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Juanjo Andreu

Dossier digital de antropología africana y arte tribal africano.

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el Kómó kun

La hiena en la narrativa del Kómó Cap. XVII

marzo 10, 2023 by Juan Jose martin Andreu Deja un comentario

Introducción

Como mi intención siempre ha sido intentar que por uno u otro camino quien lea esto se sienta atraído por otros modos de vivir y procedimientos, o mejor, se apasione, permitidme poneros un texto escrito por lo más afamados etnógrafos, prescindiendo de incluir sus nombres fechas y páginas de publicación, para que la lectura no se vea alterada, pero que tengo a disposición de los interesados con todas sus datos y precisiones:

“Los herreros, que hacen el bestial y ‘exquisitamente horrible’ Kómó Kun, son una clase especial dispersa por todo el territorio de los Mandinga y otros grupos vecinos.

Debido a su trabajo con el fuego y el hierro, se les atribuye la capacidad de aprovechar y canalizar su peligroso poder para el bien de la comunidad. Sólo los herreros pueden tener títulos de liderazgo en Kómó y hacer los tocados, mientras que los de la clase de músicos, los Jeliw o Djeliw están excluidos.

La hiena

El tocado incorpora varias formas, la más prominente la cabeza de una bestia o Wara, a menudo citada como la hiena, que figura en la narrativa de Kómó, por ejemplo, en las ceremonias de apertura de la iniciación en la que  los miembros cantan: 

     “Los, niños que entran en iniciación,
van a morir uno tras otro;
la vieja hiena no ha llamado a nadie; 
pero sed bienvenidos todos. 
 ¡Que echen a perder lo anterior!    
    ¡Que se moldeen! ¡Vieja hiena!  
 Porque tú no has llamado a nadie”

   Lo que quiere decir que los iniciados han llegado para enfrentar las pruebas de Kómó por su propia voluntad y no por orden del ‘gran espíritu hiena’ que supervisa Kómó. El espíritu de la hiena o ‘la vieja hiena’, alude a las cualidades de la razón y la capacidad intelectual, y por lo tanto a la razón de ser.

Los testimonios, van más allá sugiriendo que las mandíbulas abiertas de un animal salvaje y aterrador son solo una metáfora de la identidad real y esotérica del tocado como la vagina rapaz y sagaz que los niños pronto encontrarán después de la iniciación.  El tocado se asocia con la noche de varias maneras. La hiena, en la noche, es un carroñero.

las ceremonias anuales de Kómó

Se han descrito las ceremonias anuales de Kómó, en las que una de las canciones interpretadas tiene que ver con ‘la hiena divina y antigua’, aquí se le da nombre, Jaturu:                                      

      ¡Jaturu  negro!        
Baila, da vueltas, baila.
¡Yerno del poseedor del oro negro!, es decir, del conocimiento profundo,
Baila, da vueltas, baila. 

Aquí, la hiena de la noche se revela como la palabra o manifestación, de Faaro, el gran espíritu serpiente de la creación, que posee el profundo conocimiento necesario para actuar en el Kómó.

“Se sugiere así la capacidad del danzante para transformarse en Faaro, y acompañando el sonido, los iniciados bailan un movimiento en zigzag sugiriendo el de la serpiente.La mayoría de los datos indican que el Kómó Kun se bailaba principalmente durante la noche.


Cada tocado puede tener un nombre personal y, aunque hay muchos nombres, uno de esos nombres fue registrado como “La oscuridad de la ciudad de Gwaranko”, Gwaranko Dibi,  donde se grabó una ceremonia en la oscuridad de la noche, en la oscuridad de la luna nueva, sin la más tenue luz de fuego.

los bailarines de KómóKun

Pero generalmente era bailado a la luz de una gran hoguera llamada ‘el fuego de Kómó’. En las tres fotografías de campo existentes, sin embargo, los bailarines de KómóKun aparecen a la luz del día, y esto confirma algunos datos. Dos de estas fotografías pueden haber sido escenificada. El único bailarín de Kómó está claramente con el grupo de iniciación en la arboleda boscosa.

La adquisición de materiales para aplicar al tocado es personalizada por el herrero creador a la manera de una ‘receta’, de modo que no hay dos herreros que sean iguales o funcionen de la misma manera.


