aunque poco se sabe sobre su historia, los restos de objetos de cerámica china, vidrio árabe y textiles europeos, aventuran que ciertamente fue un centro mercantil bien conectado.

La ciudad fortaleza en el Gran Zimbabue fue misteriosamente abandonada en algún momento durante el siglo XV, después de que el reino entrara en declive, pero en su apogeo se estima que fue el hogar de más de 20.000 personas.

Evolución del Trueque

Cambiar huevos por miel o un conejo por un cesto entra dentro de lo coherente. Consiste en acordar con otro cambiar lo que sobra por lo que falta.

No hay lugar en el mundo en que dicha práctica no se llevara a cabo, de hecho la moneda no deja de ser el intercambio mediador del trueque, una inteligente forma, útil, pero sobre todo estimulante para el que produce o recolecta las monedas

Los expertos sitúan ese momento en que la moneda interactúa como tal en el s. XVIII, los economistas porque desde ese momento les es más fácil contabilizar qué por cuánto y los numismáticos porque dan pie a su dedicación.

Tan simples apreciaciones se deben a la percepción general de para qué la moneda, esa primitiva, que los antropólogos distinguen en apartados como ‘moneda primitiva’, ‘tradicional’, ‘premoneda’ o ‘paleomoneda’, entre otros, aunque cada vez más estos matices se tiende a reducirlos a ‘moneda económica’ y ‘premoneda’, advirtiendo además de que son meras acepciones sin una diferenciación clara.

Se conocen unos pequeños aros o anillos posiblemente encontrados a orillas del mar cuyo origen parece el desgaste lógico de conchas de gasterópodos.

Pero en este caso al haberlos encontrado en abundante cantidad en prospecciones arqueológicas en la antigua Mesopotamia, y haberlos datado en el IV milenio a. C., se apunta a que los sumerios pudieron haberlos utilizado con una capacidad monetaria, pudiendo ser las primeras en la Historia de la humanidad.

En donde no hay dudas, pues existe documento, es en la utilización del caurí como primera “moneda”, registrado en China a finales de la dinastía Xia, sobre el 2.200 a.C. Tras esta documentación se aportan otras demostrando que no hubo región del Planeta en que no se utilizaran diversas conchas como monedas. 

¿Y en África? Desde antes del s. XV a la llegada de los europeos, en el Reino del Kongo, ya utilizaban como moneda un pequeño caracolillo de la especie  Olivancillaria nana, lo que aunque mucho más tarde en 1811 documenta Lamarck, llegando a apuntar que lo denominan N’zimbu. También se documenta que utilizan anillos de conus, muy similares a los empleados en Melanesia, que como veremos fueron frecuentemente imitados por los traficantes europeos en materiales vítreos o cerámicos.

Sin duda la ‘moneda concha’ más importante en África, ha sido el caurí. De manera que ya en el siglo X los árabes los utilizaban en el comercio transahariano, siendo a la llegada de los europeos, que se registra y data la enorme cantidad de toneladas de pequeñas conchas que inundaron el continente africano.

          Los primeros comerciantes portugueses, llegaron a las costas de África Occidental en el s. XV y pronto aprendieron que los nativos rechazaban sus monedas convencionales, incluso las de oro, prefiriendo utilizar diversos objetos como manillas y cuencos de cobre y latón, tejidos o conchas. De esta forma, primero los portugueses, y más tarde holandeses e ingleses utilizaron masivamente estos elementos para comerciar con el africano.

Una de las monedas más empleadas, con la que se adquirió la mayor parte de los esclavos que fueron trasladados al continente americano, fue la concha de la especie Cypraea moneta Linnaeus 1758, denominada caurí.

Cypraea moneta Cypraea annulus

Jan Hogendorn y Marion Johnson, investigadores incansables, nos aportan una vasta documentación relativa al comercio de esclavos africanos, adquiridos con ‘monedas concha’ por los traficantes europeos.

El comercio requería en primer lugar acudir a las Maldivas, en el Índico al sur de la India, donde se encontraban y reproducían miríadas de estos bivalvos. 

Ya en el s. XVII y hasta finales del XIX, los caurís se transportaban a los puertos de Londres y Ámsterdam, donde eran subastados en sacos, siendo adquiridos por comerciantes ingleses, holandeses, portugueses, franceses e incluso daneses.

Los mismos barcos cargados con los mismos sacos de caurís, retornaban parte del camino en dirección a la costa africana para cambiar su paseada mercancía por esclavos. La precisa información de la carga, revela que durante el siglo XVII se introducían cada año más de 125.000 Kg. de estas pequeñas ‘monedas concha’.

La misma precisa documentación señala que mientras en 1520 un esclavo varón podía adquirirse con poco más de seis mil caurís, un siglo más tarde ya costaba más de diez mil y a finales del XVIII la cifra ascendía a más de 170.000. 

Finalizado el tráfico de esclavos tras la abolición en 1807, el caurí siguió utilizándose para el comercio del aceite de palma, de forma que sólo en 1836 se introdujeron más de doscientos mil kilos de conchas en el continente africano. Sin embargo el final de esta ‘moneda concha’ se produjo cuando hacia mediados del s. XIX, se incorporaron al comercio ingentes cantidades de una especie muy similar, Cypraea annulus Linnaeus 1758, abundante en Zanzíbar, en la costa oriental africana.

Como en esos mismos momentos ocurría en Norteamérica, con la industrialización del ‘wampum’, la entrada masiva de “moneda”, produjo una enorme inflación que desestabilizó el mercado y terminó con la propia moneda, el caurí en África y el ‘wampum’, un curioso cinturón de cordel ensartado con abalorios utilizado como moneda por pueblos amerindios, en Norteamérica. 

Mientras en la costa occidental africana la principal moneda era el caurí, en la oriental se utilizaba el Ndoro, un disco elaborado con la concha del molusco Conus virgo, Linnaeus 1758, o con los opérculos de las caracolas del género Turbo, a los que en el sur y centro, Namibia, Angola y sur del Congo llamaban Ekipa.

Pronto los portugueses adoptaron esta moneda para el comercio del oro, marfil y esclavos en la costa oriental africana, fabricando grandes cantidades de imitaciones cerámicas que introdujeron masivamente en todo el cono sur, desde Mozambique a Namibia, pasando por Zambia, Angola hasta el sur del Congo.

Incluso comerciantes de Castilla utilizaron estas conchas como moneda a finales del medievo, los primeros viajes documentados desde Cádiz y Sevilla a la costa de Guinea se remontan a 1453, participando marineros andaluces y vascos.

En 1474 se acopian grandes conchas en Canarias con las que se podían obtener veinte o treinta pesos de oro por pieza, dichas conchas se cotizaban en Sevilla a veinte reales de plata, debido a la gran demanda que había para el comercio africano. En abril de 1477 Fernando el Católico ordenó que una flotilla partiera hacia la costa de Mina en Guinea y uno de los principales elementos utilizados como moneda eran las conchas extraídas en Santiago, Canarias y Cabo Verde.

El 6 de febrero de 1477 Fernando el Católico nombró jefe de la flotilla a Juan Boscan. El florentino Francisco Bonaguisa y el catalán Berenguel Graner recibieron instrucciones precisas sobre los materiales que tenían que cargar en los barcos. En mayo de 1478 el gobernador de Canarias, Diego de Herrera, recibió la orden de abastecer de conchas a Bonaguisa y Graner, además de telas, cuencos de bronce, manillas, cuentas de vidrio y otros elementos. En verano de 1478 una flotilla de 35 carabelas partió de la costa andaluza para comerciar en la Costa de Oro, pero a su regreso fue interceptada por la flota portuguesa al mando de Jorge Correia y Mem Palha, capturando el cargamento de oro obtenido, que fue trasladado a Lisboa a finales del verano. Posteriormente y tras renunciar los Reyes Católicos a comerciar en la costa africana, los prisioneros fueron devueltos a Castilla por el príncipe Juan.


No obstante dicha promesa los castellanos se saltaron la imposición retornando de nuevo por las costas africanas en busca del codiciado metal, y así están documentados los viajes de las carabelas ‘La Bolondra’, ‘La Toca’, ‘La Galiota’ y ‘Sant Telmo’ entre 1479 y 1480. A finales de 1480 Diego Cao llevó a Portugal tres naves castellanas capturadas en la costa de Mina, aunque las naves castellanas continuaron su furtivo proceder en los sucesivos años, a pesar de las severas medidas impuestas por Alfonso V, de dar pena de muerte al extranjero que realizara comercio en la costa africana controlada por Portugal.

J.W. Blake, 1941: ofrece en los textos de su obra toda esta documentación sobre el comercio castellano por las costas de África desde 1453 a 1480.

Al igual que ocurriera con las manillas de cobre y latón, los primeros que introdujeron de forma masiva el comercio con caurís, fueron los portugueses durante los siglos XV y XVI, cuando disfrutaban del monopolio del comercio marítimo africano.

Historias y porqués aparte, veamos con más detenimiento las monedas en sí.

A lo largo de la historia de la humanidad, los diferentes pueblos se han servido de los más variados objetos y materiales, incluso animales y productos agrícolas, para pagar sus deudas nivelar sus trueques y realizar sus ofrendas religiosas, donativos y regalos.

Estos objetos variaban en función de las tradiciones de cada pueblo, pero tenían en común la significación dada por la comunidad humana que los usaba.

El símbolo de valor económico, social o sagrado, puede ser idéntico aunque los objetos sean diferentes: el hierro, el cobre, la plata y el oro, acuñados por nuestros pueblos, poseen el mismo símbolo que los objetos, animales y minerales utilizados por los ancestros de los africanos actuales.

Todos son denominados ‘dinero’, formas de pago.

Hoy utilizamos en los países más desarrollados, ya como moneda, iconos reconocibles en un móvil, papel, plástico o el bonobús; y lo son, aunque en desuso, cheques, tarjetas de crédito débito o ‘letras de cambio’.

África no era el mundo perdido.

Los pioneros navegantes portugueses, que perseguían llegar a la India circunnavegando África, llevaban quincallería, alcohol, armas obsoletas, objetos vistosos y baratos como espejos, y herramientas, para cambiar donde fuera. Y encuentran África y al africano, que ya utilizaba el trueque y tenía un sistema monetario que sorprende a aquellos portugueses no por el cómo, sino por el con qué, las inusuales formas de sus monedas. Sin entender el valor que en realidad, a parte de la forma, cada pueblo daba a lo que con otro nombre, era su ‘moneda’.

A partir del siglo XVI en el África Subsahariana, habiendo llegado interesados de media Europa ya, esas ‘monedas’ africanas conviven con las acuñadas en Portugal, España, Francia e Inglaterra, hasta la primera mitad del siglo XX.

A medida que se estableció el sistema colonial, los europeos generalizaron e impusieron la circulación de las monedas de sus propias metrópolis.

En las colonias subsaharianas fue desapareciendo el trueque. En lugar de cambiar un animal por cereal, los frutos del bosque por pescado o remedios vegetales por pieles, era más práctico ‘vender’ esa ‘mercancía’ y recibir su precio en ‘moneda’, lo que permitía acudir al ‘mercado’ a comprar lo necesario, sin tener que buscar la persona interesada por su producto.

A aquellos europeos no les interesaban sistemas, no era lo que buscaban y tenían claro qué valía allí de donde venían. Su obsesión era llenar sus barcos de oro y marfil, o al poco tiempo esclavos para América, eso era negocio, eso era dinero y eso, que duró unos tres siglos, empobreció el continente africano al privarle de la fuerza tesón e inteligencia de sus gentes.

Hemos visto que en los mercados, el pequeño comercio utilizaba como moneda de cambio unas pequeñas conchas, llamadas caurís, a las que en Brasil y parte de Suramérica llaman “buzios”, que en África también sirven a los adivinos para echar las suertes, según las figuras que formen los caurís al caer en el suelo al ser lanzados de una cierta manera.

Cuando hace más o menos medio siglo, los caurís dejaron de ser la moneda habitual, pasaron a servir como adornos de cinturones, brazaletes, calabazas musicales, maracas, pulseras o colgantes. Siempre recordando que son símbolo de prosperidad y riqueza: fueron dinero.

Una de las principales dificultades para incorporar la ‘premoneda’ y sus variables, radica en su multifuncionalidad. A diferencia de nuestra moneda occidental, que tiene una exclusiva función comercial, en las denominadas culturas primitivas la moneda puede presentar otras muchas funciones.

Al igual que ocurre en el resto de las especies vegetales y animales del Planeta, una de las principales relaciones específicas de la especie humana es la competencia, resuelta en muchos casos a través del enfrentamiento violento entre individuos de pueblos o etnias vecinas. Sin embargo, también a través de la cooperación pueden conseguirse sustanciales ventajas para la supervivencia y el progreso.

Para regularizar estas situaciones surgen costumbres como la “hospitalidad”, que fijaros como se parece fonéticamente a su opuesta: “hostilidad”, y en este contexto se crean objetos simbólicos, que sirven para realizar regalos y afianzar las relaciones entre pueblos vecinos.

En otros casos se utilizan para pagar una dote, “monedas de la novia” o para resarcir a los familiares de una víctima de muerte violenta, “dinero de sangre”, o simplemente contribuyen en rituales de origen ancestral que facilitan las relaciones y la interacción social.

Los países de cultura musulmana de África del Este y mediterránea, como Etiopía, Egipto, Libia, Túnez, Argelia y Marruecos conocían desde muy antiguo las monedas, introducidas por los fenicios, casi un milenio antes de nacer el Islam.

Cuando los ejércitos musulmanes invaden estos pueblos, encontraron monedas romanas y de Bizancio, además de beréberes y visigodas de Hispania: de cobre, bronce, plata y oro.

El ‘denarium’ dio origen a la palabra genérica ‘dinero’, que los árabes adoptaron algo modificado, bajo la forma de ‘dinar o ‘dirham’, aún hoy utilizado como base de muchos sistemas monetarios de países islámicos.

Hago alusión a esta parte de África, porque no es objeto de esta explicación.

Al abordar el estudio de la premoneda africana, lo podemos hacer desde una perspectiva antropológica, analizando su uso y su significado, o bien, tal como desarrollaremos seguidamente, podemos establecer una clasificación tipológica, en función de los materiales de que están fabricadas estas ‘monedas’.

Es en el Continente Africano, donde la numismática primitiva y el arte, a veces se fusionan de tal forma, que algunos de los objetos utilizados como moneda, pasarían a ojos de alguien no especializado, como auténticas obras de arte tribal.

Se han sugerido varios criterios para intentar ordenar y clasificar los numerosos objetos utilizados como moneda, siempre insuficientes.

Por este motivo presentamos dos categorías principales: en primer lugar aquellos que manipulados o no, tienen un origen “orgánico”, y en segundo lugar aquellos elementos u objetos premonetales de origen “mineral”.

Dentro del “orgánico”, diferenciaremos en primer lugar si su origen es vegetal o animal y posteriormente señalaremos los principales tipos en cada grupo.

Así por ejemplo, entre los de origen vegetal diferenciaremos: semillas comestibles o no, así como elementos de madera, rafia o algodón.

Entre los de origen animal, señalaremos el ganado, las conchas de moluscos, y o los elaborados con colmillos, cuernos o pelo.

Mayor complejidad presenta el apartado de premonedas de origen “mineral”, donde podemos encontrar desde elementos no elaborados en estado natural como la sal o el oro, como un sinfín de sofisticados y complejos utensilios con gran variedad de formas. Siguiendo el criterio de tomar como referencia la naturaleza química de los objetos, diferenciaremos entre objetos metálicos y no metálicos. Dentro de los no metálicos incluiremos la sal, las rocas y los materiales elaborados de origen mineral, como la pasta de vidrio y la cerámica.

El segundo grupo de elementos metálicos, es el más numeroso y representativo de la premoneda africana.

Siguiendo el criterio utilizado anteriormente podríamos separar entre materiales elaborados en hierro y otros fabricados en cobre o en alguna aleación derivada, latón o bronce.

Sin embargo, dada la complejidad y riqueza de objetos, hemos utilizado un criterio estético, es decir consideraremos grupos de objetos que tienen una misma función, o bien que recuerdan o se inspiran en determinados instrumentos o herramientas. Dicho lo cual, esto no deja de ser un criterio más, pues no siempre resulta fácil incluir a algunos objetos en una de las familias propuestas.

Los objetos fabricados en hierro, son seguramente, los más conocidos y representativos de la moneda subsahariana. 

Hasta no hace mucho, se creía que la industria del hierro en el África profunda, se había introducido a partir de Asia, a través de rutas de comercio desde Nubia o por el Sáhara. En la actualidad, las pruebas de termoluminiscencia y dataciones más precisa han permitido establecer la cronología de yacimientos arqueológicos en Nigeria, Tanzania y Camerún, datándolos en el 2.500 a.C.

De esta forma la siderurgia africana, se habría desarrollado a la par que en Asia y Oriente Medio, aunque parece que sin conexiones específicas, y siglos antes que su introducción en Europa.

Bajo estos conceptos, presentamos un esquema sobre la clasificación de la Premoneda Africana:

Materiales de origen orgánico

   – Vegetales

         – Semillas comestibles: cereales.

– Semillas no comestibles: semillas de Abrus precatorius: llamadas damba, o rati. Utilizándose en Nigeria y Camerún y regiones periféricas.

                   – Polvo o pasta de madera roja: túkula. En los Congo y aledaños.

                   – Paños de rafia o algodón: como el machira, tsulu, adinkra, lubongo, o shoowei de Gambia, Senegal, Ghana, Nigeria o Congo

– Animales

   – Conchas de moluscos.

– Discos de Conus: kibangwa. En Congo, Kenia, Uganda, Etiopía.

                    – Caurís: Cypraea moneta y C. annulus; simbos: Olivella nana.

                    – Dientes de hipopótamo, tallados o como abalorio.

                    – Colmillos y cuernos: de elefante, hipopótamo, en aros, cuernos de rinoceronte.

                    – Pelos de la cola: de elefante o jirafa.

– Ganado.

                    – Esclavos.

Materiales de origen mineral

   – No metálicos

                      – Sal: amolé. Usada en Sierra Leona, Malí, Nigeria, Camerún, Congo, Sudán, Etiopía.

                      – Cerámica, ágata y vidrio: cuentas de collar aggry.

                      – Discos de cuarcita perforados: sokpé, piedras de Togo. Utilizados en Sierra Leona, Ghana, Togo, Benín y Nigeria.

   – Metálicos

                      – Tobilleras: diako, ambi, ebuke, batakataka, konga. Que utilizan en Malí, Burkina Faso, Costa de Marfil, Togo, Ghana, Congo etc..

     – Brazaletes, de origen árabe y usados en todas partes.

                      – Pulseras: onganda. En ambos Congo, Angola y aledaños.

                      – Manillas: popo, mkporo, abi, ejema, onoudu, okombo, usadas y así llamadas sobre todo en África occidental.

                      – Cruces de Katanga: handa. Usadas en los Congo, Zambia, Zimbabwe y Mozambique.

                      – Lingotes: losol, tajere de hierro, en Nigeria y países relacionados. Lerale de cobre, en Sudáfrica y entorno.

  – Cruces de plata o metal. Etiopía.

– Hierro

– Espirales: minkata, mitako. En los Congo, Angola y limítrofes.

                      – Azadas, como símbolo de terreno propio: bokona, ensuna, hashshash, iwenga, jembe, khasu, lokongo, munesia, purr purr, sakania, shoka. Usadas en Burkina, Nigeria, Camerún, Congo, Uganda, etc.

                      – Gongs y cencerros: elojundja, ilonga, gunga. En los Congo, etc.

– Puntas de flecha: m’bili ngbaka. En R.D. del Congo y R. Centroafricana  Zong, mandjang, bitchie en los Congo y aledaños.

                      – Martillos: ensuba o maza Potato. Desde Costa de Marfil a Camerún.

                      – Varillas: boloko en forma de U de cobre, y rectas mukuba en Congo. Buji de hierro en Liberia. Gitzi o peniques Kissi de hierro en Liberia y Sierra Leona.

                      – Forma de lanza: bikie en Camerún, ikonga en Congo. Liganda, ngbele, doa, dibunga. En los Congo y países aledaños.

                      – Armas arrojadizas o cuchillos: pinga, ngwolo, moko-ndo, za, oshele, kul, peniques Ogoja. En Gabón los Congo, Angola etc..

                      – Armas Ceremoniales: mbulu o cuchillo de ejecución Ngala, ikul, ikula, trombasc, ntosoko o cabeza de pájaro. Gabón los Congo, Sudán etc

                       – Hachas ceremoniales: zappozap, kasuyu. Ambos Congo.

– Hachas arrojadizas. En Camerún y aledaños.

– Oro        

– Figuritas metálicas: Contrapesos de oro Akan, Costa de Marfil, Ghana, Togo y Benín o  ranitas de bronce  de Camerún.

                       – Polvo de Oro. Pueblos Akan. Benín, Ghana, Togo, Costa de Marfil.

EJEMPLOS DE MONEDA AFRICANA

– Origen orgánico.

Yam y Kroo

Cereales, frutos y tubérculos principalmente, han sido empleados frecuentemente como moneda, en todos los rincones del mundo y aunque menos documentado, también en África. El yam o ñame, era usado como moneda entre los pueblos del delta del Níger, así como el aceite de palma, esencial en el siglo XIX y muy comercializado aún en día y a cuya medida denominaban “kroo” nombre de origen ghanés pero extendido en el continente.

N’Dé Semillas del Abrus Precatorius

Más conocidas son algunas semillas como las denominadas N’Dé, “ojos de cangrejo”, producidas por el árbol de la familia de las leguminosas, Abrus precatorius, de reducido tamaño y colorido y hermoso aspecto, y utilizadas por numerosos pueblos, como adorno, abalorio, medida de peso y moneda. En el siglo XIX, cien de estas pequeñas semillas equivalían a un penique dándose la circunstancia de que a pesar de su vistoso color, poseen una proteína muy venenosa denominada ‘abrina’, y la ingestión de una sola de estas semillas  puede llegar a ser mortal.

Abrus precatorius versus Oro:

Unos escritos de Samuel Brun en el siglo XVII prueban que los Akan fijaban las modalidades monetarias para el comercio que realizaban con los europeos.

En ellos se indica que los europeos cambiaban sus mercancías contra el bono de oro o sika nfutuo, establecido; que las pequeñas cantidades de polvo de oro las llamaban gagara y se pesaban con la stroma nombre dado a unas bandejas preestablecidas y el damba, simientes en grano o N’Dé, del árbol abrus precatorius

Granos de N´Dé en la palma de una mano y un arbusto de Abrus precatorius

Túkula

Muy utilizado por sus componentes místicos, tiene el color de la sangre, aún lo utilizan para propiciar la conexión con el más allá, y de ahí su contravalor; era y es el polvo o pasta de madera roja del árbol del irosun, Baphia nítida, que se da sobre todo en la actual Angola y cuya dureza, modo de extracción, secado y pulverizado resultaba muy costoso; polvo al que ellos denominan túkula y con el que fabricaban unas tabletas con dibujos geométricos estampados en su superficie. En polvo, un puñado de polvo de túkula equivalía a un puñado de oro en polvo. Como moneda en el Congo, sirvió como sustitución de los muy famosos paños de rafia que llamaban Shoowei, que hacían los Shoowa un clan del pueblo Kuba que se especializaron convirtiéndose en los que mejor y más bellos producían, y que ahora son conocidos como “terciopelo del Kasai”.

Terciopelo del Kasai

Los tejidos Shoowei, conocidos como terciopelo del Kasai, eran realizados por los pueblos Kuba, básicamente por los integrantes del clan Shoowa, y que servían en principio como tapiz para el asiento del rey. Se realizaba sobre una base entretejida de fibra muy fina, recogida del interior de ciertas palmeras jóvenes.

Se secaban al sol y luego se cortaban en tiras de 2 mm a lo que ahora se conoce como rafia; a continuación los hombres realizaban la base y luego las mujeres, era valor añadido si estaban embarazadas, insertaban sobre él las finas tiras coloreadas, con las que realizaban bellos ornamentos que podían ocupar hasta un año para su realización final. El valor era por tanto determinado por la belleza y calidad de la labor realizada; eran por ello muy apreciados como moneda de cambio o como valiosos regalos.

Eran uno de los  elementos más empleados como moneda en gran parte del África central, pues su valor provenía de que en su primera utilización, servían de cubreasiento de los reyes Kuba; eran cuadrados de unos 40 cm. de lado, que dependiendo del tamaño y la zona se conocían como Tsulu, Nta o Etoho. El conjunto de 30 Tsulu, constituían un Nta, cantidad suficiente de paños, para que unidos, formaran una manta capaz de cubrir a un difunto. Un Tsulu, elaborado con fibras de palmera, se llevaba un día de trabajo, y mientras lo producían, las mujeres tejedoras cantaban determinadas canciones que recordaban el mito fundacional. Con 8 o 10 piezas podía adquirirse un cuchillo, y con un Nta se podía comprar una pipa o un brazalete.

Estos paños de rafia recibían el nombre de Macuta en la zona colonizada por los portugueses, y por este motivo, la moneda que se acuñó en Angola entre los siglos XVIII y XX recibió también el nombre de Macuta, con la que se sustituyó a los antiguos tejidos de rafia usados como moneda.

Además de esos pequeños tapices utilizados como monedas, se realizaban largos tejidos de hasta ocho metros que eran usados alrededor de la cintura tanto por hombres como mujeres muy significados. Los realizados para hombres eran llamados Mapel y los de la mujer Ntshak. Dependiendo la delicadeza de su trabajo o si llevaban insertos abalorios o sobre todo caurís, su trueque o contravalor podía ser muy importante.

Los paños de algodón tejidos como los Adrinka, más pequeños que los mortuorios y con estampados circulares, llamados Machiras o Gabagas que al mercado se llevaban como pequeñas faldas, fueron también muy populares como medio de pago desde Ghana, Benín y Nigeria y por lo mismo con los pueblos que se relacionaban.

a b a: Foto donde vemos cómo una mujer va entretejiendo sobre el soporte previo el patrón escogido, mientras una persona con Mapel o Ntshak, aunque me parece un varón, observa. b: Mujer que parece estar ‘remallando su tapete.

c d

c: No sé si este es el sitio para situar esta foto. La escara de su espalda es claramente atribuible a los pueblos Kongo y posiblemente Yombe; se realizaba a mujeres de alto estatus. Su falda no lleva los pliegues de las Kuba ni tiene que ver tampoco con sus patrones, pues se ve lisa. Y si hablamos de trueques algo muy caro le ha costado a ella, pues le han cortado su mano derecha, algo que se realizaba en época de Leopoldo II, por tan solo el hecho de castigarla a ella o al varón más cercano, que no hubiera realizado el trabajo exigido. d: Curiosa foto con efecto espejo de dos muchachas cuyo pie dice literalmente ‘Jóvenes chicas Mayumbe’, Yombé diríamos ahora, refiriéndonos a este pueblo al que se asimila con los Kongo. Llevan como faldas paños de ‘estilo’ Shoowei

Origen animal

Entre las premonedas de origen animal, podemos señalar el ganado, no olvidemos que el término “ganado” recibe ese nombre porque se ganaba tras una pelea o era el tributo con el que se pagaba al vencedor tras una guerra. No es preciso recordar el papel que tradicionalmente ha tenido el ganado como unidad de valor y de cambio, baste recordar los términos de ‘pecunia’ del latín pecus, ganado o rebaño, y ‘capital’ de cápita, cabeza, que siendo lenguaje cotidiano, hacen referencia a este origen, y aunque en la actualidad nos puede parecer una barbaridad, también los esclavos fueron utilizados como tal moneda y unidad de valor. Ya P. Enzing  había señalado en 1949 el papel de los esclavos como moneda de cambio, y más recientemente los trabajos del Prof. Hongendorn muestran la utilización de esclavos como moneda en el califato de Sokoto, Nigeria, hasta finales del siglo XIX.

Bilbo S. XV Constitution National Center

En el tráfico de esclavos africanos, se utilizaban unas barras de hierro con grilletes, denominadas Bilbos, debido a que se fabricaban en Vizcaya, Bilbao. Estos instrumentos aparecen frecuentemente citados en obras literarias de la época, por entre otros, Cervantes, Shakespeare, Cooper…, y algunos ejemplares se conservan como recuerdo en instituciones como la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos o la Torre de Londres.

Bilbo S. XVII Constitution National Center

Encontramos también diversas conchas utilizadas como dinero, los vistosos ejemplares del género Conus, el Conus Imperialis o el Conus Papilionaceus, fueron utilizados como ornamento y moneda así como las pequeñas conchas de Olivancillaria nana, utilizada por los portugueses desde el siglo XVI.

Ya en 1575, 10 uds, equivalían a 1 real portugués

Conus enteros, o seccionada la parte superior formando un disco, fue una importante moneda en el centro este africano.

Recordemos que el Kongo fue el primer reino africano convertido al cristianismo bajo influencia portuguesa en el siglo XVI. Estos aceptan por tanto esta concha como moneda, basándose en esta equivalencia:

1.000 uds de Oliva Nana a la que correspondían 100 reales y que llamaban Funda

10.000 uds. o 1.000 reales eran Lufuk

20.000 uds. o 2.000 reales eran Cofo

Unitariamente denominadas nzimbu ó simbos fueron usadas en el Congo hasta 1621, estableciéndose múltiplos como el Lukufu que equivalía a 10.000 conchas o nzimbús, o el makufu tatu a 30.000, valor a su vez de un esclavo varón.

Sin embargo, la especie de concha más utilizada y conocida es el caurí, Cypraea moneta y después la especie Cypraea annulus, importada por los europeos durante varios siglos para adquirir esclavos en la costa occidental africana.

Los denominados “dientes de hipopótamo”, son en realidad trozos de conchas recortadas utilizadas como moneda en Nigeria y Costa de Marfil. 

En sánscrito Kaurí y con nombre científico, cypraea moneta, es un molusco gasterópodo de la misma familia y con la misma utilidad como moneda, que el Conus Imperialis o el Conus Papilionaceus.

Básicamente originario del archipiélago de las Maldivas y por tanto camino de los continentes asiático y africano. No era por tanto extraño encontrarlo como moneda de cambio tanto por los colonizadores franceses como posteriormente por los ingleses en la India durante el siglo XVIII, e incluso en los tesoros de las tumbas egipcias de los faraones del 3000 a.C., descubiertas en 1960.

Parece que en origen eran utilizadas como amuleto propiciatorio de fecundidad, observemos que tiene forma de vulva femenina, contra la esterilidad, sinónimo de abundancia y por tanto símbolo de prosperidad y posible origen por esta causa de la moneda como tal.

Los colonos utilizaban un baremo equivalente a dos docenas y media, 32 uds. De estos caurís al que denominaban “rotl”

La equivalencia comercial era entre los siglos XVIII-XIX, para una vaca 2.500 uds.

Una cabra 500 uds.

Una gallina 25 uds.

   marfil

Por la dificultad de conseguirlos, su dureza y flexibilidad y por tanto su versatilidad, también se utilizaban como moneda diversos aros realizados en marfil, bien de colmillos de elefante como de cuernos de rinoceronte, así como pelos de la cola de la jirafa o del elefante.            

De origen mineral no metálico.

Dentro de las piezas de origen mineral, podemos considerar por una parte las elaboradas con productos no metálicos, como la sal, rocas o materiales de cerámica y vidrio, y el grupo de objetos metálicos que constituye el conjunto más numeroso y diversificado de la premoneda africana.

La sal ha sido utilizada como medio de pago durante siglos a través de la historia.

La palabra castellana “salario” deriva de la costumbre romana de abonar a los legionarios parte de su sueldo en sal, que era imprescindible hasta casi entrada la época industrial para preservar la comida, y que hasta tiempos muy recientes, y aún, se ha utilizado como moneda en Etiopía, en forma de barras de unos 800 gramos de peso denominadas amolé. Como la sal es muy frágil, dichas barras se protegían para su transporte y uso cotidiano como moneda de cambio, con fundas de algodón, hojas de palmera o mimbre.

Desde la antigüedad se ha conseguido sal por cuatro sistemas bien diferenciados, la sal gema o mineral, la sal marina, la obtenida a partir del lixiviado de rocas y suelos salinos, y por último, la sal producida lejos de la costa, en África central, que es la más costosa de elaborar y requiere de sofisticadas técnicas, como la producida a partir de las cenizas de determinados vegetales o incluso de la orina del ganado.

En ciertas zonas con doce bolsas de sal, unos 10 kilos, se ‘compraba ‘ una novia.

Cortando y limpiando lascas de sal en el Danakil, Etiopía

Sokpè

Sokpè, es en traducción literal “piedra del rayo”, se usaban en la actual zona de Ghana, Togo, Benín y gran parte de Nigeria. La peculiar relación en esa zona de África con los meteoritos, hace pensar que al principio de ellos provenían.

Según las leyendas africanas de los pueblos de la zona, de una u otra manera se explica que caían del cielo con los rayos y aparecían con el trueno, por lo que además las usaban como talismanes con poder curativo.

Sokpe

Los que se conocen son de cuarzo planos y redondeados de entre 3 y 10 cms de diámetro, agujereados en el centro, por lo que puede ser que como otros que se verán más adelante se utilizaran colgados como collares, sujetos a algún tipo de red que permitiera se hundiera atrapando a algún pez o como contrapeso en los telares. Como monedas ya eran utilizadas desde el periodo precolonial. Se sabe que también eran utilizadas de igual modo en otros continentes.

Sokpès como contrapeso

La leyenda Yoruba cuenta que…. Descubrió el signo Okana Meji y prescribió a Shango un sacrificio, consistente en recoger doscientas una Sokpè o piedras del rayo, que se debían ofrendar en determinados y concretos ritos.

Konguda

Al igual que las sokpè, usaban un jaspe al que llamaban konguda, o ‘huevos de cocodrilo’, pues eso parecen, una vez horadadas, parece que en origen servían de contrapeso para las redes de pesca, pero dada su rareza y peculiar colorido y veteado, pasaron primero a ser colgantes de prestigio y posteriormente a monedas de gran valor.

Konguda

Cristal Africano

Corr, es una pasta de cristal conocida como ‘oro rojo’, que extienden por el continente los portugueses desde 1480 y que pasando a Europa, comienza a producirse tanto en Holanda como en Venecia para utilizarlo como moneda de compraventa de materias básicas en el continente africano.

No olvidemos el trasunto de Nerón con la incursión de sus legiones en territorio Nubio*, para hacerse con el control minero de lo que creían yacimientos, de donde supuestamente se sacaban los abalorios de material cristalizado que portaban los esclavos africanos cautivos en esa época y que alcanzaban desorbitados precios entre la nobleza romana. Este conocimiento que aprenden aquellos romanos del siglo II, sobre la tecnología de cristalización y coloración del sílice por los africanos, es la que trasladada a la península de Itálica, da pie a montar fábricas de dichos collares moneda y a posteriori de los hermosos cristales venecianos o de Murano. * En esa época África era también llamada Nubia

Chevrón Collar de perlas de chevrón  

No está o tengo yo muy claro el origen de este término claramente de origen romance, y utilizado con b o v indistintamente, en las lenguas que lo componen como el francés y las distintas españolas. Usado principalmente en heráldica se refiere a un formato específico de escudo, como un patrón que semeja una V invertida. Las llamadas Perlas de Chevron , tal vez por los picos que muestran sus dibujos similares a estrellas, son objetos de colección muy popular y todavía siguen siendo muy valoradas en nuestros días en el África occidental, donde continúan siendo usados con fines ceremoniales y prueba de prestigio, ocasionalmente también y cuando el personaje es alguien de mucho estatus, suele ser enterrado con estos collares, con los que se supone que paga el buen transito al otro lado.

