La función psicológica del color en la muerte
Hasta donde hemos visto, queda patente la importancia del color, rojo, negro y blanco, y de cómo aplicarlo. Sobre todo así se muestra un sentido de solidaridad; todos aquellos que llevan el ocre rojizo se aúnan mostrando el dolor por la perdida, el negro se asocia al grupo de los que aunque no les duela la pérdida en sí, sienten el dolor de los aún vivos y dispuestos a mostrarlo, consideraciones de porqué al margen; el blanco es la exención ante las circunstancias de la vida. Hasta aquí, no hay diferencia con ninguna otra cultura, religión o sociedad en cualquier lugar del mundo. Tal vez consiga desvelar a partir de aquí, qué connotan otras maneras de desenvolverse de este pueblo y que desconociendo otras culturas de otros continentes, pero sí de lo que en mi entorno europeo sé, son notables diferencias.
Se pueden ver otros colores en el ritual de los akan que pone punto final al duelo, despidiendose definitivamente de un cónyuge, el ritual Kunaye. Según Kofi Antubam -1963, p.85: “… después de un año de usar ropa negra, la persona casada que ha perdido a su pareja cierra los ritos de Kunaye al final del año, y en la mañana del primer día del segundo año ella o él, se desprenden del negro y se ponen el Kobene o paño rojo para la ceremonia, llorando en memoria de los muertos. Pero hacia el mediodía de ese mismo día, él, también se despoja del rojo y se pone un paño blanco teñido de verde”
los paños o vestidos funerarios
En la descripción de Rattray sobre los paños o vestidos funerarios, se precisa que los distintos colores diferencian a los participantes en el sepelio, en su relación con el muerto. El rojo señala a los parientes del muerto por via matrilinial, el negro al resto de parientes y allegados, como amigos, socios o compañeros de actividad. Queda exenta como se ha dicho la clase sacerdotal, que no usa ninguna de estas etiquetas. Los dedicados a ejercer como sacerdotes sólo pueden usar el color blanco.
En la utilización de colores para resaltar las agrupaciones concretas y el papel de cada individuo en el ritual funerario, se emplean dos niveles o categorías distintas: En la primera, con el rojo, se hace notorio quién pertenece al abusua, el clan o familia del muerto y quien no. En este segundo grupo, es donde quedan aquellos parientes por otra linea, amigos etc, que usan el negro.
Tal vez esos ‘círculos de lealtad’ dictaminados por la cecanía parental vuelvan a tener la relevancia que hemos percibido desde el incicio, pero donde no? Pregunto.

Esto ellos lo tiene claro, al igual que nosotros lo apreciamos en nuestro entorno observando el luto de los deudos, de negro, en contraposición al ropaje discreto aunque mas informal de otros allegados o amigos.
Pero tan patente es para ellos el rol que sus sacerdotes, bien reconocibles, tienen, como el que tienen los nuestros con sus sotanas o casullas.
Para ellos, esta distinción descansa en un nivel más profundo de clasificación, en la dicotomía entre lo sagrado y lo profano. Y este nivel de análisis prevalece sobre el primero, de ahí el hecho de que un sacerdote, ya sea un pariente materno o no, debe usar el blanco, el color de la pureza y el carácter sagrado.
la disfunción entre lo sagrado y lo profano
Abundando en esto, la disfunción entre lo sagrado y lo profano la siguen teniendo bien definida, de manera que la cabeza de un muerto laico puede marcarse: “…con rayas alternas, rojas, blancas y negras; pero el cadáver de un sacerdote estará siempre cubierto de blanco y salpicado de arcilla blanca”, pues un sacerdote nunca estará contaminado, ni incluso por la muerte.
