La desidia española
Aunque por el acuerdo del tratado de San Ildefonso de 1777 refrendado por el del Pardo de 1778, estos territorios se ceden por Portugal a España, esta nunca ocupó, administró, defendió ni se ocupó de quien o qué había. Creo que queda claro en los siguientes escritos lo que sucedió y cómo y cuando los españoles hicimos algo.
“La isla de Bioko era conocida por los comerciantes ingleses; ya antes del siglo XIX la bahía de Luba era frecuentada por los mercantes que hacían las rutas cercanas, al igual que hacían en la desembocadura del Níger, en la llamada Oil Rivers; se acercaban a la bahía de Luba para, del mismo modo, hacerse con aceite de palma, abundante en esta zona, suministrase de agua y frutos, dado que es muy rica en ellos y por tener más seguridad que en otras costas en que habían arribado.
La ciudad de Freetown fundada en 1787, era la sede del tribunal de la Comisión Mixta para la represión desde 1820, pero su malsano clima y tal vez las aspiraciones británicas de ampliar sus tres únicos enclaves en África Occidental, Bathurst, Cape Coast y Freetown, decidieron a la Corona encargar al capitán William Fitzwilliam Owen, la tarea de fundar y trasladar el Tribunal a la isla de Bioko. Se deciden por Owen dada su experiencia en la zona, ya que anteriormente había asignado a sus subordinados Vidal y Boteler, hacer una exploración de la isla de Bioko y diversos mapas de la costa del África Occidental, lo que hace suponer que la idea de ocupar la isla había sido estudiada por el capitán Owen con anterioridad.
Llegan a Bioko el 26 de octubre de 1827, y desembarcan el día 27 un grupo numerosos de personas, según relata A. Martín del Molino en su libro ‘La ciudad de Clarence’; estaba compuesto por:
Oficialidad y tripulación de los cuatro barcos ……. 150 personas
Real Cuerpo africano ……………………………………… 60 “
Maestros de obras ingleses ……………………………… 19 “
Artesanos de Sierra Leona ……………………………… 39 “
Fantí de Cabo Costa ………………………………………. 4 “
Krumanes pescadores y trabajadores …………… 130 “
Total ……………………………………………………. 402 personasHabían escogido previamente la zona de la bahía de Venus, que ellos bautizan como Maidstone, por estar más cerca de la costa que Luba, a la que le asignaron el nombre de George`Bay.
De los escritos de Jhon Clarke en 1841, parece ser que el primero que se acercó fue un bubi del actual pueblo de Fiston. Se decidieron por la ciudad de Santa Isabel a la que bautizaron como Clarence por estar desocupada, tener agua en abundancia, pesca abundante, tortugas y su bahía, posible cráter de un volcán, está protegida por dos promontorios hacia el mar: Punta Fernanda o Punta Williams y Punta Cristina o Punta Adelaide. Antes, con un grupo de soldados al mando del teniente Robinson, exploraron el terreno para asegurarse elegir el mejor sitio. Mediante la entrega de barras de hierro, consiguieron abundante comida, especialmente ñames y frutas; para ello hizo que algunos se acercaran a los nativos sin armas y con los artículos a cambiar en la mano. Destacaron por su interés, además de las piezas de hierro, los espejos, y las campanillas por su sonido. Los primeros contactos con los jefes de los poblados cercanos fuero un triunfo para Owen, ya que aceptaron subir a los barcos pese a la desconfianza que sentían hacia los blancos que para ellos eran mercenarios esclavistas. Al fin subieron a la nave almirante Eden, con sus cuerpos pintados con amarillos y el carmesí del ndola, sus sartas de abalorios, sus plumas de faisán o loro, y los huesos de mono, pieles de animales y hojas adornando su cintura. Tras el intercambio de regalos, llegaron al acuerdo de establecer un mercado, cercano a lo que hoy es plaza de la Independencia, donde cada día los bubis podían traer productos alimenticios, como ñames, aceite de palma, gallinas, ovejas, cabras y vino de palma, para vender y que los ingleses lo pagarían con sus clásicas barras de hierro, espejos, abalorios, cuchillos y algún utensilio como ollas de hierro. Owen trazó una ciudad con calles perfectamente rectas que nacían en la costa y morían en la montaña, asignó a los funcionarios del Tribunal y a los trabajadores, pequeñas parcelas donde establecer un jardín y una pequeña valla para evitar la llegada de animales tales como roedores, grounbif, o serpientes a la vivienda, a la par que iniciar una labor de secar la zona pantanosa nido de moscas y mosquitos, que a su vez son transmisores de la malaria, la tripanosomiasis, la filaria y demás infecciones.
