La autoridad y la corte
Como rey, el Asantehene tenía un inmenso poder entre su pueblo, pero no gozaba del control absoluto. Viendose obligado a compartir considerables poderes legislativos y ejecutivos con la sofisticada burocracia asante. Pero era el Asantehene la única persona a quien se le permitía dictar la sentencia de muerte en casos de crímenes. Durante las guerras, el Rey actuaba como Comandante Supremo del Ejército, pero durante el siglo XIX, las decisiones fueron tomadas casi exclusivamente por el recién creado Ministerio de Guerra en Kumasi dependiente del Estado
Cada miembro de la confederación, incluidos los asante, también estaba obligado a enviar un tributo anual a Kumasi.
Debajo del asantahene, el poder local recaía sobre el obirempón, o gran hombre, de cada localidad, que era seleccionado personalmente por el asantahene, generalmente escogido de linaje leal y noble y a ser posible relacionado con el asantahene. Los Obirempon tenían una gran cantidad de poder legislativo en sus regiones, más que los nobles locales de Dahomey pero menos que los gobernadores regionales del Imperio Oyo, todos ellos bajo el escabel inglés. Además de manejar los asuntos administrativos y económicos de la región, el obirempon también actuaba como el Juez Supremo de la región, presidiendo casos judiciales.
Colonos ingleses
En 1925, los ingleses, para mostrar su buena predisposición, construyeron el Palacio de Manhyia como regalo a Prempeh I para que fuera su residencia al volver del exilio.
Como se ha comentado, el palacio original de los Asantehene en Kumasi fue incendiado por los británicos en 1875. Según citas europeas, el edificio era macizo y estaba profusamente ornamentado.
En 1819, Thomas Edward Bowdich describió el palacio como…:
“… un inmenso edificio con varios patios oblongos y cuadrados regulares, paneladas de madera las paredes con exuberantes adornos de audaces abanicos y celosías de carácter egipcio. En el piso superior tienen un juego de habitaciones, con ventanas pequeñas de celosía de madera, de trabajo tallado intrincado pero regular, algunas tienen marcos revestidos de oro fino. Las plazas tienen un gran apartamento a cada lado, abierto al frente, con dos pilares de soporte, que rompen la vista y le dan toda la apariencia de proscenio o frente del escenario de los teatros italianos más antiguos. Son altos y regulares, y las cornisas muestran un trabajo de caña muy audaz en alto relieve. Una cortina de caña curiosamente trenzada está suspendida en el frente, y en cada uno observamos sillas y taburetes repujados con oro, y camas de seda, con insignias dispersas”.
La elección de los jefes
La elección de los jefes y del propio Asantehene seguía un estricto dictamen. La matriarca, nana, mujer mayor del linaje principal, nominaba a los hombres elegibles. Ella después consultaba a los ancianos, hombres y mujeres, de su línaje. El candidato final salido de esta asamblea, era enviado a un consejo de ancianos, que representaban a otros linajes de la ciudad y de otros distritos. Este Consejo de Ancianos, presentaba luego la nominación a una asamblea de ciudadanos. Si los ciudadanos reunidos desaprobaban al candidato, el proceso se repetía. El nuevo asantehene elegido, a lo primero que se atenía era a una reprobación de los Ancianos, quienes le amonestaban por sus expectativas.
El jefe elegido debía hacer un juramento solemne a la Diosa de la Tierra y a sus antepasados, declarando su compromiso de cumplir con sus deberes honorablemente, y que se comprometía a su personal sacrificio e inluso dando su vida si fuera preciso, por el bien del Omán, el Estado.
A este jefe elegido y ya entronizado se le agasajaba con una majestuosa y gran ceremonía, donde todo el pueblo participaba algremente de un gran espectáculo. Él gobierna con mucho poder, incluida la capacidad de emitir juicios sobre la vida o muerte de sus súbditos. Sin embargo, él no disfrutaba del control absoluto. Con el Taburete al lado él era sagrado, siendo el interlocutor que intermediaba ante los antepasados por sus súbditos. Sus poderes no obstante eran más aparentes que reales pues estaba obligado a atender las recomendaciones y decisiones del Consejo de Ancianos. Y nunca debía olvidar que aunque asantehene o jefe, podía ser acusado e incluso desterrado, si los Ancianos y la gente se volvían contra él. Él podía ser reducido a hombre corriente, sujeto a escarnio por su fracaso.
El Taburete de Oro
El Taburete de Oro es sagrado, pues creen que contiene el Sumsum, el espíritu o alma de de los Asante y como el hombre no puede vivir sin alma, los asante desaparecerían si el Taburete desapareciera. Este asiento mide 61 cms de hancho por 30 de fondo. Enteramente forrado de oro, de él cuelgan campanas que advertirían al rey ante cualquier peligro inminente, también cuelgan dos máscaras, ‘feas’, recordando un desafortunado incidente que condujo a la guerra contra los Adrinka por culpa de Kwadwo, su rey, que les ofendió haciéndose una copia en oro y al que tras derrotarlo decapitaron, fundieron su taburete y de él sacaron las dos máscaras.
Debe estar oculto y su ubicación sólo deben conocerla el rey y algún otro consejero. Cada jefe tiene el suyo, símbolo del Estado, de la figura del Rey y de las decisiones de sus Consejos y Tribunales, son importantes para este pueblo aunque lo son también para los Ewe y Fon, con el mismo concepto y criterio extraído de los Akan.
En los entierros de los reyes o jerarcas, sus taburetes, al gual que los de sus iguales guardados en los santuarios, eran y son recubiertos con la sangre de los sacrificios, por lo que adquieren un tono pardo negruzco; son símbolo de poder y recuerdo para las futuras generaciones.
Cuatro jueces, sentados de oscuro, y cinco policias, con tono de uniforme mas claro. Kumasi 1895.

Juanjo Andreu
Profesor de Bellas Artes y comisario cientifico de arte tribal africano