Busca los cuernos y plumas correctos, símbolos de animales agresivos y emblemas de la sabiduría del herrero. Puede cavar un nuevo pozo con el fin de obtener agua fresca y pura con la que producir medicamentos para unir. Las hierbas se buscarían por sus particulares efectos, mezclados por el herrero, y reducidos a las formulas deseadas.

Dalilu

Un pollo puede ser sacrificado para asegurar el éxito. La pluma de un buitre puede agruparse en la parte superior del tocado. La acumulación resultante de materiales se considera como un Dalilu, una combinación prescrita de elementos espiritualmente poderosos diseñados para efectuar un resultado concreto. La superficie fuertemente incrustada del tocado se produce mediante la aplicación de una mezcla de arcilla negra, hojas, minerales en polvo, hueso en polvo, mijo masticado, sangre de sacrificio y posiblemente otros materiales no especificados.

Los sacrificios periódicos de sangre enriquecen la costra. Estos ingredientes simbolizaban el orden del universo y se veía que reflejaban la matriz húmeda de la creación afectando la reproducción humana. Un tocado Kómó muy antiguo habría acumulado una espectacular variedad de materiales añadidos y, por lo tanto, habría adquirido un poder extraordinario, el Nyama. Los Mandinga comparan tocados viejos con nuevos durante las actuaciones de Kómó, con letras de canciones como:    

“… has visto muchos Kómó, pero aún no has visto a la bestia salvaje”.


El tocado KómóKun se oculta de manera en extremo secreta por los miembros del Kómó, a quienes se les prohíbe incluso decir su nombre ante personas no iniciadas.

Los tocados

Los tocados funcionan no solo como tocados de baile, sino como piezas de santuario, colocadas sobre un altar sobre el que se hacen sacrificios de sangre.


Esto ha sido descrito en detalle entre los Minianka. En el camino hacia el bosque sagrado al oeste del pueblo se encuentra un claro circular cuya entrada mira hacia el este para captar los primeros rayos del sol naciente; este es el sitio de una pequeña casa sagrada. En el interior, sobre una plataforma, se colocan varios tocados, “sobre los que se ‘reza’ y se ‘sacrifica’ para que siempre aparezcan completamente cubiertos de capas de sangre densas y coaguladas, dándoles su color negro profundo”
.

Se dice que las ‘cosas de Kómó’ están vivas y ‘hablan entre sí’, lo que se manifiesta en la aparición de grietas, sangre coagulada, el deslizamiento de partes y otros signos sutiles de cambio en el movimiento. Aquí, en el altar, los tocados se conocen como ‘pedazos del cuerpo’, y uno se dirige a ellos como ‘ustedes que van a la fundación’.


Brett-Smith 1997:89, en su argumento a favor de una lectura sexual de la forma del tocado, relata un informe de Dieterlen  en el que el iniciado se ve obligado a lamer el tocado y los ganchos de metal que lleva el bailarín enmascarado.


El iniciado jura que colocará a Kómó por delante de todo lo demás en su vida, incluso de su padre y su madre. Si la metáfora es correcta, este sería un acto altamente prohibido, ya que el cunnilingus, e incluso mirar la vagina, están prohibidos para un hombre.

transgresión del iniciado en el Kómó


Por lo tanto, en su transgresión, el iniciado se coloca a merced y completamente dentro del dominio de Kómó.
Cada bailarín demuestra su poder teatralizando perspicazmente su danza.


Mientras unos hacen alardes bailando sobre zancos, otros muestran su capacidad escupiendo fuego, iluminando dramáticamente la noche. Algunos de repente parecen fuentes manando de sus brazos o cuerpo agua, o la arrojan contra el suelo simbolizando su poder para conseguir que brote a su paso un manantial. Los movimientos suelen ser acrobáticos y rápidos. El bailarín puede izar el tocado sobre el traje como si volara, desplazándolo con un largo palo.

La pirueta que forman así el tocado y su traje,  conectando tierra y cielo, dicta que el bailarín nunca debe abandonar el suelo, sino que debe anclar sus pies en él, presionando incluso hacia abajo con las rodillas flexionadas, pero con el tocado dirigido y mirando bien alto hacia el cielo.