Ello presentó problemas, ya que aparecieron muchos jefes indígenas, reclamando sus derechos sobre los terrenos en que estaban los krumanes edificando, y por otra parte se encontraban temerosos de los numerosos disparos que se sucedían durante todo el día, ello se debía a la caza de monos que efectuaban los ingleses para proveerse de esa carne para su gente. Por fin, en un acto simbólico, se trazó el perímetro de la ciudad y se pagó un precio acordado con los diversos interesados, entre los que destacaba un jefe de Banapá llamado Bololo.
El 29 de Agosto de 1832, ante los enconados intereses entre Sierra Leona y Bioko, y la constatación de que el clima seguía siendo malsano, dada la gran mortandad de funcionarios ingleses, el gobierno inglés dio orden al coronel Edward Nicolls de abandonar la isla de Bioko. Dado los ingresos que generaba el aceite de palma para algunos comerciantes ingleses afincados en la isla, cuyo importe económico ascendía a 500.000 libras esterlinas, le fueron vendidas las propiedades del Gobierno Inglés a la compañía Dillon de Londres, siendo nombrado representante de la misma Beecroft. Gracias a este nombramiento no se perdió todo lo conseguido.
Después de tener abandonado estos territorios, España llega el 23 de febrero de 1843. Una expedición al mando del capitán de navío Juan José de Lerena y Barry, incauta a la compañía inglesa West África sus poderes, que se había adjudicado al comprar los terrenos a la compañía Dillon. Lerena cambia el nombre de la ciudad y le pone el de Santa Isabel en honor de Isabel II, que todavía no era reina de España por no tener edad para ello. Y como no hay ningún español al que responsabilizar del seguimiento de sus órdenes, nombra gobernador ‘español’, al inglés Beecroft, que además de comerciante, era explorador y gozaba de un barco de su propiedad anclado en la bahía, el Etíope.
El 22 de mayo de 1858, llega a Santa Isabel la expedición Chacón, que lleva los misioneros jesuitas que tendrían que competir con los metodistas anglicanos que llevaban desde 1823 en la ciudad.
De las malas condiciones sanitarias de la isla, dan fe los datos extraídos de las expediciones inglesas: En 1830, de 200 constructores que llevaron los ingleses seleccionados por su capacidad física, murieron 150 y de los 300 llevados por el capitán Beawer, fallecieron en poco tiempo 272. Una de las mayores expediciones españolas, fue la del sacerdote Miguel Martínez Sanz en 1856 con la goleta Leonor, llegaron cuarenta misioneros. Al cabo de dos años, solo quedó un maestro catequista y una aspirante a beata que contrajeron matrimonio, el resto murió o se tuvo que volver por motivos de su quebrantada salud.
Tanto es así que en la República mandaron a varios procesados a esas tierras como convictos, los llamados confinados de Loja, en cierta manera era como condenarlos a muerte.
Las familias despedían a los que embarcaban para aquellos rumbos con lágrimas en los ojos, pensando que nunca más los volverían a ver.