Existen varias opiniones sobre el orígen y el por qué de esta seleción de colores, aunque en mi opinión creo que prevalece, como casi siempre la lógica. Sabemos que se utilizan el rojo, el blanco y el negro. Primero, son entre sí de tremendo contraste. Segundo y tal vez más importante, los que se encuentran con mayor facilidad, algo que además lo faculta la naturaleza. El rojo lo sacan en todo África de varias maneras pero hay una común que es la arcilla roja, la más habitual. El blanco de terrenos alcalinos, arcillosos o no, pero sumamente abundantes. Y el negro, simplemente del hollín desde que se conoce el fuego. A eso hay que sumarle el por qué de sus significados, lo que se apuntó algo anteriormente Esta tricotomía se aplica también en la abusua kuruwa, que es una vasija cerámica donde se guardan restos de determinados miembros importantes de un clan y que se reconoce, precisamente, por presentar rayas rojas, blancas y negras en la tapa, representando así a los fallecidos, y también cocida.
simbolismo del rojo, blanco y negro
Rattray, -1929, 169, 165, dice: “A todos los difuntos con relaciones de sangre se les afeita la cabeza, este pelo es lo que se deposita en la olla”. Las mujeres ligadas por línea materna a los muertos llevan y dejan las ollas en el esenso, o cementerio, donde su relación queda enterrada.
Me gustaría sugerir que este simbolismo del rojo, blanco y negro es el mismo en todos los casos que los pintados en la cabeza de los muertos; bajo la idea de que los colores deberían permitir que los muertos sean identificados en el otro mundo y que se fundamenta en el hecho de que cada individuo, puede identificarse con tres referentes, a saber: sus relaciones con sus parientes maternos, el rojo; sus conexiones con parientes no maternos, el negro; finalmente, su relación con el mundo espiritual, el blanco. Es por creer que los muertos deben ser identificados en el otro mundo, por lo que se vinculan estas actuaciones con el estatus social derivado de sus acciones en vida, lo cual es significativo a la luz de la creencia Akan de que el lugar donde está el espíritu y queda patente, es en sus relaciones vitales. Kofi Antubam escribe que: “E l ritual con que finalizan las celebraciones fúnebres, sirve para que el cónyuge en duelo sepa discernir y pasar de lo profano a lo espiritual o sagrado”.
Simbolizando para esa persona en el proceso de esa transición, que el negro, es el símbolo de la muerte; el rojo, un signo de que está en esa transición de lo profano a lo sagrado; y el blanco, señal de que se ha purificado. El verde es una clara indicación de la asunción y predisposición a una nueva vida.
Las emociones
En los contextos anteriores, las emociones que expresan los colores son suficientemente explícitas. Aquellos que se untan con ocre rojo indicando que son parientes consanguíneos del difunto, están en un estado traumático extremo y hacen todos los esfuerzos para mostrar su dolor. Los que se ponen de negro porque no están relacionados con los muertos por sangre, solo comparten la tristeza de los parientes de los muertos; su dolor no se asemeja al de esos parientes. La tercera categoría es la de los sacerdotes, quienes, ya sea como parientes consanguíneos o no, expresan, como se debe a su oficio, su completo desasociamiento de la muerte, del sufrimiento y la tristeza. En medio de la pena, el oficio de un sacerdote representa la alegría espiritual de la que los vivos pueden disfrutar.
Se sabe que el ritual que terminaba con el Kunaye o rito de viudez, era un ritual que preparaba para el reinicio de un nuevo ciclo concluyendo con el luctuoso dolor. Esto conllevaba una serie de pasos: El primero era el que del desasosiego y perturbación llevaba a realizarse en una nueva vision social, el segundo es el que de estar instalado en lo sagrado conducía a lo profano, un tercero trasmutaba del dolor a la alegria. Tal vez por esos conceptos, en el fondo tan humanos, sea por lo que en la actualidad sigue practicandose.
El color negro
El color negro que la viuda viste para mostrar que ha perdido a un ser querido, da paso al rojo, manifestando así el paso del dolor extremo causado por el recuerdo de la muerte, a la incertidumbre que se siente en la crisis de transición.