Cuando un par de bailarines enmascarados se acercan a un iniciado, se vuelven el uno al otro y se agachan en perfecta sincronización, extendiendo sus enormes trajes. La música de Kómó incluía “dramatismo en el tañer de los tambores unas veces siniestros otras misteriosos”, para lo que usaban variedad de tambores, incluido el gran jembe.

La hiena
      Cimera Kómó de entre los siglos XIX a XX, creada en Guinea o Malí, Burkina Faso, Costa de Marfil u otro lugar de África del Oeste, según el Metropolitan Museum of Art, donde está exhibida.

     Charry 2000:8, lo llama ‘amenazante e íntimo’. El enmascarado bailarín ‘armado’ con un silbato, forjado en hierro o cobre, soplaría haciéndolo sonar durante toda su danza.

Henry

Henry 1910:147, también lo describe como “ruido que congela a uno de terror”. Acompañando a la danza, enarbolando platillos, gongs de hierro, silbatos y trompas, los músicos emitirían gran cacofonía de sonidos simbolizando a los “Hijos de la voz de Dios”.                               

Las canciones y oraciones del bailarín invocaban a los espíritus Kómó, aquellos “espíritus magnánimos que gestaron el Kómó”, solicitando protección para los niños, “No dejaré que los hechiceros ‘coman’ al hijo de nadie hoy”, y oraciones por los muertos, “Faaro está ante ti; Faaro está detrás de ti… Que este sea tu saludo”.              

McNaughton 1988:141, grabó una canción en la que el bailarín enmascarado de Kómó aparecía para ofrecer consuelo a los desafortunados y advertir a los presumidos y privilegiados: “Sirviente afortunado, cuya suerte puede cambiar, cállate, sé paciente, Todas las mañanas no se presentan de la misma manera”.

el griot

Acompañando al enmascarado, iba siempre el griot, como intérprete que representaba al espíritu, siendo conocido como la “Boca de la Bestia”.
El enmascarado de Kómó impostaba una voz dramática y opaca, similar al sonido del kazoo. La gutural voz se ha descrito como “la más fuerte bebida alcohólica”.

Podía en cada nueva actuación concebir canciones con las que dar respuestas o consejos a las preguntas que previamente se le habían formulado.

Y siempre con la voz distorsionada, tras cada canción podía detenerse y entablar conversación con alguien o interpelar a la concurrencia, pudiendo tremolar en momentos o en momentos entrar en trance mostrándose incoherente.

Dieterlen & Cisse

Dieterlen & Cisse 1972: 236-237, y McNaughton 2001:175-176; 1979:39, confirman que al final de la actuación el griot con voz clara y precisión repetía las respuestas o consejos.      Colleyn & Clippel 1998:144-147, transcriben una extensa canción del enmascarado, traducida por el asistente, el griot, que siempre les acompaña.

Durante las actuaciones de Kómó, todas las personas no iniciadas debían permanecer en el interior de sus viviendas. Las prohibiciones, o el temor que infundía, llegaban al punto en que si alguien no iniciado, inadvertidamente había presenciado un enmascarado de Kómó, ni se atrevía a contarlo en su casa ni tan siquiera en su lecho de muerte, aunque todos supieran que lo había visto.

De todos modos, previo al paso del enmascarado, un acólito antes de que amaneciera iba pregonando: “¡He aquí a Kómó! La Tierra se ilumina. Rompe el amanecer, y he visto el Kómó”.

Dieterlen & Cisse 1972:26, apuntan:

“Como ‘pescador’, Kómó, da su denominación a la propia asociación ritual”.

paso del Xix

Dieterlen & Cisse 1972: 236-37, dicen que en un momento de la iniciación de Kómó en el paso que llaman del Xix, los enmascarados KómóKun realizaban una serie de actuaciones. Este paso del Xix se tituló “hijos de las alas plegadas” aludiendo a las alas del buitre.     

El tocado del traje de KómóKun se izaba sobre su poste para la ceremonia, y en un momento dado el cantante entonaba alabanzas de Kómó, refiriéndose al buitre sagrado, curiosamente por el nombre de pila de un hombre, Zan o Nzan, enfatizando cuán poderosa es su ascendencia:

“Zan de alas poderosas. Zan de poderosas garras. ¡El gran pájaro con cuatro alas!  El pájaro capaz de arañar  la Tierra desde el cielo horadaría un pozo en la roca si descendiera”.       