Así llegué a Guinea con mis padres para huir de la posguerra*9 y aunque ellos tal vez sabían algo de la mala situación sanitaria en la Isla, yo solo conocía lo que mis primos, que habían nacido en aquellas islas nos contaron en uno de sus viajes a Barcelona. Pese a que el mayor tenía la edad de mi hermano Salvador, unos 14 años, nos relataban que cazaban elefantes, gorilas y leopardos como si fueran perdices o ratas algo mayores. Como yo no había visto ni en cine ni en ilustraciones el tamaño de aquellos animales, pensaba que aquello eran verdades al alcance de la capacidad de aquellos niños. La inocencia hace posible la realidad de cualquier pensamiento, con la madurez no creemos ni en las verdades.
El nativo de la isla de Fernando Poo es de la tribu bubi, habría unos quince mil, tenían su pequeña finca que cultivaban como huerta, sus mujeres o su familia y ellos, con la venta de esos productos y el aguardiente, topé, que extraían de la palmera, eran hombres felices. Si tenían más propiedades, las trabajaban como explotación agrícola de cacao o café y en otros casos se las arrendaban a un europeo o nativo de mayor poder económico.
En la isla hacía 1960 habría unos 30.000 nigerianos trabajando en las fincas de cacao, café o banana, ya que después de muchas experiencias era la mejor mano de obra que se podía contratar. Los Tratados con Gran Bretaña y posteriormente con Nigeria, permitía al trabajador nigeriano, calabares, ibos, yorubas, venir con un contrato de dos años renovable a otro de año y medio, en el que además de un sueldo se les facilitaba casa y comida. De ese sueldo se les retenía el 50%, importe que se les daba en un cheque en divisas al regresar a su país, de esa forma el gobierno de Nigeria se le aseguraba una entrada monetaria importante.
fernandoelafricano.blogspot.com
*9 Nota: Fernando García, ’El Africano’, relata como vemos sus experiencias. Se refiere a la guerra española y por tanto sobre los años 50 a 60 del siglo XX.
Permitidme que inserte el relato del profesor Doctor Julio Bolekia Boleká del suceso en que los marineros ingleses fueron masacrados.
Ö RIHÁTTÁ O LA CASA REAL DE LOS REYES BUBIS DESTRONADOS
BREVE HISTORIA DEL REY BUBI ËSÁASI EWEERA
Elò elò mala.
Elò elò elò mala.
Elò elò elò elò mala…
Máátyila míkë míkë
Da bòná, da biidè, da bidèoola.
A bidèoola bèm, bá tó’óri
Ëo é’a hétyídé ö mobambá muá bahítáari na barímò.
Ëlòo dè’a hótèerá lá’úńdú lá’úńdu,
A maté má kiéraasi má nyáama á rí bòtyòo
Á bá béá’ë rihú rábò.
Ö mooba bín,
Ö muaáto mué’è siri,
Ë mësotyi në mëlömalöma më bètásé mbulá
Ëtómbátómbá böla nö tökólá…
Ësáasi Eweera era Rey de Moka, la actual Riabba, y de toda la Isla de los Bubis. Vivía en el desaparecido poblado de Maiye. Ësáasi Eweera o Sás-Ebuera, sucedió a Möókáta o Moka, en el trono, impidiendo así que reinara el sucesor inmediato Malabo Löpèlo Mëlaka, siendo este último recibido y tratado con ternura por Ësáasi Eweera.
Malabo Löpèlo Mëlaka era secretario de Ësáasi Eweera, sucediendo a éste tras su muerte y al término de los ritos funerarios determinados por los más viejos conocedores de las tradiciones bubis.
En su juventud, y siendo todavía lugarteniente y jefe militar del ejército, löhúa, del Rey Möókáta, Ësáasi Eweera bajó a Riabba porque sus emisarios y guardias le dijeron que habían divisado un barco en dicha bahía.
Ësáasi Eweera era entonces un mozo fuerte, valiente y decidido, ante quien no cabían debilidades humanas. Su intransigencia le convirtió en un hombre temido por aquellos que le conocieron. Para él lo único que importaba era todo lo relacionado con los Bubis, ya fuesen balókètó, los del Sur, para entendernos, o batösimba, los del Norte, los que llevaban trenzas.
