Nkwantempon, las carreteras
Wilks precisó que Kumase estaba ubicada en el centro de un amplio calvero abierto del que partían las carreteras o nkwantempon, es decir, los principales vías comerciales y militares Asante y que el sistema estaba bien organizado. Varios cuerpos de profesionales se ocupaban de estos caminos. Los nkwanmofo eran los encargados de organizar a los aldeanos para que las vías se mantuvieran en buenas condiciones; el nkwansrafo controlaba y regulaba el movimiento de mercancías, el paso de extranjeros, y demás peculiaridades de tránsito, algo similar a un aduanero.
El tercer cuerpo principal era el de afenasoafo, literalmente los que ‘llevan espada’. Eran los correos, mensajeros que viajaban por las carreteras Asante para asuntos estatales y que tenían sus propios sistemas para medir distancias. El jefe de los portadores de espadas, el Afenasohene, era también el Ekwannuasahene, el jefe de las ‘treinta entradas’, y como tal era responsable de regular el movimiento de entrada y salida de la capital. Es este personage al que Huppenhauer conoció en 1881 y que llevaba la famósa Hacha de Oro o Akuma, que representa y simboliza el poder que el Asantehene tiene para resolver conflictos. Este hacha de oro era tan eficaz como persuasiva pues era conocido que era la última posibilidad de acuerdo que trasmitía su titular, antes de llegar a las armas.
los espadas o afenasoafo
Si el Ekwannuasahene era el jefe de las ‘treinta entradas’, responsable y guardián de los umbrales que rodeaban Kumase, el envío de la Akuma también era comparable a un umbral más allá del cual la guerra era inevitable. La obligación de los espadas o afenasoafo simplemente era recorrer los caminos, lo que hacían con mucha más rapidez que los militares y mercaderes que usualmente iban cargados de avituallamiento o paquetería, lo que proporcionaba a estos asante una percepción estandard sobre la relación tiempo y distancia; no es que los asante supieran de kilometros hora, ni nada similar, ellos calculaban la distancia a recorrer por día o kwansin, que con o sin carga tenían establecido en unos 15 kilometros por día.
No se debe pensar en nada, sino ver una media dependiente de caminos que ahora tomaríamos como rurales y caballerías que no las mejores, se adquirían a altísimo precio a las gentes del norte. Wilks explica, con rotundidad y datos, que los asante no disponían de mapas sino que tenían que guardar en su memoria lo que se reconocía como Gran Asante, como adelantó Kwame Arhin.
Los asante tomando como referencia el kwansin o dia promedio, lo representaban con un círculo cuyo diámetro correspondía a 40 días unos 600 kilometros, lo que coincidía exactamente con el cíclo del calendario aduadanano.
el kwansin
Lo que llevó a la conclusión de que de los límites de la frontera eran equidistantes de Kumase, 20 días, y que para recorrer desde cualquier nkwantempom o carretera la distancia entre la capital y la frontera, ese era el tiempo a prever.
Los cálculos de Wilks aclararon, sin duda, el mapa mental que utilizaban los asante en el siglo XIX en relación con el territorio de Gran Asante, basado ello en el kwansin, el promedio de 15 kilometros por día.
Los nkwantempom
Los nkwantempom o carreteras principales, nacionales diríamos hoy, estaban bajo la autoridad asante y como tales, terminaban en la frontera, pero aprovechando la inercia, continuaban mucho más allá pero fuera de la jurisdicción del Asantehene. Mediante estos conceptos de mapa mental y la medida de espacio tiempo, se disponían y calculaban las decisiones pertinentes, y a los correos oficiales se les imponía juramento en base a estos parámetros, exigiéndoles cumplir sus objetivos en el tiempo calculado.
La confianza en el sistema, cuando Wilks se enfrenta ante esto, describe como los asante confiaban en las transaciones, de ida de vuelta o ámbas, sabiendo que hasta cierto punto había que ser elástico ante una demora prudente, pero ante algo más dilatado podía esperarse algún tipo de problema o de incumplimiento por parte del encargado y si pasaba un tiempo, ya largo, podía ser síntoma de algún problema mas grave, resultando oportuno mandar emisarios para saber las razones o el por qué.

Juanjo Andreu
Profesor de Bellas Artes y comisario cientifico de arte tribal africano