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Juanjo Andreu

Dossier digital de antropología africana y arte tribal africano.

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Guinea Bissau

Mercado en la etnia Bamana Cap. XXI

agosto 31, 2023 by Juan Jose martin Andreu Deja un comentario

Mercado en la etnia Bamana

Es muy importante el mercado en la etnia Bamana, donde aparte de trocar o vender cultivos también se muestran manufacturas con idéntico propósito, además de servir de información sobre cómo y con qué realizar determinados trabajos. Pero además es un importante centro de socialización e información pues de ahí salen las nuevas relaciones y se trasmiten sucesos o novedades. Por tanto los días en que se celebra son especialmente esperados.

Retrotraigámonos a un periodo donde la información aunque colonial y por tanto interesada nos aporta datos fiables y podemos quitarle ese velo, para acercarnos a la realidad.

Mercado en la etnia Bamana
(Mercado en la etnia Bamana) Vista general del mercado de Bamako. Foto Edmond Fortier.

Edmond Fortier

El ‘Legado Edmond Fortier’ nos dice:

<< “En 1906 Bamako se preparaba para recibir la estructura administrativa del gobierno de la colonia del Alto Senegal y Níger. La ciudad de Kayes, a orillas del río Senegal, había sido colonial durante muchos años. Después de décadas de trabajos de construcción, el ferrocarril que conecta Kayes con el río Níger llegó en 1904 a Bamako, un lugar elegido para ser la nueva capital.

El palacio de gobierno, Koulouba, todavía en uso en la actual República de Malí, se estaba construyendo en el llamado punto F, en lo alto de la montaña desde donde Fortier fotografió el panorama de la ciudad. Alrededor de 6.000 personas vivían en Bamako en ese momento, de las cuales solo 162 eran europeos. Como escala o punto final, el destino preferido para las personas que abandonaban la condición servil, la esclavitud, era Bamako, donde había trabajos.  

mercado de Bamako

La parte cubierta del gran mercado de Bamako había sido reconstruida por la administración francesa y en 1906 se cobró un alquiler a los comerciantes locales instalados permanentemente allí. En el exterior, el gran movimiento se debió a las ofertas de bienes y alimentos en pequeñas cantidades hechas por vendedores ambulantes y mujeres. Las esteras de paja trenzadas sostenidas por varillas servían de refugio individual para los comerciantes itinerantes y, junto a ellas, reconocemos los capazos hechos de urdimbre utilizados para el transporte de productos.

Comerciante en sal en el mercado de Bamako
                                                  Comerciante en sal en el mercado de Bamako. Foto Edmond Fortier

 Los montículos blancos dispuestos en el suelo y medidos por los varios tamaños de latas que vemos al lado en la imagen de arriba, eran probablemente la sal marina importada de Senegal y Marsella y que, de menor calidad y más difícil conservación, pero más barata que la sal de roca procedente del desierto, penetró poco a poco en los mercados de Sudán.

Koré Dugaw en el mercado de la etnia Bamana

Mercado en la etnia Bamana
Si todas me parecen interesantes, esta me parece de especial relevancia pues vemos, en Bamako, posiblemente la primera y tal vez única foto donde juntos se vean una pareja de danzantes Tchi wara a la izda., y al otro extremo dos Koré Dugaw, acompañados de un grupo de músicos. Foto E. Fortier.

La mayor parte de la población de Bamako era de origen Bamana, un subgrupo Malinque, y la agricultura se practicaba en las afueras de la ciudad. La actuación fotografiada por Fortier, un ritual de la sociedad Ciwara, tiene lugar antes de la siembra y en el momento del deshierbe de los campos cultivados. Estas fotografías, quizás los registros más antiguos de este ritual, son bastante interesantes porque muestran el contexto en el que se utilizaron estos objetos.

Hasta mediados del siglo XIX, Nyamina, en la orilla izquierda del río Níger, fue un importante centro de comercio y producción agrícola. Los campos alrededor de la ciudad eran cultivados por mano de obra esclavizada que producía sorgo, mijo y algodón.

Actividad comercial

Durante la temporada baja, estas personas se dedicaban a la actividad textil, hilando y tejiendo telas de algodón. También fue en la estación seca que los pueblos del desierto llegaron con sus rebaños a la región, el punto extremo sur del movimiento de trashumancia estacional.

Situada en el encuentro de las zonas ecológicas del desierto y la sabana, bañada por la gran vía de comunicación que es el río Níger, Nyamina fue un punto central en el comercio de larga distancia de África Occidental. Durante mucho tiempo parte del área de influencia del reino Bamana de Ségou, la localidad fue conquistada por Umar Tall en 1860 y, a partir de entonces, con las sucesivas guerras, fue perdiendo su importancia. Dominada por los franceses en 1890, en 1906 la ciudad aún conservaba parte del dinamismo..