Ësássi Eweera llegó con sus combatientes a la bahía de Riabba y se escondieron todos en el bosque a la orilla del mar. Unos quince tripulantes del barco de los grandes telares bajaron hasta las arenas de la orilla para buscar víveres y agua. Lo que más había eran cocos, mangos, animales sueltos y abundante agua dulce.
Los marineros, todos blancos, empezaron a avituallarse y en ese momento Ësáasi Eweera pensó que se trataba de los blancos que capturaban a los Bubis para llevarles atados como cabras al barco. Ësáasi Eweera, sin pensarlo dos veces, emitió el estridente grito de guerra de ¡óóóriílöaaaaaa!, al tiempo que sus guerreros, entre quienes se encontraban Vilobbè y Öribi, respondían ¡mëtyika háta’e!, que vuelen las lanzas. Entonces, los quince blancos de la tripulación fueron rodeados, atacados y tumbados sin darles tiempo a reaccionar. Fueron atados y colocados boca arriba sobre la arena blanca de la playa de Riabba. Sus cuellos fueron cortados y sus cabezas colocadas delante de los pies de cada degollado. Y Ësáasi Eweera, obligando a sus hombres bajo juramento de sangre a no contar nada de lo sucedido, regresó a las tierras altas donde residía el anciano Rey Möókáta.
Los demás tripulantes blancos del barco anclado, viendo que sus compañeros tardaban en regresar, cogieron unos botes y, armados, se dirigieron a la orilla. Al llegar y ver dicha imagen, no pudieron contener su ira. Pero no había nadie con quién luchar. Sólo les quedó enterrar a sus compañeros y partir.
Durante el reinado del Rey Ësáasi Eweera los poblados bubis, por influencias extranjeras, vivieron momentos de gran incomprensión. Ante esto el nuevo Rey reaccionó y dirigió su furia hacia los pobladores venidos de allende los mares, todo ello para evitar la proliferación de los jefes de poblado que no aceptaban la autoridad militar y religiosa del Rey de las altas tierras, el Rey de los Bubis.
Esta incomprensión había sido fomentada directamente por los colonizadores, quienes aprovechaban esta confusión para adueñarse de las tierras cultivables de la Isla de los Bubis, tierras que producían grandes ñames, malangas, aceite de palma, cocos, etc., que eran comercializados con los mercaderes venidos de las costas africanas de Calabar, Ashanti, etc.
El joven Ësáasi Eweera se valió de grupos de guerreros dirigidos por sus fieles colaboradores para crear un Pueblo Bubi fuerte y unido. Estos colaboradores, en su lucha contra el intruso colonizador y todo aquello que suponía desestabilizar política, religiosa, cultural y socioeconómicamente al Pueblo Bubi, se enfrentaban a sus propios hermanos Bubis conversos.
En este sentido, uno de los guerreros afines al Rey Ësáasi Eweera era el temible Vilobbè, hombre despiadado e inclemente tanto ante los colonizadores como ante los Bubis que se atrevían a abrazar las costumbres de los hombres blancos. Decían estos últimos que el temible Vilobbè se aprovechaba de la gente porque estaba bien respaldado por su condición de miembro de la familia real.
Vilobbè iba por los poblados vecinos y no vecinos, acompañado siempre por un gran séquito. Éste tenía como misión no solamente la de intimidar a la población reacia a cumplir las órdenes que dictaban las autoridades de las tierras altas, sino de requisar y apropiarse de los bienes de los coterráneos que mostraran cierta simpatía hacia el blanco capturador de los Bubis que eran atados como cabras. Entre estos bienes citaremos las gallinas, las cabras, los ñames, el aceite de palma y todo lo que encontraban a su paso, y que fuese propiedad de los habitantes de los poblados, todo ello para el obligado reconocimiento de la única autoridad civil y militar del Rey Ësáasi Eweera.