Aunque de origen africano, a partir del siglo XV empiezan a ser fabricadas en vidrio en Italia. Las conocidas como Perlas de Chevron son cuentas de vidrio especial, fabricado originalmente para el comercio en el Nuevo Mundo, ya Colón transportaba algunas para intercambiar con los nativos americanos, y eran moneda de pago en la trata de esclavos en África.

Se componen de varias capas consecutivas de vidrio de color, entre 4 y 7 capas. El núcleo inicial se forma en un molde en forma de estrella, y puede llegar a tener entre cinco y quince puntas. La siguiente capa de vidrio se ajusta a esa forma de estrella. Después de que se han aplicado todas las capas, el vidrio en caliente se estira hasta el espesor deseado y cuando se enfría, se corta en segmentos cortos que muestran el patrón de estrella resultante en sus extremos. Dichos extremos pueden aparecer lijados mostrando así el patrón de Chevron lo que demostraba su finura y por lo mismo su valor. Las llamadas perlas de Chevron, tradicionalmente se componen de capas rojas, azules y blancas, pero las piezas mas modernas se pueden encontrar en cualquier combinación de colores. Las originales hechas para el comercio con el Nuevo Mundo y en África se componen típicamente de capas de verde, blanco, azul y rojo.

Millefiori Millefiori

Es un término de origen italiano cuyo significado sería ‘miles de flores’.

Tal vez porque en el dibujo que se aprecia en cada cuenta, se podrían llegar a contar semejante número de flores.

Son también conocidas como ‘perlas de esclavos’, y menos común pero usado a menudo ‘cuentas de comercio’.

Son pequeños trozos de vidrio con motivos que semejan un minúsculo o lejano campo de flores, que fueron utilizados desde el siglo XVI al XX, como moneda para el intercambio de bienes, servicios o esclavos, de ahí el nombre.

De origen africano también se copian en Italia con el objetivo de ganar dinero en el intercambio, como no, y facilitar el paso a los exploradores primero y a los comerciantes europeos después a través de toda África, estas cuentas se hicieron en toda Europa, aunque los venecianos dominaron la producción.

Estas cuentas comerciales también se encuentran en los Estados Unidos y Canadá, y en toda América Latina. La producción de cuentas de esclavos, o de comercio, se hizo tan popular que, literalmente, toneladas de estas cuentas se utilizaron para este propósito. Incluso llegaron a ser utilizadas como lastre en los barcos de esclavos y comerciales a la ida, intercambiándose por carga humana a la vuelta junto a otros artículos para comerciar, así como por marfil, oro u otros bienes deseados en Europa y en todo el mundo.

Las cuentas no eran objeto de comercio en sí, pero se producían de acuerdo a la demanda. Las llamadas de las mil flores, Millefiori como son conocidas en su acepción italianizada, o las Perlas de Venecia, pues Italia fue el país donde se fabricaron ya industrialmente con mayor maestría, eran producidas recreando unos pequeños dibujos de flores de estilo muy naif, sobre forma de cañas fundidas en sílice coloreado hasta su vitrificación. Luego de moldeadas se cortaban en trozos de entre 5 a 7 cms.

Kiffa

Cuentas como las perlas de Kiffa originarias de Mauritania pero imitando la apariencia de las cuentas de millefiori y creadas por las mujeres a partir de vidrio en polvo, por su delicadeza no exenta de belleza, han adquirido un valor propio por su peculiaridad.

El éxito de esta forma de moneda se puede atribuir al alto valor intrínseco que los pueblos africanos otorgaban a sus artículos decorativos. Los africanos daban, y aún aprecian, un valor monetario a las cuentas de vidrio, denominándolas y utilizando como moneda o ‘dinero de África’, y el almacenamiento de la riqueza y el estatus social puede determinarse fácilmente por la calidad, la cantidad y el estilo de joyas usadas.

Esto creó en África una gran demanda de ‘cuentas de comercio’.  

Piedras duras

cornalina

El africano, como casi la totalidad de pueblos antiguos, otorgaban a las piedras en función de lo que les trasmitían determinadas propiedades. Caramba es como si hubiera ido a la tienda esotérica de la plaza, o le hubiera preguntado al de los minerales de la esquina. Pues efectivamente, la cornalina, el ágata, jaspe u otras piedras duras o semipreciosas se asumía con un carácter incluso místico o cosmológico fueron talladas y pulidas entre otros por los Baule de Costa de Marfil y utilizadas y copiadas por pueblos limítrofes, que las utilizaban a su vez como valiosas monedas en pagos de cuantía de importancia. Curiosamente estas cuentas también se utilizaban en lugares tan remotos como Bohemia, la India o el Sáhara. 

Aigry

Entre los muchos abalorios que se producían en África, unos muy valorados eran los compuestos con ciertas piedras azules que se encontraban en el este del Delta del Niger, por su vistosidad y rareza resultaron entre los más cotizados, a las piedras las llamaban Aigry. Advertir que nada tienen que ver con el lapislázuli.

Otros elementos muy populares, utilizados como moneda en África son las cuentas de collar de distinta naturaleza. Si bien en algunos casos están realizadas con elementos naturales como caurís o conchas diversas, coral, madera, coco, o incluso p.v.c. que por lo inusual adquirió en el sureste un importante valor; las más frecuentes son de minerales de vistosos colores o de pasta de vidrio.

Originalmente las cuentas de ágata azul utilizadas como moneda denominadas Aigry, fueron sustituidas paulatinamente por los comerciantes europeos, especialmente los venecianos y holandeses, que se pusieron a fabricar cuentas de vidrio imitando a las Aigry naturales, con lo cual podían adquirir ventajosamente muchos productos. De esta forma, tal como ocurrió en muchos otros casos, por ejemplo con los cauríes y con los brazaletes o manillas, se produjo una importante inflación ante la masiva entrada en el continente africano de ingentes cantidades de cuentas de collar manufacturadas en Europa. Es tal la riqueza y diversidad de dichas cuentas de collar, que incluso se organizan congresos internacionales y existen revistas especializadas sobre este tema.

Origen metálico

Dentro de la premoneda africana, el grupo más numeroso y diversificado está constituido por una serie de variados objetos metálicos, entre los que podríamos establecer cuatro familias principales: 1º armas, 2º adornos, 3º utensilios como azadas y cencerros y 4º varillas o lingotes.

Frecuentemente se produce una sinécdoque, es decir, los utensilios necesarios para la vida cotidiana como instrumentos agrícolas, armas de caza, etc. acaban representando el valor del trabajo realizado con ellos, convirtiéndose de esta forma en “moneda”. En un segundo proceso de sinécdoque, estos instrumentos se transforman, pierden su función original, y quedan reducidos a monedas única y exclusivamente.

Metales

Es raro encontrar armas de bronce o latón, estas se realizaban en hierro que es para ellos un metal con más poderes místicos, que protegían del muerto a su homicida. Permitidme por tanto que veamos antes el metal, entendiendo esto como los que necesitan de fundición y aleaciones, como el latón, cobre y bronce, e incluso cinc o aluminio, lo que no necesita el hierro.

De los abalorios metálicos, eran los más comunes aquellos que sirviendo a su vez de monedas, lo que aquí tratamos, pudieran llevarse encima, pero dejando libres las manos. Eran por tanto aros metálicos de distintas formas y envergaduras que se adaptaran a brazos, normalmente pulseras, o piernas, tobilleras por lo general.

Arriba y aquí personas Mbole con sus monedas

En el Congo antes Zaire, las mujeres ricas de los pueblos Mbole o Jonga del grupo cultural Mongo utilizaban unas pesadas y grandes tobilleras de bronce que al principio y en algunos círculos denominaban “konga”, cuya utilidad real era la de moneda.

Pueblos Ekonda o Kutu del grupo Mbongo, también en el Congo, fabricaban también otro tipo de tobilleras, en este caso con un exclusivo uso monetal, formadas por grandes anillos esféricos de cobre cuyo diámetro variaba entre los 18 y 35 cm., y que reciben diferentes nombres y valor según su tamaño; “diako” son los aros pequeños; “ambi”, los medianos; “ebuke”los grandes; y “batakataka” los muy grandes.

            Ebuke de los Ekonda Mbongo o Kutu

Manillas

El africano no puede, como el resto del mundo tribal, acarrear nada en las manos dado lo abrupto de los terrenos por donde se desenvuelve. Necesita llevar las manos lo más libres posibles, por lo que lleva colgado o sujeto al cuerpo todo aquello que cree necesitar. Entre ellos el dinero o sus monedas de cambio; por eso todo lo que a nosotros nos parecen adornos o abalorios, e incluso armas, no dejan de ser sus monedas, como pendientes, collares, brazaletes, manillas, tobilleras, o aparentes y aparatosas armas, por ejemplo.

Todo ello, sobre todo en al zona de influencia del valle del Níger, son monedas. a b

a: Estas son las llamadas King, de procedencia nigeriana y recogida en la región de Biafra, se utilizó sobre todo para comerciar con esclavos. Se difundió sobre todo por todos los países costeros desde Guinea Konakri a Costa de Marfíl, Ghana, Togo, Benín, Burkina, Nigeria y Gabón.

b: Este otro tipo, de carácter comercial, como moneda el más difundido y de origen Nigeria, fue el más reproducido en Europa. Curiosamente, en un principio quisieron que tuvieran una alusión a los pueblos más importantes atribuyendo esta a los Igbo e Ibibio.

c: Este otro tipo con ligeras variantes a los Yoruba , Edo, Bini y Fon. Y por último…

d: Estas a los Igala, Tiv y Jukun. Aunque parece ser que ninguno de ellos las distinguían.

Su difusión se extendía por Nigeria, Niger, Benín, Togo y Burkina Faso principalmente.

c d

La manilla, por su simpleza, fue de las primeras ‘monedas’ en circular.

Era tal la influencia económica que se movía alrededor de este sistema de cambio, que los portugueses, primeros europeos que llegan al continente africano en el transcurso del siglo XVI, adaptándose a las costumbres y normas de cada región africana, distribuyen estas manillas que ya en ese mismo siglo XVI se fabrican en Inglaterra, gran aliado de Portugal, eso sí, copiando miméticamente el estilo y con el metal proveniente de la zona.

Dogón, Malí. Latón. 1.130 gr. 10,9 cm diámetro Nigeria. Cobre 1.250 gr. 15 cm diámetro

Naanen 1993 indica que : “Entre 1504 y 1507, en la factoría de San Jorge da Mina, en la costa de Sama, cerca del río Níger, se llegaron a importar más de 280.000 manillas para el comercio con los nativos. La función de las ‘manillas’ europeas era similar a la de los caurís, constituían un tipo de moneda bien aceptado por los africanos, si bien en la época del comercio de esclavos, las importaciones de cobre o bronce no llegaron a superar las 500 toneladas anuales. En 1902 se prohibió la importación de manillas en Nigeria y en abril de 1949 se prohibió su uso como moneda, permitiéndose a cada familia conservar un máximo de 200 ejemplares con fines ceremoniales. De esta forma fueron desmonetizadas, retirándose de la circulación más de treinta y dos millones y medio de piezas”.

Sea como fuere, con ellas inundan África y sus mercados llegando a tal punto que en la 1ª gran guerra, con estas monedas, Inglaterra, que estaba asentada sobre enormes recursos de materias primas en la actual Nigeria, paga con dichas manillas esos recursos, mientras que Alemania, instalada sobre los abruptos terrenos de la zona norte de Camerún, es incapaz de sacar partido; esto según los expertos, decantó en gran manera el desenlace del conflicto.

En la 2º Guerra Mundial, se desarrollan los tremendos y épicos combates entre Erwin Rommel por Alemania y Bernard Montgomery por Inglaterra, en la zona norte y la desértica del actual Sudán, mientras que en los países negroafricanos de centro y sur África se atenían a una entente cordiale, dado que ambos bandos necesitaban no estorbarse, para poder saquear las materias primas, metales y minerales, necesarios para suministrar a las fabricas, dado que la guerra en Europa, imposibilitaba la extracción de ni tan siquiera una piedra de carbón.

Citan historiadores, que el bombardeo que sufre Londres en la 2ª guerra mundial con las famosas V1 y V2 sobre Londres, tenían como intención el destruir y parece que lo consiguen, la fábrica de estas manillas monedas, instalada parece ser en Birmingham, para cortar el suministro de esas materias primas procedente de África, mas que destruir en sí Londres.

Del intercambio de esas manillas llegadas de Inglaterra que se hace en la década de los 90, Inglaterra recopila como hemos visto 32.500.000 de uds., que intercambia y sustituye por la libra esterlina en papel moneda.

Desde el siglo XV hasta el siglo XX y a lo largo de toda la costa de Guinea con sus países adyacentes, estas pulseras como formato, se utilizaron como moneda o dinero. Estaban realizadas en el llamado bronce africano y su clara intención era la de comprar exclusivamente seres vivos, fueran esclavos, ganado o una novia.

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a: Torke de esclavo; pesado y grande como cualquier pulsera si estuviera abierto, pero imposible de llevar en ninguna muñeca, por lo que si simples monedas irían ensartados en cinturones y si para identificar al esclavo comprado, creo que la única manera era llevarlo sujeto al cuello de alguna manera, que prefiero no imaginar. Creo que las incisiones y peculiaridades eran la ‘marca’ del ‘amo’, aunque la forma, por otras que he visto en foto, era siempre esa. b: Claramente es una manilla de la órbita de los Chamba o Mumuye, y como veremos en otras ‘monedas’ por el similar cincelado, posiblemente de una mujer, ya esposa.

La palabra manilla deriva de la contracción de las palabras portuguesas mao anilho, anillo para la mano.

Tan peculiares pulseras, eran a veces de tamaño muy pequeño para ser usadas como tales, por lo que vulgarmente eran llamadas “torke de esclavo”, pues fabricadas en Europa desde finales del siglo XV hasta 1948 su utilidad básica no era otra que adquirir esclavos en la costa africana. c d

c: Monedas manillas de cinc de los Songhai de Malí y la zona fronteriza al oeste de Niger.

d: La abundancia de este metal y el recorrido de los pueblos que transitan por la ‘autopista’ que es el Sahel hace que estas monedas se conozcan como Dangaleat y lleguen, como esta, a Chad

Estas ‘manillas’ de cobre, bronce o cinc, se fabricaron en Birmingham, Manchester y Liverpool, Inglaterra; o en Nantes, Francia, donde ahí y en sus colonias eran conocidas como Popo, al igual que en Alemania y  Portugal.

En este último país, su uso como moneda para comerciar en África, comenzó en fechas muy tempranas, hacia 1499. En esta época bastaban cuatro manillas denominadas Mkporo para adquirir un esclavo, pero poco después, en 1522 el precio había subido a 57 manillas.

Las conocidas ‘manillas de esclavo’, que se ajustaban a las muñecas y antebrazos

A la contra y para facilitar maniobrabilidad, los ricos podían llevar tobilleras, de mayor valor que las manillas y si esclavos porque les facilitaba trabajar más.

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a: Moneda de tobillo de los Mossi, Burkina Faso.

b: Monedas de tobillo de los Kapsiki de Camerún.

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c: Monedas de tobillo de los Tikar de Camerún. Este tipo de abalorio a veces se adjudica a los Baulé de Costa de Marfíl, que las hacen similares pero no iguales. Estas, realizadas en general por los Tikar y por tanto por los Bamún, se veían y utilizaban entre la élite y adquirían un alto valor, incluso algunas había en plata. Al igual que las de los Baulé, estas tenían una peculiaridad que consistía en meterlas en lodo, dejarlas secar, y ese lodo hecho barro al sacudirlo mientras estaba duro producía un sonido parecido al de un cascabel, gigantesco eso sí.

Aunque no hablamos de metalurgia, muchos sabréis de la influencia de la pez en la fundición, y el alto nivel adquirido por los fundidores, moldeadores y cinceladores de Camerún.

Saber si una pieza de aleación es antigua o no, se puede ver a simple vista si raspando el barro, saben como avejentar, se aprecia el negro profundo de la pez. Depositada en el interior de estas piezas, la pez daba durabilidad y un timbre más agudo al sonido de estas piezas.

Eran y son frecuentes en toda África, distintos tipos de pulseras o brazaletes, utilizados tradicionalmente, así como monedas; en unos casos provistos de cascabeles, como los utilizados por los pueblos Akan y otros, pues se oía como al gato por donde estaba el esclavo, pero luego también como acompañamiento al danzar, y siempre, con las formas características de cada pueblo o tribu.

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a: Tobilleras de origen Akan, realmente Ashanti, que con cascabeles, aparte del valor, advertían de la proximidad de un esclavo. Posteriormente se utilizaron en las danzas.

b: Como estas Yoruba de la zona de Cove, en ambos casos con guijarros dentro de las cápsulas.

No existe verificación de que estos objetos se fabricaran en España, y durante la época en que Portugal estuvo unido durante el reinado de Felipe II al Imperio Hispano, desde 1580 hasta 1640, el tráfico de esclavos en las costas africanas era un exclusivo monopolio portugués.

Una variante de estos objetos son las denominadas “manillas rey, reina o príncipe”, conocidas con el nombre indígena de Onganda, tal vez por su procedencia pues eran famosas sus minas de cobre, que en realidad eran barras de bronce romboides que se curvaban adaptándolas a las muñecas, con sus extremos más o menos achatados, de tamaño y peso muy superior al de las manillas europeas. Estas ‘monedas’ se utilizaban como elementos de prestigio y como ‘dinero de la novia’, constituían un elemento de transición entre los auténticos brazaletes o manillas y los lingotes.

A medio camino entre un brazalete y un lingote, realizaban partiendo de una vara cilíndrica y larga unas espirales que parece se adaptaban a las muñecas o tobillos, en un sistema similar a los torques Fang que se ponían a las niñas en caliente y que para quitárselos o la mujer había muerto o la presión ejercida sobre pecho y espalda, posibilitaba poca supervivencia, estas espirales eran utilizadas como monedas en Nigeria y Congo. En este último país, también circularon como moneda unos pesados brazaletes de bronce de hasta seis kilogramos de peso y que en realidad son lingotes curvos. En ocasiones resulta complicado asignar una pieza a una categoría de objetos determinada, éste puede ser el caso de algunos brazaletes que al final acabaron convirtiéndose en lingotes, o viceversa.

Minkata

El brazalete lingote en espiral

Manillas de los Bidda, Nigeria

Nigeria es entre los de África Occidental el más grande y con mayor cantidad de grupos poblacionales, cada uno de estos grupos en su capacidad y acorde a sus creencias ritos y gustos, culturalidad, crea sus monedas, lo que no quiere decir que no circulen fuera de su entorno pues al final por el valor intrínseco en sí y por la relación establecida, era aceptada por los demás.

Muchos crearon lo que se denomino ‘árboles dinero’, un tronco del que emergían ‘ramas’ que podían extraerse para pagar con ellas.

Los Yoruba son uno de esos grupos y utilizaban diversos objetos metálicos como valor moneda. Tal vez lo más utilizado era el conocido como el ‘árbol dinero’ que medía entre 30 a 45 cms. y que debido a las varias ‘ramas’ que lo componían, podían llegar a 70, se podía disponer de alguna para hacer frente a pequeños pagos, veremos uno en hierro y abajo uno cuyas ‘ramas’ son monedas.

Al estar bajo dominio británico, cada rama adquiría una equivalencia que variaba según la zona o el momento, fluctuando entre el medio centavo y los diez centavos, sobre todo en la época de entre principios del siglo XX hasta mediados del mismo. Además de las metálicas se utilizaban calabazas recubiertas de monedas decimales de peniques

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a: Versiones contemporáneas de un ‘árbol’ dinero, y una maraca y ‘calabaza dinero’.

b: Un gastado cinturón de cuero sujeto a la cintura servia para llevar ensartados anillos de bronce que se utilizaban como calderilla

Cruz de Katanga

Un grupo muy numeroso de premonedas congoleñas está formado por las Handa o cruces de Katanga, lingotes aplanados de cobre o bronce fundido con forma de aspa o cruz de San Andrés. Las grandes tienen un peso que oscila alrededor del kilo, pero las hay más pequeñas de variadas formas, en algunos casos con aspecto de letra ‘H’. Estas últimas son las más antiguas, y fueron usadas como moneda en Zimbabwe desde el siglo XIII al XVII, mientras que las ‘cruces de Katanga’ con forma de “X” se utilizaron hasta comienzos del siglo veinte.

Handa cruces de Katanga

Tewahedo cruces etíopes

Cruces Tewahedo usadas como moneda. En la del centro puede verse cómo está recortada sobre un tálero de María Teresa de Austria, directamente.

Los etíopes cristianos llaman a su religión Tewahedo, diferenciándose de la que practican los cristianos egipcios que es la Copta, ambas muy similares pero con peculiaridades litúrgicas y jerarquías distintas.

Usan diversos tipos y tamaños de cruces y báculos de plata o plateados, y solo las cruces de cuellos se utilizaban como moneda, que tenían su origen no solo en su acendrada fe cristiana sino también en la peculiar imposición del colonizador Imperio Austrohungaro que en el siglo XVIII introdujo en la zona los táleros de plata de la emperatriz Mª Teresa de Austria, monedas que recortaban y daban forma de cruz, y así siguieron circulando en la región durante mucho tiempo.

Azadas Khasu

Azuelas del pueblo Verre, Camerún

Estas son curiosas piezas de doble uso, pues si de bronce aparte de moneda, son manifestaciones de poder, como lo es el Tenganaba o ‘señor de la tierra’, jefe político de los Nakonsé Mossi, en Burkina o directamente similares a cetros para la realeza de los Verre en Camerún, que los llaman Khasu siendo atributos de gran jerarquía, y muestra de riqueza y poder, pero inútiles como herramienta o útil de hierro, incapaces de ahondar la tierra.

interior exterior

Pequeñas azadas moneda Hoe de hierro del pueblo Chamba de Nigeria. En el detalle del exterior se pueden apreciar, cinceladas, una sucesión de estrías, como las de aquella manilla que vimos antes, que semejan los surcos de un campo labrado y sembrado.

Las herramientas, por tanto de hierro, son útiles agrícolas, azadas o azuelas y a su vez monedas, tienen el objetivo en su forma y tamaño, de hacer ver el poder económico o estatus del propietario. Son chapas laminadas de hierro de diversos tamaños y formas, desde la gran doble azada de los pueblos Mambilla del Camerún, con unos 60 cm. de alto por 40 de ancho, obviamente un emblema, hasta el numeroso grupo de pequeñas azuelas, herramienta de tallistas o carpinteros, utilizadas por los pueblos Ngelima, Mbole, Bamileke y Kwele en el Congo, Camerún, y Gabón, como la conocida ‘moneda murciélago’ Gayum de los Chamba de Nigeria y menos conocidas pero también de este pueblo las Hoe, Hayahidi o la Djarun, de los Kirdi, y utilizadas tradicionalmente como ‘moneda de la novia’ con las que se satisfacía la dote matrimonial. Teniendo esa doble función, de ‘herramienta moneda’, en muchos otros lugares su forma original ha evolucionado y solamente conservan una función monetal. Éste sería el caso del Purr purr, también nigeriano, formado por una lámina de hierro doblada por la mitad, que estuvo operativa en el área de Gwosa hasta que la administración colonial en 1939 la prohibió.  Veamos algunas muestras:

Moneda Mambila de Nigeria    Monedas azada Gayun ‘murcielago’, de los Chamba de Nigeria

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a: Moneda Djarun de los Chamba de Nigeria. Es obvio apreciar que son de dote por una novia.

Esta azada moneda, de 26 x 8 x 3 cm es peculiar. Vemos en el detalle claramente una cabeza, con las escaras que solían hacerse alrededor de la boca; el cuerpo, tiene todo el contorno cincelado con pequeñas incisiones horizontales y paralelas tan anchas como juntas y a su vez las rebordea una línea continua en zigzag; los ‘senos’ muestran las mismas incisiones del reborde, y en el torso, donde nacen, se aprecian otras incisiones que asemejan los pétalos abiertos de una flor; en el centro del pecho lleva las escaras de su clan y de su iniciación.

El desgaste que se aprecia en el filo de la punta, parece indicar que el novio se esforzó en demostrar, posiblemente a los padres, su firme compromiso.

El conjunto es una buena muestra de amor, interés y dedicación del solícito novio.

b: Moneda a la que los Chamba dan el nombre de Hayahidi. Amor seguro que el mismo, pero no todos tienen el tiempo o el dinero para que le hagan un trabajo como el anterior.

Tres monedas de los Mumuye, también de Nigeria.

Dos azadas moneda Mumuye o Jukum Dos azadas moneda Kirdi.

El fácil acceso al hierro de estos pueblos, ha otorgado a sus herreros cierta maestría y aunque guardando ciertos ‘toques propios’ se aprecia la similitud de rasgos. Especial es cómo idealizan el esfuerzo humano, sin regatear a la mujer su dedicación a las labores agrícolas. Mucho se ha discutido sobre la humanización de estas formas y si son brazos o pechos los discos en espiral. Tal vez sean ambas cosas. Creo que en su simpleza son exquisitas obras de arte. Parece que el diseño original partió de los Chamba y asimilaron los que antaño eran sus más cercanos vecinos los Mumuye, difundiendo ambos la idea entre el resto. Mientras los más poderosos Chamba resistieron, los Mumuye bajaron hacia el sureste donde coincidieron con los Jukun, introduciéndose algunos también en Camerún.

Kirdi es un término que engloba a diversos pueblos desplazados al norte de Nigeria y Camerún como los Fali, Kapsiki, Mafa matakan, o Mousgun entre otros, que como los Mumuye salieron de su asentamiento original junto a los Chamba por la presión de las incursiones islamistas. De origen árabe parece que el término Kirdi lo introduce el clan Toroobe, de los Fulah que fervorosos creyentes dentro de la rama sunita del Islam, se asimilaron y casaron con Hausas dejando incluso de hablar Fulfulde. Aparte otras consideraciones despectivas lo que significa es “no conversos”.

La moneda, claramente alusiva a la mujer, vemos que aparte de azada, del tipo que usa la mujer para escardar sus cultivos, hace referencia a la cabeza, pero también brazos de esa mujer, y por tanto considerada como suficiente para adquirir con ella el equivalente al producto que ella consigue entre día de mercado y día de mercado, el trabajo de unos 15 días mínimo. Estas ‘monedas’ fueron de uso común hasta bien entrado el XIX en la región.

Los Mambilla, de quien son estas dos monedas reciben o dan nombre a la meseta donde viven en Nigeria, aunque también penetraron en Camerún por la llanura Tikar o Ndom. A la moneda de la izquierda le dan el nombre de Mfunte wuli, el cuerpo que da vida, la fertilidad.

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c: No solo monedas azada se hacen en Nigeria o Camerún. Hemos dicho que también eran numerosas en la R.D. del Congo y esta, realizada por los Ngabaka, es una buena prueba.

d: Encontrada en Tanzania, en el área de Mwanza, esta moneda azada, apunta a que pueda ser de los Haya, el pueblo que parece ser a inicios de nuestra era, ya tenía expertos fundidores y artesanos del hierro.

Lingotes 

Con respecto a las barras, varillas o lingotes metálicos, podemos distinguir los fabricados en cobre o aleaciones de este metal, y los elaborados con hierro. Entre los primeros los más extendidos son los mitakos o varillas de cobre o latón que se agrupaban en ‘puñados’, pues era la cantidad que cabía en la mano de un hombre. También el boloko o barra de cobre curvada en forma de “U”, era una moneda muy característica en ciertas zonas del Congo.

Hierro Dubil

Lo primero que hay que comprender es que para el africano, el hierro es por sí mismo un material sagrado. A lo esotérico que se deriva de la utilización del fuego para fundirlo, hay que añadir que en muchas partes, desde el inicio de los tiempos y hasta hoy en día, este mineral provenía de los meteoritos que, incandescentes, caían del cielo.

El hierro es por tanto un bien sobrenatural, su decolación, fundición y transformación lo consideran ‘un periodo de gestación’ de la fragua, ‘la madre’; siendo el herrero, personaje de relevancia, el ‘esposo de la fragua’.

Con respecto a los lingotes de hierro, el Dubil era una barra recta y el Losol o Tajere, más o menos lo mismo pero con un engrosamiento en el centro y con los extremos más finos, son ‘monedas’ típicas nigerianas.

Losol

Al margen de estos, de por sí las varas de hierro de 30 a 40 cms por 2 de ancho eran ya cotizadas monedas, que al ser demandadas para hacer herramientas, útiles o monedas de más valor por su elaboración, tenían una gran demanda.

Kilindi monedas de los Kissi

En el apartado de las varillas de hierro, los Kissi, Gizzi o Gitz cuya traducción sería guías, son un pueblo asentado entre Guinea Conakry, Liberia y Sierra Leona en el África Occidental. Los Kissi llaman a estas monedas Kilindi o Gizzi, son unas estilizadas varillas de hierro de entre 25 a 40 cms. de largo, retorcidas en su largo eje central y con un inicio similar a un T invertida a modo de pies en un extremo y en el otro un plano que semeja una cabeza.

Era la moneda más extendida y popular de la zona desde 1880 a 1950 ampliando su área de influencia hasta Senegal. Por lo general se llevaban e intercambiaban en manojos de entre 20 o 50 uds, múltiplos de la libra.

En 1900 la equivalencia era que por 1.000 uds se podía comprar un toro, por 1.500 una esposa y por 5.000 un buen esclavo.

Por un Kissi Kilindi, 10.000 uds. podían llegar a comprarse las almas de los seres vivos, por lo que también eran llamadas ‘monedas con alma’.

Hasta tal punto se entendía que tenían alma propia, que si una varilla se partía, lo que era tan fácil como habitual, el brujo o curandero era el único capacitado para repararla, de manera que la dolorida alma, pudiera recuperar su lugar en el mundo. El porqué de peniques se debía a la propia fragmentación de dicha moneda inglesa, duodécima parte de un chelín o centésima de una libra, lo que se regulaba en época colonial empaquetando dichas unidades.

Estas curiosas monedas circularon hasta los años 70 del siglo veinte.

Kilindis o gitzis

Monedas Boloko de los Kusu

En la R. D. del Congo se utilizan unas barras metálicas curvadas en forma de U invertida, terminadas en pequeños discos horizontales, son conocidas como Boloko y utilizadas por los Kusu y con una longitud de entre 30 a 50 ctms.

Hay objetos que sin ser moneda aportan un importante valor económico.

Me refiero a las representaciones en madera de serpientes que utilizan numerosos pueblos en África Occidental. Los blancos, que preguntan afirmando, deducen y explican: “Eso es una deidad. ¿Verdad?”.

Respuesta de quien amable pero harto: “Sí ”.

Claro que es una deidad, que tiene un muy antiguo origen, data del 700 d.C. Permitidme entreteneros: “Pues se dice que cuando las 30 familias procedentes de Egipto llegaron al oeste de la curva del Niger y antes de disgregarse, se encontraron una gigantesca serpiente con siete cabezas que les cortaba el paso. El líder en ese momento, Khass Dingka un noble egipcio que había sido mano derecha del faraón, se dispuso a llegar a un acuerdo antes de enfrentarse con ella y perder a algún miembro de su grupo. Khass Dingka o Dinga Cisse, como pasó a llamarse, se informó que se llamaba Bida y que dominaba toda lo región, y tratándola por su nombre escuchó sus pretensiones para dejarles establecerse y poder cruzar el río. Bida le exigió que cada siete años le entregaran la más bella doncella para que le sirviera y que igualmente por cada nuevo asentamiento de un pueblo se le entregara otra. A lo que Dinga Cisse no tuvo más remedio que transigir.

Ante la buena actitud de Dinga Cisse, Bida le prometió que cada temporada dispondría de lluvias suficientes para que cultivaran y que en el río encontrarían oro y riquezas así como en otros lugares de alrededor. Y esta paz decidió a Dinga Cisse que porqué no asentarse, siendo el germen de un gran imperio, el de Ghana”.

Mitos aparte, no hubo hasta hace poco, las cosas cambian, ni pueblo ni casa que no enterrara en la entrada del nuevo pueblo e incluso como buen augurio en los cimientos de cada nueva casa, una terracota con forma de serpiente y otra de una muchacha, siendo posible encontrarlas el siglo pasado en casas derribadas.

Las de madera se colocaban entre los cultivos para que estos prosperaran y ahuyentaran a los roedores; ahora se hacen, pero para vender a los turistas.

Los mitos de Aido Whedo o del santuario de serpientes del Bosque Sagrado de Kpassè en Ouidah, Benín propiciados y difundidos en Nigeria, parece no haber duda de que tienen su origen en este.

Con estas referencias y partiendo como en las monedas anteriores de varillas metálicas, es muy común ver monedas semejando ofidios, como las de los Lobi en Burkina Faso y Costa de Marfil, que utilizan para sus intercambios, unas barras con forma de sinuosas serpientes de 18 a 50 cms.

Serpenteantes monedas de los Lobi a b

a: Moneda árbol de serpientes llamada Taka de los Chamba de Nigeria.

b: Moneda serpiente Jukun de Nigeria.

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c: Moneda serpiente de los Mumuye de Nigeria.

d: Moneda de los Mumuye de Nigeria. Mientras que las anteriores son claramente identificables con serpientes, esta, se me parece, personalmente, más a la idealización de una vaca. Esto me lleva a pensar que al igual que muchas de estas ‘monedas’ están hechas por los Chamba y algunas menos por los Mumuye, si eran encargos de otros pueblos, sobre todo las imitando serpientes por los Yoruba a las que muchas se atribuyen, pudiera ser que esta tuviera algo que ver con los Kantana.

Volviendo a la abstracción de las formas no podemos olvidar las monedas Akika de los Idoma de Nigeria que como vemos en esos cinco ejemplos semejan un esbelto árbol o humano, cuya copa o cabeza tiene una forma triangular plana, seguida de un largo vástago, reticulado, lo que da una inusual fortaleza que impide doblarlo, que termina en una especie de doblez circular, como para ser ensartada en un palo clavado en el suelo de forma que se sujete inhiesta.

Miden sobre 70 cms de alto. Obviamente a más cabezas, más valor. No conozco ninguna de dos. La de cuatro es de menor tamaño pero de mayor envergadura.

En un sistema técnico similar, aunque a miles de kilometros, los Ngebele, Topoke y Mbole del Congo, hacen unas elegantes monedas que llaman Linga, Liganda, Ngble o Doa, estas enormes monedas fluctúan entre el 1,8 a los 2 m. de altura y los 0,35 a 0,20 cm de ancho.

Son, como hemos visto en las Idoma fundidas, y en caliente, posiblemente sobre una lasca de piedra adaptada, las trabajan de manera que presentan un doblez a modo de nervadura en el medio en toda su longitud y un reborde doblado por su envés en todo su perimetro; también tienen el doblez cilíndrico en la parte de abajo.

Estas, como las Idoma, son imprescindibles como dote de novia y en el caso de divorcio lo único que no era obligado devolver.

Linga, Liganda o Ngble

Las campanas en hierro son recurrentes en los pueblos africanos, con utilidades diversas y siempre con esa impronta que da el hierro, fundido, moldeado y trabajado hasta darle el carácter requerido.

El ejemplar que mostramos lo utilizaban pueblos de la R.D.del Congo como los Ngabaka, Ngabandi, Nkutshu, Kuba y Zande.