    El traje de plumas de buitre recuerda una narrativa sagrada en la que se atribuía al buitre traer el conocimiento Kómó del mundo espiritual a la Tierra.

El buitre en la narrativa del Kómó

El buitre, una criatura diurna, es el guardián del “conocimiento blanco”, el conocimiento claro y abierto de origen espiritual. Como devorador de carroña, el buitre es considerado inofensivo. Como el ave más imponente, físicamente, el buitre es el patrón de la realeza, de la guerra, de la caza, y especialmente del sacerdocio tradicional y de la muerte.

Es visto como ajeno a las vicisitudes de la vida en la tierra. Como portador del conocimiento espiritual el buitre es consultado por los adivinos, y sus plumas en el traje de Kómó aluden al poder divino del intérprete de Kómó.

En las ceremonias anuales Kómó de sacrificio a los espíritus, el portavoz del evento proclama su fidelidad a “la vieja hiena que, se dice, está en el origen de todo entre los Bamana: la ‘vieja bestia’ está en la noche; la noche es oscuridad; qué es esta oscuridad, si no el secreto, el misterio del vacío original y la historia del vacío final”.

El jefe de Kómó responde: “Lo que has dicho es razonable. La hiena es una ‘gran cosa’ en los asuntos de Kómó…”.

A medida que el buitre se deleita con carroña durante el día, deja el resto a la hiena, por la noche, que no deja nada, “ni siquiera un rastro”. La hiena, en la narrativa sagrada, es un pescador, chapoteando en el mar sagrado del gran supervisor del Universo y la Tierra, el “maestro del agua”, Faaro.

La hiena según los Mandinga

Los Mandinga dicen que la hiena devora a aquellos hechiceros, que antes fueron herreros, y se cree que el herrero, presumiblemente honorable,  puede convertirse en una. Se dice que la hiena posee un enorme conocimiento sobre el bosque y sus secretos. Un animal tímido que se alimenta normalmente de carroña, a la hiena se le atribuye un extraordinario sentido del olfato y de la previsión.

Como criatura nocturna, que vive en agujeros en la tierra, la hiena se ha convertido, para el Mandinga, en un símbolo de secretos del ‘conocimiento negro’, del conocimiento de la fertilidad, la maternidad, la religión, las danzas y las canciones, en esencia, en el porqué de Kómó.

Juanjo Andreu
Juanjo Andreu

Profesor de Bellas Artes y comisario cientifico de arte tribal africano

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Publicado en: África, BAMANA Etiquetado como: Burkina Fasso, Costa de marfil, el Kómó kun, Gambia, Guinea Bissau, Malí, mauritania, Niger, Senegal

Qué es el Kómó de los Bamana Cap. XVI

marzo 1, 2023 by Juan Jose martin Andreu Deja un comentario

el Kómó

Kómó es similar a un curso en las Facultades de Filosofía y Humanidades, que remonta su antigüedad a un período anterior a la fundación del Imperio de Malí y su toma de poder en el siglo XIII, encontrándose por entonces bien difundido y asentado. Está considerado desde la antigüedad como la más poderosa de las asociaciones de hombres en la región.                          

 Cada comunidad distribuida por la región tiene su Kómó, su prestigio y liderazgo se potencia con el buen hacer de lo que se espera de él pero también de la efectividad de la coalición producida entre los poderosos espíritus salvajes y los objetos de poder creados a tal fin.

Kómó kun
Enmascarados Kómó, al fondo a la izquierda otros del Koré.
  Desconozco el fotógrafo  pero la foto la utiliza laDra. Christa Clarke en su trabajo sobre este tema.

Los herreros, con su trabajo esotérico a través del fuego para fundir, el agua para templar y el aire para enfriar, dando vida y forma al hierro, no podían dejar la ocasión de establecer una hermandad propia, que les agrupara y diera preeminencia social y prestigio.                        

Crearon así el Kómó, con el que se atribuyeron la capacidad de aprovechar ese canal de energía en beneficio del bien común. Solo ellos tienen la autoridad sobre sus máscaras y ser titulares de ellas y sus prácticas, pues ellas están dotadas del Nyama, o poder de discernir.