Hay certidumbre de que en la ciudad coexistieron las creencias animistas con los islamistas, pues la mezquita de adobe, con su erguido minarete, se erigió cerca de los estanques donde vivían los míticos varanos sagrados. De las ‘inmensas excavaciones’ mencionadas en la leyenda fue de donde los habitantes de Nyamina retiraron la tierra utilizada para edificar.

Mercado de Nyamina

Mercado de Nyamina. Foto Edmond Fortier.    (Mercado en la etnia Bamana)

La actividad del mercado de Nyamina fue descrita en detalle en 1863 por Eugène Mage, un oficial de la Armada francesa y explorador, enviado por Faidherbe a la región para establecer contactos con El Hadj Umar Tall. Aunque se refiere a un período muy anterior a la llegada de Fortier por la localidad la narrativa de Mage dialoga con los registros del fotógrafo:

“En Yamina, ahora Nyamina, como en todas las grandes ciudades, el mercado funciona todos los días; pero hay un día de la semana en que el mercado es más grande, y en ese día, desde los alrededores y a veces desde lugares distantes, vemos que fluyen personas y mercancías, como compradores y vendedores de rebaños.

la sal de Tichit

Vimos en Yamina el espectáculo de uno de estos días de comercio, y teniendo en cuenta que la ciudad está hoy en ruinas, y las caravanas ahora solo llegan de vez en cuando, pudimos hacernos una idea de cómo se desarrolló el momento en que mil camellos llegaban a descargar la sal de Tichit, mientras cientos de burros con trescientos o cuatrocientos porteadores llegaban de Bourè, a menudo viniendo de Sierra Leona con sus cargas sobre las cabezas.

El mercado es una gran plaza cuadrada alrededor de la cual se instalaron, de manera aleatoria, pequeños porches. …Bajo estos refugios vemos a uno, dos e incluso tres mercaderes sentados en colchonetas, sacando adelante, sobre otras esteras o colgando de cuerdas, sus artículos comerciales: sal, cuentas de vidrio, telas, papel, azufre, municiones para rifles, anillos de cobre o plata para las orejas, la nariz, los dedos de los pies y las manos, cinturones, diademas trenzadas con abalorios, tejidos de algodón autóctono, desde paños más gruesos hasta mantas, túnicas y albornoces de la más alta calidad. …Vemos, un poco más adelante, mujeres que restauran calabazas agrietadas o perforadas.

telas Ségou en el mercado en la etnia Bamana

En la imagen de abajo del mercado de Nyamina podemos ver, colgando, varias telas conocidas como ‘telas Ségou’, producidas en la región. Un relato de Emile Baillaud, publicado en 1902, explica:

“Entre Bamako y Moptí está la zona más importante donde se trabaja el algodón. Las telas fabricadas en esta parte del río Níger se llaman mantas o paños de Ségou, sin duda porque Ségou es la ciudad que más intercambia con los diversos mercados interiores. Pero la ciudad no tiene de ninguna manera el monopolio de la fabricación de estas telas, e incluso es el lugar en Níger donde se fabrican menos. Parece que es en la orilla izquierda del río donde se producen la mayoría de las mantas y telas.

Los lugares donde hay más telares son sin duda Banamba, Nyamina y Sansanding. Los llamados ‘tejidos Ségou’ están todos teñidos con añil. La más común es la ‘manta de Ségou’. El fondo es azul, adornado con rayas blancas. Un diseño ampliamente adoptado es el ajedrezado con grandes cuadrados.

           Mercado de Nyamina con puestos de algodón, textiles y nueces de Karité. Edmond Fortier
           Mercado de Nyamina con puestos de algodón, textiles y nueces de Karité. Edmond Fortier

Algodón

En la fotografía de más arriba vemos a dos mujeres que, cogiendo material de las calabazas, preparan bolas con las manos. Fortier explica que: “son vendedoras de ‘bolas de arcilla blanca para que giren los árboles de levas’. El producto, sin embargo, no era de arcilla.

Charles Monteil, en ‘Le coton chez les Noirs’, comenta:

“Para facilitar el movimiento entre los dedos de la mano derecha del alambre de la máquina de hilar, los africanos los impregnan con un polvo blanco hecho con huesos calcinados pulverizados, luego los aglutinan en pequeñas bolas, que se venden en todos los mercados locales”.