Los Ngabandi en concreto, asentados en la rivera del Ubangi en la actual R. D. del Congo, entregaban a los curanderos ejemplares como el de la foto a, para que las tañeran durante las ceremonias Ganza de purificación de los aldeas y sus gentes antes y después de las lluvias y nombre que también recibían. Con esas campanas además, podían hacerse compras, trueques o dotes. Cincuenta de esas campanas eran la dote requerida para acceder a una novia, previamente insertada en el vástago de una lanza se ‘rendía’ ante su puerta; con tres se compraba un bushel, medida de volumen equivalente a 32 litros, de yuca. Cada campana mide unos 40 cms. Aunque en 1920 la administración colonial prohibió cualquier gesto ritual y el uso de otra moneda que no fuera la impuesta, no está claro cuándo dejo en realidad de usarse.

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a: Campana moneda llamada Ganza de los Ngabaka de la R.D. del Congo.

b: Campana moneda de la Región de los Pastizales del Camerún. Esta doble campana como vemos se tañía con un palo, como todas las que ahora vemos, porque como el resto carecía de badajo. Curiosamente esta, cuando se utilizaba como instrumento se la llamaba Agogo, y como moneda era sin embargo Gankogui. Casi todas ellas servían también para llamar a los ancestros.

c: Campana moneda Yoruba de Nigeria, también se llevaba insertada en un palo.

d: Campana moneda de los Igbo de Nigería, aunque de lo que cuelga vemos cuentas y metales de muchos otros países de África Occidental. Parece que su uso como pago era tan solo para los gastos de funerales y por eso suelen llamarla Adrinka.

Gongs de hierro de diferente formato, daban idea del estatus social de el poseedor y a su vez le permitía hacer transacciones económicas de importancia.

Además de los instrumentos agrícolas o sus derivados, empleados como moneda, encontramos también otros objetos cuyo origen es la ganadería. Son los cencerros y gongs de hierro, utilizados como instrumentos musicales pero también en ceremonias rituales de relevancia donde se requería a los espíritus de los muertos cuando las situaciones comunales requerían de su mediación o en casos particulares solicitando favores o consejos concretos.

Estos objetos de variadas formas reciben las denominaciones de eloundja, ilonja, gunja o gonguni según el pueblo y país.

Los utilizados por los pueblos Nkutshu y Jonga del Congo, servían como moneda para adquirir diversos bienes, como por ejemplo el que incluso en 1910, con un doble gong se pudiera comprar una mujer o dos esclavos varones.

Eloundja cencerros monedas de los Chamba de Nigeria

Gonguni cencerros monedas de los Yoruba de Nigeria

Tan desconocidas como poco vistas, se sabe de otras monedas de hierro conocidas como ‘monedas aguja’ llamadas aiyu, ozala y umumu, parece que solicitadas por la dificultad de su ejecución dado su pequeño tamaño, pero de gran utilidad para los tejedores e incipientes costureros. Circularon en el sur de Nigeria, en el estado de Anambra Adamawa una de las zonas más pobladas por blancos que demandaban arreglos de mayor minuciosidad. Por lo que parece que estos trabajos pretendían asemejarse a las agujas llegadas de Europa.

Armas

La utilidad primordial de un arma no deja de ser la caza y defenderse. Si esta pieza estaba bien adaptada al objetivo pretendido, era deseada y por ello copiada o transacionada por su propietario si veía beneficio. Si encima de su practicidad resultaba bella, adquiría un valor extra al ser demandada por las élites.

Siguiendo un recorrido de oeste a este y de norte a sur, como en todos nuestros escritos, veamos cómo a la utilidad el africano suma gusto y equilibrio pera imaginar formas tan bellas, como peligrosas.

Los Buji, de Liberia, conciben estos objetos con doble capacidad, de arma y moneda, con una abstracta pero elegante figuración humana. Foto Galería Walu

Mandjong

Una singular arma que dejó de serlo para adaptarse casi en exclusiva como moneda fue el Mandjong del pueblo Kwele asentado en la frontera entre Gabón al noreste y del Congo a su noroeste. En su orígen era un arma arrojadiza entre punta de flecha y boomerang conocidas como Zong, que guardaban ese gusto por la forma acorazonada que se ve en sus máscaras, ciertamente si alcanzaba su objetivo podía causar un grave daño.

Fue tras la llegada de los colonizadores, que su administración impuso a los herreros que adaptaran su forma al mandjong o ancla que llevaban sus barcos, permitiendo su uso como moneda pero limitando otras alternativas.

En general las armas hablaban de prestigio social, valentía y coraje, y riqueza. Cuanto más delicada fuera su elaboración, enriquecida con elementos añadidos, y la cantidad de ellos que tuviera, más prestancia se daba a su propietario.

Estas ‘monedas arma’ se utilizaban principalmente para hacer frente a pagos ceremoniales o para compraventa de bienes excepcionales.

Cuando en el s XVII se habitúan los europeos a recalar en sus costas y se adentran por el interior, aparecen en el continente las armas de fuego, haciendo que paulatinamente las ‘armas blancas’ pierdan su razón de ser, pasando a adquirir valor en función de su preciosismo, material y belleza.

La aparición de armas blancas llegadas de Europa, más adaptadas al objetivo pensado, empuja a los artesanos africanos, conscientes de su mayor eficacia, a imitar dichas armas aunque con elementos ‘decorativos’ propios, dejando de lado las suyas. Según van perdiendo carácter agresivo lo ganan en el económico y se van alterando las proporciones y los materiales, dando paso a que partes que ocupaba el metal, se enriquezcan con elaboradas maderas o abalorios.

Su aspecto pasa a ser lo más relevante. Y no ya por imposición, sino por la convicción que da el beneficio económico, todas las armas blancas africanas

pasan a ser monedas de uso cotidiano y común, de manera que estuvieron en uso hasta bien entrado el siglo XX.

Pero antes veamos aquellas primeras.

CUCHILLOS

El grupo más numeroso y diverso de armas moneda está formado por los cuchillos, que podemos clasificar en dos grandes grupos, los cuchillos arrojadizos, empleados en el combate y en la caza, y los cuchillos ceremoniales, a veces de gran vistosidad y belleza.

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a: Sengese es el nombre dado por los Matakan a sus diversos cuchillos moneda. Están situados en las estribaciones de las montañas Mandara al noreste de Nigeria, norte de Camerún y Chad.

b: Ngalio son los cuchillos moneda del grupo Sara del Chad, R. Centroafricana y Sudán

Siguiendo el utópico recorrido oeste este norte sur, entramos en Chad donde encontramos a los Sara, que parece ser lo conforman una serie de pueblos, entre los que están los Ngambaye, Laka y Kabba que sobre el siglo XVI salen de algún lugar entre Etiopía y Egipto, pasando por Sudán hasta llegar a su actual ubicación.

Aunque parece que al principio se creyó que eran un solo pueblo con tres clanes, la llegada a Chad y su asentamiento los hicieron por etapas y separados.

Guerrero Sara Laka Ngambaye Foto Alain Descombes

Peter Westerdijk, lo incluye y relaciona en S.P. II ig.26-Kipinga 54

Al parecer primero llegaron los Ngambaye, después los Laka y al final los Kabba.

Los Ngambaye aunque defienden su identidad e integridad como pueblo unido, sí aceptan que se componen de ciertos clanes prevalentes, como los:

Mbao, asentados junto al rio Logone viviendo de la pesca, de la que sacan subproductos que intercambian con los agricultores vecinos.
Makoula, que cultivan arroz aprovechando los humedales inundables del norte de la meseta de Benoye.
Kelang, ubicados en la región de Beinamar, y que al igual que los Mang de la meseta de Benoye, cultivan sobre todo mijo.
No tienen jerarquías establecidas, ni políticas ni religiosas y las cuestiones a debatir se solucionan por consenso.

Celebran una única festividad que siguen todos los Ngambaye, que está a mitad de camino de evento religioso y manifestación de orgullo popular, pues los rituales, danzas, cantos y alegría generalizada, celebran la cosecha, donde lo importante es compartir y agradecer al otro el esfuerzo realizado durante el año.

Genéricamente le dan el nombre de Nai o luna a este celebración.

c d e

b c d e: Ngalio son los enormes cuchillos moneda utilizado por los pueblos Sara de Chad, R. Centroafricana y Sudán. Son de hierro forjado a veces compuestos de piezas ensambladas. Llegan a tener una envergadura de 125 x 50 cm.

Llamados Ngalio son utilizados por los Sara del sur de Chad, norte de la R. Centroafricana y sur de Sudán del Sur, donde hay otro numeroso grupo junto a la frontera con la R.D. Congo. Al margen de sus tradicionales enemigos, los Fulani y la colonización francesa, sus mayores problemas los han enfrentado con los Tubu, pueblo trashumante que con su ganado, junto con sus pastores Haddad, se movían entre el Sahara y el Sahel. Y aunque en su regulación social primaba la hospitalidad permitiendo beber agua libremente de cualquier pozo aunque estos tienen dueño o subirse a una palmera para coger dátiles, uno de sus principales cultivos junto a algún cereal, sus históricos enfrentamientos eran continuos y solían acabar mal, por lo que se acordaban ‘deudas de sangre’ o Goroga, que se satisfacían con estas monedas o Ngalio, que en función del número de excrecencias tenían más valor, cerrando los conflictos aunque fuera temporalmente. Otra moneda era la sal y el natrón, obtenidos de Doon Orei una caldera volcánica del macizo de Tibesti, que dan al ganado y utilizan medicinalmente.

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e: Nzakara, cuchillo moneda de los Zande de la R.D. del Congo

f: Cuchillo moneda de los Mongo Ngata Kundu de la R.D. del Congo.

Hemos visto que dentro de los cuchillos arrojadizos no existe un patrón, salvo que suelen ser planos y tener tres hojas o puntas, pudiendo ser más o menos rectos y alargados o cortos y redondeados, las variadas ramificaciones que poseen, les confieren muy diversos aspectos. De lo que no hay duda es que en ocasiones estos estilizados y sofisticados objetos se convierten en obras de arte.

Veamos ahora lo que llamaríamos:

ARMAS DE PARADA

Este es un antiguo término castrense, en que para los desfiles los jerarcas utilizaban normalmente ostentosas espadas, siempre con mango para poder mostrar la hoja, que más que un útil práctico para el cometido que se le suponía, la batalla, se utilizaban para hacer alarde de poder, y no hay mayor poder que tener más y mejores cosas que el otro. Por lo que la forma pasaba a ser un escaparate de habilidad artística, belleza y elementos como incrustaciones de metales preciosos u otros elementos raros y por ende caros, aunque en este caso y en África, los es su diseño, técnica y aparatosidad..

Conviene tener presente que este tipo de ‘arma, objeto de prestigio y moneda’ recibe un nombre en cada región en función del idioma, lo que al desconocerse por lo general, se les puede atribuir cualquiera de los términos que vemos a continuación:

Danisco es el término en Margi o Marghi, hablado en Nigeria, Camerún y Chad

Goleyo lo es en Musgu, zona de Biu Mandara, hablado en Camerún y Chad

Njiga por los Bagirmi, que tienen lengua propia de origen Sudanés Central, viven en Bornu entre Nigeria y Chad

Mambele en el Bantú del grupo BaKuba al este del Kasai y Sankuru en la R.D. del Congo

Hunga Munga en Lingala, centro norte de la R.D. del Congo sur de R. Centroafricana y Sudán del Sur Kpinga en Bangala, sub lengua del Lingala, es el término más generalizado, entre otros lo usan los Zande

Estos cuchillos pueden tener mil formas y su común es que tienen mango y que aparte de lo atractivo de sus líneas claramente pueden causar graves daños. Su uso se extiende desde el Alto Nilo en el este atravesando África Central hasta Gabón en África Occidental. En algunas partes de Africa Central, estas armas asumen la forma de la cabeza de un pájaro. 

Veamos algunas muestras como siempre de oeste a este y de norte a sur.

El pueblo Kru de Liberia, creó esta ‘Hoja de Prestigio’, con la doble intención de ser mortal arma y valiosa moneda. Mide 47 por 10 cm el hierro y perteneció a la colección de Arnold Crane de Chicago, el siglo XIX. La elegante hoja acanalada muestra una pátina incrustada y hace mucho perdió el mango de madera.

Similares objetos, como figura en la parte inferior derecha de la ilustración, los hacen no solo los Kru, sino también los Dan, Grebo, Ngere y Baulé.

Hacha ceremonial de los Tiv de Nigeria

Joyce 1998 en ‘Life Force at the Anvil’, argumenta respecto a este objeto:

“Un vínculo metamórfico entre el liderazgo efectivo y el lenguaje influyente, se exhibe en esta pieza donde ambos conceptos se funden en uno, en la lengua y la hoja del hacha. Las palabras de los líderes deben ser autorizadas y sabias y el discurso es una herramienta aguda”.

Westerdijk 1984 en ‘African Metal Implements’, nos dice: “Sólo hombres ricos e importantes parecen haber disfrutado del privilegio de llevar estos elementos”.

Visoná, Poynor, y Cole2008 en‘Una historia del arte en África’, afirman que :

“Estos emblemas los utilizaban los Tiv en rituales de curación”, y sugieren que: “Es probable que fueran hechos por los abakwariga los herreros de los vecinos Hausa”.

La fértil sucesión de valles que forman la cuenca donde el Benue confluye en el Níger ha atraído durante siglos a una diversa panoplia de pueblos.

Desde hace ya siglos, ocupan entre otros este territorio los pueblos Afo, Ebira, Idoma, Igala y Tiv. La parte inferior del Benue, de más de kilometro y medio de ancho durante la temporada de lluvias, fue tanto camino como barrera: permitió como camino la salida y entrada de conocimiento y mercancías e impidió, como barrera, la incursión de intrusos o enemigos. Los Fulani, en sucesivas incursiones, consiguieron controlar el territorio norte donde el Gongola abraza el territorio antes de verter al Benue consiguiendo que quienes allí habitaban, se vieran obligados a huir hacia el sur, sin olvidar ni dejar atrás sus más importantes emblemas rituales. La deriva trajo nuevas conexiones con aquellos que se encontraron con quienes intercambiaron ideas y cultura innovando. Uno de estos pueblos eran los Tiv, que llegados del sur establecieron y acordaron parámetros con aquellos con quienes habían establecido concomitancias y vecindad.

Emblema cetro cuchillo moneda de los Verre

Recordad a este pueblo, los Verre de Nigeria, aquellos de las monedas azuelas. Aunque a diferencia de aquellas, inútiles para el concepto de su función, esta, como arma, no deja de ser tan amenazante en la mano como temible blandida.

a b

Cetro en forma de cuchillo lanzador, Há Mboum del pueblo Mbum de Camerún

a: En 2011 Sotheby’s sacó en subasta este objeto, en una horquilla de entre 6.000 a 9.000 €. Alcanzó 216.750 euros. Tras esta subasta, en cuestión de unos meses, el mercado se vio inundado de H é Mboum, no solo salieron a la luz los que ya estaban fuera, sino que parece que la demanda de hierro en Camerún había crecido exponencialmente.

b: Recalcan quienes más saben, que estos objetos originalmente eran cuchillos arrojadizos, pero que luego dejaron de lanzarse y utilizarse como moneda, pasando a ser emblemas de la realeza, utilizados exclusivamente por los jefes de clan Mbum o Mboum.

Westerdijk 1988 en ‘The African Throwing Knife’, y Elsen 2003 en ‘De Fer et De fierté’ nos dicen: “Frobenius informó en 1912 que la residencia del rey Mboum adquirió renombre en honor a sus piezas de Há, pues cierta cantidad de ellas se habían depositado juntas en ella. Parece ser que en orígen la aparición entre los Mboum se remonta a su aparición cuando aún se utilizaban como cuchillos arrojadizos. Si bien mucho ha cambiado hoy en día, el Há todavía tiene un lugar en el contexto cultural moderno de los Mboum”.

Sin entrar ni salir, estos ‘emblemas’ no solo circulan, hoy, en el comercio, sino que se sabe que no hace 50 años, se utilizaban en Camerún como trueque.

Veamos a continuación cuatro armas con características muy similares. Por lo que sabemos de la nuestra, la b y las citas de las otras, que traducidas he respetado literalmente, recorren un territorio inmenso, casi dos veces Europa, que de Nigería traspasan casi la frontera este de la R.D. del Congo pasando por pueblos diversos con quién en sus migraciones se fueron relacionando. Es un mundo tan lógico como imprevisible, por lo que ni los debates y discrepancias deberían tener cabida aunque sí las precisiones documentadas que sí enriquecen.

a b

c d

a: Subastado por Sothebys y de la antigua colección de Maurice Wyckaert, en su catalogo se puede leer: “Primitivo tipo de cuchillo Fang de Gabón. Elsen 2009, No. 46ª, estima su datación entre 1850 y 1890. Según él, en 2003, p. 98 a 100, la forma de estos cuchillos de jet muy raros podría ser el origen de los hachas Fang y Kota con la cabeza de un pájaro”.

b: Mucho más modesto, presentamos este que como todas nuestras armas y o monedas no limpiamos aunque si preservamos de humedades y mayor oxidación, pues de momento no queremos repasar filos ni el cincelado; se encontró a principios del siglo XX en territorio de los Gbaya de Camerún, aunque son un pueblo originario de Nigeria que por la presión Fulani huyó, asentándose en el centro este de Camerún, norte de la R. del Congo, noreste de la R.D. del Congo y suroeste de la R. Centroafricana.

En nuestra clasificación figura como: “Cuchillo llamado Ngbafa, por los Gbaya y Ngombe”.

c: En su cartela dice: “Cuchillo de prestigio. Objeto en origen ‘cuchillo arrojadizo’ utilizado por los Ngombe, Doko, Mbanja y Ngbaka, de la D.R. Congo. De hierro, el mango es un conglomerado de rafia y cuero, forrado con piel de serpiente. Principios del siglo XX. ‘No se sabe mucho sobre la función de este tipo de cuchillo, que proviene principalmente de los Ngombe. Su relación tamaño peso lo hace ineficiente como cuchillo lanzador, y sus bordes lisos y redondeados sugieren que tampoco sería una arma de mano efectiva. Al igual que muchos otros cuchillos Ngombe, este tipo probablemente estaba reservado para la exhibición, como símbolo de rango, riqueza y prestigio. Contribuyendo a esta hipótesis, los cuchillos arrojadizos suelen tener un lado grabado con bordes biselados, y un lado plano, sin adornos, sin embargo, este tipo tiene incisiones y biseles en ambos lados’. ‘Zirngibl 1983 en ‘Armas cortas africanas raras’ y Westerdijk 1988 en ‘The African Throwing Knife’ dicen: ‘Ejemplos posteriores de este tipo se componían de hierro europeo reciclado de mayor grado, y llevaban superficies impecables y brillantes. Esta pieza es un buen ejemplo del estilo Ngombe más antiguo, mucho más pesado, y compuesto de hierro nativo’ ”. d: En su cartela dice: “Cuchillo lanzador, Kpinga de los Yangere, R. Centroafricana y Camerún Hierro forjado, fibra vegetal, ratán. Principios del siglo XX Los Yangere eran un pequeño grupo de unos 14.000 individuos que se separaron de los Banda en 1840 y se trasladaron al oeste a territorio Gbaya en el suroeste de R. Centroafricana y Camerún. Su nombre simplemente significa ‘los que se separaron’. Los Yangere adoptaron muchos aspectos de la cultura Gbaya, además de compartir gran parte de su cultura Banda con los Gbaya. De hecho, los Gbaya nunca habían usado pequeños cuchillos arrojadizos como estos, aunque lo hicieron posteriormente. Los Yangere adoptaron la palabra Kpinga  de los Gbaya para estos pequeños cuchillos arrojadizos, los Gbaya a sus cuchillos de hoz más grandes los llamaban Zade”.

Westerdijk 1988 en ‘The African Throwing Knife’ dice: “Mucho después de que los tiempos de las guerras tribales hubieran terminado y el trabajo tradicional de hierro cesara en 1920, muchos cabezas de familia de estas tribus todavía guardaban y atesoraban cuchillos, como preciosas reliquias familiares, refiriéndose a ellos con ‘una especie de respeto religioso”.

Es importante apuntar datos y precisarlos. Los Fulani, no eran tan solo los de Dan Fodio, por ejemplo, reconocido por implantar el Califato de Sokoto en Nigeria, no. Mucho antes inclusive, diversos clanes originarios del norte, de Libia a Marruecos, en nombre de su fe, pero también buscando dónde establecer cada cual su Reino y asentarse lo más cerca posible de su origen, bien pertrechados, organizados y a caballo, fundamental, desplazan a otros pueblos básicamente de cazadores recolectores o agricultores.

Ahora encontramos a sus descendientes, integrados, desde San Luis en Senegal a Djibouti y del norte de Sudán a Madagascar. No les fue difícil hacerse con el poder allí donde llegaban. Otra cosa fueron sus propias disputas.

Hemos hablado de pueblos diversos pero iniciando con un arma atribuida a los Fang y que en principio sitúan en Gabón y continuando con otra cuyo pueblo, los Gbaya , ahora dispersos, tiene origen Nigeria, pero que como a muchos otros, no les quedó más remedio que desplazarse de su origen a miles de kilometros. Retomamos nuestra idea de ‘viajar’ de oeste a este y de norte a sur, entrando ahora en Camerún:

Tan hermoso como aterrador, uno de los más conocidos cuchillos moneda es el Sengese, con forma de doble hoz y utilizado por el pueblo Matakam de Nigeria con poblaciones también en Camerún, Chad .

Aunque de su origen a su evolución su diseño ha pasado de ser una poderosa arma a un objeto de prestigio en su función de moneda.

De origen Kota, estos cuchillos de ‘cabeza de tucán’ son llamados Musele u Onzil o Ntosoko según el pueblo, pues también lo utilizaban los Nzabi, Mbamba y Fang. Aunque peligrosa arma, es un objeto al que los ‘maestros’ de las sociedades Mungala y Bwuiti ‘cargan de magia’, utilizándolos para preservar la vida social con las normas morales y religiosas que regulan la convivencia. Fundidos de hierro, cincelados con diseños que reconocen pertenencia a un clan, suelen tener el mango y a veces el espolón forrado con un trenzado de hilos de cobre, facilitando su agarre. Se usaban como moneda pero tan solo para adquirir fetiches o pócimas que sirvieran para alejar el mal, entendiendo esto como brujería, magia negra, raptos, robos u otros daños. Además de los Kota lo usaban los Fang y otros pueblos en las lindes del Ogowe en Gabón.

a b a: Cuchillo de ‘Pico de Tucán’ atribuido a los Fang, exhibido en el Museo de quai Branly. b: Esta foto es de inventario de entrada y de poca calidad por tanto. Como hemos dicho en anteriores ocasiones, mantenemos pero no limpiamos el oxido, pues es la mejor manera de datarlo; preservamos el hierro y el cincelado, que se ve con la pieza en la mano en todo el perimetro y el ‘ojo’ a 3 mm de media del borde, con una estría que divide el pico y un diseño de Ss horizontales situadas en la parte superior. Este tipo de cuchillo Onzil, además de reconocer a su portador como a alguien con gran prestigio social o religioso, destaca su utilidad como guardián de los valores del pueblo, pero además, por la inusual longitud de su vástago, está pensado como un arma efectiva, pues con esa envergadura es difícil autogolpearse. Nuestra ficha de entrada de 1987 dice: la ‘cascarilla’ da una exposición al oxigeno de alrededor de 100 años. Es una fundición de hierro trabajado el detalle en caliente, parece que se templó con orín. El mango y el espolón están forrados con un doble cordal de hilos de cobre y se remata por abajo con un tope también de cobre insertado en la espiral de cobre del mango.

Encontramos clanes Fang en Camerún, Guinea Ecuatorial y Gabón y a los Kota por causa de la migración, también en Gabón donde son alrededor de 30.000 y que se dicen los auténticos, y en la R. del Congo donde oscilan en los 10.000 individuos.

Westerdijk 1988 en ‘The African Throwing Knife’ y Blackmun & Hautelet 1990 en ‘Blades of Beauty and Death’ nos dicen: “Los cuchillos de cabeza de pájaro representaban simbólicamente armas que estaban metafísicamente dirigidas a herir a cualquiera que actuara antisocialmente contra la comunidad de la aldea practicando brujería o hechicería. El cálao es una criatura muy admirada en África por su persistencia e inteligencia”.

Los Azande, plural de Zande, son un enorme pueblo al que peyorativamente algunos llaman Nyam Nyam aludiendo a sus costumbres caníbales. Se distribuyen en el entorno donde confluyen las fronteras de Sudán del Sur, la R. D. del Congo y la R. Centroafricana, ocupando gran parte del enorme valle aluvial que forman la fuente y desarrollo del rio Ubangui.

En la R. Centroafricana también encontramos a los Nzakara Bandia pueblos relacionados, tanto que a veces se confunden con los Azande. Estos dos pueblos con origen Etiopía acaban llegando a las estribaciones de rio Ubangui donde se asientan. En el siglo XVIII establecen el reino de Bangassou a lo largo del río en la región de Ubangui Shar en la R.Centroafricana. Sobre 1860 siguiendo los parámetros de Leopoldo II en el Congo la administración francesa, potencia colonizadora, previo un acuerdo económico, cede la titularidad del territorio y sus gentes a empresas privadas que obligan a los habitantes, sin niguna contraprestación, ha cultivar y entregar cuotas de caucho y café, lo que llevó a que se redujera la población en un 50% por hambrunas enfermedades y sobreexplotación, lo que en 1928 derivó en la ‘rebelión de las azadas’ o de Kongo Wara que se ocultó en la metrópoli hasta casi 30 años más tarde.

Guerrero Zande. Foto Mision Afrcana Verona Kipinga Zande exhibido en el Met Museum.

a b

Kipinga es el nombre que se da a este tipo de cuchillo arrojadizo de tres hojas, que a su vez tiene carácter monetario, que es en definitiva de lo que hablamos. Ciertamente hay una cierta desinformación que adjudica dicho nombre a casi todos los cuchillos arrojadizos.

El Hunga Munga como también se conoce al Kipinga, en plural Kping, es un arma arrojadiza de algo más de 50 cm con tres cuchillas dispuestas de modo que pudieran herir de cualquier modo al oponente. Se dice que la cuchilla situada junto al mango, referencia el pene y por tanto virilidad de su poseedor. A estos objetos les consideraban ‘metal de la corte’ pues eran símbolo de gran estatus y de uso exclusivo de los guerreros profesionales bajo el mando del clan real de los Awongara. Los guerreros entraban al combate armados con tres o cuatro de estos cuchillos arrojadizos, escondidos detrás de los escudos, y por lo general se lanzaban contra los enemigos a una distancia de unos 10 metros. También eran moneda fundamental en el pago de dote, entregándose a la familia de la novia, siempre con testigos, antes de la boda. a: Este cuchillo lo tenemos referenciado como recogido entre los Nzakara y Yacoma, siendo estos un subgrupo Bangala de la R.D. del Congo fronterizo a Sudan. b: Recogido en la misma época y lugar que el anterior, la forma de este Hunga Munga nos llamó la atención cuando nos lo trajeron, al observar que apoyado contra la pared, parecía la gigantesca sombra de una ‘mantis religiosa’. Vemos que ambos cuchillos embuten la inserción final del cuchillo en un trozo de madera dura que luego, cada uno de una forma, han reforzado con tiras de cobre perfectamente ajustado.

Cuchillo Ondo de los Banda. R Centroafricana

Fotografía y texto de la Galería Ertribal En su cartela dicen:
“Cuchillo Banda, República Centroafricana y D.R. Congo
Hierro forjado, fibra vegetal. Finales del siglo XIX a principios del siglo XX.

El resultado de pasar el siglo XIX sumido en tumultos, largas migraciones y guerras intertribales fue que los otrora cohesivas Banda se dispersaran sobre una vasta área geográfica, divididos en pequeñas poblaciones independientes, y hablando unos 50 dialectos distintos. De manera similar, las armas Banda abarcan una amplia gama de estilos, desviándose a menudo dramáticamente de la estética tradicional”.

Westerdijk 1988 en ‘The African Throwing Knife’, dice: “Los cuchillos arrojadizos Banda estaban históricamente reservados para uso militar, para detener el avance de una fuerza enemiga, por ejemplo, pero su función evolucionó después de la década de 1920 para incluir propósitos pacíficos y espirituales, como implementos de baile ritual. Esta metamorfosis fue el resultado combinado del declive del conflicto en el siglo XX y de los persistentes ‘lazos emocionales’ de los Banda con sus cuchillos arrojadizas”.

c d

Ondo o Soro de los Manza Moko Ndo de los Ngbaka Mabo

Fotos y Textos Ethan Rider

c: Cuchillo arrojadizo Ndo o Soro de los Manza, República Centroafricana

“Hierro, latón. 39 cm. Principios del siglo XX

Los Manza y Gbaya son culturas distintas pero relacionadas. Se les agrupa lingüísticamente a menudo, por ejemplo, en la literatura francesa el término Manza engloba a los Gbaya.

Este cuchillo arrojadizo representa el diseño clásico de los Manza, con un ala ‘flexionada’ y sin decoración en las superficies de la plancha. Comparando esto cuchillos de los Manza con los de los Ngbaka Mabo mucho más comunes, Westerdijk escribe: ‘Para los Manza y Mbaka-Manza, los cuchillos eran sólo armas adicionales de menor importancia, y esto se refleja claramente en la forma ruda en que han sido fabricados, así como en el hecho de que estos tipos son muy raros’.

Lo que Westerdijk quiere decir al describir estos cuchillos como ‘armas adicionales’ es que entre los Manza, sus armas principales eran el arco y la flecha, la jabalina y la daga de brazo”.

d: “Cuchillo arrojadizo, Moko Ndo de los Ngbaka Mabo, R. Centroafricana y R.D. del Congo
Hierro, madera, cobre, latón . Principios del siglo XX.

Los cuchillos arrojadizos Mabo, conocidos colectivamente como Ndo, se utilizaban como armas de guerra, objetos de prestigio y cuchillas moneda. Según Poutrin 1910: ‘Ningún hombre Ngbaka Mabo salía de su aldea sin llevar sus lanzas y estos cuchillos, incluso en tiempos de paz’.

Su importancia como arrojadizos parece haber sido minoritaria; cuando se usaban en la batalla, funcionaban principalmente como armas de mano. Su papel como muestras de dignidad e insignias de cargo, parece haber prevalecido sobre cualquier papel marcial. En manos de cabezas de linaje, jefes de caza y especialistas religiosos, funcionaban como signos de autoridad y rango. Los líderes del culto antibrujería, llamado Wama, llevaban ejemplares de este tipo durante parte de sus ceremonias”.

Westerdijk 1988 en ‘The African Throwing Knife’ dice: “Esta pieza muestra incisiones con motivos de araña en el ala, la corona y el espolón, lo que alude al importante papel de la araña como héroe en muchos cuentos populares de los Mabo. Curiosamente, las incisiones en el ala se aplicaron claramente en un momento y con una técnica diferentes a las otras incisiones de la hoja. Estas incisiones posteriores en el ala se asemejan a un estilo congoleño al este de los Mabo, lo que sugiere que esta pieza fue intercambiada o transportada a un nuevo hogar al este del lugar en el que fue creada”.

Mango publicada en Lefebvre 2020: ‘The Throwing Knives: The Southern Knives’. Vlm 2, p 125.

Guerrero Ngombe, habitan en el triangulo que forman los ríos Itimbiri Ngiri el Congo y el Ubangi. Hablan y ocupan territorio Bangala o ‘los del agua’, lo que a veces les llaman. Al cuchillo en la mano del guerrero y a la derecha le llaman Bero.

a Ngwa b

Similares al Bero pero con más amplitud del arco, a estos cuchillos Mambele del amplio grupo Ngombe los llamaban Ngwa. Tal vez por su maniobrabilidad y menor peso, fueran los más usados en batallas. Aunque atribuidos a los Ngombe, no solo ellos los utilizaban, entre otros por los Mongo, Ngbaka y Ngbandi

León de Saint Maulin en 1880 nos dice: “llegando del norte de Camerún en el siglo XVII, ocupan las Provincias de Ecuador y Oriental. Se extienden desde aquí hacia el sur hasta Camerún y Gabón. Se encuentran entre los primeros bantúes en asentarse en el borde de los bosques húmedos y adaptarse a la sabana llegando a la cuenca del Mongala en Lisala, de allí se dispersan llegando algunos al sur de Ecuador donde ya estaban con anterioridad los Ngbaka, Ngbandi y Mongo instalándose cerca de estos últimos tras no pocas disputas. Cabe señalar, sin embargo, que no todos los Ngwa que esta gente hizo tenían el mismo uso o consideración. Había algunos tenidos por simples machetes utilizados durante la caza, pero también otros que tenían la forma de una espada recta o curvada, que se protegían con una cubierta hecha de la piel de un animal feroz, carnívoro, y llevados junto al pecho. Esto mostraba el valor del hombre. No se sacaba de ninguna manera, ni en ningún momento, pues se suponía que no encajaría en su cubierta sin antes beber sangre. Por lo tanto, incluso si un hombre estaba enojado o peleado con otra persona, tenía estrictamente prohibido sacar su arma para defenderse con ella, porque enarbolarla era sinónimo de que se derramaría sangre. Si no había logrado herir a su oponente, debía lastimarte a sí mismo, so pena de quedar señalado en la lista de mujeres. Otra importante categoría de Ngwa era el que estaba hecho de cobre que se utilizaba como valor fundamental de la dote. Esta rara vez se pagaba en dinero. Lo más común era por ese orden ascendente presentar a la familia instrumentos tradicionales, canoas, lanzas, machetes de cobre y rifles, entre otros. Estos objetos, o parte, se reutilizaban cuando un cuñado necesitaba a su vez entregar su dote. Pero cuando surgía un divorcio, la familia de la mujer estaba obligada a devolver todas las propiedades recibidas a la familia del hombre. Es importante señalar que el matrimonio sólo se producía entre familias de aldeas que tenían una buena relación entre sí y nunca entre personas del mismo pueblo. Eso evitaba el incesto”.

Za Bwambua Kipinga

de losNgbaka Ngombe

Za es su nombre propio, Bwambwa el apellido, Kipinga el genérico y lo usan los Ngbaka y los Ngombe, en la R.D. del Congo
Son de Hierro, forrada la madera del mango con piel, tendones animales o fibras vegetales.

Este cuchillo arrojadizo, aunque usado por el grupo Ngombe, proviene de un diseño de los Ngbaka al que llamaban Za, tal vez la onomatopeya de chasquido que producía al golpear.

Los Ngbaka hacian referencia a él como símbolo de su héroe épico, Seto, que decían era su arma preferida. Y para ellos era la compañera o esposa de Za Sali, otro cuchillo, recto, que era su marido.

Aunque en otros no lo hemos especificado, de la parte inferior o tope del mango de todo este tipo de armas, salía un cordel, normalmente de tripas, tendones o nervios de algún animal, que una vez empuñada el arma, se ajustaba a la hoja o cuchilla pegada al mango, para utilizarlo a mandobles. Estos Za, eran costosos, pues a los más hábiles herreros ya les llevaba un largo tiempo. Aunque concebido como arma, no era su uso normal.

Westerdijk 1988 en su catálogo ‘The African Throwing Knife’ dice sobre ellos: “Su dueño lo lanzaba si no había otro recurso, o cuando entendía que podría recuperarlo”

Claramente su mayor utilidad provenía de su ampuloso diseño, que nada más verlo, era perfecta muestra del poder prestigio y riqueza de su propietario.

Conocido en general como Ngwolo o Bwambwa, principalmente lo usaban los jefes de la aldea, los del clan, los ancianos con linaje, u otros notables como distintivo de su posición.