Estos tocados fueron hechos en secreto y utilizados, por miembros de la hermandad Kómó, asociación de los Tatuku o ‘maestros del fuego’ Bamana pero también por y para los del resto de pueblos Mandé o asociados de Guinea, Malí, Burkina Faso o Costa de Marfil.  

La hiena

Su animal tótem es la hiena o Suruku, pero el mítico es Jaturu la ‘hiena divina’ o ‘gran espíritu de la hiena’. Sobre una talla de madera con una abstracta forma híbrida y o simbiotizada de cabeza de hiena sobre todo, o cocodrilo u otro animal, real o inventado pero aterrador, sobre el que se pueden encontrar insertados cuernos de antílope, cráneos de ave de afilados picos, púas de puercoespín o plumas, como metafóricos elementos que remiten a las capacidades de dichos animales.

Todo ello bien recubierto con materia proveniente de sangre sacrificial de cabras, perros o gallinas, o cualquier otro tipo de acúmulo que consideraran, como ciertas plantas, libaciones de vino de palma y mijo ingerido que agitaba el maestro o adivino en la boca espurreándolo a posteriori por encima del conjunto, y como final agua como elemento purificador, se dotaba a esta cimera de la fuerza vital crítica o Nyama, pronunciado ‘ñama’, fuente de su extraordinario poder.         

A la hora de danzarla colocaban en sus fauces escorias candentes y restos de huesos, que al moverse conseguían emitir chispas y volutas de humo entre una suerte de luz fosforescente. Lo que puesto ya el sol, daba al acto una teatralidad considerable y apabullante. Asociado a la noche, aunque actuaba a cualquier hora del día, el miedo que infundía y el poder atribuido hacía que nadie lo nombrara tan solo los iniciados, así como que estos objetos se guardaran en lugar secreto y fuera de la percepción de los no consagrados.     

Los Mandé

El valor que los Mandé, entre ellos los Bamana, otorgan a los animales en su apreciación de lo ejemplar de sus comportamientos, es muy notable, como lo es en el resto del mundo. Las aves, por ejemplo, están asociadas a la sabiduría y las artes adivinatorias, algo así como la lechuza en la antigua Grecia. Mientras que al puercoespín se le valora por su facilidad para huir de conflictos y saber protegerse, la importancia de preservar el conocimiento.

Hay unas piezas de este tipo consideradas como altar, por lo que se sacan en ritual pero sostenidas entre las manos, es imposible ponerlas sobre la cara o usarlas como cimeras. Suelen llevarse horizontalmente.

El material sacrificial que se ve incrustado en las superficies de estos tocados son una indicación de su conexión con una de las tres principales sociedades de poder, a saber: Kómó, Kono y Nama. Estos ‘altares’ son usuales en la fraternidad Kómó, que funciona como custodio de la tradición y se ocupa de todos los aspectos de la vida comunitaria: la agricultura, los procesos judiciales y los ritos de paso, donde cada palabra es sagrada, por tanto meditada y medida siendo su contravalor mayor que el oro o cualquier bien material.

El Kómó es una hermandad, similar a las congregaciones cristianas, de sacerdotes, ancianos conocedores y herreros, formando la principal institución social de los Bamana. Los miembros del clan herrero que nacían quedaban inscritos en la sociedad Kómó debido a atribuirles su capacidad para aprender y emplear en exclusiva el poder del fuego para transformar la materia de un estado en otro y de una forma en otra.

la sociedad Kómó 

Los herreros de la sociedad Kómó usaban estos tocados de la hermandad o KómóKun para invocar en una danza el Nyama, la fuerza que activa el universo.   Veamos un extracto de nuestro texto sobre las ‘fraternidades’:

“Tomando ejemplos de las tradiciones de la sabana al sur del Sahara, lo que en otros tiempos se conocía con el nombre de Bafur. La tradición Bamana del Kómó, una de las grandes escuelas de iniciación del Mandé, en Malí, enseña que la ‘Palabra’ o Kuma, es una fuerza fundamental, que emana del mismo Ser Supremo, Maa Ngala, creador de todas las cosas. La Palabra es el instrumento de la creación: “Lo que Maa Ngala dice, es”, proclama el cantor del Kómó.