Cuando ella se quita el rojo y se pone de blanco, aleja la pena. Es el punto de partida en el que ella pasa de ese incierto período de transición, al de la clara posibilidad vital de poder volver a ser feliz. Interesante es pensar en que como humanos, los estados emocionales por los que pasan durante estas ceremonias y rituales, que se enmarcan en el color que se usa en cada ocasión, pueden chocar y no corresponderse con el estado emocional real en que está instalada la persona. Y lo que impresiona como un aspecto importante de este conflicto entre las emociones reales y el afecto prescrito, es que este último podría usarse como un medio para controlar al primero y provocar el ajuste emocional que uno tiene que hacer en situaciones de crisis.
Esto es lo que podría estar en la base de otra práctica tradicional: cuando ocurre una muerte súbita, por accidente, parto o causa inusual, Atofowu, es cuando los parientes no se ponen negro o rojo, deben, como el propio muerto, mostrarse en blanco. En tales ocasiones, los akan tienen prohibido llorar. Mediante esta estratagema, los impulsos que genera la emoción se reprimen y controlado el sufrimiento es más fácil hacerlo también con deseos de venganza o poder controlar de igual manera comportamientos inadecuados.
el blanco
Abundando en ese concepto de que el tránsito va en función de quien lo realiza, cuando muere alguien muy anciano, lo usual es utilizar el blanco, pues esta claro que deja de mal vivir y eso es algo a celebrar, por lo que hay que reprimir emociones de nuevo y mostrarse alegres. Pues en sus ceencias en tales circunstancias la muerte de alguien muy longevo es premonición de que muchos niños del linaje seran bendecidos con su sabiduria y buen sentido común.
Con esta esperanza, el dolor se desvanece.
Todas las familias y clanes rememoran a sus recientes fallecidos a los ocho días de su muerte, es el día de nawotwe da, van vestidos con sus trajes fúnebres y los bailes consecuentes. Así mismo cuarenta días más tarde con el adaduanan, repitiéndolo a los ochenta, adadutwe. Un año después, el día de afehyia da, con una más importante ceremonia, se cierra el duelo.
Pero no se olvidan de todos los muertos u owofo, conmemorandolos con regularidad. Estas celebraciones se efcetuan cada cuarenta días regularmente, es el dia de adae o kwasidae y anualmente, a nivel nacional y con un ceremonial más importante aún el de odwira.
funerales y ceremonias de recuerdo o ayie pa
Con posterioridad, se prescriben funerales y ceremonias de recuerdo o ayie pa, siguiendo los protocolos establecidos de conducta a fin de asegurar su éxito como rito de iniciación y ‘evento social’. Los funerales entre los akan tienen un prestigio comunitario considerable, de modo que no solo se miden como un proceso ritual sino también como una exhibición pública.
El buen desarrollo de un funeral reconoce los protocolos sociales y rituales establecidos y debe reflejar las inquietudes artísticas y estéticas apropiadas para que las ceremonias no solo se midan por su contenido, sino que también podrían verse comprometidas por no estar bien realizadas. Rattray 1916 No.452, y en Kumasi 1988, recoge como dicho en un funeral: Se fun nya asoayia a, nna ototo no kon “Una procesión fúnebre decente es en sí misma un tributo al éxito del funeral del difunto”.
Expertos como deMarees 1600: 343; Bosman 1705: 364; Atkins 1735: 105; Bowdich 1819: 284 y otros, reiteran que:
“Los funerales son públicamente activos y vividos en comunidad; continúan desde el anuncio de la muerte a través del entierro, detie yie y durante las ceremonias posteriores de conmemoración. Es un período complejo de actividad que puede parecer tumultuoso y desorganizado para los ojos europeos”.

Las artes funerarias o Sempón de los akan son bien conocidas; incluyen cerámica ritual, o abusua kuruwa, cabezas de terracota nsodia, las tradicionales pipas ebua y los diversos paños de los que ya se ha hablado, usados durante este tiempo.
objetos personales de uso cotidiano
Los objetos personales de uso cotidiano, taburetes, artículos de tocador, reliquias familiares y pertenencias del difunto, también pueden incluirse como bienes funerarios y presentarse en el momento del entierro.