Se blandían en alto en funerales relevantes, ceremonias de iniciación, e incluso durante la ocupación colonial, como arma distintiva de la policía nativa. Alcanzaban los 45 cm de media.

Ekumu Ekonda Ekumu o jefe Ekonda vestido de gran gala muestra el emblema que así lo certifica. Este emblema no es otro que su espectacular cuchillo Ngulu. 

Es obvio por esta extraordinaria foto de Carl Lamote, que no tiene intención de manchar sus galas decapitando o ni tan siquiera arañando a nadie.

Simplemente muestra su autoridad riqueza y poder.

El Ngulu es también conocido como Mbeli na Banzi, Bwakoya, Gulu, M’Bolo, Ngolo, Ngwolo o Ntsaka.  

En realidad lo utilizan muchos pueblos del grupo Mongo, aunque son los Ekonda, sing Konda, los que por las varias fotos de inicios del s XX, le dieron preeminencia entre los europeos. Este grupo y los afines se ubican en un territorio que abarca el medio sur de la Provincia de Ecuador y el noreste de la de Bandundu, el poblado triangulo que forma el sur del rio Congo con las orillas del Kasai y el Sankuru, al norte de la R.D. del Congo.

Con forma de hoz y lo amenazante que puede parecer, sobre todo por algunas ilustraciones que circularon por Europa en los años 20, se difundió la idea de que era un cuchillo de ejecución lo que ‘el espíritu del momento’ el Zeigeist que decían los alemanes, alentaba tal idea.

Espíritu así animado, propiciando la intención de mostrar el peligro al que los aventureros, misioneros y comerciantes entre otros, se enfrentaban en la salvaje África y recaudar fondos para llevar a cabo su importante esfuerzo y misión, entre tan amenazantes peligros. Aunque no hay foto en que se pruebe otra realidad que no sea la de representar alto estatus o rango, aunque como vemos nada tiene que ver con lo físico.


Entre otros, el Ngulu lo hacían y utilizaban los Ngombe, lo que unas veces se traduce por ‘Los del bosque’ y otras por ‘Los del rio’, pues ocupan ambos hábitat. Está formado por una hoja de hierro asimétrica profusamente grabada y un distintivo mango de madera, también a veces enriquecido, cuyo tope, grande y elaborado, se ajustaba a la mano de su propietario.

El especialista Gosseau en 1997 en su ‘Tribal Arms Monographs’. Vol 1 – nº 2, nos dice: “Hacen los grabados con una herramienta puntiaguda con forma de martillo que van golpeando con otra maza estando aún candente la hoja. Cerca del borde, con la hoja ya fría, realizan unas incisiones que recorren toda a lo largo su longitud. …estos cuchillos eran insignias de prestigio, implementos de danza ceremonial y objetos de valor utilizados para el intercambio, o como monedas”.

Se sabe que sus armas más habituales eran las lanzas, el arco y las flechas, y usaban en el cuerpo a cuerpo unas dagas o espadas cortas, de hoja alveolada, lo que no fue suficiente para hacer frente al invento de Hiram Maxim en 1884 de la 1ª ametralladora que llevaba su apellido. Hiram Stevens Maxim, un norteamericano nacionalizado británico, proporcionó a Henry M. Stanley un prototipo de su ametralladora, que se utilizó en África ya en 1886, pero fue durante la guerra con los Ndebele de Lobengula, en 1893 en que 50 soldados mantuvieron a raya a 5.000 guerreros con solo cuatro ametralladoras Maxim. Antes, Garnet Wolseley, Comandante en Jefe designado en 1888, ese mismo año en octubre, encargó 120 ametralladoras Maxim​ calibre 14,7 mm, que utilizó tanto en las guerras Ashanti, como en el Sudán acudiendo en auxilio de Charles Gordon que intentaba defender Jartum. La ametralladora fue decisiva para conseguir la rápida colonización de África, lo que los europeos, a finales del s XIX, ya habían conseguido.

1ª ametralladora de Gutling de 1862 Doko Ngombe con sus armas en un festival

Para concluir con el Ngulu al que también llamaban Lokula L’ombole, no se pueden ignorar los comentarios que hablan de su ‘tenebros0 pasado’ como ‘cuchillo de verdugo’, del que se dice: “El utilizado por el pueblo Nagala del Congo, hasta finales del siglo XIX, se empleaba en las ejecuciones rituales, descritas con gran detalle y dramatismo por los exploradores europeos que visitaron la zona.

Dentro de las creencias religiosas de estas tribus, figuraba la vida en el más allá después de la muerte, por este motivo, cuando se producía el fallecimiento de un jefe o una persona de prestigio social, con el fin de que pudiera ser adecuadamente servido y atendido en el más allá, tal como le correspondía su rango y estatus social, se seleccionaban de entre sus esclavos, 8 o 9 varones y 4 o 5 mujeres que eran sacrificados durante los rituales funerarios denominados Ligbeti, con el fin de que acompañaran al jefe y le sirvieran en el otro mundo. Este tipo de comportamiento no es nada nuevo en algunas culturas de la antigüedad, lo que más sorprendió y horrorizó a los viajeros europeos, es el que estos macabros rituales se mantuvieran vigentes hasta finales del siglo XIX en los remotos confines del África profunda.

La ceremonia de la decapitación, minuciosamente descrita por algunos exploradores que visitaron la zona a finales del siglo XIX, se celebraba durante los funerales. En estos actos, se reunían todos los habitantes de la tribu, y acompañaban el tenebroso ritual con gran profusión de gritos y bailes, en un ambiente de histeria colectiva, que añadía aún mayor dramatismo a la dantesca escena.  Para la decapitación, el verdugo empleaba un característico y vistoso cuchillo ceremonial con forma de hoz, que parafraseando la cita del etnólogo Marc Felix nos muestra ‘la terrible belleza de los instrumentos de muerte’. Este tipo de cuchillo llamado Ngulu, perdió en el siglo veinte su función original, conservando sin embargo su valor como símbolo de riqueza, prestigio social y como ‘moneda’ ”.

Los refinados Ekonda o Konda, también los Kundu entre otros del grupo Mongo, no eran de lucirse tallando madera, pero rozando el límite que su exquisitez les permitía, crearon otro ‘ornamento’ que mostraba su peculiar interés por la ostentación, las espadas de desfile o parada Byongi, que sumadas a su joyería en metal y sus vestimentas, les diferenciaban de otros pueblos.

Estas espadas Byongi, eran de cierta envergadura, superior casi siempre a las Ngulu. Fundidas en hierro, solían tener formas diversas imitando, parece ser, ciertos animales, casi siempre insectos, cuyas patas como vemos en este caso de un ‘mesotopus’ o ciervo volador mostraban como ganchos, con desmesuradas mandíbulas.

Ya hemos visto la utilidad que encuentra el africano en diversos insectos, como más al este el ‘jonespeltis spléndidus’ un ciempiés o aquí el ‘mesotopus lucanus’ coleóptero que ingieren pues les aporta gran cantidad de calcio, hierro y ácidos grasos insaturados, y también ácido cianhídrico con el que combaten fiebres, sobre todo la malaria, aunque sin saber bien porqué, eso sí administrado con cautela pues puede resultar intoxicante y peligroso por tanto.

Aunque la mayoría de estos objetos de prestigio moneda era como el que acabamos de ver, cualquier otro objeto, con forma cómoda de transportar, si aparentaba como este otro cuchillo moneda que sigue, también se consideraba Byongi. Además en este caso era importante mostrar la abundancia de sus minas de cobre y zinc para obtener latón, y mostrar a los interesados lo que se podía llegar a hacer con él.

A esta excepcional ‘arma de parada’, o de presumir ante los invitados, deslumbrando con su brillo dorado, mostrando riqueza y poder, oculto, por qué no en cierto señorío, los Ekonda la llamaban Byongi.

Propiedad, exhibida y a la venta por la Galería Ertribal que además de la foto nos dice:

“Byongi  Espada de desfile Ekonda, D.R. Congo.
Latón y madera. Principios del siglo XX. Ex colección Pierre y Valter Paurell Los
Ekonda o Konda del centro de la República Democrática del Congo son famosos por fabricar los diseños de cuchillas más ornamentados y extravagantes. Esta pieza sustancial, refinada pero restringida es un ejemplo más antiguo de lo que más tarde se convirtió en un tipo común”.
Elsen 2003 en ‘De fer et de fierté’ dice: “Las cuchillas Ekonda son impresionantes y ostentosas, y completamente inadecuadas para el uso funcional, son en cambio símbolos de prestigio sin restricciones. Estas espadas se exhibieron en una variedad de circunstancias, pero sobre todo en desfiles y adivinaciones; muchas eran también prerrogativa de mujeres”.

Este otro ejemplo, también de la Galería Ertribal, donde se nos muestran las dos caras de la hoja idénticas, plantea algo que nos dice de una técnica fuera de la época en que eran habituales, que no es otra cosa que para fundir una hoja de hierro, u otro metal, y que aparezca igual por las dos caras necesita de un molde que requiere de una tecnología que en África no se da hasta mediados del s XX, y aún así en contados sitios.

Veamos que nos dicen desde Ertribal:

“Falsa espada de desfile del estilo de los Mongo del suroeste, los Mpamba, Dia, Bai, Kutu de la R.D. Congo. Hierro forjado, madera, tachuelas de latón, 55 cm. Su proveniencia se remonta a 1993.

Este tipo de cuchilla, que se asemeja mucho a las espadas del desfile, se puede distinguir por su diseño de mango, mostrando una cabeza orgullosa y decorada. Este tipo de espada fue utilizado originalmente por un número de pueblos Mongo del sudoeste que viven en el área del lago Tumba y el lago Mai Ndombe. Estas espadas se exhibieron en una variedad de circunstancias, pero sobre todo en desfiles y adivinaciones; muchas eran la prerrogativa de las mujeres también.

Hay una serie de ejemplos publicados con los que podemos comparar esta pieza, en particular las de Elsen 1992 en común, en ‘Beaute Fatale’, de la colección del Museo Real para El África Central; Westerdijk, 1984 en ‘Africa Metal Implements’; Elsen 2003 en ‘De fer et de fierté’; Felix 2009 en ‘Fatal Beauty: Traditional Weapons from Central Africa’.
Al comparar este mango con los ejemplos publicados, vemos una estética consistente en la forma en que el escultor articuló los rasgos faciales y el mango general. Además, la hoja de esta pieza es incuestionablemente genuina. Así que a primera vista, esta pieza parece ajustarse a los parámetros estéticos correctos para este tipo oscuro, y también lleva una hoja antigua y genuina.
Al inspeccionar de cerca la intersección de la hoja y el mango, hay signos claros de adhesivo aplicado, que no deben estar presentes por ningún
motivo. Otra característica problemática es el color y la superficie del mango. La coloración en la superficie es esporádica e inconsistente con el desgaste que resultaría de la manipulación. Es probable que el asa sea una pieza antigua que ha sido manipulada o una pieza más reciente con la edad simulada. De cualquier manera, la superficie es problemática. En el reverso del cuchillo, hay un número de inventario escrito en
blanco. A primera vista, esto parece mostrar la presencia del cuchillo en una colección importante; posiblemente un museo. Sin embargo, esto también es problemático. Este tipo de etiquetado se realiza de forma coherente con cuidado, intención y precisión. En esta hoja, las letras se hacen con descuido, tanto que el escritor parece haberse quedado sin espacio, y así continuó su pensamiento en la siguiente línea. Mientras que en determinado escenario, esto podría resultar ser un error honesto, parece más probable un intento de engañar. Si el mango es de hecho una creación más reciente, como sugiere la extraña pátina y la presencia de adhesivo entre la hoja y el mango, una nota de colección inusual escrita en blanco sobre ambas piezas sin duda sugeriría que las dos piezas, hoja y mango, ‘nacieron juntas’. El hecho de que se desconoce el origen de esta información de colección sólo apoya la hipótesis de que la anotación blanca es un intento de engañar”.

No los conozco. Nada más que decir, su comentario les honra.

a b

a: Hierro clasificad0 en el grupo Mongo, en el entorno del pueblo Kutu. R.D. del Congo.

Hierro forjado en dulce trabajado al rojo vivo, coincidentes pero desiguales las nervaduras en cada cara; mango tradicional de madera.

Su utilidad resultaba del prestigio que se suponía a su poseedor, pues los filos difícilmente cortarían una rama. Sí marcaba la diferencia en las reuniones comunales, como ceremonias diversas, iniciación o recolección pero sobre todo en funerales. Como otros objetos similares era fundamental para pagar las dotes o adquirir fusiles.

b: Mongo también pero del entorno de los Sengele que aunque menos de 30.000 tienen idioma propio y poco contacto con el resto. Hierro sin alharacas, ni golletes ni incisiones, remate superior en fauces, con cabeza como tope del mango.

Utilizado como arma y machete en la espesura y la caza. Tradicional, herramienta común, adquiría importancia el mango, que no se cambiaba si el representado era alguien que había demostrado valía de algún tipo, lo que a la hora de transacionar podía triplicar el valor de uno nuevo.

Mujer con cuchillo Bwango

Tan conceptualmente modesto y simple como bello.

Este hierro es conocido como Bwango o Bwagogambanza por los pueblos Bonjo, Lobala, Mondzombo y Ngabaka de la R.D. del Congo

En una aparente ingenua abstracción humana, han dotado de sofistificación y grácil estética a la simetría del hombre que implora dirigiéndose al cielo.

Aunque el que vemos en la mano de la mujer resulta claramente insuficiente, sin el recorte y más grande podría ser el temible cuchillo Ikakalaka, y escuchando a otros expertos, serios, viendo cuchillos como este, pero con bien afilados bordes lo encardinan con el Ngulu, como cuchillo de ejecución.

Cuchillo Bwango

Algún buen amigo de la zona llega a explicarme, que Bwango es este tipo, de carácter monetal y que el Bwagogambamza, más grande y pesado y de bordes bien afilados es el de carácter guerrero y a veces utilizado por el verdugo.

Elsen describe la función de este tipo de hoja como ‘objetos de lujo para notables y jefes’. Gosseau 1997 en ‘Tribal Arms Monographs’ Vol. 1 nº2 nos dice: “También se utilizaron ceremonialmente, en particular en los ritos de iniciación para los hombres jóvenes. Las pequeñas huellas circulares en la superficie de esta hoja indican su origen en los Lobala, en lugar de los Ngbaka o Bonjo, que también crearon una hoja muy similar”.

Los belicosos Salampasu, como vemos en las fotos utilizan un cuchillo en toda regla, a mitad de camino casi de una espada. Pero sabiendo de lo violento de sus acometidas, a cara descubierta, está claro que este cuchillo, aunque arma, tiene una clara función como objeto ritual y de prestigio, pues esta no es la única foto de un Salampasu enmascarado blandiendo este tipo de cuchillos.

Espada corta Ikul de los Kuba
Los Kuba, Bakuba en plural, son originarios de la provincia de Kasai en la República Democrática del Congo.

Hoja de hierro y mango de madera con incrustaciones metálicas geométricas.
En el pasado, estos cuchillos eran un símbolo de masculinidad y entregados a los iniciados tras su transición a la edad adulta.
Los Kuba tenían un notable conocimiento de la forja y sus herreros ocupaban una destacada posición.

Espada corta Hungaan El Kwango e un importante río que dio nombre a los pueblos asentados en sus orillas y ahora a una provincia de La R.D. del Congo. Entre otros pueblos acogidos en sus orillas están los, Holo, Hungaan, Mbala y Pende siendo la provincia muy grande estos se ubican en el entorno donde el Kasai cierra la horquilla que forma con el Kwango.

Este hierro de cierta envergadura, 52 cm, forma una hoja de desigual grosor que del eje central va adelgazando hasta presentar un borde suficientemente resistente pero cortante. Se maneja gracias a un mango de madera, bien insertado y tal vez adaptable a una mano no excesivamente grande, más bien menuda. Por la información de quién lo trajo a nuestras manos, conocido hace años y autóctono de la zona lo hemos clasificado como Hungaan.

No tiene ningún significado nuevo que no sea su doble uso como arma, y que tras el primer paso del Mukanda se entrega este tipo de hoja al muchacho como símbolo de integración con los adultos. Tambien le sirve a este hombre como parte, importante, de dote para acceder a su mujer.

Cuchillo Me Buun

Cuchillo Me Buun de los Yanzi, Ngul o Pendé, R. D. del Congo

Exhibido y a la venta por la Galeria Binoche et Giquello. Foto y textos de dicha galería.
Hiero forjado con mango de madera con pátina marrón brillante. 18 x 29 cm
Arma de prestigio, la hoja discoide asimétrica se despliega formando una elegante paleta. El mango está cubierto con alambre de cobre, el tope de madera lo cubre una hoja del mismo metal. El arma cede y da paso con su forma al objeto en toda su nobleza.

Véase. Hierro y Orgullo, 218, Figura 79 para un objeto comparable

Poto cuchillo moneda

Muy popular es también entre algunos pueblos en la confluencia de los ríos Ituri, Giri y Mongala elcuchillo Poto, cuya extremidad del mango, está forrada de piel, formando una pequeña bolsa en cuyo interior se han introducido ‘polvos mágicos’.

Emambele

Este es un Cuchillo de Prestigio de los Mangbetu de la R.D. del Congo Recibe el nombre de Emambele pero también el de Trombasc, sin que nadie lo aclare. Se nos ocurre que como en otras ocasiones, Emambele, hace referencia al origen del clan primigenio, mientras que Trombasc es una onomatopeya que como otras veces alude al chasquido al impactar el cuchillo, lo que no es inusual.
Hombres Mangbetu exhibiendo sus Emambele

Lo normal es que como el que vemos en la imagen, tengan la hoja de hierro forjado, mango de madera forrado de hilos de latón, marfil o hueso.

Es el más famoso de los cuchillos de prestigio de los Mangbetu. El Emambele o Trombasc, tiene forma de hoz en ángulo recto con bordes afilados y con dos o tres agujeros. Su empuñadura estaba hecha de una variedad de materiales, incluyendo latón, madera, marfil y hierro. Si el herrero hacía la hoja, era otro artesano el que en paralelo realizaba el mango tras estudiar la mano de quien lo encargaba que le anticipaba el material. Esto era de suma importancia pues en una sociedad tan jerarquizada y elitista, el prestigio visual podía influir en el posicional.

Schildkrout & Keim 1990 en ‘African Reflections: Art from Northeastern Zaire’ dicen al respecto:

“Estos instrumentos también pueden utilizarse como cuchillos arrojadizos, pero suelen emplearse más como objetos rituales o monedas. El número de orificios en su hoja de dos a tres, indica el número de mujeres de su poseedor”. 

Distintos pueblos Mongo tienen varios tipos más de cuchillos con forma de punta de lanza, como los Ntsoko, o similares a algunos que hemos visto como el Efamba o el Ikakalaka, utilizados como moneda y objeto ritual.

Este sería el caso del oshele, utilizado en la zona central del Congo, entre los ríos Kasai y Sankuru, formado por una gran lámina de hierro de unos 90 cm. de longitud y que a pesar de su notable parecido con los cuchillos arrojadizos utilizados en la zona, ha perdido su utilidad como arma y se emplea en la práctica exclusivamente como moneda.

Otro tanto ocurre con el cuchillo kul, utilizado por la tribu Ngama, o con el cuchillo típico del pueblo Bubu, en la zona del río Ubangi, de forma redondeada y que carece de punta

Un segundo grupo de armas lo constituyen las hachas rituales, destacando entre ellas por su belleza la característica Zappozap o Kasuyu utilizada  por los pueblos Nsapo del Congo. Estas armas, auténticas obras de arte, suelen presentar varias caras humanas en relieve sobre las barras de hierro que conforman su hoja, y constituyen símbolos de poder y riqueza, no utilizándose por tanto en las transacciones comunes.

De aspecto más modesto, las pequeñas hachas rituales utilizadas por los pueblos Bana, Kapsari y Fali de Camerún tienen también una función monetaria.

Hachas Zappozap de los Nsapo, estos más que una subetnia de los Songye casi se podría decir que son un clan dentro de ellos.

Kibiki o Kasolwa hacha de los Luba Sankadi Hacha Ceremonial, Kibiki o Kasolwa de los Luba Shankadi o Kalundwe de la R.D. Congo
Madera, esteatita incrustada y hierro. 42,5 cm. Inicios del siglo XX.

Si algo tienen los Luba es talento, que demuestran con elegancia, técnica y versatilidad. Y cómo no, sus hachas ceremoniales también son un buen ejemplo. Un recio vástago de dura madera donde el artista se luce tallando una hermosa cabeza bien peinada, como solo saben hacerlo los Sankadi, que midiendo la palabra, nos muestra la justa medida de esta en un alarde al salir proyectada, sólida y consistente de la boca de la mujer, en una bella sintonía entre la madera y el hierro. Que parafrasea este en un poema visual, que apreciamos en los dibujos cincelados que encierra. Estos objetos no son comunes, son para reyes o jefes, y si a alguien se le diera, se le estaría encumbrando a tal cargo por el simple hecho de tenerlo. Sí, son objetos de prestigio y por eso tan solo para reyes, jefes, personas de alto rango, médiums espirituales femeninos u otros miembros de asociaciones secretas. Se llevaban sobre el hombro mostrando el rango cual medalla o galón en uniforme; empuñadas, también se mostraban en las ceremonias de la corte y en la danza en rituales y festivales.

Los emblemas reales Luba suelen encerrar moralejas de carácter resolutivo, de utilidad. Mensajes metafóricos como ‘abre camino’ o ‘desbroza antes de cultivar’, facilitan ideas y no tan solo el hecho concreto en sí. Westerdijk 1984 en ‘African Metal Implements’; Verswijver, G., De Palmenaer, E., Baeke, V., y Bouttiaux-Ndiaye, A., eds. 1996 en ‘Obras maestras de Africa Central’; Roberts & Roberts 2007 en ‘Luba: Visiones de Africa’; Visoná, Poynor, & Cole 2008 en ‘Una historia del arte en Africa’; Elsen 2013 en ‘Fatal Beauty’, edición negra, nos dicen: “La tradición oral de la Épica Luba relata cómo la realeza y la fragua de metales fueron introducidos por el héroe cultural Mbidi Kiluwe. Por lo tanto, blandir el hacha ceremonial implica un recuerdo de los orígenes reales y sus privilegios”.

Khaandu de los Yaka Foto del Met

Los Yaka como los Suku, estaban en la órbita del Reino Kongo del que se escinden, pasan por la sumisión a los Lunda, pueblo con aspectos sociales más ‘civilizados’ y después por la de los Imbangala o Jaga, que aunque hay dudas de quienes eran, no respecto a sus costumbres que como poco habría que reseñar como depravadas. Tras siglos de vasallaje a los Jaga o Imbangala, estos son aniquilados en el siglo XVII por las alianzas de otros pueblos con los portugueses y otros colonos europeos, recuperando los Yaka su identidad, pero recordando siempre las tan famosas como sanguinarias hachas de los Imbangala, por lo que se cree que estas son recuerdo de qué no hay que hacer y que sí para ser un hombre cabal, lo que de siempre es estricto y prioritario en el ciclo iniciático del Mukanda por el que ellos se rigen.

Este hacha Khaandu de los Yaka está depositada y se exhibe en el Met Museum NY

Varios tipos de lanzas tuvieron a su vez función monetaria, algunas reciben nombres específicos como las Bikie o Mimboss de Camerún, y mientras en algunos casos, como entre los pueblos Nkutshu, Tetela y Ngombe, conservan una doble y hasta triple función, la de armas, monedas y elementos litúrgicos en determinados bailes y ceremonias rituales, otras veces, como las elaboradas lanzas Mbole, Bangala, o Chamba, solo sirven como objetos de lujo y moneda.

Kuba Mongo, Tetela o Hemba Masai

Las lanzas de este tipo se utilizaban como objetos de prestigio y, a pesar de su diseño amenazante, eran menos propensas a actuar como un arma, siendo habitual, cuando era el caso, utilizar las puntas de lanza también como medio de intercambio o de pago. La extensa área tribal de los Kuba produjo numerosa variedad de estilos, incluso en las armas de prestigio. Pero como vemos en esta muestra, el doble uso se extendía desde Gabón a Tanzania.

Ya las vimos antes y si se tienen en la mano, causan estupor pues aunque su forma sugiere otra cosa, enseguida se entiende que no sirven como armas. Me refiero a las espectaculares Liganda o Ngble, gráciles, elegantes y esbeltas piezas de hierro, entre hoja de espada o punta de lanza de hasta dos metros de altura, utilizadas particularmente como monedas de dote que se devolvían en caso de divorcio, o como moneda normal hasta comienzos del siglo veinte por los Topoke del Congo. Y para apuntar otro dato, por treinta Ligandas u otro tipo de lanzas grandes, que genéricamente denominaban doa, podía adquirirse un esclavo.

Instrumentos musicales

Otra de las grandes familias que compartieron el tener una utilidad práctica con la de ser moneda tradicional, es la de los instrumentos musicales, principalmente como hemos visto las campanas o cencerros de metal.

La música es un concepto de gran valor y amplio significado en África, donde cada instrumento tiene un uso específico ritual, ceremonial o de medio de comunicación y es realizado exclusivamente por un músico que lo dota además de simbología y ‘poderes mágicos’.

Los de madera, aúnan el componente de involución de la naturaleza viva que permitió hacerlos, llamando a los vivos o concitando a los muertos según el tañido. Los realizados en hierro, campanas y sonajas fundamentalmente, tenían el añadido del valor del material y el peso de este.

a b

a: Campana de los Ambete o M`bete del Gabón b: Campana de los Eket de Nigeria Llamadas Ogrinya eran campanas usadas por pueblos de Nigeria, Camerún o Gabón, por pueblos como los Ambete, Eket o Fang, son sin embargo herederas de las tradiciones de los antiguos pueblos Idoma o Igbo y pertenecían a la sociedad Ogrinya, exclusiva de hombres que hubieran matado un elefante, un león o un hombre. Remedando, las crestas eran reflejo de un cráneo humano alusivas al guerreo o cautivo muerto Las de los Kota en Gabón, son utilizadas por los adivinos y los curanderos; individuos cuyas profesiones incluyen el diagnóstico y la curación de la enfermedad y otros tipos de desgracias.

Miden la a: 46 x 24 cm y la b: 56 x 25 cm

c d

c: Dzo tambor del Bajo Kongo d: Dzo tambor de los Tshokwe de Angola

Al igual que las Ogrinya de más arriba, este tipo de ‘campanas de madera’, las Dzo, realmente tenían en su doble utilidad características muy concretas, servían para que el Nganga, el sabio brujo u hombre medicina, llamara a los espíritus de los difuntos, y a la vez como parte del pago a esos Nganga de los rituales para poder celebrar esos ritos, pero dado que no son baratas, requería que el pueblo o aldea se uniera para poder costearlas. Rondan los 45 x 25 cms.

Hay una gran variedad de Dzo o campanas de madera talladas, por los pueblos que viven en la región del Bajo Congo. Forman, junto a otras, parte del material utilizado por el curandero tradicional, para su comunicación con el mundo de los ancestros. Se les atribuye también el poder de revelar el más allá del otro mundo. Estas campanas de tañido sordo, se utilizan a modo de queda llamada, bien para movilizar a los hombres a la guerra o bien para convocar a los genios Dzo, del que reciben el nombre, en el culto a los muertos. En este último caso, se dice que el espíritu de los ancestros se refugia en la cabeza de la campana cuando esta suena y queda predispuesto de este modo a las solicitudes pretendidas. c: 53,5 x 23,5 cm – d: 58 x 23 cm

e f

e: Tambor de los Kuba llamado Pel Mmbish. Antropomorfo como se puede apreciar, es de una pieza de madera la ‘caja’ y lleva en los extremos dos membranas de piel de distinto tono; está tachonado con clavos e hilos de cobre; utilizado en todos los eventos, trasmite in situ las noticias, pues adelanta con su tañido a quien lleva la noticia. Se cambiaba por un esclavo o por un valor equivalente incluso un arma de fuego, siempre y cuando el receptor ya tuviera otra más moderna. Mide 73 x 28 cm.

f: Excepcional Linga o tambor de ranura de los Bena Lwlua al que llaman Thsingufu, su utilidad era similar al de los Kuba y correspondía también a un esclavo o arma de fuego. Este tipo de objeto de los pueblos de hábiles tallistas, como los Luba, Hemba, Lunda, Songye etc., tenían similares utilidades. De madera de una pieza, mide 106 x 35,5 x 23 cm.

g h

g: Genéricamente conocidos como Dungu o Kundi estos instrumentos cordófonos se encuentran por todo el continente africano, este de Camerún magníficamente tallado, con extensiones antropomorfas en el estilo de las estatuas ancestrales, se da indistintamente entre los pueblos Bamún, Bamileké o Tikar. Aunque en este caso nos inclinamos por los Bamún.
Como una proposición fálica nada más verlo, su origen se remonta a un antiguo culto de los ancestros. Ejercía un papel esencial en el ritual de iniciación masculina, guiando al participante en el ‘viaje’ a través de un metafórico útero, que le conducía al país de los ancestros, lugar donde él debía renacer. Pero era fundamental en las ceremonias terapéuticas de posesión propias de las sociedades femeninas. A partir del año 1930, a todos estos rituales, le fueron añadiendo paulatinamente elementos de la liturgia católica; así el arpa, principio femenino y génesis del mundo, es considerada la Santa Virgen en ciertas sectas sincréticas. Asociado como vemos a la mujer, era una importante, aunque inusual pues no abunda, moneda de dote lo que le daba un valor extra. Mide 61 x 67 x 28 cm

h: Shekere, Nsek o Axatse Cabaca. Es un instrumento de percusión extendido por toda África, consiste en una pequeña calabaza seca ahuecada que sirve de caja de resonancia, recubierta de una maya o red de rafia a la que se le han incorporado semillas duras, huesecillos, conchas o bolas de barro cocido, entretejidas en la red. Al agitar golpean contra dicha calabaza con un gran estruendo y sirve apara acompasar la música o danza. En todas partes del continente lo llaman de manera diferente, entre los Lega de la R.D. del Congo es conocida como Chekeré, como Lilolo en Kenia, Axatse por Chad o Sudán, Nsek por el Congo y Shekere por el África Occidental. Suele utilizarse mucho en la música de los Hausa de Nigeria. La forma de la calabaza determina el sonido del instrumento. Este Chekeré es de los Lega o Lengola del Congo. Todo cambia y lo antiguo poco a poco se olvida, pero la calabaza siempre ha sido un artículo asociado a la mujer, y como este, aunque ahora lo utilicen hombres en sus conciertos, era usado por mujeres que requería que cada tres patas de gallina o 12, actuaciones, se les pagara a cada mujer que actuara el equivalente al costo de uno de estos instrumentos.

i j

i: Gangkogy o Gankeke es el prototipo de campana o cencerro africano; consiste en un vaso invertido de hierro y al que en función del tamaño, adecuan un sonido mediante el golpeo de este con un palo de madera forrado o no a modo de baqueta. Su sonido produce para ellos el efecto de llamada imprescindible para solicitar la presencia de los antepasados, espíritus o incluso el mismo ser supremo. Muy utilizadas en zonas del Bajo Congo, Camerún, Nigeria, Gabón, Benin, o Ghana y en cada sitio con su peculiaridad, que normalmente pasa por colocar una figura o cabeza tallada en madera en su mango. Su tañedor es un hombre considerado sagrado aunque de algo lúdico se trate, conocido como Kpanligan, que es el interlocutor único por ejemplo entre el rey y los súbditos. Los mandatarios más importantes de las aldeas tienen sus propias orquestas, formadas principalmente por tambores. Durante las apariciones públicas de los jefes, los músicos tocan sus tambores y, también se añade el sonido de las campanas de percusión externa que son golpeadas con pequeños batidores. Pueden ser sencillas, como las Fang o el cencerro Mossi o dobles como el crochet Lobi, de diversos tamaños y normalmente de hierro. Este tipo de campanas puede medir entre 20 y 50 cm, dependiendo del uso que se le vaya a dar, algunos se aplican en ceremonias luctuosas, otros en actos de carácter religioso o con la finalidad de proteger a la aldea. Esta es de los Fang de Camerún. Como todo lo relacionado con lo funerario su valor era proporcional al coste de uno o varios funerales.según se acordara. Mide 37 x 12 x 5,5 cm

j: Dundun es un término también genérico, para tres en un instrumento que consisten en un digamos solista, uno en tono agudo y otro en grave. Pueden verse así tambores, campanas o trompas. En las campanas, como estas de Malí, la campana pequeña, como en cualquier o otro instrumento, es llamada Kenkeni, la mediana Sangban y la grande Doundounba. Vemos que son de zinc y tan solo es una plancha recortada de modo que al doblarla quede una parte estrecha a modo de asa, y dos partes más anchas, enfrentadas, que no se cierran ni tocan quedando cimbreantes, pero utilizado el espacio entre ambas como zona de amplificación. Son como vemos algo de bajo costo material y no tanto manual, pues hay que tener cierta pericia para que el artesano que las hace les de el tono preciso para la conjunción de la musicalidad. De todos modos su función de intercambio suele ser por algún otro útil, estancia o comida, pues si se ha ido al festival de algún pueblo, mejor cambiarlas antes de volver con la bolsa de la actuación que no con las campanas que fácilmente de vuelta se pueden volver a hacer.

Para los más interesados en otros instrumentos moneda, les remito a nuestro texto de ‘Instrumentos Musicales Africanos’, donde satisfarán su curiosidad.

Oro

W. Bosman habla de oro fino y puro llamado Acanni sika.

Los Akan utilizaban cajas cuyo volumen en polvo de oro se aceptaba como intercambio sin utilizar paridad de equilibrios. Lo normal era que figurara en la caja alguna inscripción o símbolo que indicara el valor ponderal del polvo de oro que cupiera en la caja. Y eso se ‘medía’, mediante unas figurillas preestablecidas, es decir, peso y moneda entran aquí en un sistema monetario. En el espíritu Akan, estas palabras no evocan la noción de peso, sino de moneda. Estas equivalencias estaban equiparadas con las monedas europeas. Las conocidas figurillas eran pues unos pesos-moneda y desempeñaban el papel de moneda marco y el polvo de oro desempeñaba el papel de moneda de sustitución. Manipular esta moneda era pues un asunto de especialistas. Había unos pesos masculinos y otros femeninos. Era un principio regulador de las transacciones comerciales. Los dos eran similares en la forma pero uno era el modelo reducido del otro. De la diferencia entre el peso masculino utilizado para comprar y el peso femenino para vender resultaba el beneficio del vendedor. La diferencia de peso de la figurilla masculina de compra menos el de la figurilla femenina de venta era el beneficio establecido y aceptado.

Algunos tipos de contrapesos Akan

Monedas

Aksumite, es el nombre dado a las primeras monedas africanas encontrada en la actual zona de Etiopía Eritrea atribuidas a partir del rey Endubis de Aksum y datadas a partir del siglo III

Moneda s. IV reino de Aksum

Moneda de oro siglo V del rey Ebana.

La conocida como Moneda de Aksum es la primera divisa autóctona conocida que se expendió en África sin el control directo de una cultura extranjera como la de los romanos o los griegos. Se acuñó y distribuyó desde el Reino del Bajo Aksum, durante el reinado de Endubis, en torno al año 270 hasta que comenzó su declive en la primera mitad del siglo séptimo.

El sultanato subsahariano de Kilwa acuñó monedas después del de Aksum en el siglo X. La moneda de Aksum sirvió como enseña de propaganda y muestra de la riqueza del reino, y la promoción de la religión nacional, al principio politeísta y cristiana oriental posteriormente, facilitando la actividad del Mar Rojo en la que prosperó.