Un día, Vilobbè llegó al desaparecido poblado de Ködáari. Se dirigió con su séquito a la casa de Roòbi, su compañero de armas, con la intención de quitarle sus propiedades ya que había manifestado cierta simpatía hacia los hombres blancos, y por haberse ido de la lengua, rompiendo así el sacro juramento. Roòbi no estaba conforme, por lo que tuvo que enfrentarse a las huestes de Vilobbè.
Ante esta situación, Vilobbè disparó un tiro al aire con su escopeta, con la intención de asustar a Roòbi. Sin embargo para éste la acción de Vilobbè no le intimidó sino más bien sirvió para enfurecerle más y reaccionar. Ante esto, Roòbi también disparó un tiro al aire, y bajó corriendo al poblado de Öolövë, donde vivían los misioneros católicos, acusando a Vilobbè de intento de asesinato en su propia casa.
Ante esta acusación, los misioneros reaccionaron dando conocimiento de ello a las autoridades coloniales españolas. Éstas llevaban tiempo queriendo apresar al rey de los Bubis por lo que hizo en las arenas blancas de la playa de Riabba, Concepción. Las autoridades militares coloniales españolas no dudaron en mandar un batallón de ciento veinte guardias coloniales para capturar a Vilobbè y a su jefe directo, el rey Ësáasi Eweera.
Cuando llegaron los ciento veinte guardias coloniales al poblado de Ködáari, les dijeron que Vilobbè había subido a Moka, donde vivía con su rey. Pero debido a unas fuertes lluvias, los ciento veinte guardias coloniales tuvieron que aplazar la captura para el día siguiente.
La noticia llegó a oídos del rey Ësáasi Eweera y éste preparó a su ejército para enfrentarse a los guardias coloniales capitaneados por el sargento Silo, un negro oriundo del oeste africano y convertido al catolicismo. La lucha fue sangrienta. La masacre de los Bubis fue terrible, ya que mientras éstos luchaban con lanzas, flechas y piedras, los guardias coloniales disparaban con sus mosquetones. Desesperado, el rey luchó y luchó. Al final fue rodeado con el resto de sus hombres, atado con ellos sin distinción y llevados presos.
Y así condujeron al debilitado y joven rey Ësáasi Eweera, triste y desesperado por no haber podido defenderse hasta la muerte; y a su hombre fuerte, el temible Vilobbè, desde el actual asentamiento de Moka-Bioko hasta Santa Isabel, actual Malabo, pasando por Riabba por vía marítima.
A la vista de lo que ocurría, el rey Bioko habló con Malabo Löpèlo Mëlaka, que era secretario del rey Ësáasi Eweera, con el fin de unir sus fuerzas y luchar contra los guardias coloniales en defensa de sus hermanos Bubis. Pero Malabo manifestó su disconformidad, y bajo juramento de escopeta y agua, se negó a prestar al rey Bioko la ayuda que éste necesitaba para defender a sus hermanos Ësáasi Eweera y Vilobbè.
Así pudieron ver cumplidos sus sueños los explotadores coloniales de ver capturado a su verdugo y rey Ësáasi Eweera, detenido y llevado a Riabba por las autoridades coloniales, desde donde con lancha y por vía marítima y bien atado, fue conducido hasta las mazmorras construidas al efecto, en compañía del resto de sus hombres y de sus esposas, las cuáles fueron maltratadas y violadas bárbaramente por los guardias coloniales y en presencia de su común esposo y rey Ësáasi Eweera.
Desde que fue capturado y humillado, el rey Ësáasi Eweera se declaró en huelga de hambre, negándose a probar bocado. Tras sufrir maltratos de todas las clases por parte de los militares en la cárcel de Blaebich y ante sus esposas, el rey Ësáasi Eweera, enfermo, hambriento y debilitado, fue llevado al hospital de Santa Isabel, donde murió en presencia de todas sus esposas.
Por orden de las autoridades coloniales, el rey Ësáasi Eweera fue enterrado por los presos de Blaebich en el antiguo cementerio municipal de Santa Isabel que en aquel momento estaba ubicado en el lugar donde ahora se encuentran los locales del Radio Televisión Guinea Ecuatorial, delante del antiguo colegio nacional Generalísimo Franco, a escasos metros del río Cónsul o Watafol.