El mito de la creación del universo y del hombre, tal como lo enseña el Maestro Iniciador, que es siempre un herrero, a los jóvenes circuncisos, revela que, cuando Maa Ngala tuvo la necesidad de dirigirse a alguien, tener un interlocutor, creó a Maa, el Primer Hombre. Antaño el Génesis se enseñaba durante los 63 días de retiro impuesto a los circuncisos al cumplir los 21 años; luego había que pasar otros 21 años estudiándolo a fondo.

El cantor del Kómó

A la vera del Tù o bosque sagrado, morada del Kómó, el primer circunciso recitaba las siguientes palabras: ¿Maa Ngala? ¿Maa Ngala I? ¿Quién es Maa Ngala? ¿Dónde está Maa Ngala?  El cantor del Kómó respondía: “Maa Ngala es la Fuerza Infinita. Nadie puede situarle en el tiempo ni en el espacio. Es Dombalí, Incognoscible; Dambalí, Increado Infinito”.    

Luego, tras la iniciación, comenzaba el relato de la génesis primordial:

“No había nada salvo un Ser. Este ser era un Vacío Viviente, que incubaba las existencias posibles. El tiempo infinito era la morada de este Ser Único. El Ser Único se dio a sí mismo el nombre de Maa Ngala”.

Las cimeras
Cimera siglo XIX a XX exhibida y fotografiada en el Brooklyn Museum

Las cimeras Kómó son hechas por herreros, artesanos que gozan de gran prestigio entre los Bamana y cuya profesión es hereditaria. Son muy respetados por su dominio del fuego, del agua y del aire, necesarios para transformar el hierro en los útiles, herramientas, armas o figuras, que se le soliciten.

La de herrero es considerada una profesión peligrosa, que requiere habilidad, pero también coraje y decisión para manejar las fuerzas espirituales, potencialmente destructivas, que quedan liberadas durante el proceso. Están por tanto especialmente cualificados para crear las cimeras Kómó, que necesitan combinar formas aterradoras y materiales inherentemente dañinos en objetos benéficos para la comunidad.

La cimera se usa en actos cargados de dramatismo, resultando punto focal, y esenciales, en las reuniones de la hermandad Kómó.

Los iniciados

Celebradas en privado y restringidas exclusivamente a los miembros iniciados, estas reuniones brindan la oportunidad de comprender la historia, las creencias y sus rituales. Acompañado por músicos y griots, un miembro de alto rango de Kómó, aparece con una cimera sujeta sobre la parte superior de la cabeza. Cubre su rostro con una tela que le oculte pero le permita ver y lleva un traje de plumas negras realzado con amuletos, sobre una falda con aros. Su danza es acrobática e intensa, con alardes espectaculares que sugieren poderes extraordinarios, como se espera por parte de los asistentes.

A través del canto y la danza el miembro del Kómó revela gradualmente soluciones a las varias preocupaciones que acucian a los concurrentes, sea por qué ha perdido la cosecha o por qué no consigue tener hijos.

Entre los Bamana son usadas y vistas solo por los asociados a Kómó, que aprovechan el Nyama o poder que encierra la máscara para ayudar a los miembros de la comunidad. La base de madera, ataviada con cuernos, colmillos y púas de puercoespín, materiales ya de por sí poderosos, recibe sacrificios de sangre, nueces de kola masticadas y cerveza de mijo espurreados, entre oraciones que la dotan del poder del Kómó.     La boca abierta y los cuernos, colmillos y púas de puercoespín simbolizan el poder del Kómó para castigar a aquellos que violan sus reglas.

Los rituales

Los rituales de los iniciados del Kómó son básicamente bailes que realizan sus integrantes enmascarados y sacrificios ofrecidos en los diversos altares de la hermandad.

La cimera de baile Kómó representa una hiena. Sus mandíbulas enfatizan la fuerza y poder de presión del animal, simbolizando el conocimiento. Cabe señalar que el conocimiento, tal como se presenta en el Kómó, constituye una entidad en sí mismo, independiente y distante del hombre y que ‘desciende’ sobre él cuando lo adquiere. Por esta razón, la máscara de Kómó se usa en la parte superior de la cabeza, como nexo de unión y no en la cara.

Juanjo Andreu
Juanjo Andreu

Profesor de Bellas Artes y comisario cientifico de arte tribal africano

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