La falta de trabajos arqueológicos en la zona a puesto de relieve, que con tan solo la moneda, esta resulta lamentablemente un elemento poco fiable en cuanto a determinar la cronología de los reyes aksumitas.

Leonardo Da Vinci realizó estudios sobre la fabricación de las monedas y trató de sustituir el amartillamiento en caliente de las monedas extraídas de lingotes metálicos, por el corte de discos metálicos lisos, de cinta ya preparada con el espesor deseado. Reunió en una sola máquina, a la que había acoplado punzones especiales, tanto la operación de corte como la de acuñación para la conocida entonces como Ceca Vaticana.

Antes de su aparición, los negocios se hacían mediante trueque o intercambio de bienes o enseres, y también se llegaban a pagar las mercaderías con lingotes de oro y plata. Al generalizarse el uso de monedas que mantenían siempre el mismo valor, se aumentaron con ello los intercambios mercantiles.

Si aceptamos la versión del historiador Herodoto, podemos decir que las primeras monedas surgen en el Asia Menor sobre el siglo VII a.C. Se mandaron hacer para facilitar la recaudación de los impuestos, aunque es muy probable que aparecieran mucho antes en cualquier otro lugar. El León de Lidia es la moneda oficial acuñada más antigua que se conserva; se acuñó en Turquía sobre el año 650 a.C. en la región que le da nombre, Lidia. Se fabricaron por orden del rey Alyattes como medio legal de intercambio, y estaban hechas de oro y plata. Hubo otras para las que se usaron metales como el cobre, el bronce y el hierro, pero se preferían las primeras por su escasez y su incorruptibilidad, ya que no se estropeaban aunque se almacenaran mucho tiempo. En el actual Pakistán se han encontrado monedas que datan del 2900 a.C., pero quizás las más antiguas provengan de China y sean anteriores al 5000 a.C.

El uso de las monedas se fue extendiendo e incluso el gran Alejandro Magno aparece ya en ellas. Se hizo frecuente estamparlas con el rostro de un soberano, la figura de un dios o algún otro símbolo. Estos sellos garantizaban su pureza y el peso del material con que se había acuñado la moneda.

En el Imperio Romano se creó una moneda homogénea en las distintas regiones y unitaria en peso, tamaño y valor, el ‘denario’, raíz latina de la palabra ‘dinero’. Se implantó una acuñación estatal, prohibiéndose cualquier tipo de acuñaciones particulares. En las antiguas monedas griegas había espigas de trigo y en las primeras romanas cabezas de ganado. Estas formas habían sido durante siglos símbolos del dinero, y su estampación permitía vincular las monedas con la idea general sobre el valor de las cosas reflejadas. De esta forma fue más fácil para la población comprender el nuevo sistema monetario.

No a todos los soberanos les salió bien el poner su rostro en las monedas. Durante la Revolución Francesa, Luís XVI trató de huir con su familia pero, estando ya muy próximos a la frontera y a pesar de los disfraces, un posadero los reconoció y dio la voz de alarma. El hombre manifestó: “¡Cómo no iba a reconocerlo! Todas las monedas de Francia llevan su efigie”.

El rey y su familia fueron trasladados a París y dos años después morían en la guillotina.

El mayor problema de las monedas era su transporte y almacenamiento. Por eso, ya en el año 845 a.C. los monarcas de la dinastía Tang emitieron un papel estatal, con un valor material muy inferior al que representaba. Sin embargo, su valor equivalía, por decreto, a una determinada cantidad de oro o plata. Sin embargo, la plata aún continuó teniendo protagonismo en las transacciones.

En España, Jaime de Aragón emitiría papel moneda en el año 1.250, pero su valor dependía de los tesoros de oro que tuviera el país.

El papel moneda se iría haciendo popular en el siglo XVIII, y los bancos privados fueron reemplazados para la emisión de papel moneda por los bancos centrales, hasta que a finales del siglo XIX se establece un patrón internacional de paridad con el oro. En la actualidad, tanto las monedas como el ‘papel moneda’, billetes, carecen de un valor intrínseco. Su aceptación existe por la confianza que tiene la gente en que otros lo aceptarán a cambio de bienes y servicios.

Las primeras monedas fueron acuñadas con carácter oficial, en Lidia, hoy Turquía, un pueblo de Asia Menor, aproximadamente en el año 600 antes de Cristo, aunque su origen y uso provenía de muchísimos años antes. Estas acuñaciones eran de oro y de plata y llevaban estampado el sello del león del Rey. Luego comenzaron a acuñarse también en China y posteriormente en Grecia, para ser adoptado  luego, por todos los pueblos.

Su nombre proviene del latín ‘moneta’, apodo con que se nombraba a la Diosa Juno, cuyo templo en Roma era usado para acuñar las monedas.

El hombre siempre ha hecho lo posible por cubrir sus necesidades. Una forma de conseguir cosas de las que carecía era el trueque, que consiste en cambiar una mercancía por otra. Esta práctica es posible porque alguien tiene un excedente de un bien y puede intercambiarlo por otro producto que posea otro individuo o grupo. Así, se cambiaba lana por un tipo de arma, o pescados por trigo. Sin embargo, si alguien deseaba vender una mercancía pero en ese momento no necesitaba ninguna otra a cambio, el trueque resultaba un sistema poco práctico que siempre hacia dudar del valor de los productos a intercambiar. Se buscó entonces un elemento que fuera generalmente aceptado en los procesos de intercambio. Era importante que fuera divisible, para permitir intercambios pequeños, y que resultara fácil de almacenar y trasladar.

Vemos en esta foto, cómo las monedas africanas tras la independencia, sobre 1960, incorporaron simbólicamente, las imágenes de las antiguas monedas. Así por ejemplo el ‘caurí’ a apareció en las monedas de Ghana, la ‘manilla’ b en las de Biafra y la cruz de Katanga en las monedas congoleñas c.

Veamos una panoplia hecha por Numisarchives donde se pueden ver las distintos tipos de monedas-metal, con su correspondiente listado explicativo.

Listado de las fotos de la Panoplia:

1.- Liganda hierro. República Democrática del Congo. Zona de  Kisahghani. Pueblo Topoke. 2.- Likonga hierro, variante de la anterior de los pueblos Lokele y Olombo. Congo.

3.- Penique Ogoja, Iyawa, Efufy o Yakaro hierro. Nigeria, República Democrática del Congo. Pueblos Akiuju, Nkun y Munshi.

4.- Oshele, Woshele o Shongo hierro. República Democrática del Congo. Entre los ríos Kasai y Sankuru. Pueblos Nkutshu, Bankutu, Zande y Bushongo.

5.- Pinga. Cuchillo arrojadizo, hierro. República Democrática del Congo, Sudán y República Centroafricana. Pueblo Zande.

6.- Cuchillo arrojadizo, hierro. República Democrática del Congo. Región de Ubangui.

7.- Mgulu, M’boutou. Cuchillo de verdugo de hierro. República Democrática del Congo. Pueblos Nagala y Ngombe.

8.- Ngindza hierro. República Democrática del Congo, República Centroafricana. Pueblos Bubu y Nzakkara.

9 y 10.- M’bili ngbaka moneda de los Ngbaka, hierro. República Democrática del Congo- República Centroafricana. Pueblo Ngbaka.

11.- Moneda azada de hierro. Camerún. Pueblo Mambilla.

12.- Lámina de hierro del pueblo Zande. República Democrática del Congo, República Centroafricana, Sudán.

13.- Ikonga, punta de lanza decorada (hierro). República Democrática del Congo.

14.- Punta de lanza de hierro. República Democrática del Congo. Pueblos Tetela, Mbole y Nkutshu.

15.- “Cuchillo de la tribu” Lobola, hierro. República Democrática del Congo. Región Ubangui.

16.- “Punta de lanza” de hierro. República Democrática del Congo, RepúblicaCentroafricana. Pueblo Ngbaka.

17.- Ingondá. Cuchillo ceremonial de hierro. República Democrática del Congo. Pueblos Ngombe, Poto y Mongo.

18.- Kul, cuchillo arrojadizo de hierro. Chad. Pueblo Ngama.

19.- “Lanza” de hierro. República Democrática del Congo. Pueblo Ngombe.

20.- Trombasc. Cuchillo ritual de hierro con mango de madera, marfil o metal. República Democrática del Congo, Sudán. Pueblo Mangbetu.

21.- Gayum Monedas murciélagos de hierro. Gabón. Pueblo Kwele.

22.- Mandjong hierro. Gabón. Pueblo Kwele.

23.- “Moneda mariposa” de hierro. Gabón. Pueblo Fang.

24.- Onganda bronce. República Democrática del Congo. Pueblos Jonga, Nkutshu y Mongo. 25 -29.- “Manillas de Birmingham” cobre-bronce de diferentes tamaños, desde las más pesadas, fig. 28, con más de un kilo de peso, hasta las más pequeñas, fig. 29, de unos 70 gramos. 30.- Onganda bronce. República Democrática del Congo. Pueblos Jonga, Nkutshu y Mongo. 31.- “Relieve de bronce” procedente de Benin Nigeria, representando un personaje portugués con una manilla. 

32.- “Lanza moneda” hierro. República Democrática del Congo. Curso inferior del río Lomami. Pueblo Mbole.

33.- Zappozap, Kasuyu. Hacha ceremonial en hierro, mango de madera forrada de cobre. República Democrática del Congo. Pueblo Nsapo.

34.- Lokongo, Guindja o “Moneda azada” hierro. República Democrática del Congo. Pueblo Ngabandi.

35.- Efamba, espada ritual de hierro. República Democrática del Congo. Pueblo Konda.

36.- “Cuchillo cabeza de pájaro” hierro. Gabón. Pueblo Pangwe o Fang.

37.- “Cuchillo ceremonial” hierro, cobre, madera. República Democrática del Congo. Pueblo Lokele.

38.- “Moneda azada” hierro. República Democrática del Congo. Pueblo Nkutshu.

39.- Guinze hierro. Nigeria. Pueblo Idoma.

40.- “Cuchillo ritual” hierro. República Democrática del Congo. Pueblo Bwaka.

41.- “Hacha ritual” hierro. Camerún. Pueblo Kirdi.

42.- “Lanza moneda” hierro. República Democrática del Congo. Pueblo Ngombe.

43.- “Punta de lanza” hierro. República Democrática del Congo.

44.- “Moneda azada”, lámina de hierro. República Democrática del Congo 45.- Losol o Tadji hierro. Camerún-Nigeria. Pueblo Fulani.

46.- “Placa de hierro” con apéndices. República Democrática del Congo. Región de Ubangui.

47.- “Lámina de hierro” con apéndices. República Democrática del Congo. Pueblo Banda.

48 y 49.- Shoka hierro. República Democrática del Congo. Pueblos Lokele y Olombo.

50.- Pur-pur, moneda azada de hierro. Nigeria.

51.- Buji o Dubil, barra de hierro. Liberia, Nigeria. 

52.- Eloundja, Ilonga, Gunga cobre, instrumento musical. República Democrática del Congo. Pueblos Nkutshu y Jonga.

53 y 54.- Kundja e Iwenga hierro. República Democrática del Congo. Pueblo Nkutshu.

55.- Mapuka, lámina de hierro con apéndices. República Democrática del CongoPueblo Mangbetu.

56.- “Serpiente” de hierro. Zaire, Burkina-Fasso. Pueblo Ngelima.

57.- Anyún, Aiju, Ozala o Umumu, “Monedas aguja” hierro. Nigeria.

58.- Peniques Kissi, Gitzi o Kilindi hierro. Liberia y Sierra Leona. Pueblo Kissi.

59.- Cruz de Katanga o Handa cobre. República Democrática del Congo. Regiónde Shaba. Pueblo Luba.

60.- ‘Hacha de guerra’ hierro y mango de madera. República Democrática del Congo.

61.- Mitako o “Moneda espiral” cobre. Nigeria, República Democrática del Congo.

62.- Bikie, lámina de hierro. Gabón, Camerún. Pueblo Fang.

63.- Sengese, cuchillo arrojadizo de hierro. Chad, Camerún. Pueblo Matakam.

64.- Boloko, Okanu o Konga cobre. República Democrática del Congo. Pueblo Nkutshu.

ALGUNOS BILLETES PRE INDEPENDENCIA anteriores a 1960

GENERALIDADES

Como hemos visto, generalmente se acepta que el primer objeto reconocido como moneda fue el ‘cauri’, esas valvas de un molusco originario del archipiélago de las Maldivas. Su nombre científico, Cypraea moneta, nos adelanta su carácter.

Es una pequeña concha que en algunos países africanos se siguió usando hasta hace no mucho tiempo. Su uso llegó a estar muy extendido, no sólo en África sino también en China, resto de Asia y América, e incluso se encontró en tumbas en Inglaterra, reconociéndosele por tanto como moneda primitiva, pues su utilización se remonta a unos 3.500 años antes de nuestra era.

Los chinos usaron monedas de hierro hacia el siglo IX a C., pero las reemplazaron por papel moneda, pues eran muy pesadas.

Otros elementos que también se utilizaron como monedas antes del uso de los metales fueron las barras de sal de donde viene el término salario, y que eran en aquellas épocas casi imprescindibles para la conservación de alimentos mediante la salación; también piezas de coral, barras de metales, trigo, e incluso animales como las vacas.

La gran riqueza artística de objetos para el trueque en las culturas y economías africanas, se basan en objetos tan variados como ágatas, caurís, cuentas de vidrio, lingotes, tejidos, armas, utensilios agrícolas o instrumentos musicales.

Los objetos creados para intercambio, monedas, son el referente de cada sociedad. En ellos apreciamos las bases de cada pueblo africano para delimitar sus creencias, cultura, autonomía, o su nivel técnico. Sin embargo, a pesar de que la moneda africana tradicional no responde a las formas occidentales a las que estamos acostumbrados, los más de doscientos tipos de piezas reconocidos, son objetos que han funcionado con los mismos fines que una moneda en cualquier otra parte del mundo.

A lo largo de la historia hombres y mujeres han utilizado distintos utensilios para realizar pagos, intercambios, donativos u ofrendas; estos objetos variaban en función de su propia tradición, pero tenían en común el hecho de que la comunidad que los empleaba les otorgaba un especial valor: económico, social o sagrado. Han existido otras formas de vender, comprar e intercambiar, distintas a las que hoy utilizamos pero que no son del todo ajenas a la idea de dar a un objeto que no sea una moneda, un valor económico o simbólico y usarlo como dinero.

Hoy es dinero una tarjeta de plástico, un cheque, o un abono para el autobús.

La moneda occidental se empezó a admitir para algunos pagos concretos en África a partir del siglo XVI, con la llegada de los comerciantes procedentes de Europa. Sin embargo las monedas tradicionales africanas eran las únicas que se reconocían para el comercio habitual. De hecho, las monedas tradicionales han estado en circulación hasta las primeras décadas del siglo XX, momento en el que fueron prohibidas por los colonizadores europeos. Tras la descolonización e independencia política, los países africanos acuñaron sus propias monedas y se adaptaron así al sistema monetario internacional.

Tradicionalmente los pueblos africanos emplearon como dinero, sal, cacao, conchas, así como tejidos, armas, herramientas, joyas, productos naturales o manufacturas a los que se les reconocía un valor por el propio material, pero también por su utilidad y por el simbolismo o significado que tenían dentro de cada sociedad. A ello se sumará con el tiempo un interés estético, derivado de la demanda del llamado mundo occidental, lo que los convierte además en objetos bellos y deseables que poco a poco adquirían más valor de intercambio y perdían a su vez el uso inicial para el que fueron creados.

Refinando sus formas, se aumentaba su valor.

La explicación se articula en grandes áreas que responden a la forma de cada

moneda. Una forma que viene determinada por el objeto del que proceden, un arma, un apero de labranza, un instrumento musical, o una joya. Hemos pretendido ofrecer una amplia visión de las monedas africanas tradicionales atendiendo a su forma, realzando la calidad estética de estas piezas, en muchos casos auténticas esculturas, y llamar la atención sobre su importancia en las tradiciones y economía africanas.

Aunque propios, estos textos técnicamente están basados, en informes de la Fundación Jiménez Arellano dependiente de la Universidad de Valladolid, Antonio José Molina Molina experto africanista misionero de los Padres Blancos, Miguel Ibáñez Artica, experto numismático y el equipo de A.T.A.

Gracias a todos

jj andreu

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Juanjo Andreu
Juanjo Andreu

Profesor de Bellas Artes y comisario cientifico de arte tribal africano

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Publicado en: África, LA MONEDA EN ÁFRICA Etiquetado como: La manilla, premonedas

Vudú en África Ghana  Togo  Benín

octubre 12, 2022 by Juan Jose martin Andreu 1 comentario

Vudú en África

Ghana Togo Benín

Foto de Frederic van Wallegheem

¿De qué hablamos? ¿Qué es el Vudú?

Hablar de religión refiriéndonos a la de otros pueblos suele ser comprometido, porque por mucho que se indague y pregunte, todo lo que se lea, vea o escuche, es subjetivo. Primero porque cada individuo que practica una religión deposita en ella su fe de acuerdo a su creencia e interés y lo que nos manifiesta tiene un filtro personal.

Y en segundo lugar y creo que más importante, porque quienes le prestamos atención lo hacemos a través de prismas que siempre mediatizan, querámoslo o no; no puedes estar absolutamente pendiente de ser objetivo en algo tan personal ni aunque se relea seis veces antes de darlo por bueno.

Añadamos a esto la dificultad que entraña el que ningún erudito escribiera libro alguno sobre el tema, puesto que estos pueblos basan su cultura en tradiciones transmitidas oralmente de una generación a otra. Otra razón es que desde hace ya mucho, las repuestas dadas sobre este tema, in situ, provienen de personas ya influenciadas por sus creencias islámica o cristiana y por tanto también mediatizadas.

Aunque es difícil obtener una explicación sobre las religiones practicadas durante mediados del siglo XV, 1450, podemos ver los años posteriores y ver cómo han evolucionado en el tiempo. 

Hay que hacer una referencia previa a la historia para precisar que gran parte de los pueblos de esta región, tan mal dividida por las potencias colonizadoras, antes de su asentamiento en ellas pasaron por el Reino de Oyo de los Yoruba con los que convivieron varias generaciones, la huella dejada en los Adja y Ewe, entre otros, es lógicamente indeleble. Como lo son los lazos que otras etnias, como los Fon, mantuvieron y mantienen con estos vecinos. La religión por tanto que se encontraron los primeros europeos, parece lógico pensar que era la suma de la religión yoruba con la que mantenían el resto, que los datos dicen llamaban Vodun, literalmente ‘espíritus’, vocablo que parece se mantuvo al quedar reflejado en algunos documentos.  La religión era por tanto, la combinación del lado animista del Vodun con el cristianismo, la sincretización de ambos, que en América trasmutó en otras versiones aunque manteniendo un nexo de orígen común y que ahora conocemos genéricamente como Vudú, conservando ellos el de Vodun. 

Dejando la historia y retomando los conceptos, muchos fuera de esta cultura ven esta creencia como politeísta, en realidad es monoteísta, como veremos. 

Su Dios supremo es Mawu, él es la mentalidad de esta gente; él es bueno, pero no se preocupa directamente por el hombre. Los Vodun creen que Mawu les designó su poder, haciéndolos sus seguidores, sus criaturas. No solo se comunican con Mawu sino también con otros espíritus, como sus hijos y antepasados, según nos dicen Zinzin Dohoue y Barthelemy en: “La religión tradicional en África: el fenómeno Vodun en Benín”.

Para mucha gente esto podría verse como politeísta, pero tenemos al cristianismo como nuestra religión principal, que nos habla de tres dioses el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, aunque luego los concentre en un solo ente. Si con esto, el cristianismo está considerado una religión monoteísta, por qué no considerar al Vodun del mismo modo. 

Cuando los cristianos se dieron cuenta de que el Vodun crecía y se practicaba, pretendieron erradicarlo, argumentando que estaban adorando al diablo.

Finalmente recibió reconocimiento oficial en 1996.
Durante el periodo de coexistencia, del siglo XIV al XVI, durante la llegada de los primeros viajeros europeos, no solo se practicaba vodun sino también se fue asentando el cristianismo; esto sorprendió pues no se creía que el cristianismo fructificara antes de haber empezado la colonización.  Se constata porque en 1514, el Oba Ozolua envió embajadores a Lisboa, para comunicar que estaba interesado en el cristianismo y solicitaba ayuda. Cuando los misioneros llegaron en 1515 no tuvieron éxito. No fue sino hasta el reinado de su hijo que el cristianismo tuvo más implantación. El enviado por el Rey de Portugal, Joh Affonso d’Aviero llegó a la ciudad de Benín y aconsejó a Esigie, el hijo de Ozalua, que se hiciera cristiano, convenciéndole de que mejoraría su país. Esigie pidió a Portugal que enviara sacerdotes para enseñarles la fe a él y a su gente, según cuentan Koschorke, Ludwi y Delgado P. 147-148.

Esto fue mucho antes de la colonización de los franceses, que se inició en la última parte del siglo XIX. 
Hoy en día, el vudú todavía se practica, aunque no tan ampliamente como antes de la colonización. 

Hoy, el 42.8% son cristianos, el 24.4% son musulmanes, el 15.5% practican otros ritos y solo el 17.39% son vudun, aunque el folclore y el turismo han promovido de nuevo que al margen de la creencia, todos participen de los rituales. 

Retomando la influencia yoruba, los Ewe se instalaron en Badagry que era parte del Imperio Oyo, como lo demuestran los antiguos mapas de ese Imperio, y los Adja en territorios del mismo Imperio, al que parece contribuyeron en buena medida, aunque bueno sería se incidiera en conocerlo mejor. Sí está claro que ambos grupos recogieron los conceptos religiosos y, los Ewes en concreto, aspectos del sistema de gobierno de los yoruba de Oyo, que se mantienen. Esto tiene su importancia porque términos como fon, por ejemplo, hacen referencia tanto a una creencia como a un grupo étnico, aunque muchos fon no sean adeptos a la variable religiosa fon. Hablaremos de fon y ewe, dejando ahora claro, que cada uno agrupa otros pueblos que al final conforman la población de los tres países de los que tratamos, Ghana, Togo y Benín.

En cuanto a las creencias religiosas Vodun es un todo que desglosan así: Las creencias Fon por un lado y las Tro de los ewe, forman la base de la religión de todos, el Vodun

Creen en la existencia de un Dios superior; los ewe dicen que Mawu es el creador, similar al dios cristiano, o, para algunos más, como la fuerza de vida difusa del universo.

Para otros, Mawu es el ‘padre madre’ de todos los Trowo, los espíritus poderosos o deidades menores.

Entre los fon, Mawu y Lisa son una pareja, bien de gemelos o una divinidad hermafrodita, femenina Mawu y masculina Lisa.

Los fon dicen que el mundo fue creado por Nana Buluku, que dio a luz a Mawu y Lisa. Para otros, Nana Buluku, Mawu y Lisa son todos Vodun, y no hay ningún creador todopoderoso por separado.

Entre los anlo ewe, Nyigbla, la deidad del Bosque Sagrado es muy importante, así como todo el panteón de los espíritus Yehve, incluido Heviesso, dios del trueno y del rayo, y Avle, una diosa que a veces se personifica con aspecto de hombre.

Gu o Egu, el guerrero y cazador dios del hierro, es una deidad primordial entre todos los grupos ewe y fon.

Hay varios otros entes tro y vodú, incluido Gorovodu, que son muy populares entre las poblaciones ewe y fon en Ghana, Togo y Benín.

Mama Tchamba, una orden relacionada, implica la adoración de los espíritus de esclavos del norte, que los ewe una vez tuvieron, pero con los que incluso llegaron a casarse.

La individualidad de cada persona está involucrada con estas deidades principales y entidades espirituales.

Todas las órdenes de vodú y tro trabajan de la mano con la adivinación Ifa, Afa o Fa, un marco interpretativo complejo en el que cada persona tiene un signo de vida o kpoli, de los cuales hay un total de 256.

Cada signo está conectado a un conjunto de plantas y animales, historias y canciones, tabúes dietéticos, vodús, peligros y fortalezas, todos asociados entre sí, como si estuvieran relacionados con un clan.

Los eventos, proyectos, actividades y relaciones también tienen sus propios signos Afa.

Todo en el universo está relacionado con los textos y temas de Afa, como si la naturaleza misma estuviera dividida en clanes exógamos.

Muchos ewe y fon se han convertido en cristianos; dada su proximidad a la costa, estos grupos étnicos fueron de los primeros en aceptar el cristianismo en los siglos XVIII y XIX. Ciertos grupos cristianos originarios de África Occidental, como la congregación Aladura o la Celeste, tienen un número considerable de seguidores en la costa.

Los sacerdotes de vodú y tro suelen ser hombres, pero las mujeres pos menopáusicas pueden convertirse en sacerdotisas.

La gran mayoría de los espíritus anfitriones o ‘esposas’ de vodús son mujeres.

Los sacerdotes, sacerdotisas y ‘esposas’ de las deidades Yehve, como Sosi, Avlesi, Dasi, etc., generalmente no practican el trance.

Los adivinos de Afa son casi siempre hombres, aunque se dice que una mujer puede convertirse en adivinadora si así lo desea.

Las ceremonias de Vodun y Tro son representaciones convincentes tanto para los iniciados como para los de fuera.

Los adoradores que comienzan a bailar al ritmo de la música de tambor pueden entrar en trance.

Los espíritus que poseen ‘esposas’ pueden tener mensajes para la comunidad, pueden participar en juzgar ciertos casos conflictivos y pueden sanar a los enfermos.

Estos espíritus son sobre todo dioses danzantes, y hay convenciones estéticas de este tipo que tienen largas tradiciones.

En las órdenes de vudú donde la posesión no es habitual, las ceremonias son aún más deslumbrantes debido a la perfección de su ejecución colectiva.

Las filas de bailarines, todos vestidos con idéntico atuendo ceremonial, se mueven a través de un espacio ritual como una sola persona, realizando movimientos específicos.

Los tambores siempre proporcionan una especie de texto y de contexto fundamental para desarrollar el movimiento, que influyen incluso en las asociaciones narrativas y de la instrucción al conocimiento.

Las ceremonias son eventos durante los cuales se refuerzan las asociaciones simbólicas, se establece la identidad individual y colectiva, se recuerdan y se redistribuyen ciertos aspectos de la identidad y el poder, se produce curación y amonestación y, sobre todo, se produce euforia, éxtasis y admiración colectiva.

Las ceremonias son siempre regalos para los dioses.

La adivinación de Afa implica numerosos y complicados rituales basados en un sistema binario de preguntas y respuestas, y en permutaciones de los 256 signos vitales asociados con determinados textos orales.

Recomiendo que para los interesados en ampliar la información sobre este tema concreto con más profundidad, se recurra a los distintos textos disponibles como: “Vodun, orígenes históricos del Vudú”, “El Vodun en Benín”, “Hoodoo, vudú en Haití”, “Sincretismo afro cubano”, “El Voodoo en Nueva Orleans” o “Las reglas Congas”.

Qué duda cabe que todos los pueblos tienen conceptos propios que les definen. Pero qué duda cabe que los vecinos poderosos dejan sentir su influencia. Estos pueblos de los que hablamos, tienen ancestralmente sus propios métodos de hacer ver aquello que recuerda hechos y gentes o reglas y normas, como lo hacen y hacemos todos.

Sin obviar la influencia yoruba no cabe duda de una manera de hacer reconocible y única.

Los continuos vaivenes que por invasiones o asentamientos circunstanciales pasaron, hasta sentirse fuertes y crear su estado, les impulsó a probar a hacer lo que otros ya hacían pero demostrando ser más, lo que hicieron a conciencia. Si los otros ejecutaban a cualquiera nosotros más, pues la vida del que pasaba por allí o quedaba cerca y éramos más, era alguien propicio de ser capturado, bien para servir como esclavo, ser sacrificado, o cuando vinieron otros tiempos ser vendido a cambio de una suma sustancial, lo que se aunaba con el profundo temor a lo desconocido y con ello a la muerte.

Eso dio pie a rituales en los que a cada muerto por cualquier circunstancia, en batalla, accidente, ejecutado en un sacrifico o por malhechor, se le rendía un ritual, con libaciones y peticiones para que no tomara venganza desde el otro lado.

No podemos olvidar la creencia muy extendida entre casi todos los pueblos de África, de que el cuerpo es el receptáculo de lo que ellos llaman Loa, el espíritu, o alma que decimos nosotros. Y que ese espíritu tiene como primera premisa, actuar sobre los vivos, beneficiando a sus allegados y perjudicando a quienes a estos o a él hayan perjudicado, para a continuación proveerse de otro receptáculo o cuerpo donde reencarnarse.

Este tema, sobre el que explicaremos cómo y porqué más dilatadamente, dio pie a que hicieran con sus restos, el cráneo principalmente, objetos litúrgicos que ahora se han convertido en ansiadas piezas de colección tenidas como arte.

Ellos, ante ese temor que al principio les infundía el haber matado a alguien, algo recurrente en todas las civilizaciones africanas y admitamos también aunque no nos guste, también en las nuestras, reverenciaban estos montajes colocándolos sobre altares, donde se les solicitaba exención ante la venganza pues había sido algo justificado, e incluso cuando algo salía bien, pensando que era gracias a su influencia, con peticiones de todo tipo, desde tener buena caza a que el niño se curase.

Y como información adicional, diga lo contario quien lo diga, su origen era atemorizar a enemigos, bandidos o indeseables, y nada mejor que aterrorizar para conseguir sumisión y poder llevar a cabo sus propósitos; y aunque ahora se venda o presente así, el morbo es un buen impulsor, nada que ver en origen con el vudú americano, que también fue algo que implantaron pero más con la idea de alianza con los poderes ocultos.

Ahora son objeto de subastas o de un comercio exacerbado.

Los Adja, Fon, Ga, Goum, Ewe, etc. mantuvieron y mantienen una tradición espiritual conocida como Vodun.

Estos pueblos confluyen en lo que hoy es el golfo de Guinea, nombre de origen portugués derivado de Ghana.

Ghana, Togo y Benin, abarcan entre sus fronteras de tiralíneas colonizadoras a estos pueblos.

El termino Vudú en sí, no tiene ningún significado en las lenguas que hablan estos pueblos y que tienen esta tradición religiosa. Por lo que en realidad es un término generado y utilizado por otros pueblos ‘no’ africanos, básicamente de centro y sur América, como el Caribe, Brasil, etc. para referirse a esta tradición espiritual, que ha calado a ambos lados del Atlántico.

Permitidme exponer aquí una parte del texto sobre el “Voodoo”.

Esta tradición religiosa procede del valle del Nilo, origen de gran parte de los pueblos negroafricanos; por eso cuando estudiamos esta espiritualidad nos damos cuenta que sus seguidores tienen como en el valle del Nilo, un solo dios, practican pues el monoteísmo, aunque este Dios está oculto y es insondable e huidizo.

Es llamado por estos pueblos del golfo de Nigeria, Mawu, cuyo significado apela al que… “nada ni nadie puede superar, el que está por encima de todo, Dios”.

Al igual que en el valle del Nilo, Mawu tiene una naturaleza dual masculina y femenina, lo que le permite dotar a los seres, humanos, animales o plantas con esa naturaleza, bien masculina bien femenina.

En la visión religiosa de los antepasados del valle del Nilo, Mawu, Dios, es como un diamante. Es decir es único, como un diamante, pero como tal este tiene varias facetas con las que se manifiesta a sus criaturas y a la creación, tanto a la naturaleza, como a los seres, a las cosas… Parecen refrendar también todos estos estudios, que el origen de los pueblos más al sur, en Benin, como los Ewe, Fon, Adja, Goun o Nago etc. serían de descendencia y origen Yoruba y que escindidos, se ubicaron en territorios no muy alejados de sus mayores.

Es por causa de la esclavitud extrema que se produjo desde el siglo XVI al XIX y de la que los pueblos del golfo de Benin fueron contribuyentes mayoritarios, que dicha tradición se instaló en el recién descubierto continente americano, asentándose en poblaciones como Brasil, Cuba, Haití, el Caribe en general, las Antillas o la costa este de Norteamérica.

En el valle del Nilo, los antiguos egipcios o pueblos nubios, a estas facetas del dios creador Mawu, les llamaban Osiris, Isis, Thot etc. atribuyéndoles determinadas facultades y a estos conceptos, erróneamente, los europeos los llaman dioses o deidades.

Entre los seguidores de esta tradición, tanto en el continente americano como en el africano en la zona de Benin o Nigeria, sin embargo las facetas del creador a través de la cual este se manifiesta se llaman Orisha o Yewe. Aunque cada faceta o atribución peculiar recibe igualmente, un nombre propio como Sango, Sakpata, Legba, etc.

En contraposición al concepto filosófico más común, donde el ser humano se compone de alma, cuerpo y espíritu, los tres componentes básicos que se enseñan generalmente en el resto del llamado mundo occidental, los pueblos descendientes de esos antiguos habitantes del valle del Nilo y desde la civilización faraónica; en los pueblos donde pervive esa tradición espiritual, mantienen la misma visión del hombre que tenían los antepasados, que fundamentalmente atribuían al ser humano 9 entidades ontológicas.

A saber:

1ª El Djet o Shab, el cuerpo físico que se convierte en Khat, lo putrescible y corruptible, después de la muerte

2ª El Sahu, que es la entidad espiritual propia que envuelve el cuerpo físico.

3ª El Kahibit es la sombra unida al cuerpo físico que permanece invisible. Esta sombra se convierte en el Shout cuando se separa del cuerpo para hacerse visible bajo el reflejo de la luz.

4ª Ba es el alma dinámica, móvil y volátil que protege a la momia e infunde aliento vital al hombre.

5ª El Ren, este es el nombre usado por la persona. El nombre revela la esencia intrínseca del hombre. Dar un nombre es pues algo de suma importancia. Por eso tradicionalmente y desde los albores de la humanidad los nombres no se ponen por casualidad.

6ª El Ka es la fuerza vital trascendente, el receptáculo de la energía divina.

7ª El Ib no es el corazón tomado como un órgano, sino como el centro de la conciencia interna, como la cuna del pensamiento, el fundamento de las intenciones y las emociones que emanan del cuerpo físico.

8ª El Sekhen es la pasión, esa fuerza irresistible que protege o destruye al hombre.

9ª El Akho, Akhou, o Akou, es el espíritu luminoso y eterno, inmortal, del difunto resucitado.

Es en el golfo de Benin, la parte del continente africano donde se sitúan los pueblos que tienen esa tradición espiritual conocida en todo el mundo bajo el nombre de Vudú, donde manteniendo los mismos conceptos vitales que los de sus antepasados del Nilo, dan a la anterior relación una nomenclatura adecuada a sus lenguas.

Por tanto y para ellos:

1º Está Agbaza, que es el cuerpo físico que se desintegra, putrescible y corruptible.

2º Outou, la entidad espiritual personal que rodea el cuerpo físico.

3º Ye, la sombra.

4º Winsangu, el alma móvil, dinámica.

5º Jni, el nombre que revela el ser.

6º El Indon la fuerza vital, la fuerza de la vida trascendente, el receptáculo de la energía divina.

7º Ai es la conciencia íntima, la cuna del pensamiento.

8º Honhnlon la fuerza que protege y destruye.

9º Se el espíritu inmortal imperecedero, el espíritu divino resucitado del difunto.

Mismos conceptos con distinto nombre.