Para los colonizadores, el rey Ësáasi Eweera murió recibiendo el sacramento del bautismo. Fue bautizado con el nombre de Pablo Sas-Ebuera. Para los Bubis, el rey Ësáasi Eweera fue asesinado por los colonizadores y su cuerpo fue trasladado a las tierras altas del actual asentamiento de Moka-Bioko, donde se le dio sepultura en posición sentado, tal como rezan las tradicionales costumbres cuando se entierra a un rey.
Las esposas de Ësáasi Eweera fueron enviadas por lancha a Riabba, desde donde regresaron a pie a Moka, dando fe de la triste noticia. Esto sucedió a principios del siglo veinte, concretamente en 1904.
Relato narrado por D. Buenaventura Mobajale Dyevola Lele.
Versos compuestos por Justo Bolekia Boleká, con la colaboración de D. Mario Mulé Ribala. En Justo Bolekia Boleká: ‘Poesía en lengua bubi. Antología y estudio’. Madrid: Sial Ediciones, 2007.
A la muerte del Rey Esáasi Eweera le sucedió Malabo Löpèlo Mëlaka, que se cree nació en 1837 y que reinó simbólicamente desde 1904 hasta 1937, muriendo el 19 de abril.
El profesor Amador Martín del Molino, Doctor en Antropología Cultural por la Universidad Complutense de Madrid, hizo un notable relato sobre el etnólogo alemán Günter Tessmann con motivo de la publicación en castellano de su libro ‘Los bubi de Fernando Póo’ publicado en 1919 en alemán y editado en español por Sial Ministerio de Exteriores y Cooperación en 2008.
“Publicada su obra sobre los pamues en 1913, regresa al África Ecuatorial, durante la primera guerra mundial, para internarse en la isla de Fernando Póo, actual Bioko, y proseguir en ella sus estudios etnográficos. En Moca oímos hablar con frecuencia de Günter Tessmann. Los bubis decían de Tessmann que había recibido el espíritu del rey Mocata, pues el rey Mocata había dicho antes de morir que volvería en el cuerpo de un europeo, y decían que, como aquel, ‘metía su nariz en todo’; percepción de Tessmann que nos avala lo que él escribió y publicó.
De la región de Moca, donde Tessmann permaneció durante un año, podemos decir que constituye lo más interior de la Isla, que podríamos llamarla el corazón de la cultura bubi. Ningún extranjero tuvo acceso a sus alturas hasta las expediciones realizadas por los misioneros claretianos, poco antes de Tessmann. El misionero baptista John Clarke, en su valioso y extenso diario en cinco volúmenes de dos mil folios de gran tamaño, fue el primero que nos habló del misterio de aquellas alturas donde habitaba el ‘jefe inaccesible’ de la Isla. Según el diario de John Clarke, el pueblo donde mora el rey de Moca se llama Riberi o Ribiri. Sobre los pueblos de la región, y enumera 32 pueblos, manda el gran jefe de la antigua Biappa. ‘Ningún otro tiene tanto poder como éste en toda la Isla. No es visible sino por muy pocos jefes de su propio distrito y por sus esposas. Su residencia se halla en lo más alto de las montañas, en una aldea, que actualmente se llama Basepa Oñka. Su nombre es Lupóa’. En 1875 los misioneros Huy Born y Clone llegaron al poblado del entonces rey Mocata, pero no tuvieron éxito en ver al gran jefe. Estaba en una reclusión parecida, se dijo, a la del Gran Lama, visto por muy pocos bubis; sus más viejos asistentes, sus cuarenta esposas y sus hijos. De su aldea-palacio partían senderos que comunicaban con el litoral Sur, Este y Oeste.- Cf Johnston, George Grenfell and the Congo, pp. 960-961.