Mercado en la etnia Bamana
Mercado en la etnia Bamana
Mercado en la etnia Bamana
Desgranando el algodón en el mercado de Nyamina. Edmond Fortier      Cardando el algodón en el mercado de Nyamina. Edmond FortierHilando el algodón en el mercado de Nyamina. Edmond Fortier
(Mercado en la etnia Bamana)

Proceso artesanal del algodón

Las tres fotos precedentes muestran, como se anuncia en los subtítulos, los pasos del ‘trabajo de algodón nativo’. No hay ninguna indicación de la ciudad donde se tomaron las fotografías, pero si tenemos en cuenta los datos de Emile Baillaud citados antes, podemos suponer que tuvieron lugar en Nyamina o sus alrededores.

Al parecer, el grupo trabajó en el mismo lugar, ya que podemos ver las urdimbres estiradas en los telares en el fondo de la imagen que representa los árboles giratorios. Estos documentos son muy interesantes porque, además de destacar las técnicas productivas de la región, aportan mucha información sobre las relaciones sociales y las transformaciones en curso durante el paso de Fortier por el centro de las orillas del Níger.

Juanjo Andreu

Juanjo Andreu

Profesor de Bellas Artes y comisario cientifico de arte tribal africano

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Publicado en: África, BAMANA Etiquetado como: Burkina Fasso, Guinea Bissau, Malí

Yapɛrɛ o altares de los Bamana Cap. XXI

marzo 25, 2023 by Juan Jose martin Andreu Deja un comentario

Yapɛrɛ

Ya hemos visto en capítulos anteriores, estos Yapɛrɛ o altares, cuyo número alcanza los 266 y que guardan en envoltorios de piel de cabra o paños de algodón. Sus rituales y sacrificios al igual que casi todas sus otras manifestaciones, se celebran antes de la siembra, entre abril y mayo el primero y entre octubre y noviembre, tras la cosecha, el segundo.

Philippe Jespers 1976, nos ilustra al respecto:

“Estos dos importantes rituales a los que denominan Nya ka chin, ‘sacrificio del Nya’ sirven para revitalizar el poder de los Yapɛrɛ al recibir la sangre de dichos sacrificios.“

Tan complejos como largos, se llevan a cabo en secreto en el Nya tun, ‘matorral del Nya’, un recinto despejado del bosque, a una cierta distancia del pueblo.

Los sacrificios sobre los Yapɛrɛ

Los sacrificios sobre los Yapɛrɛ son diurnos y en ellos reciben la sangre de los animales sacrificados por el Mufo o ‘maestro del cuchillo’ en nombre de los habitantes del pueblo y a veces también de pueblos muy alejados del lugar de culto.

Cabe señalar que estos sacrificios solo pueden tener lugar si los Yapɛrɛ o altares, han sido llevados por los ‘caballos de Nya’, los poseídos, al Nya tun o recinto entre los arbustos. Como aseguran los Minianka, si los Nya no consiguen ‘poseídos’, los Yapɛrɛ  no saldrán de la cabaña donde se guardan en la aldea, y por tanto no se hará ningún sacrificio en el Nya tun. A veces el Nya presenta inconvenientes para revelarse, por no guardar el orden preciso.         

Este orden marca que los poseídos deben entrar al recinto andando hacia atrás, llevan tres Yapɛrɛ en bolsas que colocan orientadas al este frente a tres grandes recipientes situados al oeste, de manera que queda dividido el espacio por tres ejes paralelos orientados al oeste. Lo que sucede porque para casi todos los Mandé y en especial los tradicionales Minianka, todo lo creado fue realizado por donde sale el sol, el este, y se orientó así el cosmos del este, la salida del sol a su puesta, el oeste.

el Nya

El recinto del Nya, receptor de las tres bolsas, adquiere el poder simbólico de ser un espacio propiciado por la creación divina.

Con el recinto sacralizado, se procede a los rituales siguiendo el esquema preestablecido:

  • Primero: se transfieren los Yapɛrɛ de las tres bolsas a los recipientes.
  •  Segundo: se sacrifican los animales y se vierte su sangre sobre los Yapɛrɛ.     
  • Tercero: se pasa a consumir los animales sacrificados entre los asistentes.

Visto esto desde fuera, puede parecer absurdo o como poco vano, pero es fundamental para ellos que el Yapɛrɛ quede situado en el espacio sacralizado y en el recipiente y posición precisos. Algo similar a colocar el cáliz en su sagrario y sobre el altar en las iglesias católicas.  

Aquí hablamos de liturgia, la de ellos, que en sus bases, no es tan distinta de las nuestras.

liturgia

Esa colocación del Yapɛrɛ , se basa en el conocimiento teórico de su sistema numérico y su cartografía cósmica, los grafismos con respecto al universo y la ubicación del hombre en él, que han ido desarrollando en las etapas que de ello tratan como son el Kómó, Koré y Nama.