Reiterando lo dicho, la espiritualidad conocida como Vudú por tanto, no tiene origen en Benin sino que es una herencia ancestral llegada de las orillas del Nilo Occidental. Herencia directa de las tradiciones milenarias de las riberas del Gran Río.

Estas tradiciones religiosas conocidas como Vudú son exactamente iguales a las de los pueblos Yoruba de Nigeria. En el país Yoruba se habla de los Orishas para manifestar las diversas facetas creativas del creador.

Dada la anterior dependencia de algunos y la relativa cercanía actual entre estos pueblos, como los Ewe o Fon de Benín con los Yoruba de Nigeria, es por lo que a veces nos encontramos con manifestaciones del creador, designadas con el mismo nombre o guturalmente similares..

Así tenemos al Shango Yoruba cuyo nombre es utilizado igual por los Ewe y Fon.

Y al igual que Shango podemos citar a Legba que para los Ewe y demás es PapaLegba o es Elegbara para los Yoruba.

Yemanya, Sakpata y otros, son así mismo conocidos por ambos pueblos, como el concepto Fa que los Yoruba llaman Ifa, y aunque algo varía en lo místico lo hace más en lo litúrgico.

Parece que el término Mawu, también podría derivar de un antiguo vocablo Yoruba, adelantando que estos fueron originarios del antedicho valle del Nilo, del que migraron según múltiples estudios, entre los que destacan los trabajos del antropólogo Cheikh Anta Diop y que relata en su libro ‘Naciones Negras y Cultura’ o en los de Olumide Lucas en su libro ‘Religión de los Yoruba’.

¿Por qué el Vudú ha sido demonizado en todo el mundo?

En un primer lugar, las claramente imperantes llamadas religiones reveladoras, como el Judaísmo, Cristianismo o Islam, a las que les cuesta dar cabida a cualquier otro concepto o interpretación espiritual que no pase por sus conceptos y proselitismo.

En segundo lugar la cantidad de hombres esclavizados provenientes de África que asolados y desolados tuvieron que buscar refugio en lo único que les quedaba, sus creencias, como medio de resistir mentalmente su situación, lo que a su vez propició la unión entre ellos y que de esta manera se opusieran paulatinamente con mas resistencia contra dicha situación, lo que produjo no pocos quebraderos de cabeza a los esclavistas colonos.

Este fue el caso por ejemplo de Haití, donde los esclavos usaron el conocimiento iniciático obtenido de esta espiritualidad, volcándose en la famosa ceremonia llamada del “caimán de madera” a fin de poner en marcha la revolución haitiana y buscar la libertad.

La tercera razón es el fracaso de los occidentales y sus misioneros, pese a su reiterada obstinación basada prácticamente en el mal trato y el abuso, por convertir al cristianismo a los practicantes de estas y otras creencias similares.

Este dilema de o conmigo o contra mi, es el que ha preconizado la demonización de estas otras creencias, el llamado Vudú o la religión Yoruba.

Como todas las religiones, el vudú emplea su ritual y le confiere contenido mágico a la fe. Las religiones que surgen de sociedades que aún se encuentran muy cerca de la naturaleza, le imprimen a sus creencias un contacto muy directo con las fuerzas que ésta encierra, y es capaz de experimentarlas como seres con vida y personalidad propia.

Acumulan, además, un amplio, y secreto, conocimiento del poder farmacológico, curativo, narcótico o letal, de substancias provenientes de las plantas, los animales, o la materia inerte.

En el vudú, ciertas ceremonias, y el empleo de la música, los tambores, el baile, y substancias que producen esos efectos, pueden inducir catalepsia, trances, visiones, convulsiones y profundas transformaciones psíquicas.

El Vudú es una fe.

Es una creencia, como el judaísmo, cristianismo o islam, en la existencia de una dimensión real, pero diferente, a la existencia material que experimentamos los humanos mientras estamos vivos. Esa fe permite creer que más allá de la muerte hay vida, y que esa vida tiene contacto efectivo con los seres que todavía habitan el mundo material de los sentidos.

Esa fe permite creer que esos seres que habitan en esa otra dimensión, si nos dirigimos a ellos con los rituales adecuados, pueden ejercer su influencia, su poder o su intervención para afectar el curso de los acontecimientos en la dimensión material y cotidiana.

Esta creencia partió de África, de las regiones donde más activo estuvo el tráfico de esclavos. De especial importancia es cómo esa intensa fe, para todos los efectos constituida en una poderosa fuerza material, estaba identificada totalmente con la pasión por la libertad y en consecuencia con ello el odio al amo y a sus crueldades. Eso supera la mera superchería del estilo de las muñecas acuciadas de alfileres, el mal cine comercial o truculentas novelas.

Vudú en Ghana

No es muy distinta entre los tres países, Benín, Togo y Ghana, la liturgia entre uno u otro. Pues además de por su reducido tamaño derivado de las fronteras absurdas trazadas por las potencias coloniales, no dejan de ser pueblos que conviven desde sus orígenes en todo ese entorno e incluso en los aledaños como Nigeria o Costa de Marfil.

Aún así, ciertamente y en el transcurso del tiempo es cierto que cada zona ha reinterpretado de manera peculiar cada rito.

Acaso es igual una Virgen sevillana que una catalana, alemana o rusa? Sin embargo es la misma Virgen.

Pues ciertamente en Ghana, mantienen la misma creencia, con los mismos ritos sincréticos que aúnan tradiciones ancestrales con símbolos incorporados de la religión católica, que encierran, iniciación, bautismo, danza, sacrifico y la sugestión que les lleva al cúlmen, que es la posesión del espíritu, Loa, temporalmente, en el cuerpo del prosélito.

De esto ya hemos hablado profusamente, por lo que pasaremos a algo que es prácticamente único en la zona.

El Bó

Es una variante que solo existe en esta zona, la más al oeste de entre estos pueblos, llamada Bo, o Bó, o en idioma yoruba Juju.

Bo es una ciencia oculta, cuyo sacerdote es llamado bokonon, o bòkôtônon, mientras que los de vudú son el de vodounon para el hombre y el de vodounsi para la sacerdotisa.

Esta deriva o amalgama puede resultar confusa e incluso pensar en dos cultos diferentes.

De hecho hay afirmaciones al respecto.

Esta dicotomía parece ser que se produjo probablemente por la influencia venida desde el continente americano que obviamente engendraba diferencias. Lo que es claro es que todos los elementos del vodún, se manifiestan en los rituales del Bo.

Seguidores del Bo

Lo que si es cierto, es que cual dos parroquias católicas dedicadas a distintos santos, ambos cultos, el de Vudú y el Bo, tienen santuarios, oficios y adeptos distintos.

Si habláramos de fútbol, no es lo mismo el Real Madrid que el Chelsea, pero ambos juegan en un mismo terreno, con unas mismas reglas, pero sus hinchas y cánticos, son distintos.

Contrariamente a las creencias populares, en el vudú, no existen hechizos que se lancen o se efectúen contra nadie.

El Vudú es una religión en la que especialmente se rinde culto a los antepasados, respeto bien arraigado en todas las culturas africanas.

Aunque la pregunta fundamental sobre la creación y el origen de la humanidad se explican en el contexto de la mitología Vudú, no es un acto de fe. Esa pregunta entienden que está fuera de su conocimiento y por tanto es lícito recurrir a esos antepasados que circulan por el otro lado, tan lícito como solicitarles favor para la familia ante el Todopoderoso.

 Mawu es el Creador Todopoderoso reconocido en el panteón Vudú, pero ningún creyente se atreve a solicitarle ni a dirigirse a Él., de manera que hay que dirigirse a los Loa para que actúen a modo de mensajeros conseguidores, con la imprescindible ayuda de los difuntos familiares.  

Cada familia, cada clan, cada raíz familiar, va incorporando sucesivamente interlocutores a algún espíritu mayor de entre los más conocidos del panteón. Estos otros, más personales, son llamados Assanyi, a ellos se le honra particularmente, el termino se puede traducir como: “El espíritu de los que han pasado antes que nosotros”. 

El vudú familiar a menudo se asocia con un mayor espíritu conocido del panteón estándar, pero es característico de cada familia o clan. Este distintivo de ‘vudú clánico’ es también una afirmación de la identidad, del origen concreto de ese culto y de la adoración de manera específica de un colectivo o familia.

Realmente al leer lo escrito hasta aquí, yo lo releo y por eso he caído en ello, es congruente pensar que en nada difiere lo que ‘hasta aquí’ se manifiesta, que parece novedoso, de lo que sucede con las creencias y los cultos derivados, idénticos por otra parte, que se practican en nuestras iglesias o entornos. Si en algo difieren es en los términos específicos. ¿Acaso nuestras madres no dedicaban más tiempo y devoción a un santo o virgen que a otra? ¿Acaso en junio no encendemos hogueras por San Juan, o por el ciclo rotatorio de la tierra? ¿Acaso no se corren bulos por las redes denigrando y persiguiendo a cualquiera con cuyo pensamiento o maneras no coincidamos?

Pues ellos también; somos habitantes de un mismo mundo.

Esta es una de las derivas que interactúan en Ghana y su entorno, sobre la percepción del Bo, donde, con sus particularidades, los elementos de origen vudú, se manifiestan y reproducen en los del Bo. Distinto nombre para la misma cosa. Pero no olvidemos que hablamos de creencias de ida y vuelta, tras las que el vudú americano era visto como una manifestación de la brujería europea, envuelto en papel y lazo africano.

Sacerdotisa imprecando al Loa

Sacerdote realizando los símbolos o “firma” del Loa requerido.

Estas firmas o símbolos reflejados en el suelo, a veces en paredes, no dejan de ser como aquellos peces que en el siglo II ‘dibujaban’ en el suelo, para poder borrarlo de inmediato, los cristianos en la Roma Imperial para identificarse, o el XP que vemos en las medallas identificativas, aditamentos litúrgicos, fachadas o paramentos del ara de cualquier iglesia.

Adeptos “cabalgados” por su Loa

… en pleno transito

A veces es difícil reconocer qué espíritu se ha introducido.

Hay que retrotraerse a otros tiempos y recordar la llamada ‘histeria’, aquella enfermedad exclusiva de mujeres, que parece llegó, a conveniencia, siglos más tarde a estas regiones. Primero, los colonos preferían para sus haciendas a los hombres por su mayor fuerza y capacidad de trabajo, por lo que utilizaron la idea de lo nefasto de estas prácticas al utilizar las ‘posesiones’ de las mujeres, ‘montadas’, para criminalizar los rituales. De esta manera, se sumó a la realidad de que podían quedarse sin lo poco que recibían si no lo aceptaban, el miedo infundido a todo lo desconocido, surgiendo un grave problema, que derivó en caza de brujas. A determinadas mujeres se les atribuyeron prácticas de magia negra, y la población, exaltada, no paró en verificar objetivamente el hecho, atropellando a cualquier mujer que hubiera sido acusada con o sin motivo. Esto no fue algo puntual que surgió en las Américas y fue utilizado como un arma defensiva más por los colonos, sino que se introdujo también en África, con la misma intención pero dilatado en el tiempo, tantas veces como consideraba el gobernante de turno, hacendado, potencia colonizadora, primer presidente electo, o jefe militar que hubiera descabalgado del poder al anterior.

En la foto que acompaña a este texto, vemos unas mujeres reunidas alrededor de un árbol, esta foto no es de hace siglos, es de hace 20, veinte años. Fueron condenadas por brujería.

Sacerdotisa momificada. Etnia Ga. Ghana. Foto de Carol Beckwith y Angela Fisher

Vudú en Togo. Foto de Carol Beckwith

Determinados historiadores y antropólogos apuntan que la cuna de lo que ahora conocemos como vudú, es Togo, cuyos habitantes fueron mayoritariamente subyugados por sus más poderosos vecinos y convertidos en esclavos. Eso propició el que ante su desesperación se refugiaran en sus creencias ancestrales he hicieran aflorar si cabe con más fuerza el vudú.

Vudú en Togo.

Créditos de Giampaolo Cimadomo

Desde el siglo XVI al XVIII, al ir poblándose las américas con estos esclavos, el vudú se implanta en ese continente donde se afianza, procurando a sus adeptos un motivo para socializarse y pensar que otro futuro era posible.

Desde esa época, conviven en Togo, musulmanes y católicos y posteriormente evangelistas.

. Adeptos camino de la ceremonia. Foto de Efo Beto

Lomé es la capital de Togó quedando el lago que da nombre al país, el Lago Togo, a unos treinta kilómetros; en la rivera del lago, se encuentra la otra ciudad en importancia del país Togoville. Su economía se basa en la pesca, la agricultura y en los pocos animales domésticos que cada familia pueda poseer.


La religión vudú esta muy arraigada entre sus gentes. En las calles y a las entradas de las casa, se encuentran numerosos figuras relacionadas con el vudú, que garantizan la salud, el alimento, aportando un sinfín de beneficios para sus gentes.
Curiosamente, las mismas gentes comparten el vudú con el catolicismo, celebrándolo en una catedral católica, que visitó y bendijo Juan Pablo II en uno de sus viajes a África.

Es llamativo para el visitante advertir en algunas aldeas de Togo, cómo las entradas de las casas están repletas de troncos de árbol. Pero para un togolés, las ramas de árbol representan a los espíritus de los muertos.

De esta manera creen que los espíritus de los antepasados les protegerán de maleficios.

A esto se añaden pequeñas piedras que consideran medicinales, o estatuas representando espíritus.

Curiosamente, hay múltiples objetos, que calman las incertidumbres humanas: Cosas para el amor, para el sexo, para los viajes, para la salud, para la memoria, para propiciar suerte, para la comida… todos con su propio ritual de uso. Teóricamente, los objetos expuestos en el mercado, no tienen aun ningún poder. Solo cuando el brujo efectúa el ritual y les rocía con la sangre del animal sacrificado, estos adquieren sus mágicos poderes.

La ambiciosa religión Vudú, no solo cuida del espíritu de estas gentes, sino que también de su salud. Cuando tienes algún mal, vas al brujo, que te dice si lo tuyo se solucionará con vudú, o en el hospital, y teniendo en cuenta que el sistema sanitario es de pago, tanto el médico como las medicinas, casi que mejor que el problema se arregle con el vudú.

El Vudú es la religión de todo el litoral del golfo de Guinea y es peculiar en la región de Aneho, pues alcanza enorme fama su práctica de adivinación a través del oráculo de Fa o Afa

Es una técnica adivinatoria donde se combinan proverbios, imaginería, intuición, o capacidad de interpretar.

En la zona lacustre del Lago Togo donde lo habitual es vivir en casas sobre palafitos, los pescadores extraen los recursos que les produce su hábitat y que intercambian por los productos del interior o reciben los consejos y bendiciones, o amonestaciones si es necesario, de los sacerdotes, ellos o ellas, que como en una autovía recorren en sus vehículos que no son otros que pequeñas barcas.

Sacerdote Vudú en Lome. Togo. Créditos de Anthony Pappone

Si los textos son indispensables, para determinadas precisiones lo son las imágenes. En esta de más arriba donde el pie de foto hace referencia a un ‘sacerdote’, desde lejos, en mi continente país y ciudad, observo la foto donde veo un apuesto jóven hombre, que lleva un tocado donde aparece el león símbolo del poder de los Fon y referencia directa de uno de sus reyes Glèlè, que devoraba a sus enemigos; también un rico ornamente que le cruza el pecho y ricos collares sobre él; un cinturón le sujeta el boubou, una especie de falda pantalón cuajado de cauriés, riqueza; y otro más abajo con amuletos; luce pulsera en el brazo y en la mano izquierda algo que me parece un cuerno de medicina y en la derecha un espantamoscas. Su boubou está impresionantemente impoluto. Me sugiere más un jóven noble que necesita solucionar algún tipo de problema, los collares me parecen del tipo contra el mal de ojo, que el que un sacerdote vaya en esa zona, tan bien ‘ornamentado.

Ceremonia de iniciación, imprescindible el licor blanco

Personajes comunes para los que lo cotidiano puede pasar por dejarse llevar, imperiosamente, dada su necesidad de lo más básico en lo material y en lo emocional, por lo único que conocen en qué poder depositar esperanza. Lo curioso es que adaptados, siempre surge la sonrisa y nunca un rictus de desesperación.

Es curioso observar, cómo llegan a dislocarse los miembros con cierta habitualidad, obsérvense los pies y el quiebro de la cintura, lo que a veces me lleva a preguntarme si es realidad o ficción, producto esta de tal necesidad, que les ha llevado a dislocárselos como un recurso tal vez único y por tanto vital, más.

Sokodé El rito del Fuego

En el centro del poblado un gran fuego ilumina a los presentes, el frenético ritmo de los tambores les impulsa a la danza. Los bailarines, en estado de trance, se lazan al baile con el candente leño en la mano. Como expertos malabares meten la ardiente punta en la boca, exhalando humaradas y ascuas, sin dar síntomas de sentirlo.

Se lo pasan reiteradamente por todo el cuerpo sin importarles lo más mínimo, ni dar signos de dolor.

Coraje? Autosugestión? Magia?.

Difícil explicar esta performance.

No parece suficiente protección, ni la influencia de los fetiches ni su entereza.

Probar para creer, creer para probar.

Complicado intentar comprender presenciándolo, impensable entenderlo en la distancia.

Con este baile donde se come el fuego, se pretende saciar a los espíritus malignos y de esta manera proteger al poblado de sus asechanzas.

Akodessewa es el mercado de fetiches más grande del mundo y el punto de partida de los practicantes del Vudú.

Cuando hablamos de fetiches, nos referimos a los talismanes que se usan en la medicina vudú

Cabezas de cocodrilo, manos de chimpancé, cobras y huesos. Muchos huesos.

Estos objetos, o partes de ellos, se venden como ingredientes que se muelen, se mezclan con hierbas y se cocinan al fuego. El polvo negro resultante, se utiliza untándolo sobre una incisión previa que se le efectúa al paciente en el pecho, todo ello con el convencimiento o tal vez esperanza de sanación, que le ha llevado hasta allí.

El mercado en sí, es como una gigantesca farmacia, donde difícilmente se contiene el ánimo, ante la presencia, aleatoriamente amontonados, de sonrientes cabezas de guepardo, hiena o cráneos de formato humanoide o irreconocibles, secándose al abrasador sol y cargados de moscas.

Puede que no haya nada malo en eso, pues cuando se abarrota de gente a media mañana, más que otra cosa, semeja un típico mercado de frutas local.

No puede faltar el altar a Egungún, deidad del Retorno de los Ancestros.A fin de cuentas, estamos en Togo y …

… esto es África.

Es Vud

Benin Vudú

El entorno se reduce a un centenar de kilómetros de zona costera, pincelados de lagunas ribereñas desde la capital de Benin, Porto Novo, un sucedáneo de la época colonial brasileña, hasta las paradisíacas playas del Grand Popo. El estuario del río Mono en las llamadas Bocas del Rey, donde se sitúa el poblado de palafitos de Ganvié, donde las calles se transitan en piragua y sus gentes están habituadas a desembarcar en las dársenas de la Iglesia de los Cristianos Celestiales, la de los católicos, y el resto, mayoritario, se refugia en el santuario del dios guerrero Kokou, donde sus adeptos se untan cara y cuerpo de aceite de palma sobre el que aplican harina de maíz, el djassi.

Entrar en trance es lo habitual

En el tema del vudú, del habitual y no del folclórico, es en Ouidah, población de menos de 100.000 habitantes y a unos 40 km. de Cotonou, donde realmente se aprecia su vigencia y presencia.

Ouidah, fue uno de los centros principales de trata de esclavos y eje de la llamada Costa de los Esclavos.

Estos eran básicamente de las etnias Fon, que practicaban este culto en Dahomey, hoy Benin, y Yoruba y con ellos se trasladó y propagó a América. Esa manera de entender el mundo y su trascendencia en las vidas, es la religión que se trasforma en el Candomblé de Brasil, el Voodoo de Nueva Orleáns, la Santería de Cuba, el Hoodoo en Haití, o Los Palos en República Dominicana.

La llamada Ruta de los Esclavos, no deja de ser un camino de más o menos tres kilómetros, jalonado con multitud de estatuas referentes al vudú, ya comentamos anteriormente que es la creencia mayoritaria en la población y religión oficial del país. Al final de ella, al borde del Atlántico, se alza la Puerta de no Retorno, emblemático símbolo de la despedida de los esclavos y de su desarraigo. Destinados a forzados y humillantes trabajos acuciados con el látigo, en plantaciones o minas, sino abocados a morir en la lamentable y dramática travesía.

Con todo, o por eso mismo, mantuvieron y se agarraron a su fe y a los Lua, de su tierra natal, y en la creencia de que hay otra anhelada vida, más allá de la muerte.

La comitiva sacerdotal se dirige al santuario, mientras los creyentes esperan su llegada ya entre cánticos.

sacerdotes

Tras casi doscientos años de dominio en la zona, los portugueses quedaron relegados por la potencia inglesa emergente, al reducto de Ouidah y su entorno. Allí en 1680, construyeron la fortaleza de Sâo Joâo Baptista de Ajuda, último vocablo este que es como ellos escribían Ouidah, intentando reivindicar como suyo el territorio que no cedieron hasta 1975, obviando que en 1961Benin había conseguido la independencia. Los ingleses ya dominaban los golfos de Benin y Biafra, pero pretendían y consiguieron hacerlo también, en toda la Costa de los Esclavos, de Ghana a Nigeria. Luego cambiaron su política, haciéndose antiesclavistas, aunque negreros tan reconocidos y crueles como Souza, seguían aún con su macabro negocio en el siglo XIX. “Cobra Verde”, de 1987, la película de Werner Herzog, protagonizada en el papel de Souza por Klaus Kinsky, y basada en la novela de Bruce Chatwin, “El virrey de Ouidah” de 1980, son un fiel reflejo histórico, de lo acontecido en esa época y lugar.

El pasado negrero de la ciudad, con la casa de Souza dentro del barrio de Blézin, traducción de Brasil; la cárcel de Zomai, literalmente “sin luz”, porque encerraban a los esclavos con el objetivo de hacerles perder la noción del tiempo antes de embarcarlos, o la plaza Chacha, lugar donde se realizaban las subastas de todos esos seres humanos, eran evocadores puntos en Ouidah de ese turbulento pasado.

Pero el espíritu humano sabe remediar sus heridas y mirar hacia delante. Así, el africano recompuso su vida y retomó aquellas pautas distintivas de vitalidad, superación, confianza en lo que la naturaleza depara y su fe.

En Ouidah reside el Sumo Pontífice vudú. Al menos así se le considera. Sentado solemnemente sobre su sitial, una añosa butaca de madera, gorro de paja a modo de tiara y colorido jubón y pantalón de estridentes colores a modo de estola de armiño, se prepara para recibir y escuchar a sus fieles. Y que no engañen las apariencias, aquí si es cierto que el hábito no hace al monje y la prestancia de este Sumo Sacerdote, se refleja en el respeto reconocido con el que es tratado. Cada fiel que entra se postra ante él hasta tocar el suelo con la frente, a fin de cuentas se ha ganado el derecho a ser tenido por un descendiente de la estirpe divina que llegó del mar. Es el Dagbo, la suprema jerarquía. El pago a sus servicios, puede llegar a ser una botella de ginebra, que posiblemente sea la que a posteriori se utilice para realizar los ritos. El siempre negará que el vudú sea una sarta de magias negras: “El vudú es la religión más antigua que existe. Era y es nuestra manera de adorar a Dios”.

Undécimo Dagbo, Hounon Tomadjlehoukpon II

Hay otros sacerdotes en Benín que preconizan a su vez la máxima autoridad, pero esta realidad es evidente.

Su casa, allí casi un palacio, está abierta a los adeptos y curiosos. Decorada con los emblemas de su dinastía, muestra en el patio un altar de sacrificios rituales con los huesos de los últimos animales sacrificados. Es la variante minúscula del Vaticano del vudú en Ouidah, presidiendo con su estatua a Hévioso, el Shangó yoruba dios del trueno y portador del martillo, émulo de San Pedro con sus llaves.

Plagado de fetiches vudú no obstante, está el Bosque Sagrado de Kpassé, en el barrio Tové. El resurgir de la ciudad ha absorbido este espacio a modo de parque entre bosque y jardín urbano en Ouidah. Al paso de los visitantes, la multitud de murciélagos que cuelgan cabeza abajo de las ramas de los imponentes irokos o demás árboles majestuosos, conmocionados por lo intempestivo de la hora, levantan el vuelo desenfrenados. Cual negra nube, oscurecen el cielo ensordeciendo a su paso a los presentes con sus aullidos. No parece que el guardián del bosque sagrado, vea ninguna contradicción en que los murciélagos, nocturnos y frugívoros, salgan de día en vez de volar al anochecer pues como reza un cartel:  “Este es un bosque sagrado. Por eso aquí, todos los seres siguen normas distintas a las normales”.

Kpassé fue el segundo rey de Savi, y parece que fue el fundador a once kilometros de dicha localidad, de la ciudad de Ouidah capital del reino de Huéda, en 1550.  La leyenda cuenta que al morir Kpassé se metamorfoseó en un árbol, y de él surgió dicho bosque. Fue el capitán Jean Adjovi, quien se hizo cargo del lugar entre 1920 y 1928, llenándolo de esculturas de divinidades, a cuyos pies se celebran aún ceremonias del llamado Vudú Gozin, alguna de las cuales se prolongan durante tres lunas llenas. Tras una puerta que muestra pinturas de panteras, Legba el dios de las encrucijadas, el infractor, recibe al visitante dándole la bienvenida, mostrando su enorme pene y cornamenta. Tras él, Dan, el dios que todo lo ve, el de las tres caras, a continuación Aida Hwedo, la serpiente cósmica de los Fon que semeja un uroboro redivivo.

Kpassé muestra el panteón de las más de 250 deidades que dan cobertura a las demandas de los creyentes del vudú, como lo son las más de tres mil advocaciones de la Virgen católica.

La famosa cantante Angélique Kidjo, nació en Ouidah y con su voz y manera de trasmitir la sensibilidad de sus raíces ha alcanzado fama mundial acercándonos esas realidades en su conocida Voodoo child, de Jimi Hendrix en 2003. O su Djin, Djin, en 2007, que significa “Cuando suenan las campanas anunciando el amanecer”, algo que en África es casi un himno a la libertad y la alegría. “No acepto un no como respuesta”, cantaba Kidjo, al igual que Hendrix, que decía ser un “niño vudú”.

El vudú o vodoun, es reconocido oficialmente como seguido por al menos el 20% de la población, aunque la mayoría en Benín se reconozca cristiana o musulmana, respetan o recurren a los cultos del vudú. Sus ceremonias no faltan en sus ritos de pasaje, en su folclore o la sanación. En el golpe de Estado que en 1972 dio el comandante Mathieu Kérékou, prohibió el vudú en Benín. La revolución marxista leninista, que duró 17 años, encarceló a todo aquel que se decía vodounon, sacerdote. No era de recibo, o sea, tolerable, adorar serpientes, ni que una  vodoussi o sacerdotisa del vudú entrara en trance, como tampoco las ceremonias públicas. Pero no pudieron impedir, que en el ámbito familiar, en cada casa, a horas intempestivas, la gente siguiera solicitando ayuda a La Sirena, Mami Wata, o a los Dioses Gemelos Marassa

El vudú es una religión ancestral con un origen cercano a los cuatro mil años, sin ningún tipo de libro sagrado, y que se basa en un concepto místico Acé, principio de la energía creativa, en el que fundamentan su fe. Su panteón de 260 deidades y su arraigo en la Naturaleza y en sus cuatro elementos, tierra, aire, agua y fuego, hace que piensen que los Yovo, los blancos, anden, andemos, despistados sobre nuestra realidad en la tierra. Dando pábulo a creer que pinchar muñecas con alfileres o meter dentro del frigorífico la foto de un adversario, nos va a solucionar algo, o que esto tiene algo que ver con el vudú.

Fa, para ellos su infalible y sutil arte de la adivinación, con 16 símbolos primarios, que combinados llegan a 256, es además un pedestal firmemente anclado donde resguardarse. Fa es un oráculo, en opinión de muchos expertos en el tema, más sofisticado que los I Ching taoístas, con solo sus 8 símbolos y 64 combinaciones. Al mismo tiempo Legba el dios del miembro viril, les otorga su protección ante las encrucijadas de la vida. Es el mismo dios a quien llaman Exú en Brasil y a quien hay que honrar antes de ingerir cualquier líquido, derramando un poco previamente en el suelo. En Benin, en el mercado de Dantokpa de Cotonou, se pueden encontrar o adquirir cualquier tipo de talismán o material mágico, que parezca poseer fuerzas ocultas o ser susceptible de potenciar un fetiche. Cráneos de babuinos o lagartos disecados, desvelan su oculto poder tras ser rociados por el sacerdote, con la sangre del pollo o cabrito sacrificado. Antaño, esto hubiera sido sangre humana.

Adoradores de serpientes.  Dan o Dangwé, es la Serpiente del Arco Iris. La que para los Yoruba y Fon, el Creador dio como compañera a Aida Hwedo, aquella serpiente que sujetó la tierra durante la creación. La que tiene el poder de otorgar prosperidad y fortuna. Es curioso que el gran templo de esta deidad mayor del vudú, quede frente por frente al de la catedral de la Inmaculada Concepción, construida por los franceses en 1905. En su templo, Dangwé se manifiesta, se hace visible en forma de centenares de serpientes pitón, en una construcción abovedada y donde a modo de Capilla Sixtina, se recrea, a su manera una representación de la Creación. Las serpientes del templo, sagradas, nunca mueren, cuando desaparecen es porque “se ha hecho la noche” Cada siete años se celebra en el templo de Dangwé, la fiesta de la purificación. No importa que su cúpula no alcance las dimensiones de su vecina católica, su algarabía si lo será.

El cónsul ingles en Fernando Poo, Richard F. Barton, en su visita a Dahomey en 1863, recogía en su diario que… ”Ya no se observaban procesiones de la Virgen por las calles de Savi, pero sí de serpientes a las que los aldeanos ofrecían arroz, maíz, aceite, alubias, tejidos, cauris o bienes diversos”.

El antiguo alto funcionario del Banco Mundial y alcalde de Cotonou, Nicéphore Soglo, enfermó a poco de ser elegido Jefe de Estado de Benin en 1991, tras el largo período de dictadura marxista. La rumorología no cejo, achacando su mal a un embrujamiento que no terminó hasta que fue trasladado a París para su curación. La falta de recursos, la ineficaz si no inexistente sanidad, o tal vez la inercia, hace que proliferen innumerables curanderos de vudú, o los zangbetos, guardianes de la noche, como si fuesen los magos curanderos de las calles de Benín.

Un curandero Zangbeto, de vudú. Creditos de Efo Beto

Seguidores y adeptos del rito Vudú de Loko Benin. Creditos de Jean Claude Coutausse

Egungun, es el Fantasma.

El Dios de los Antepasados que Retornan. La parte más importante de estas ceremonias rituales es la danza, que acompañada por el sonido de los tambores, requiere que a menudo se efectué con máscaras muy elaboradas.

De clara influencia Yoruba, es un rito de danza, adscrito a los seguidores de esta deidad Vudú en Benin.

El danzante nunca es reconocido, pues quien realmente está bailando es el espíritu del difunto reclamado.

El giro de lo enmascarado simboliza la purificación de los pecados del pueblo y al final de la danza, bajo el ropaje, se materializa un fetiche que simboliza el poder milagroso de lo que oculta. Las mascaradas de Zangbeto por ejemplo parecen montones de heno de color, una especie de poleas con pies, bailando al ritmo de los tambores que dan vuelta sobre sí mismos salvajemente. Al final, esta desvela su interior, que ante el pasmo de la audiencia revela… la nada

Egeungún está representado en la Puerta de No Retorno con una estatua sin ojos ni boca, recubierta de cauríes, las conchas que hasta muy avanzado el siglo XIX equivalían al dinero. . Creditos de Agbodjelou

Vudú en la playa del Grand Popo

Los bailarines tienen sus caras pintadas con colores brillantes, a menudo usan amarillo, con el fin de alejar a los espíritus negativos.

Untado el cuerpo con aceite de palma, se impregnan de polvo de ocre amarillo como símbolo de conexión con sus difuntos y buscar la reconciliación. . .

. . . con aquellos a quines pudieran haber ofendido y ganar su aprobación.

Seguidora de Vudú al sur de Benin recibiendo el tratamiento tradicional de los adeptos. Créditos de Hennig Christoph

En otros pueblos se puede ver durante las ceremonias que al ritmo salvaje de los tambores, los espíritus toman posesión de algunos de los bailarines que caen inmediatamente en trance. De esta forma el espíritu del vudú reemplaza temporalmente el espíritu del humano y puede dar consejos, realizar predicciones o exigir castigos

Adoradores de Heviosso. . Creditos Xomij

Adeptas a Hebiosso deidad Vudú en Benin. Creditos de Jean Claude Coutausse

Rito del Epe Ekpe. La piedra que sana. El sacerdote cada año, sale a buscar una piedra, con la que sanará a sus devotos.

También los niños tienen su propio ritual

El azul proporciona confianza, éxito y protección ante posibles hechizos.

Con la imagen de dos Venavi, o gemelos, esta mujer muestra claramente su petición. Todo el pueblo participa en la ceremonia y quien por desgracia ha perdido a un hijo, lo lleva a la oración en forma de marioneta atada a la cintura. Si desea, sin embargo, que estos objetos ordinarios adquieren poder y se convierten en fetiches, necesita que sean bendecidos por un “fetichero”. Sudoeste de Benin. Créditos de Henning Christoph.

Bibliografía

Orígenes históricos del Vudú según:

– Cheikh Anta Diop en: ‘Nations Négres et Culture’.

– Olumide Lucas en: ‘The Religión of Yorubas’.

– Coovi, Jean Charles. 1993: ‘La signification du vocable Akhu en Egypte ancienne et en Afrique noire contemporaine, parutions dans la revue’ ANKH, Revue de É’gyptologie et des Civilisations Africaines, Paris.

– Goudabla Elige, Basile: ‘Le Vudu expliqué à mon voisin du Paris’.

– JeffreynE. Anderson. 2008: ‘Hodoo – Voodoo and Conjure’. Hanbook a.

– Gerber A. David – Moraska, Ewa, et alter, 1977: ‘Vudú Etnohistory’. Social Science.

– Dra. Densen Gerber, Julianne. 2003: ‘Vudú y mafias organizadas’. Temas de hoy. – Charles Spencer King, Charles. Traducción Gabriel Ernesto Arévalo Luna: ‘IFA Y Los Orishas: La Religion Antigua De La Naturaleza’. – Eddy Delgado Torres, Alejandro.2005: ‘El Gran Libro de la Santería’. Esfera de los Libros, Madrid. Palmyra, Madrid 2006. ISBN: 84-9734-257-7 – Seabrook, William. 2005: ‘La isla mágica’. – Hurbon, Laënnec. Junio de 1998: ‘Los misterios del vudú’. – Pancorbo, Luis.1993: ‘Reflejos del vudú’, ‘El Canal de la Tortuga’. En: Río de América. – Hurbon, Laënnec.1993: primera edición en francés, 1984: ‘El bárbaro imaginario’. – Burgos, Bartolomé. 2007: ‘Culturas africanas y desarrollo’. Fundación Sur. Madrid. – Okot P`Bitek. 1970: ‘African religión in Western scholarship’. East African literature bureau, Kampala. – S. Mbiti, John. 1975: ‘African view of the Universe, in An introduction to African religion’. Heinemann, London. – O`Donohue, Jonh. 1994: ‘New Wine and Old Bottles’. Uppsala University, Sweden. – Elungu P. 1978: ‘Tradition Africaine et rationalité moderne’.