Importancia de la investigación de la antigua cultura bubi
Hemos relatado lo precedente para indicar que Tessmann pudo captar lo genuino bubi, sin influencias extrañas, fuera de ciertos elementos de la cultura material. En mis estancias en Moca, en las décadas de 1950 y 60, pudimos asistir con frecuencia a los ritos propiamente sacerdotales, a los ritos de posesión de espíritus, a las celebraciones nocturnas del día de los espíritus con sus poseídos, a los oráculos, tanto en las cuevas como en las capillas de los espíritus, a los sacrificios, a los rituales del ciclo de la vida humana, de la agricultura y de la caza, y sentarnos con los bubis casi todas las noches y escuchar las tradiciones, las leyendas, las melodías de los cantos de los espíritus, en ese tesoro de la transmisión de la palabra hablada, recogida en magnetofón, cuando se reúnen las familias por las noches. Pudimos transcribir todo lo dicho, principalmente por los maestros, en un diario etnográfico, como un documento que llegó a superar los 300 cuadernos.
Importancia de la investigación de la antigua cultura bubi. La edad del hierro configuró intensamente todo el interior de la selva africana. Se creía al principio que provenía de la cultura meroítica, pero últimamente se han encontrado datos de la fabricación del hierro en la cultura Nok de Nigeria, hacia el año 500 antes de Cristo. Esto fundamenta la suposición de que las migraciones bubis a la Isla pudieron tener por causa la expansión de las tribus de la edad del hierro. Hubo, ciertamente, migraciones de personas anteriores a las actuales tribus y que los bubis veneran con el nombre de Balettérimo. La Isla fue para ellas como un refugio que supieron defender.
Los datos adquiridos por radiocarbono nos muestran diferentes fases del periodo neolítico que corresponderían a estas migraciones. Las fechas más antiguas se sitúan en el siglo V después de Cristo. Pero dado que no se obtuvieron fechas para cerámicas anteriores, se podrían calcular como fechas aproximadas de las emigraciones las de comienzos de nuestra era. A estas fechas habría que añadir las anteriores del neolítico precerámico, el neolítico del ñame, que hemos llamado Banapense, del que obtuvimos pocos datos por hallarse el yacimiento muy disperso, con fechas sin duda anteriores a nuestra era y que ya no corresponden al neolítico bubi. Las investigaciones fueron interrumpidas al advenir la presidencia de Macías.
No admite dudas el hecho de que los bubis desconocían el hierro. La ciudad de Clarence, fundada en 1827, trastornó en gran medida la cultura material bubi. Desaparecieron los ceramistas y los tallistas y pulidores de piedra para fabricar hachas, cuchillos y otros útiles. Delante de mí, en Moca, me demostraron cómo se podían cortar árboles de pequeño grosor con hachas de piedra y cómo podían tallar y pulir la madera con raspadores y hacer figuras en las campanas y en los asientos ceremoniales con cuchillitos de piedra, que aún conservaban en lugares sagrados de los espíritus, junto con los cuernos de los extinguidos búfalos de la Isla.
Los primeros extranjeros que llegaron a Fernando Póo pudieron adquirir fácilmente productos de la Isla vendiendo piezas de hierro. Holman nos indica que ‘al tomar tierra nos vimos rodeados de un gran número de nativos, que se acercaban reclamándonos por el hierro; hombres y mujeres, desde los más jóvenes hasta los más viejos’. Las pequeñas piezas de hierro las acomodaban al estilo de los anteriores cuchillos y azuelas de piedra, que llevaban atadas en el brazo para cortar los racimos de la palmera de aceite. ‘Pulimentados esos trozos de hierro, nos dice Lander, los engastaban en una especie de trenzado de hierba; esta obra de arte se llevaba como brazalete y es muy apreciada por los europeos’.