Durante la recitación de proverbios ebe o mmebusem y aforismos apropiados a las ideas akan con respecto a la vida, en el momento del funeral o las ceremonias que con este motivo promueve el estado, a menudo se ve a las personas, con las manos juntas sobre la cabeza, declamando: Ahia me o, o menko o!, literalmente: “Me quedé sólo”.
Hay una conexión directa entre el proverbio y el gesto en estos dos casos. Componiendo el cadáver también con otros símbolos tal vez más genéricos; por ejemplo, el gesto de los brazos cruzados sobre el pecho con las manos apoyadas en los hombros puede tener cualquiera de las siguientes asociaciones proverbiales: Mafo ma awo ade me “Estoy mojado y con frío”. Osu kese bi ato aboro me “Ha llovido copiosamente y me he empapado”. Mennya gya na m’ato bio “No recuperaré nunca el fuego que me calentó”.
Hay una serie de gestos simbólicos de uso común, que también se encuentran en terracotas en figuras individuales o vasijas funerarias como las ya nombradas abusua kuruwa.
Estas terracotas, a menudo están adornadas con motivos simbólicos, similares a los motivos estampados que se encuentran en las diversas telas funerarias.



Abusua Kuruwa recipiente y dos Nsodia, cabezas funerarias de terracota.
Tradicionalmente, el uso de telas funerarias, de colores precisos, conocidas como ayitoma, tela fúnebre o akonini ntoma ‘tela para un corazón fuerte’, guardaban el codigo del ciclo funerario e indicaba la relación del doliente con el difunto y su posición dentro del linaje familiar o abusua.
Estos diversos paños se describen de la siguiente manera: – Kuntunkuni, paño marrón rojizo usado por el hombre mas anciano del linaje, el abusua panyin y los familiares cercanos el primer día después de la muerte y a menudo durante el resto del entierro. Tradicionalmente, los paños kuntunkuni son los paños más antiguos y, a menudo se muestran deshilachados, e incluso pueden haber sido reteñidos y estampados de nuevo.
En tiempos era habitual en Kumasi el dicho de: ‘Cuanto más vieja y gastada sea la tela, más indicará el dolor y aflicción por la pérdida’. Curiosamente los más viejos sacos de fibra de cocoa, eran los preferidos para sacar de ellos el tejido para los paños funerarios kuntunkuni, pues tenian mucho parecido con los antiguos tejidos de cortezas o kyenkyen destinados a estos ritos. Se decía que eran fiel reflejo del empobrecimiento por la pérdida del miembro de la familia. – Kobene, paño de color bermellón o rojo oscuro, usado por familiares, amigos y vecinos durante los funerales y con frecuencia por todos los dolientes durante las ceremonias conmemorativas posteriores. El kobene en la actualidad es la tela más usada en los funerales. – Birisi. En algunas áreas del centro de Ghana, la viuda y su familia inmediata usarán un paño azul oscuro conocido como birisi durante el funeral y las ceremonias conmemorativas siguientes que se celebran cuarenta días después del entierro. Para las mujeres esto incluirá el uso de una prenda superior roja, la dansekra, con una falda negra u oscura. El birisi puede llevarse con dos motivaciones, durante los funerales como una simple tela oscura, o en las ceremonias conmemorativas posteriores, ayie, que puede aparecer estampado con motivos simbólicos. – Adinkra. Son tanto la tela que presenta estampados los motivos adinkra, como dichos motivos o símbolos en si mismos. – Fututum o tutum, son los paños blancos con que se celebra la muerte de los más longevos ancianos.


Juanjo Andreu
Profesor de Bellas Artes y comisario cientifico de arte tribal africano
Deja una respuesta