– Universidad Nacional de Santiago de Cuba: ‘Las Reglas Congas’.

– Luis Pancorbo – Andreu, jj: ‘Los Yoruba’ – ‘La Filosofía Africana’. A.T.A.

Enlaces:

http://www.cienciadelespiritu.org/wp-content/uploads/2013/11/49b-Religiones-tradicionales-africanas.pdf http://www.africafundacion.org/IMG/pdf/Bustince. Religiones tradicionales africanas -.pdf

Créditos fotográficos:

Adam Cohn // Anja malusa // Ann Christine Woehr // Annie Leroy // Corrie De Winter // Dan Kitwood // Frederic van Walleghen// Gabin Djimasse // Hal Schneider // Hening Christoph // Jean Claude Coutausse // Jonh Mark // Kwekudee // Veera Lheto.

Angela Fisher y Carol Beckwith, antropólogas

Recopilación y documentación

Juanjo Andreu
Juanjo Andreu

Profesor de Bellas Artes y comisario cientifico de arte tribal africano

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Publicado en: África, Vudú en África Etiquetado como: Benín, Ghana, Togo

Grupo étnico de los Arbore

octubre 12, 2022 by Juan Jose martin Andreu Deja un comentario

la cuna de la humanidad

valle del Omo

ARBORE

La tribu de La Muchacha

Los Arbore son un grupo étnico que vive en el sur de Etiopía.

Cerca del lago Chew Bahir.

Hablan Cushitic, una lengua afroasiática, aunque con las características

de las tierras bajas del este predominantes en el Valle del Omo.

La población en 2013 estaba censada en 6.850 personas.

Es posiblemente la etnia minoritaria de Etiopía

Los Arbore practican oficialmente el Islám

aunque mantienen determinados ritos tribales

muy similares a los de sus vecinos Konso y Burji

Viven al oeste del río Weyto que fluye de norte a sur por la llanura

pantanosa que una vez fue el lago Stefania

al noreste del lago Chew Bahir

en la margen derecha del Sagan inferior

En el espacio de unos pocos kilómetros cuadrados,

se encuentran las cuatro grandes aldeas Arbore, a saber

Jellifa, Egudi, Gula’ma y Gondara’ba,

siendo este último su centro principal y la residencia de su jefe supremo.

Los Arbore cuentan que su antiguo pueblo era conocido como el de la

Muchacha Arbore

Según cuentan las fuentes de los antropólogos Ron y Viv

Los Arbore afirman que siempre han vivido en su actual territorio. 

junto con los Burji y Konso

Los Arbore son comerciantes muy activos extendiéndose por zonas distantes.

En el pasado dominaban en exclusiva el comercio de marfil.

Intercambian ganado por los productos agrícolas de los Amare Kokke

y también por las herramientas y útiles que fabricaban los Kerre y Borana.

.

Aunque islamizados en su mayoría

Los Arbore creen en un ser supremo

creador y padre de los hombres

al que denominan Waq.

No obstante mantienen a la par creencias y ritos

similares a los de sus vecinos Konso

con los que comparten los rituales de tipo funerario.

Hombres Arbore con sus más preciados tesoros,

que llevan a todas partes su asiento y su cayado

Un joven pero ya eficiente pastor

Y una no menos generosa compañera

Los Arbore o Erbore son agricultores y pastores

asentados en el suroeste de Valle del Omo en Etiopía

El territorio Arbore es una pradera de sabana en torno a 500 m de altitud

bañada por el río Weyto, nombre local del Lima

que fluye de norte a sur y desemboca en el lago Chew Bahir o Chelbz

en la frontera entre Etiopía y Kenia. 

Los Arbore son el pueblo que habita la parte baja de este río.

Los Arbore remontan su ascendencia

y la de algunos de sus vecinos

como los Borana o Marle

integrada en los mitos Arbore.

Que se remontan a mas de 500 años atrás.

La cultura Arbore es antigua pero no estática.

Arbore se dice que es el nombre del primer antepasado

Que llegó desde la tribu de la muchacha o Arbore

En lengua Cushitic el prefijo ar que antecede al topónimo, Arbore

significa tierra y ánima, pero también significa toro

Para ellos, por tanto, Arbore significa tierra de toros.

Ellos en realidad se reconocen como Hoor

termino que hace referencia a su dependencia de los suelos inundados.  

Los Arbore gustan de cantar y bailar durante sus ceremonias rituales

pues creen que su canto y el baile, eliminan la energía negativa

y cuando la energía negativa se va, la tribu prospera.

Aunque esta pareja es Arbore, si queda patente la influencia

que en ellos han dejado sus vecinos Karo

Aceptan los nuevos conceptos del pastoreo e incluso los avances tecnológicos

que se desarrollan tanto para este trabajo,

como para los sistemas de producción de su más importante fuente de recursos

la agricultura, de la que dependen fundamentalmente para su subsistencia

pues con su producción de granos de cereales

intercambian productos con sus vecinos mediante un singular sistema de bonos

La productividad, aprovechando el medio ambiente fluvial ocupado por los Arbore

es crucial para los vecinos, especialmente durante la sequía. 

Los cultivos producidos por los Arbore son el sorgo, el maíz,

el guisante de vaca y la calabaza.

Entre estos cultivos, el sorgo es el más importante en términos de cantidad,

del que además de las variedades conseguidas extraen almidón.

Los Arbore, son ya afamados especialistas en el cultivo de sorgo

entre el resto de tribus del valle de Omo,

aunque dependen tanto de las lluvias como del río Weyto para su cultivo.

Muchacha del poblado de Gondorobba

Hay en la zona, dos estaciones de lluvias,

La gran lluvia, a la que llaman, Guh, de marzo a mayo, es bastante fiable,

Hagai, la llovizna, de octubre a noviembre, no es predecible.

Las lluvias que sobrevienen durante las estaciones secas son llamadas maar.                         

Los Arbore se situan en dos emplazamientos

uno al norte llamado Gondorobba y otro al sur llamado Marle,

los del Marle tienen ancestral y culturalmente

vinculos arraigados con los Konso

que habitan la costa norte del lago Turkana.

Los Arbore están como comentábamos mas adelante, divididos

en dos comunidades o aldeas, Dirr, social y geográficamente distintas.

El norte del país Arbore, en Gondorobba, ocupan los pueblos de ba Gandara,

su centro principal y la residencia de su jefe supremo; en Kulam, Kuyle y Marle

ocupan las aldeas de Murale y Egude al sur del país.

Estos pueblos son unidades sociales autónomas.

Cada uno tiene un jefe religioso o kawot, un jefe político o kernet,

y un grupo a modo de consejo de ancianos el jalaab. 

Kawot, un jefe religioso Ker net, pastor y jefe político

Las áreas de terreno inundado se asignan equitativamente

a cada uno de los hogares de los ancianos llamado mura, Ayalew 1993.

El kawot, jefe religioso, se encarga de organizar y dirigir los rituales de lluvia

así como de participar en decisiones importantes.

Época de inundaciones Periodo de sequía

Cuando en la retirada del río derivada de la sequía, las inundaciones retroceden,

los ancianos de las aldeas vecinas se reúnen para decidir dónde trazar las lindes

en los llanos que quedaran inundados por el río;

  de esta manera las áreas de cultivo se dividen y se distribuyen a cada pueblo.

Los Arbore distinguen cuatro tipos de campo, de acuerdo

con el estado ecológico y las normas sociales de distribución:

1º Gofa irit son campos ubicados en zonas de la llanura que no se inunda.

Los campos están por lo general en pequeñas depresiones

que reciben agua de lluvia de un cerro adyacente

y se cultivan poco después de que la temporada de lluvias haya terminado.

2º Dabante dersit son campos preparados en el centro de los llanos inundados

Son los campos más importantes,

ya que conservan la mayor parte de la humedad.

3º Simako se realizan en las zonas de las planicies inundables

que no hayan sido asignadas como dabante dersit. 

4º Luchi se hacen en bosques ribereños. 

Estos campos suelen ser pequeños y poco numerosos.  

La mura distribuye las parcelas a cada hogar,

demarcando los lindes con palos llamado Saaban

Después de la distribución, el programa de cultivo 

se pone bajo el control de la mura.

Vista aérea de un poblado Arbore Lago Chew Bahir o Caja de la Sal

Los distintos pueblos que circundan el Chew Bahir, bajan habitualmente

sus laderas donde los aldeanos extraen con esfuerzo increíble,

los bloques de sal que durante 500 años han supuesto una excepcional riqueza

Solo en época de lluvias, se puede beber el agua que contiene.

Y aunque muy raramente se puede cazar algún animal despistado.

Subir la ladera para salir, supone un esfuerzo de no menos de

tres cuartos de hora para un hombre acostumbrado.

Cadenas de hombres se turnan para sacar la sal.

Mientras unos se hunden en el fango para desgajar los bloques,

otros hundidos también hasta la cintura,

forman una cadena para acarrearlos hasta la orilla.

Allí otros la ponen a secar para después trocearlas en lascas,

que con suma habilidad dejaran igualadas.

Mas tarde las subiran por la pendiente

y limpias y preparadas las cambiarán en el mercado.

Y como siempre todo ello acompasado con monotonas y ritmicas

pero alegres canciones, que alivian y de algún modo palían el cansancio

y les insufla ese espíritu con el que nos regalan sus sonrisas.

Arbore Gerda, ancianos

La vida social de los hombres Arbore

se organizan dentro del sistema de edad y grado. 

Los hombres de una edad-grado se les conoce como Gimm

Hay cuatro grados de edad, Ogarsa, Gidama, Maarol y Wattana

Los hombres que han pasado por cada grado del sistema

se dice que pertenecen al Gerda, en singular, Greer

que puede significar tanto viejo como esposo.

El período final entre edad y curso culmina

en una ceremonia especial llamada Nar.

LA TRIBU DE LA MUCHACHA

ARBORE

Esta muchacha con su cabeza bien rasurada, sinónimo de virginidad,

ya indica que esta dispuesta al compromiso.

Solo se dejan crecer el pelo tras haber contraído el matrimonio.

Usan largos y profusamente coloridos collares.

Sus pendientes de plata o preciado cinc son otro de sus abalorios.

Se practica la clictoritectomía entre las mujeres de la tribu Arbore

Esta operación se lleva a cabo durante el período de los ritos matrimoniales

y precede a la consumación del matrimonio y al establecimiento del hogar nupcial

que curiosamente tiene una especie de período de prueba

que puede durar entre cuatro meses a dos años.                  

Las mujeres Arbore son reconocibles por los largos velos

con los que suelen cubrirse para protegerse

del abrasante sol y del polvo de su árido territorio.

Muchacha del Lago

La gente del Lago da especial importancia a su identidad como miembro de los Arbore. 

Cada tribu del Valle del Omo tiene una forma específica de vestir

y adornarse a sí mismos como una forma de asociarse visualmente a sí mismos

como portadores de costumbres y valores únicos

En la sociedad Arbore el matrimonio puede ser consensuado con o sin la voluntad de la niña.

Independientemente del consentimiento de la hija, son los padre lo que negocian el vínculo.

La dote del novio normalmente se realiza con ganado, aunque son bien recibidos la miel, cereales, ropas, café, balas o arake.

Para conseguir a la muchacha deseada, el pretendiente debe mostrar su generosidad en el trueque.

A veces, para conseguir el objetivo, el novio debe recurrir a sus parientes cercanos

Cuando es dada la aprobación, son los padres del novio los que preparan los festejos de la boda

Esta muchacha sí tiene nombre, es la señorita

Selasoty

Señorita Guri

Como otros pueblos de zonas rurales de Etiopía,

sí establecen como principio vinculante

para acceder al matrimonio formalizado,

la virginidad de la niña.

Los hombres Arbore pueden escoger esposas

Y además de entre sus solicitadas muchachas,

lo suelen hacer también de entre las Booran, Dassanech,

Tsemay, Rendile o incluso Burji,

pero por lo general, no toman esposas de entre los Hamer

Durante los festejos de boda, ambos conyugues se afeitan la cabeza

y se untan con mantequilla cuajada con leche de su rebaño,

simbólicamente unen así sus vidas y el regalo del pueblo consiste

en exonerarles de cualquier trabajo u obligación

en los próximos seis o doce meses.

Los Arbore del norte tienen una relación estrecha

e incluso de parentesco con los Tsamai

Mujeres Arbore Tsamai

Las gentes del Valle del Omo siguen un régimen hereditario

de ascendencia patrilinial y aunque, aceptan la poligamia

si tienen normas estrictas en lo referente

a uniones de personas estrechamente relacionadas.

Aunque no sin dificultades se permite el matrimonio con las muchachas Tsemai,

pero siempre es unidireccional, hombre Arbore mujer Tsemai y nunca al reves.

La única diferencia entre estas chicas Tsamai

y las Arbore es la longitud de su pelo

Al contrario que en las mujeres Arbore, entre las muchachas de los Tsamai

no se practica la ablación ni escisión de clítoris, pero pueblos tan cercanos

en lo físico, cultural e incluso de origen, han dado como resultado que gentes

de ambos grupos, contraigan matrimonio, con no pocas muestras de repulsa

entre determinadas gentes Arbore del norte. Son los de la zona de Kuyle al sur

del país Arbore, los que por la escasez de mujeres en su zona, empezaron a

interesarse por las muchachas Tsamai, lo que ha dado tras varias generaciones

en individuos con ambos lazos, aunque integrados bien en un lado o en el otro.

Tal integración nunca ha sido problemática ni conflictiva,

Hombres Tsamai Arbore

Los Arbore,

al igual que otros muchos de sus vecinos como los Bodi

se realizan unas escarificaciones, a base de incisiones puntuales y abultadas

con carácter tribal y como distintivo de belleza.

Básicamente sobre el pecho y abdomen.

Jóvenes hermanas Arbore de la Región del Sur cerca del río Weyta

Muchacha de Gondorobba al norte Muchacha de Kuyle al sur

LOS CHICOS

Que se puede hacer ante la belleza de las chicas

Pues solo queda la imaginación

Y lo que el entorno nos proporciona

Iremos de fiesta al río; buscaremos yeso o alguna piedra caliza.

Nos divertiremos machacándola hasta conseguir volverla polvo.

Y luego con ese saber hacer de mi padre,

El, en la orilla del rio donde podrá diluir ese talco en el agua,

me hará los mas bonitos dibujos

con los que conseguiré hacer reir a las chicas.

Son los hombres Arbore quienes realizan las pinturas corporales en los niños ,

pues en ellas no solo se pretende el adorno, sino que con ese dibujo,

el niño manifiesta quien es su familia y a que poblado pertenece.

Es el origen del primer código de barras

Mi padre es un experto, su padre le enseño y el consiguió a mi madre

Luego escogeremos de entre todas la que preparó mi madre,

la pluma mas erguida

Y con mi mejor falda, iremos todos a la fiesta del mercado

Y aquí estoy, con mi hermano, bien preparado para la fiesta

Los amigos ya han llegado y están expectantes

Bueno, solo falta el, se está pintando mirándose en el espejito

que le regalamos.

Recuerdo que su padre no volvió aquel malhadado día

Está utilizando los pigmentos que le hemos regalado y que preparó mi padre

a base del cardo que tanto gusta a las vacas y la arcilla blanca del río.

Le está quedando muy bien.

Seguro que va a hacer reír a mas de una chica.

Y aquí estoy.

Contemplando desde bien alto los festejos y oteando el horizonte

Aunque no estoy solo . . .

. . . En realidad somos muchos los que miramos a ver por donde llegan las chicas

. . . y tras un largo pero bonito día.

Sin plumas ni gorros.

Con las pinturas cubiertas por el sudor y el polvo . . .

. . . . Y aunque cansados muy contentos.

Volvemos a casa

me acordaré de este día todos los días

. . . y de los simpáticos primos del sur que han venido a visitarnos.

LOS NIÑOS

Los niños Arbore y a veces incluso algún adulto, usan un casco a modo de gorro hecho con la cáscara de una calabaza, para protegerse del ardiente sol.

El hecho de fabricarlos de un tamaño visualmente desproporcionado, los hace mas destacables cuando comprendemos que con simpleza, entrañan una gran eficiencia, pues el aire que circunda la cabeza al estar en la sombra, proporciona una refrigeración de hasta cinco grados menos.

Los un poco más mayores, con la variante menos valiosa de caurís,

imitan a sus padres llevando en bandolera a modo de canana

estos pequeños moluscos en vez de balas.

Tal vez la vida les sonría y nunca cambien de adorno.

Entre niños y muchachos . . .

. . . una buena muestra de pandilla de niños y niñas

Todos ellos luciendo sus peculiares y coloridas faldas de paño o de piel de cabritilla

LA MUJER

Callada y fuerte, ella es África.

Es la Mujer

Ella, acarrea leña para calentar el hogar y hacer la comida.

Vigila y atiende a los niños, cuida y asiste a los ancianos.

Se ocupa de la casa y del huerto familiar.

Confecciona cose y remienda las ajadas ropas

Pero siempre está bella, compuesta y arreglada.

Con sus mejores adornos.

Con su mejor trato.

Con su comprensión ante una delicada situación.

Con su mejor caricia

Tan distante aunque no tan distinta

Señora Baro Tura

Jóvenes pero con ese halo que da la responsabilidad prematura

Tal vez deslumbradas por el enervante sol,

o tal vez rictus de cansancio, de incertidumbre por el devenir

posiblemente monótono o tal vez cargado de lluvia

de vivificante lluvia de ilusiones

Hoy es un buen día

Hoy es un buen día.

Han venido turistas ávidos de llevarse recuerdos . . .

No nos pillan desprevenidas, realmente somos y estamos así.

Engalanadas por dentro y por fuera.

Hoy es un Buendía.

Nos dejaran unas monedas y tal vez cambio de un collar

nos dejen alguno de esos tan preciados botes de plastico.

La Madre

Joven, orgullosa y feliz

Dos hermosos hijos y la mayor ya comprometida.

Je Je Je Je !!!

Que sí.

Que Mami me ha peinado.

Pero es que hace un aire !

Tan guapa compuesta con mi velo como mi mama.

Caray Mamá, no sabía que habría foto y jugando jugando. . .

pues me he llenado de polvo.

Se notará ?

Mi hombrecito deseando irse a jugar con los amiguitos

Hoy es día de espera, al menos tendremos un rato para cambiar impresiones

Estimada amiga o amigo que estás viendo esto.

Al confeccionar este breve documento, me he dado cuenta de algo, que se me quedó profundamente grabado cuando por primera vez lo leí.

So observas estas fotos de madres, escogidas sin otro criterio que el de verificar su procedencia étnica. Comprobaras, yo acabo de hacerlo, que la madre sujeta siempre al niño sobre su pecho izquierdo.

Ya sabes, si otras veces nos hemos visto o leido qué significa en toda África.

“Mi niño está vivo y lo que quiero es que sea tan inteligente y apto como buena persona.”

Para el y la africana, el lado derecho es la herramienta, el útil que manejmos, el izquierdo los sentimientos, la inteligencia, el espíritu.

La Familia

Si piensas otra cosa, te diré que solo es árido el paisaje.

Hermosos nietos, buena hija y orgullosos abuelos

Aunque islamizados, la lógica, don sumamente practicado

entre las gentes más sencillas del continente.

contribuye que aunque polígamos, realmente no tengan mas de una mujer.

Sería harto complicado poder alimentar, a mas de una y a los hijos,

en un entorno tan hostil.

La Casa

La ubicación de la casa de un nuevo matrimonio,

queda en manos del jefe del poblado,

el Kernet, que lo decide en función de la parcela de trabajo

que se encomendará a la nueva familia,

como hemos apuntado mas arriba. La casa en si, sin embargo es una encomienda

para la joven esposa.

Es verdad que para ello cuenta con la ayuda

de las mujeres de la familia y sus amigas.

La casa la hacen de un entramado a modo de

estructura con ramas de acacia verde,

gleditsia triacantos, entrelazadas.

Tiene forma ovalada y acampanada.

Luego con hojas de palmera atadas en gavillas.

Forran con dos capas una externa y otra interna toda la choza.

La más de las veces hace de puerta una vieja manta.

Para consolidar la estructura se integra el vallado del corral

dando mas estabilidad al conjunto.

En el corral, se tiene el ganado menor, como alguna cabra o gallinas

Se hacen las casas tras la primera época de lluvias,

cuando la vegetación es mas abundante y densa,

es también el momento de la reparación

y sustitución de los elementos deteriorados.

Las relaciones sociales

Eso queda sobre todo a cargo de las chiquillas, pues a los adultos no les queda tiempo y los muchachos enseguida tienen esperandoles algún encargo o ayuda que prestar

Por tanto vuelven a se ellas,

Las Muchachas

las protagonistas de la vida de los Arbore

Aunque ellas, también saben aportar su trabajo

Su belleza

Su candidez

Su sonrisa

Son los Arbore

La tribu de Las Muchachas

Tal vez el pueblo más pequeño de Etiopía

6.850 personas censadas en 2013

Creditos de :

Antonio Ciufo / Claude Gourlay / Jimmy Nelson / Joel Lawrence / Juan A. Muñoz Ken Herman / Flickr / Memory Lane

Documentación y recopilación de fotos.

Juanjo Andreu
Juanjo Andreu

Profesor de Bellas Artes y comisario cientifico de arte tribal africano

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Publicado en: África, Los arbore Etiquetado como: Etiopía, valle del Omo

Pueblo Afar Etiopía Eritrea Djibuti

octubre 12, 2022 by Juan Jose martin Andreu Deja un comentario

Pueblo Afar

Etiopía Eritrea Djibuti

Los antepasados ​​de los Afar se establecieron en la zona alrededor del siglo X, ocupando primeramente las tierras altas de Etiopía que dedicaron a la agricultura y a la cría y pastoreo de animales principalmente. Algún tiempo después comenzaron una transición gradual hacia un estilo de vida más nómada y se trasladaron a la zona que actualmente ocupan.  Desde entonces, han estado involucrados en muchos conflictos con las tribus limítrofes.

La primera mención sobre los Afar que se conserva, está datada y escrita en el siglo XIII por el escritor árabe Ibn Sa’id, que informaba que vivían en la zona de alrededor del puerto de Suakin extendiéndose hasta el sur del Mandeb, cerca de Zeila. Se menciona de forma intermitente en los registros de Etiopía, primero cómo ayudaron al emperador Amda Seyon en una campaña más allá del río Awash, y luego, más de un siglo más tarde, cuando ayudaron al emperador Baeda Maryam en su campaña en contra de sus vecinos del Dobea. A finales del siglo XVII, surgió el sultanato Aussa, y este se convirtió en el primero entre iguales de entre los gobernantes de Afar. Esta es la región que reivindican los Afar y a la que se refieren a menudo como el Triángulo de Afar. 

Este es no es solo uno de los puntos más calientes y más secos de la Tierra, llegan a los 63º, sino también con algunas de las temperaturas más bajas.  Gran parte de su territorio es desierto sobre suelo de basalto e inmensas salinas con enormes piscinas de sulfuro amarillo, recalentado aún más si cabe por el abrasador calor del sol. A esto hay que añadir, que es una de las zonas volcánicas mas activas del mundo donde entre otras cosas se encuentra uno de los cinco únicos lagos de lava de la Tierra el Erta Ale.

Las fuentes más antiguas se refieren a la zona en la que viven como Danakilia Afar, y a sus pobladores como Danakil. 

Este último nombre hace referencia al desierto que no a la etnia y son Afar las gentes del norte y aunque sin desdeñarlo, a los del sur les agrada mas ser llamados Adal o Adel pues se encuentran dentro del antiguo sultanato del mismo nombre, Adal.

Poco se sabe de la historia específica real del pueblo Afar.

 Los Afar reclaman ser descendientes de los árabes, a través de un antepasado mítico de Yemen, aunque difieren racial, lingüística y culturalment e

Un historiador Afar cuenta que la nación yemení deriva de la agrupación de algunos clanes o tribus de Afar de origen yemení que se han ido agrupando a largo de los siglos. Este tipo de adopción genealógica cultural es común entre los pueblos semitas y Cushitic, como algunos clanes somalíes, quienes también afirman ascendencia yemení.

Estudios genéticos en el Cuerno de África y la península arábiga indican diversas migraciones entre África oriental y Asia a través del Mar Rojo.  Las historias orales y afinidades lingüísticas de muchos pueblos, dan igualmente testimonio de esta larga historia de la migración humana y su intercambio genético, lingüístico y cultural.  Esto a veces, se refleja por tradiciones culturales y orales de una época historica anterior o en loscasos reales por los matrimonios mixtos, tal vez por forjar alianzas de defensa.

Desde el punto de vista Afar, esto lo refrendan a través de la tradición oral legendaria, que asocia el termino “Cus” con Yemen y el Cuerno de África.

El pueblo Afar es una de las etnias mas antigua de África y algunos creen que la palabra latina África, tiene origen semántico en la palabra lejos que en lengua semita, como el fenicio antiguo, significa polvo. Que en ambos casos se refería a los Af-ar o gentes de “lejos, donde el polvo”, lo que describe bien el hábitat del desierto de Danakil

Los relatos populares dan una idea de la historia de las dos divisiones tradicionales de los Afar.  Esa tradición indica que los Asayahamara , los rojos, son descendientes de un grupo originalmente invasor de las tierras altas de Etiopía, que impuso su dominio sobre los Adoyahamara , los blancos. Esto viene al caso por los tremendos contrastes del terreno, uno con insoportables temeraturas en un temible desierto cuajado de volcanes de color vino rojizo en el interior, por donde llegaron estos Asayahamara  conquistadores y el otro las zonas costeras salinas y blancas, donde se encontraban asentados los Adoyahamara que siguen siendo más numerosos.  Los Rojos se mantienen socialmente dominantes, y reclama la propiedad de las tierras, mientras que los blancos tienden a ser los pastores. Ambas clases están, sin embargo distribuidas entre todos los clanes, mel, de la tribu.

Los Afar son personas de difícil trato a los que no les gustan los advenedizos

Es por tanto poca y poco fiable la información sobre sus características tribales

Los Afar son un grupo étnico distinto, referenciado como tal, ahora en que se tienen mas amplia información sobre los pueblos del Cuerno de África, aunque los detalles siguen siendo escasos. Es cierto no obstante que todos estos pueblos, sin embargo, están relacionados en algún nivel. Los Afar son gente distinta de los cusitas del Este, cuya lengua y cultura están relacionadas con los somalí y gente del Oromo. Son muy tradicionales en su cultura y creencias, y conservan muchas de las prácticas animistas de su antiguo origen cusita.

Los Afar son genéralmente de color marrón oscuro o negro con rasgos faciales finos, similares a la gente de piel oscura de Somalia y a los del valle del Oromo. 

Están igualmente alejados cultural y lingüísticamente del antiguo grupo de los pueblos Beja, que son etíopes del Sur, y que se relacionan a su vez con la antigua raza egipcia.

El nombre amárico para ellos es Adal, que era el nombre de un antiguo imperio musulmán que casi derrotó al antiguo Imperio de Abisinia..  Pero se hacen llamar Afar, lo que también significa en su idioma el “primero“.

Los Afar participaron activamente en el comercio de esclavos, y servían de guía a los comerciantes de esclavos árabes. Una importante ruta de los esclavos a Arabia cruzaba el país Afar, esto se mantuvo activo y fue datado hasta 1928.

Los Afar se asociaron en una confederación de cuatro “sultanatos”.   En lugar de ser sultanes hereditarios, cada sultán es nombrado por el pueblo, pero al parecer se le elige alternando entre cada una de las cuatro confederaciones.

Los cuatro sultanatos son Aussa, llamado también Asayita o Asaita y Biru en Etiopía, y los de Tajoura y Raheito en Djibouti. Alguna de las fuentes informa con reiteración o por interés propio, de un quinto sultanato, el de Gobad en Djibouti. 

El sultán es el lider religioso, así como jefe político, de su clan Afar. Algunas fuentes informan que hubo tradicionalmente ocho sultanatos, en vez de los cuatro de ahora.

Los Afar se mantienen al margen de todos los gobiernos centrales, y no responden a las oportunidades o sugerencias de cambio, resistiéndose a la dominación de los demás. Solo están cautelosamente abiertos a los beneficios de la atención médica o a los de los programas del agua.

Es habitual observar grupos de Afar acampados a las afueras de la entrada de Djibouti capital, a dónde llegan periódicamente para comerciar o por atención médica.

Los Afar, nómadas practicantes, han sido autónomos tradicionalmente. Su sociedad, esta organizada en torno al comercio de sal, el pescado y los oasis en los que se detiene tras sus agotadoras caminatas a través de un desierto de sal, tandeseado por otra parte por todos.

Recientemente se han visto afectados por las luchas mantenidas entre las fuerzas musulmanas que atacan las tierras altas y las llanuras de la costa del Mar Rojo y las fuerzas amáricas que pretenden mantener esa parte del territorio y de implantación cristiana.

La historia cuenta, la participación activa de los Afar en las campañas militares dirigidas por líderes musulmanes contra los pueblos cristianos de las montañas.

Los Afar han luchado con Ahmad Gran, el Emir de Harar, quien, en su intento de establecer un imperio musulmán en Abisinia en el siglo XVI devastó las tierras altas.

  Aussa o Asayita, es ahora la capital del Estado de Afar , en Etiopía

El sultán de Aussa gobierna desde la capital de la otrora gran Adal , un reino Afar-somalí .  Los Afar, lucharon con las fuerzas musulmanas de este reino Adal contra el Amhara en el siglo XIX.

En las últimas décadas las relaciones con los pueblos vecinos ha sido más pacífica

Son nómadas y como tal trashumantes, pasando de las tierras altas a las tierras bajas en función de la lluvia y de las inundaciones de los ríos.

Levantan sus casas y cargan los enseres en sus camellos y cuando encuentran un nuevo asentamiento vuelven a montarlas instalándose temporalmente de nuevo.

Las mujeres dirigen el hogar y son ellas quienes deciden como y cuando levantar la casa, encargándose de cargarla sobre los camellos.

Y como vemos se encargan de sujetar bien a estos animales sus pertenencias

Ellas ordeñan las cabras y elaboran su tradicional mantequilla o ghee

También son las músicos y animadoras de la tribu.

Las mujeres Afar en Djibuti celebran el festival tradicional de Al Saif o baile de la espada, Jile, tal como se cree se celebraba en el antiguo reino de Saba

Como es costumbre entre los pueblos semitas, los matrimonios se realizan habitualmente entre primos hermanos. Las líneas hereditarias del clan son patrilineales.

Las tasas de divorcio son altas.

Las mujeres llevan por lo general el pecho desnudo,

algo inusual entre pueblos musulmanes.

Visten de cintura para abajo, a modo de falda,

un velo o paño que denominan sanafil

que tiñen de marrón o azul según su gusto personal.

La mujer Afar casada, se puede identificar fácilmente debido al uso de un tradicional tocado confeccionado con un velo llamado shash en su idioma y teñido de añil.

Utilizan a veces también como indicativo y símbolo de belleza un tinte ocre rojizo que mezclan con mantequilla y se aplican sobre el rostro.

Entre las mujeres Afar se practica un tipo de circuncisión femenina a modo de infibrilación, consistente en coser en parte la vulva. Se realiza a modo de ritual y es práctica habitual entre otros pueblos cusitas y bantúes.

Una gran parte de la población Afar, trabaja en las salinas de la depresión de Danakil

Sacando los bloques de sal en el lago Karum Skum y cortándola en lascas manejables

Después se deja secar y se apila debidamente empaquetada

Y no solamente es trabajo de hombres . . .

Más tarde se organizan las caravanas para intercambiarla con las gentes yemeníes a traves del estrecho, o con los pueblos etíopes limítrofes a cambio de grano.

Usan los camellos como animales de carga, pero no montan en ellos

Pastorean cabras y alguna oveja, pero más para consumo propio, requeridas durante las fiestas de las celebraciones musulmanas.

Los Afar viven en las estribaciones del mar Rojo. Están mal asentados, y entre otras cosas frecuentan la pesca como otro medio de subsistencia. Los sucesivos gobiernos han tenido poco éxito para ubicarles permanentemente en algún lugar adecuado.

Algunos si se han establecido entre los oasis de la región de Aussa y se pueden observar minoritariamente en los suburbios de algunas ciudades mas importantes. Durante finales del pasado siglo XX, el ferrocarril introdujo nuevas vias de comunicación y económicas abriendo mercado para la carne, la mantequilla, la leche y las pieles, con lo que los Afar entraron en contacto con la economía urbana y política de la región.

El gobierno etíope ha intentado insertarlos en los programas de riego y cultivo de algodón planificados a lo largo del rió Awash, pero con un resultado vano.

Es verdad que el sultán de Aussa, uno de los cuatro jerarcas Afar, era el máximo interesado en el proyecto puesto que el tenía rentadas las tierras a las industrias textiles británicas.

Las matanzas por venganza han sido hasta la fecha más que un hábito, pero está disminuyendo en los tiempos modernos. Del mismo modo, la guerra ha sido el ámbito primordial para gran parte de su cultura. Hace algunas décadas, se mantenían muy distantes de los pueblos de los alrededores, pero se les acusaba de hostigar y de perjudicar a sus vecinos somalíes y a diversas tribus etíopes. Incluso se reconocía cierta animosidad y enfrentamientos entre los clanes Afar, similar a las actitudes que sus vecinos somalíes mantienen respecto a la dicotomía clan familia, que mantiene a ambos muy atomizados.

La escasez de agua es una causa frecuente de conflictos. Grupos de guerreros son asignados para vigilar los rebaños y los pozos de agua, dando cabida tanto a hombres como a mujeres para salvaguardar algo tan preciado como necesario.

.

Es importante entender que al margen de los oasis, ya de por sí masificados, los pozos escavados con profundidades de mas de treinta metros, requieren una laboriosa mano de obra tanto del grupo de hombres que descienden al fondo como de las mujeres y hombres que acarrean tan preciado liquido hasta los poblados.

Al margen de estos conceptos sobre salvaguardar su territorio, bienes o familia, los Afar son de naturaleza hostil y propensos a la acción más que al dialogo y su belicosidad les lleva por ejemplo, a no considerar a un joven como adulto mientras no haya matado a un hombre. Curiosamente y sin otros distingos, les es indiferente si ese hombre es de otra etnia o si es Afar, pero eso sí de otro clan.

Son musulmanes sunitas de confesión religiosa, pero siguen muchas de las prácticas y conceptos animistas tradicionales. 

Los hombres Afar son fácilmente identificables por sus curiosos peinados llamados butter

Son de difícil acceso geográfico y remisos a admitir cambios en sus reglas y cultura.

La nación Afar tiene una extraordinaria riqueza patrimonial de proverbios, historias, canciones y adivinanzas. 

El derecho consuetudinario Afar esta muy arraigado entre sus sus diversas costumbres como las reglas relativas al matrimonio, la paternidad, la vestimenta, etc … tienen prescripciones muy elaboradas y todo ese compendio cultural les dota de un peculiar enriquecimiento como pueblo.

Tienen un elaborado vademécum autóctono con los nombres de plantas y animales, muy completo.

Aunque más predispuestos en la actualidad a la presencia extranjera, no es de extrañar su animadversión. Ellos se consideran desde su origen como una nación, la Nación Afar, y ya desde tiempos del colonialismo se opusieron a la intromisión de las potencias extranjeras como tales, pues estas pretendían dominar el estratégico Mar Rojo y para ello ocupar militarmente la zona costera de Dahlack a Zeila, a lo que se opusieron con coraje los Afar. El resultado final fue la ocupación a pesar de la resistencia denodada y ello se tradujo en la actual segmentación de la Nación Afar, dispersa en la actualidad por tres estados Djibouti, Eritrea y Etiopía.