Muy bien podemos decir que la antigua cultura bubi, anterior a la caracterizada por influencias extranjeras, era auténtica cultura neolítica: producción de pesca, agricultura, aldeas y poblados, domesticación de animales, celebraciones ante el menhir de piedra. En muchos elementos de su cultura espiritual podemos encontrarnos con aquellos que fueron propios de los antiguos ganaderos y agricultores como, no sin asombro, los vemos en las narraciones bíblicas antes del urbanismo. Esta cultura bubi es muy rica en lo espiritual y llamó fuertemente la atención de Günter Tessmann”.
Aportaciones de Tessmann al estudio de la antigua cultura bubi
“Coetáneo del Padre Aymemí, pero sin que hubiese comunicación entre ellos, convienen ambos en destacar la visión del universo y la riqueza de su cultura espiritual. Los dos coinciden en que no hay propiamente magia ni hechizos entre los bubis. Para Tessmann, Dios es el centro de la religión bubi. Sobre esta base se halla edificada toda su ideología religiosa, la cual se presenta muy primaria, sin llegar a las deformaciones en que han caído muchas otras tribus del Continente. En creer en Dios pueden coincidir con otras tribus bantúes, pero en la religión bubi, Dios se halla más cerca del individuo.
Los elementos de la cultura espiritual bubi dimanan de su misma visión del universo. En esta visión constituye Dios el punto central, pues Dios formó la tierra y cuanto hay en ella; hizo de un modo particular al hombre e interviene en el nacimiento de cada uno, por lo cual le sigue protegiendo desde que nace hasta que muere. No se halla alejado del pueblo bubi. Como en ninguna otra tribu, Dios está cerca de cada uno. Basta recordar, añadimos nosotros, esta oración que los bubis rezaban en privado: ‘E Rupé, ebaeso lobako lo voova, ñálae; ne butakio’. En su modo de pensar se distingue fundamentalmente del pamue, y se acerca en sus creencias a las tribus más primitivas como los baya. Su ideología religiosa se halla edificada sobre un destacado monoteísmo.
La religión bubi es la religión del Dios que hizo el cielo y la tierra, y que mantiene el gobierno de todo mediante la gran ‘Asamblea de los Espíritus’. Es el que hizo al primer hombre y a la primera mujer, que no se portaron bien. Sobre lo que dice Tessmann, el mito recogido por mí manifiesta que la primera pareja tuvo dos gemelos, que estos pelearon entre sí y que, desde entonces, existen las envidias y peleas de los hombres. Nos habla también Tessmann de la gran aldea del otro mundo, donde Dios tiene su propia morada.
La parte más original en la obra de Tessmann es la que dedica a las expresiones contenidas en los objetos que se llevan sobre el cuerpo, o que se colocan en las entradas de los pueblos, en las puertas de las casas, por los caminos, en los lugares sagrados, en los objetos sagrados y en el cuerpo humano. Es mérito de Tessmann reconocer que no obran por sí mismos, sino por la expresión que contienen del espíritu. Una de las características de la religión bubi son estas expresiones de los espíritus por medio de objetos. Se dice de Dios mismo que hizo el cielo y la tierra por medio de la fuerza contenida en una expresión, que nosotros diríamos: por medio de la palabra.
Tessmann reconoce la existencia del juicio de cada hombre al final de su vida, de la salvación y de la condenación, de donde provienen los antepasados que hacen daño después a los hombres. Termina Tessmann diciendo que en el bubi no hubo propiamente hechiceros; todo proviene de la acción de los espíritus malos contra los buenos. Alguien podría pensar que estas ideas son de influencia cristiana. Precisamente son los más ancianos y sin bautizar los que más se han reafirmado en ellas y los que ofrecen más pormenores de la tradición recibida.
Hemos de agradecer al etnólogo Günter Tessmann su contribución al estudio de una cultura que, como él mismo afirma, es distinta de las demás del continente”.


A la muerte del ReyEsáasi Eweerale sucedióMalaboLöpèlo Mëlaka, que se cree nació en 1837 y que reinó simbólicamente desde 1904 hasta 1937, muriendo el 19 de abril. A la derecha en 1899

Juanjo Andreu
Profesor de Bellas Artes y comisario cientifico de arte tribal africano
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