La hostilidad legendaria del pueblo Afar debe considerarse en un contexto cultural. No son más hostiles hacia los extranjeros que cruzan sus tierras, de lo que sería un extraño cuando pasa a través de la puerta de nuestro jardín y caminara por el sin nuestro permiso. Un visitante de las tierras Afar siempre se encontrará en territorio de la tribu o familia que lo considera como propio y no debe ser visto como público, ese territorio, aunque lo recorran carreteras o senderos, siempre estará considerado aún en la lejanía como propio. El hecho de presentar una orden oficial del gobierno que permita viajar a través del país Afar no siempre es suficiente.

La tradición dictamina que el jefe de la tribu es personalmente responsable, de todo lo que sucede en sus tierras, inclusive sobre la seguridad de los visitantes. Por lo tanto, no le gustará que crucen su territorio sin hacerle una visita y pedirle permiso. La hospitalidad Afar es una característica esencial de su cultura, pero el que desafía las reglas tradicionales de su sociedad puede esperar problemas.

Hablan idioma Oromo, conocido también como afaam Oromoo u oromiffa, y a veces en otras lenguas, variantes ortográficas de estos nombres como Oromic oAfan Oromo, es una lengua afro-asiática.

Las lenguas afro-asiáticas constituyen una familia de idiomas con alrededor de 375 lenguas y más de 300 millones de hablantes repartidos por todo el norte de África, el este, el Sahel y el suroeste de Asia ….
El Oromo es el mas hablado de entre los idiomas Cushitic  Son un subgrupo de las lenguas afro-asiáticas, derivado del personaje bíblico Cush . Se habla como primera lengua en aproximadamente 25 millones de individuos

A través de sus mitos de origen, algunos clanes Afar afirman su ascendencia árabe. Su lenguaje, sin embargo, y las prácticas animistas tradicionales subyacentes a pesar de su reciente adhesión al Islam, indican que los Afar comparten una historia con los pueblos vecinos cusitas. No existen registros historicos escritos Afar, por lo que es uno más de entre los que trasmiten su origen y cultura oralmente.

El Triángulo de Afar incluye la depresión de Danakil, y el punto más bajo en África, el lago Asal, a 155 metros bajo el nivel del mar, se encuentra en Djibouti. Sólo el río Awash, desemboca en la zona, donde termina en una cadena de lagos que aumentan la salinidad. 

La depresión de Danakil, consistente en una vasta planicie de salinas y volcanes activos. Gran parte de ella se encuentra a 200 metros bajo el nivel del mar y tiene temperaturas diarias de hasta 125 grados Fahrenheit o 63 Celsius.

La precipitación media anual es de menos de siete pulgadas. 0,11741 litros.

El río Awash, que fluye hacia el noreste por el sur de Afar, proporciona un cinturón verde estrecho y permite la vida de la flora y fauna de la zona y de los Afar, el pueblo nómada que vive en el desierto de Danakil.

Algunos Afar afirman ser descendientes de Can, el 2º hijo de Noé. Son un pueblo orgulloso que hace hincapié en que un buen hombre es aquel que demuestra su fuerza y valentía. El prestigio le deviene así, como siempre ha sucedido, de matar a los enemigos. Son muy respetados y temidos guerreros por su habilidad con lasarmas, especialmente sus famosos cuchillos curvos Jile. Eso no entra en contradicción con la tradicional hospitalidad musulmana, y a tal efecto tienen un proverbio: “ Koo liih Anii macinay Kamol ayyo mogolla”. Que traducido viene a decir “ Te acepto en mi casa como a un hermano, pero no ecpto que aquí se cuestione mi autoridad”

La mayoría de los Afar son nómadas que pastorean rebaños de ovejas, cabras, ganado vacuno y camellos y para ellos, la riqueza de un hombre se mide por el tamaño de sus rebaños.

Aunque se permite a los musulmanes tener hasta cuatro esposas, los matrimonios Afar son normalmente monógamos.

Las niñas pueden casarse tan pronto cumplen los diez años. Son habituales los matrimonios entre primos hermanos, sobre todo la de un hombre con su prima, hija de su tía paterna

.

Se escogen las noches de luna llena pues es el momento más favorable para la ceremonia de la boda y se requiere de un erudito capaz de leer las pertinentes estrofas del Coran

Al igual que a las niñas se les practica la infabulación, una variante de la circuncisión, a los ya casi muchachos se les practica la circuncisión. Se espera que ellos sean valientes y soporten el dolor sin manifestar emociones y luego se les permite elegir una chica con fines matrimoniales. Aunque como en todas las reglas hay excepciones, una bastante bien acatada es no contraer matrimonio con gentes de otros pueblos.

Dentro de la ceremonia tradicional de la boda, se practica una danza ritual por los hombres. La ceremonia, se lleva a cabo en la casa de la familia de la novia, y allí los invitados disfrutan de la tradicional papilla hecha basa de la raíz del papiro llamado burri mezclado con leche. Tras la celebración, la residencia de la pareja suele ser la casa paterna, hasta que la novia de a luz a un niño. Mientras, en el festejo, las futuras novias lucen sus mejores galas.

Y las mujeres solteras se preparan, pues no hay mejor escaparate que un evento social donde acudirán todos los miembros del clan.

Sus abalorios, peinado y vestimenta nos muestra que es la hija soltera de un rico y poderoso hombre.

Pero cualquier muchacha se presenta como una princesa de las mil y una noches

Realmente todas los son y tienen el derecho a mostrarlo así.

La carne y la leche son los principales componentes de la dieta Afar. La leche es también una importante “ofrenda”. Socialmente por ejemplo, cuando a un huésped se le da leche caliente fresca para beber, el anfitrión está dando a entender que va a proporcionar protección inmediata al huésped.

Sus chozas de forma ovalada, llamadas ari, están hechas de esteras de palma y se mueven fácilmente. Detrás siempre del agua que cargan en odres o en bidones del gobierno.

Los Afar viven en campamentos rodeados de barricadas de espinos, que los protegen de los ataques de animales salvajes o de tribus enemigas

Si una persona fuera asesinada estando bajo la protección de un Afar, su muerte sería vengada como si de un miembro del clan se hubiera tratado . . .

Fue, dada la proximidad geográfica con la península arábiga, uno de los primeros pueblos africanos en ser influenciado por la religión islámica al tanto, que hoy en día sigue teniendo una gran implantación. No comen cerdo y es raro verles bebiendo alcohol. Los buenos musulmanes Afar, que pueden permitírselo, hacen también su peregrinación a la Meca.

Sin embargo los Afar siguen manteniendo muchas creencias y costumbres preislámicas.

Creen que ciertos árboles y arboledas tienen poderes sagrados. Y dentro de sus varios ritos religiosos es frecuente ungirse el cuerpo con ghee, la especial mantequilla que ellos elaboran. Los espíritus de los muertos son tenidos por m uy poderosos y se les rinde homenaje en la fiesta de Rabena, o de los difuntos, que se celebra todos los años en su honor. También se hacen ofrendas al Mar para que garantice la seguridad de sus pueblos. Y como cosa muy extendida entre todo el Islán, llevan al cuello amuletos de protección de cuero, que en su interior contienen estrofas del Corán, suras, y elementos vegetales.

Los Afar son un pueblo orgulloso e independiente, con una historia muy turbulenta. Recientemente el gobierno, construyó casas dotadas de cocina y baño, e intentó reubicarlos, pero su inadaptación a los gustos urbanos y su cultura nómada, hace que del 1.287.00 individuos aproximadamente censados en 2007, solo accedieran a estos lujos alrededor de 110.00 personas, todo ello además de la motivación a la que les indujo la nueva emisora de radio oficial, Afar.

Ellos mayoritariamente hubieran preferido que se les hubiera solucionado la escasez de agua pura necesaria en el Danakil, para su subsistencia y la de sus manadas, pues en los últimos años se produjo una gran mortandad, debído a las grandes hambrunas producidas por las interminables sequías.

Capitulo especial requiere la mujer. . .

Ya hemos visto que se encargan de montar y desmontar la casa, de ordeñar e incluso pastorear el ganado, del pequeño huerto familiar, de acudir al mercado e incluso y cuando se tercia de coger el fusil y combatir junto a los hombres….

. . . además tiene que estar bella . . .

. . . niña . . . .

. . . o mujer.

Y para eso, a veces no queda mas remedio que pasar por los quirófanos de las clínicas de estética y belleza más cercanas . . .

. . . pero ellas creen que el resultado lo merece.

Y si no se puede ir a la clínica porque el tiempo . . .

. . . o el trabajo lo impide . . .

. . . esperaremos a que se calme . . .

. . . ahora . . .

. . . como se calmó antes.

Y si no, siempre hay maneras de estar atractiva.

. . con mis escarificaciones, mis collares y mi mirada

. . . en el campo . . .

. . . en la casa . . .

. . . con los niños . . .

. . . con las amigas . . .

. . . del valle de Dankalia

. . . o con mis primas

. . . contandonos nuestras cosas. . .

. . . o ayudando a preparar la comida

. . . que a ella se le da muy bien preparar el Burri

. . . antes de recoger las cabras . . .

. . . que caiga la noche . . .

. . . y que nuestro primo nos embelese con sus historias

Recuerda, somos los

Afar

Creditos :

Anthony Pappone / Carol Beckwhit / Casimir Zagourski / Christina Feldt / Eric Lafforgue / Eyes4ethnic / Joni Kabana / Mario Gerth / Memory Lane / Mónica Ettlin / Patrick Drummond / Radek Borotka / Victor Englebert / Vulkaner /

Documentación ATA

Juanjo Andreu
Juanjo Andreu

Profesor de Bellas Artes y comisario cientifico de arte tribal africano

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Publicado en: África, Los Afar Etiquetado como: Djibuti, Eritrea, Etiopía

Pueblo Bariba de Benín y Nigeria

octubre 11, 2022 by Juan Jose martin Andreu Deja un comentario

Pueblo Bariba de Benín

Bariba
Tambores ancestrales Bariba

Los Bariba de Benín, suman algo menos del millón de individuos. No está muy claro que pertenezcan al grupo de personas que hablan Gur, aunque sí están establecidos entre ellos, e incluso aunque su idioma es el baatonum se entienden perfectamente con los pueblos circundantes que lo hablan. Se encuentran dentro del bloque de afinidad del África Subsahariana. 

A nivel mundial, este grupo tiene alrededor de 1.175.000 individuos a fecha del 2014, distribuidos por cuatro países. Benín, y Nigeria principalmente y exiguos en Togo y Níger.  Su idioma principal es el Baatonum, aunque conocen el Gur y el Ga Egbe, con los que se comunican con sus vecinos.  La principal religión practicada por los Bariba es la islámica, pero diversificada en sectas influenciadas por las distintas ubicaciones donde viven. Las más importantes son: Ibadhi, Ahmadi, Alevi, Yazidi y Khariji.

De los Bariba, apuntamos a continuación los datos siguientes: Entre ellos se reconocen como Baatonu  en plural Baatombu, son los habitantes mayoritarios del departamento de Borgou que corresponde a Benín, siendo cofundadores del reino del mismo nombre, Borgu, situado ahora en el noreste de Benín y el centro oeste de Nigeria.

Bariba
Mujer bariba con su hijo en el mercado

Los Bariba Nigeria

Los Bariba de Nigeria, se encuentran diseminados entre el oeste del estado de Kwara  y la parte de Borgu que pasa la frontera y se encuentra en Niger. Del 1.175.000 individuos Bariba, el 70% de ellos residen en Benín, donde son el cuarto grupo étnico y comprenden a algo más del 10% de la población. 

Los Bariba se concitan principalmente en el noreste del país, especialmente alrededor de la ciudad de Nikki, que se considera la capital Bariba.  Originalmente, emigraron de la zona del estado de Kwara, en Nigeria.

Fueron y son reconocidos como hábiles jinetes. 

bariba

El más conocido de sus festivales es el festival anual Gaani, en honor del profeta Muhammad, del cual la equitación es el elemento más destacado. 

El pueblo Bariba ocupa un lugar importante en la historia del país. 

Durante finales del siglo XIX, se sabía que los Bariba creaban y se instalaban en ciudades estados independientes, entre los que alcanzaron gran influencia los reinos de Nikki y Kandi en el noreste del país. 

Aunque existen dudas sobre este dato, en la ciudad de Pehunko, con alrededor de 365.000 habitantes, alrededor de 200.000 de estas personas son Bariba.

La sociedad Bariba

La sociedad Bariba estaba jerarquizada por un oficial de alto rango erigido como jefe de la ciudad, al mando de otros jefes subordinados. 

El príncipe Moussa Atta de Djougou, haciendo bailar a su caballo a toque de tambor, durante el Gina.

Miman y cuidan a sus caballos de raza árabe y los enjaezan con todo tipo de adornos donde se aprecie su estatus, a la par que ellos visten tejidos de seda o caftán, bruñidas armas y curiosos sombreros.

El estatus social y los títulos los heredaban las familias, pero el nivel de una persona solía provenir de la naturaleza de la dedicación o trabajo de su familia.

Los estratos sociales Bariba, están relacionados con etnias: se componían de los gobernantes nobles o Wasangari, los plebeyos o los Baatombu, mercaderes los Dendi, pastores los Fulbe, siervos y esclavos de diverso origen, así como otra diversidad de grupos étnicos minoritarios.

La agricultura es la ocupación dominante entre los Bariba.  Cultivan maíz, sorgo, arroz, algodón, mandioca tapioca, ñames, frijoles, aceite de palma, cacahuetes y algún ave de corral y ganado.

Bariba
Bariba
Guerreros Bariba, derecha foto de 1900, izquierda de 1947.

Religión

La religión juega un papel importante en las tribus Bariba, siendo mayoritariamente fieles seguidores del Islán. Esta religión llegó hasta los Bariba, a través de los comerciantes Dendi que transacionaban con el norte.

Los dendi, conversos fervientes, predicaban al volver a sus regiones de origen. 

Sin embargo, varias comunidades Bariba, aún mantienen sus propias ancestrales creencias.

El pueblo Bariba de Dahomey era y sigue siendo una cultura estratificada. 

La base principal de su estatus reside en su profesión, edad y sexo. Como he adelantado, el más alto de los rangos el de Wasangari, o aristócratas, lo componen los jefes de la tierra, junto a estos el herrero. 

El estado más bajo es el de Baatonu; un cazador si usa veneno es Tauso, en ambos casos serían los plebeyos. 

Según Sargent CF pg 44-45:

“Las mujeres no pueden subir de categoría más que dentro de la familia, lo que acredita como figura principal a la primera esposa, que puede asignar deberes a las otras mujeres”.

El matrimonio

En Dahomey los matrimonios estaban y están arreglados.  Rigen normas patriliniales de manera que cuando el hombre se casa con la chica, viven con los padres de él o cerca, es el sistema virilocal. El traslado no es inmediato porque la muchacha irá a vivir a la casa de su prometido entre 7 y 12 meses después del inicio de su menstruación. 

Este proceder solo se realiza así si el futuro esposo es un plebeyo, no para un Wasangari o jefe, que exigirá que la muchacha se mude de inmediato.  Cuando los Bariba se casan, el único parentesco que las mujeres tienen con los hombres son sus hijos. Los niños pertenecen a los hombres pero las mujeres pertenecen a su familia original. 

Sargent, CF, p.50 y Allen, Baxter y Sommerville, p.5, mantienen que :

“Los Bariba son polígamos; se casan con varias mujeres por su prestigio y por tener muchos hijos que le aportarán fuerza y con su trabajo, riqueza”.

Bariba

No puede pasarse por alto la habilidad que demuestran en algunas de sus artesanías, como las terracotas; bellas creaciones tal vez con múltiples influencias estéticas, pero con dominio técnico propio.

Bwéeru o Wéké Gumgia Bwéeru o Wéké Gumgia

Bwéeru o Wéké Gumgia

Recipiente medicinal

El norte de Benín fue disputado por franceses y británicos, y estos últimos incorporaron parte de Borgu a su colonia nigeriana, dividiendo a los Bariba en dos administraciones.

Los Hausa y Fulani del norte

Los grandes clanes que tenían relaciones con los Hausa y Fulani del norte, disponían de poderosas caballerías de origen árabe que estos les proporcionaban; aunque nunca poseyeron más de cincuenta caballos por clan, algo así era inaccesible para sus vecinos, lo que les permitió construir importantes ciudades estado como las mencionadas Nikki, Kandi y Borgu.

Con esta poderosa arma, los Bariba se hicieron temidos sobre todo en lo que ahora es la frontera de Benín con Togo, donde no tenían competencia para realizar asaltos y capturar a cualquier individuo que pudieran conseguir para venderlo como esclavo.

Aislados regionalmente, eso les privaba de la posibilidad de comerciar con los europeos y por tanto de transacionar directamente con ellos; su dependencia de los pueblos del sur cada vez más poderosos, propició que los Bariba colapsaran económicamente y se vieran obligados a integrarse en el más poderoso reino de Dahomey.

Ciudades que en el siglo diecinueve habían florecido con actividad y poblaciones sostenidas de más de 20.000 habitantes, declinaron en aldeas.

Como se aprecia en el gráfico de la Enciclopedia Británica, del 2002, los Bariba son la cuarta comunidad en porcentaje de habitantes en Benín. Aunque los porcentajes habría que actualizarlos.

Bariba

La abolición de la esclavitud

La abolición de la esclavitud y por tanto la prohibición de hacer redadas e incluso retener a alguno en las residencias o trabajos, eliminó no sólo la fuente de ingresos en la que todos andaban involucrados, sino que desencadenó una salida masiva de ex esclavos de las aldeas Bariba a las nuevas agrupaciones formadas por ellos conocidas como ‘aldeas de la libertad’; unos, acostumbrados a duros y más productivos trabajos prosperaron rápidamente; otros, formaron partidas de bandidos que asolaban toda aquel pequeño enclave o aldea que encontraban y que estaban desprovistos de defensa. La región cayó en decadencia, rezagada en el desarrollo social, económico y político.

Un jefe, temido antes por su ferocidad, con su hijo y esposas en la región de Kuru, esperando el ritual de Founere. Foto de 1972 de F.A.O. Delafose.

Bariba

La República de Dahomey

La República de Dahomey obtuvo su independencia en agosto de 1960. Su economía era débil y su sociedad, pobremente integrada, estaba llena de divisiones étnicas y regionales. La capital dominó el entramado económico y político, dejando inmersas al resto de regiones, sobre todo las del norte, en el abandono total.

Quedaron sin resolver los conflictos históricos, la animosidad existente no resuelta entre ciertos grupos y ciudades, y ciertos pueblos como los Batammariba y Bariba en el más absoluto descuido socioeconómico. Las élites políticas de los Bariba explotaron las frustraciones del norte, y la desconfianza hacia los yoruba catapultó a los líderes nacionalistas a la preeminencia, intensificando la división norte-sur.

La desconfianza de los Bariba hacia los sureños, tenía su contrapartida en el arraigado sentimiento de superioridad sobre otros grupos del norte, como los batammariaba, que ya tradicionalmente eran atacados para esquilmar sus pertenencias y conseguir esclavos.

La sociedad se polarizó rápidamente en tres movimientos étnico regionales, acordándose una presidencia rotativa entre los Fon, Yoruba Nago y Bariba en 1970. A medida que las diferencias y tensiones regionales se sacaban de contexto y eran remarcadas por la incipiente elite política de Benín, en búsqueda de acrecentar poder político, no surgió ningún candidato ‘nacional’, sino políticos regionales con feudos electorales en sus respectivos bastiones nacionalistas.

El origen del pueblo Bariba

El origen del pueblo Bariba es, según su tradición oral, de origen sudanés, y su denominación como baatonu, significa realmente “el pueblo”. Un importante porcentaje de ellos vive en el norte de Benín, especialmente en Borgou o Borgu, una región artificialmente dividida por la frontera entre Benín y Nigeria.

Su sociedad, como hemos dicho estratificada, aún mantiene como tradicionalmente, esclavos; aunque aparezcan de cara a la galería como sirvientes, algo similar a los Bel la en Malí. Su dedicación principal es la cría de ganado aunque delegaban el pastoreo y aun lo mantienen, a ex esclavos o a Fulani, a cambio de protección y permiso para pastar en sus tierras.

Como en el resto del mundo, cuanto más aislados están los pueblos más mantienen sus tradiciones; pero el roce hace el cariño, y esclavos o trashumantes, comerciantes o pastores y los dueños del terreno, al final crean lazos de sangre que se hacen tan solidos como los ancestrales.

Los nómadas fulani, pastores básicamente, o los dendi dedicados fundamentalmente al comercio, pueblos de más al norte y otros orígenes, pero afincados en territorio bariba, pasan a formar parte de estos últimos.

Mantienen sus costumbres y dedicación, siguen siendo pastores o comerciantes, pero dentro de su asentamiento; como las niñas de la foto de más arriba de orígenes Tuareg Fulani Dendi Wagasi pero ante todo Bariba.

La señorita Yakey de etnia Fulani.
La señorita Yakey de etnia Fulani.

la fe islámica en Benín

Los Fulani o Peul, son musulmanes, aunque la fe islámica en Benín está fuertemente influenciada por el contacto con las poblaciones animistas circundantes, como lo está la fe cristiana. Los fulani son pastores y viven con los bariba, cuyo ganado cuidan a cambio de protección. Comprenden una proporción significativa de la población en la región de Borgou. Los fulani, a menudo han formado alianzas con los dendi.

Para más informacion sobre los Fulani – Fufulbe – Fulbe – Bororo o Peul, remito a los estudios sobre este pueblo.

Mujer Dendi con su hijo. Eliot Elisofon 1971
Mujer Dendi con su hijo. Eliot Elisofon 1971

Obsérvense las escarificaciones, tras los coloridos tonos de sus mejillas, así como los dibujos y tonos de sus tejidos.

Los dendi son una minoría, principalmente involucrada en el comercio y dispersa en las áreas urbanas del norte de Benín. Aunque son musulmanes y hablan su propio idioma, muchos se han casado con la población local.

Los Dendi descienden de los Shongai, fundadores del antiguo Reino de Za, cuya existencia se remonta al siglo VIII, y situado entre las ciudades de Kukiya y Gao en la moderna Malí. En 1010, los árabes llegaron al territorio sometiendo a la gente al Islán. Sus viajes como buhoneros les llevaron a conocer variantes, que al igual que a los bariba, les introdujeron en corrientes del Islán como las Ahmadi, Alevi, Drusa, Ibadhi, Khariji y Yazidi.

La orografía

La orografía propició el abandono y este, el que se mezclara la nueva religión con sus creencias animistas, teniendo como sagrados los ríos, la tierra y la caza. La magia, la posesión de espíritus, el culto a los antepasados y la brujería, también son parte importante de sus creencias a las que dedican múltiples ceremonias.

Por lo que los hechiceros y las brujas están presentes en todo el país, en la mayoría de los pueblos. Las ceremonias de la posesión de los espíritus se celebran y tienen sus propias características según el lugar. Este tipo de ceremonia, dependiendo de la zona, se celebra en cuanto es solicitada por alguien, pero siempre con carácter semanal.

Las principales ceremonias religiosas de los dendi son el ‘genji bi hori’, un festival que se celebra para entregar ofrendas a los ‘espíritus negros’ que controlan la peste y el yenaandi o danza de la lluvia, pidiendo que acabe la sequía. Ambas ceremonias se celebran en la estación seca. 

Al igual que en todos los lugares con creencias islámicas, los santones o marabouts, llaman y presiden las oraciones principales de los dendis, pero también son llamados para curar o atender a los enfermos.

La dinastía Za colapsó a fines del siglo XVI, cuando Marruecos conquistó el territorio, aunque esto ya les quedaba muy lejos. Viven en las llanuras del rio Níger, “dendi” se traduce como “aguas abajo del río” en su lengua materna, el dendi, de origen mandé.  Suman alrededor de 200.000 individuos de los que apenas cinco mil lo hacen en Nigeria, el resto, la mayoría, en Benín. 

Bariba

El festival de Gaani

El festival de Gaani es un acto que conmemora el nacimiento del profeta Muhammad. Se celebra del 12 al 19 de junio.

En Kutigi región de Lavun, en el estado de Níger, en Nigeria, comienza con un desfile de tambores hacia la residencia del jefe del pueblo o Ezanawa, para solicitarle el permiso para celebrarlo. 
Esto generalmente ocurre al entrar la noche; todo tipo de músicos muestran sus habilidades para alborozo de los espectadores. 

Bariba


En el día principal del festival, los jóvenes del pueblo desfilan por la comunidad en medio de la algarabía de músicas y bailes, luciendo ellas los nuevos vestidos y ellos los chales y grandes pañuelos que ellas les han regalado para la ocasión. Todos se encaminan hacia el campo preparado por el municipio de Kutigi, donde invitados y otros espectadores ya están esperando.

el campo de Tako Tsowako

La principal actividad se realiza en el campo de Tako Tsowako donde la multitud se agolpa desde bien entrado el día para no perderse el espectáculo de ver llegar a los caballos enjaezados y sus jinetes, haciendo cabriolas para que sus monturas se adapten al terreno y calienten sus músculos.

El campo de Tako Tsowako, se encuentra cerca del río Toro, todos están expectantes y apretujados esperando que comience la competición. Esta consiste en salir raudo hacia el punto marcado al otro extremo, donde debe colocar la bandera con su distintivo y retornar a mayor velocidad si cabe.

Pero antes, caballo y jinete demuestran su sintonía y dominio, realizando todo tipo de saltos, paradas, impetuosos arranques y frenadas, vueltas y revueltas, bailando al toque de los tambores ancestrales…

… Luego para, se baja majestuosamente el jinete, acaricia y sosiega al caballo y ostentoso y a pie, se dirige al punto de partida luciendo los ricos tejidos, abalorios, trabajos en cuero y metal que hombre y bestia muestran orgullosos.

Ntakogi

También hay varias muestras de música cultural Ntakogi, la silvicultura, con danzas como la Takar, la danza Zannabi, la de los Majin Lubasa productores de cebolla, las del grupo cultural Lavun, grupo de cazadores y todo aquel que quiera manifestarse. Finalmente cierra los espectáculos la aparición de la mascarada de Ndakogboya Emidawu que se cree protege la comunidad de males. 


Una vez hecho esto, el rey Bariba, Zanna y su consejo real, irrumpen en el estrado del campo para declarar abierto el evento. 
Este festival cultural también permite aparecer, pasear y dejarse ver de las jóvenes solteras, con el objetivo de poder interactuar con los muchachos jóvenes con fines matrimoniales.


La gran final en el campo, atrae la presencia del Ndako Gaani el Príncipe de Gaani, mientras que la princesa conocida como Sagi Gaani ayuda a las mujeres en la recepción.  Ciudadanos, familias, amigos y simpatizantes vuelven a casa para participar en el festival cultural y también para reunirse con sus seres queridos. 

El Festival Anual de Gaani en las áreas de Kaiama y Baruten en el estado de Kwara se celebra en medio de glamour y ostentación. Se narran los 300 años de tradición que simboliza la cultura única y rica de los baribas.

el reino de Borgu


La nación Bariba en el estado de Kwara se esfuerza cada año para que el festival anual Gaani, resulte más esplendoroso, y los visitantes y nativos residentes y en la diáspora, disfruten, lo vivan y ansíen volver el próximo año. Es una celebración de la cultura y costumbres del pueblo de Bokobaru, que comparte historia y tradición con el reino de Borgu, que se encuentra en la parte nororiental de Benín, adentrándose en algunas partes del norte de Nigeria.


El festival se celebró simultáneamente en las áreas de Kaiama y Baruten, aunque las principales actividades se llevaron a cabo en Kaiama, donde se creó el Gobierno Local de Baruten en 1991. Los hijos e hijas de Kaiama y sus dignatarios, se reunieron para celebrar y felicitarse unos a otros, el distrito de Yashikira en Baruten estaba igualmente repleto en su propia fiesta Gaani, mientras que en el distrito de Okuta también en Baruten, esperan al próximo fin de semana para llevar a cabo y presentar su versión. Los visitantes de Nigeria y la República de Benín que comparten los límites con Kaiama y Baruten invadieron calles plazas campos y aledaños, para no perderse la diversión y el glamour del evento.

 El festival anual de Gaani reúne a todos, hombres y mujeres, viejos y jóvenes, que participan en las actividades, independientemente de sus diferencias ideológicas, la diversidad de clases y la afinidad religiosa.


Alcanzando su clímax con exquisitas muestras culturales de varios grupos dentro y fuera de los espacios preparados. 

el mes lunar de Rabiu Awwal


El festival anual que tiene lugar en el mes lunar de Rabiu Awwal cada año, conmemora el nacimiento del Profeta Muhammad.


Históricamente, Gaani también se considera una fiesta en honor de los antepasados y monarcas, ​​que supuestamente iniciaron el festival hace más de 300 años. Todos los niños de las familias reales, tanto los príncipes como las princesas, se afeitan todo el vello, para recibir los títulos tradicionales que se conceden cada año con motivo de esta celebración.


Durante el festival, los príncipes van a recibir al rey y a sus antepasados, cuyos espíritus se cree que entran en los tambores reales reservados para la ocasión. Además, como parte fundamental del festival, hay ceremonias y rituales, organizados para apaciguar y agradecer a los espíritus de sus antepasados el resguardar sus vidas y poder presenciar otro festival más. 

Las actividades incluyen la exhibición de jinetes con sus animales adornados con diferentes atuendos multicolores. Además, diferentes tipos de bailes culturales que incluyen Cocoma, Batonu, Keke, danzas Ida, bailarines Kemberi, Igbo, Yoruba, Hausa y bailarines tradicionales Swange de otros estados vecinos, incluida la República de Benín se presentan para entretener a la gente.

En el festival propiamente dicho, todos los clanes y jefes provinciales asistieron para rendir homenaje al Emir como custodio de la institución tradicional en el área. 



“Un pueblo sin cultura y tradición es como un árbol sin raíces”. 

Bariba


Es el segundo festival más popular entre la gente de las comunidades fronterizas de Nigeria después de las fiestas islámicas de Eld li Fitr y Eld li Kabir. Pero la singularidad del festival que lo hace excepcional ante estos dos festivales islámicos en la zona, es la forma en que se afianzan y promueven las relaciones transfronterizas entre el pueblo de Nigeria y sus parientes en la República de Benin. 

Gaani Eve


El primer día, que es el viernes, es Gaani Eve, un día reservado para la exhibición de varios tipos de tambores peculiares de su cultura, ante el palacio del emir. Lo ancestral también converge en el palacio, donde los cantantes de alabanzas actúan ante la admiración de la gente. 

 
El verdadero día del festival es el sábado, cuando el emir, en la madrugada, visita a los antepasados ​​y ofrece oraciones en el cementerio de sus predecesores y algún sacrificio por un reino pacífico y un desarrollo abundante en el territorio.  Las actividades se reanudan en la arena del festival más tarde, de anochecida, cuando el monarca envía el mensaje anual a su gente.


Inmediatamente después de que él entregue su mensaje, comienzan las actividades culturales que incluyen las pruebas de equitación, las diferentes danzas culturales y exhibiciones acrobáticas, entre otras. 


El tercer día se da la bienvenida y se presenta al personaje invitado, en algunos casos, no todos los años, algunas personalidades distinguidas reciben títulos tradicionales.

“Todos somos hermanos. Pertenecemos a la misma familia y a nuestros sirvientes; el pueblo Bariba está bajo nuestro trono y cada año, ha sido nuestra costumbre donde sea que estemos, desde la parte oriental, desde la parte occidental, reunirnos en Nikki para celebrar el festival de Gaani. Cuando volvemos a Nikki, organizamos nuestras mejores versiones del festival, mejorando cada año”

reza la presentación.

El monarca explica que el viejo imperio de Borgu estaba bien organizado, coordinado y defendido, pero se desintegró durante la partición de África por parte de los amos coloniales. 

el monarca de Kwara


Sobre el origen del festival, el monarca de Kwara dijo que comenzó cuando la gente de Baatombu quería su propia forma de manifestar su felicidad por que el Profeta Muhammad había nacido. 


“En nuestra mitología, ese período también coincidió con la migración del hombre Baatombu del este. Entonces cuando se encontraron aquí, se preguntaron:

“¿Que usamos para recordar cuando estábamos en Asia?”

Respondieron: “El cumpleaños del Profeta!”  Luego dijeron: “¿Que vamos a celebrar aquí?”

Y se contestaron: “Un festival. Lo llamaremos Gaani”. 

Bariba

Así que ese es el festival de Gaani, de los Bariba, la mejor manera de preservar una cultura y tradición que se celebra traspasando y por encima de fronteras.

Entre otras peculiaridades, allí se mantiene viva la tradición de las exhibiciones instrumentales de sus famosas trompetas…

Contra un fondo rítmico, impuesto por los tambores reales, las trompetas kakaki emiten intermitentemente patrones sonoros, que recuerdan y se asemejan a las alabanzas rituales, pronunciadas por los guardianes de la palabra del idioma Bariba.

el distrito de Borgu

En el distrito de Borgu, delimitado con criterios colonialistas sin atender peculiaridades, y solo basado en divisiones sobre plano, teóricamente prácticas; se pueden distinguir dos regiones, una de las cuales es una gran área de expansión y movimiento dominada por los Bariba, y la otra un lugar donde se retiraron buscando refugio y se asentaron, los Batammariba Somba.

Es por ello que aunque diametralmente opuestos y ahora calmados pero con irreconciliables reproches, ambos pueblos, sus nuevas generaciones, conviven y parecen emerger nuevos lazos que han llevado a jóvenes batammariba a dejar sus empobrecidos enclaves y asentarse en la zona más prospera de los bariba.

A la izquierda una muchacha ya bariba pero de origen batammariba y clara influencia mandé aun sin adaptar. A la derecha una muchacha ya bariba, pero de origen batammariba, adaptada a la única vida que ha conocido.

Bariba

Como curiosidad, no puedo por menos que exponer la peculiar manera en que los cazadores actúan para llevar a cabo su misión.

Abunda en los páramos y en el sotobosque que les rodea, la presencia de un córvido, que de alguna manera creo debe estar emparentado con los cálaos: el ‘bucorvus abyssinicus’.

Muy abundantes en la zona, ningún otro animal se inmuta y comparten territorio sin problemas; los jabalíes, las gacelas y demás ungulados que los hombres pueden llegar a cazar, lo ven como un habitante más.

Es por ello que los bariba principalmente, utilizan esta táctica, aunque también parecen haberla copiado y practican los nupe en Nigeria y los batammariba en Benín.

BaRIBA

Su técnica consiste en imitar los movimientos y graznidos de estas aves y sus escarceos cuando se agrupan al encontrar algo que comer; situándose cerca del objetivo, con una certera flecha y relatan que incluso a mano, se hacen con la pieza con relativa facilidad. Mejor ver las fotos que más explicación.

Bibliografía

Bibliografia: – National statistical institute of Benin: 9.2% of a Projected 2017 – Beninois population of 11.34 Million belonging to Bariba speaking groups” (2016 estimate)

– Jump up Encyclopædia Britannica

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– Koutammakou, the Land of the Batammariba, UNESCO (2004)

Créditos fotográficos: – Simha Arom – Ralph Rinzler- FAO.

Recopilación de textos y fotos:

Juanjo Andreu
Juanjo Andreu

Profesor de Bellas Artes y comisario cientifico de arte tribal africano

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Publicado en: África, Pueblo Bariba o Baruba Etiquetado como: Benín, Nigeria

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