Aunque aparentemente cada ‘paquete’ o Yapɛrɛ parecen similares, conscientes de que no lo son, colocan cada recipiente con su Yapɛrɛ, en un orden preciso en la zona sacrificial, correlativa en su percepción con el microcosmos del universo. Posición que va en función de la clasificación de las fuerzas del universo, derivada de la ubicación de los astros en cada acto, y el propósito demandado por el que en realidad se va a proceder al sacrifico.

Esta ‘liturgia’, aprendida en las etapas iniciáticas, de cómo situar el Yapɛrɛ  en el Nya tun en función del momento en que se procede a los dos grandes sacrificios anuales, parte de tradiciones muy antiguas.

la antigua tradición

Veámoslo:

Basada en su ‘numerología’, la antigua tradición, divide los altares de Nya en 3 bolsas de lona de algodón desiguales: una grande, Bwɔrɔmu; una mediana, Bwɔrɔya; una pequeña, Bwɔrɔpirɛ.                           

Las bolsas grande y mediana deben contener 85 objetos Yapɛrɛ, mientras que la pequeña debe recibir ‘uno más’.

  • 85 objetos Yapɛrɛ  se depositan en la bolsa grande o ‘bolsa madre’, Bwɔrɔmu, también llamada ‘bolsa del alma del cielo y la tierra’.
  • 85 objetos Yapɛrɛ se incluyen en la bolsa mediana o Bwɔrɔya, conocida también como ‘bolsa del alma de las personas y los animales’.
  • 85+1 objetos Yapɛrɛ debe contener la bolsa pequeña o Bwɔrɔpirɛ, llamadaa su vez ‘bolsa del alma de todas las cosas’.

Por concretar, 85 Yapɛrɛ se destinan al cielo y la tierra, 85 a humanos y animales y 85+1 a las cosas.

256 objetos Yapɛrɛ

Esto sumaría 256 objetos Yapɛrɛ a los que hay que sumar, los objetos rituales que orbitan en el Nya tun junto a los recipientes con las 3 bolsas Yapɛrɛ*5, como el bastón del Nya que llevan los poseídos, el anillo de la hermandad de cazadores o Nankon que se sitúa en la ‘boca de una bolsa’, la campana del Nya que sujeta en el ‘vientre de la bolsa’ anuncia cada paso, los distintos cuchillos utilizados para cada sacrifico y las calabazas en donde se recoge la sangre, deben sumar en total los 266 objetos precisos y necesarios para completar el ritual.

De manera que se cumpla la tradición que protegieron e impulsaran los Bamana y que los iniciados al Kómó tienen como jaculatoria “el misterio de la creación está en los números”.

*5 Nota: Los Minianka incluyen una cuarta bolsa, Nya ka mɔ o ‘bolsa del brazo izquierdo’ donde con precisión haya 10 objetos, donde además de los reseñados, se incluya uno que haga referencia a Nya muso, la mujer Nya.

Yapɛrɛ
 Objetos rituales Nya del Kómó. Foto Shamir Marli sobre 1930 en los archivos de Eliot Elisofon del Smithsonian.

Nya tun

Esta clasificación implica que para su realización, los 3 Yapɛrɛ se reproducen 3 veces y se distribuyen en 3 bolsas. En el momento del sacrificio, están dispuestos en 3 recipientes, al oeste del Nya tun. Para el iniciado, esto significa que cada Yapɛrɛ está involucrado en el espacio de la creación del ‘cielo y la tierra’ la gran bolsa, en el de la creación de ‘humanos y animales” bolsa mediana y en el de la creación de las ‘cosas’ la bolsa pequeña.

Los 85 Yapɛrɛ se reproducen así 3 veces según un tipo genético de clasificación que también concierne al universo, la humanidad y las cosas. Tres, 3 niveles donde el Yapɛrɛ dispone de posibilitar una importante función práctica, como asegurar la protección de los linajes, una; promover la procreación, dos; o traer lluvia, entre otras ‘cosas’, tres.

Esta triple implicación de Yapɛrɛ encuentra su propio límite, sin embargo, en que la ‘bolsa pequeña’ contiene un objeto Yapɛrɛ más que las otras dos. Este objeto Yapɛrɛ centra la atención pues se inserta de manera ‘especifica’ en la bolsa pequeña, Bwɔrɔpirɛ,del Nya.

Tabú

Sin tener claras todas las cuestiones, esta ‘especificidad’ llega al punto de que no se tiene claro de qué naturaleza es, qué posición ocupa entre los otros 85 Yapɛrɛ y de qué modo se manipula, pues por ejemplo es tabú, está prohibido, derramar sangre sobre él.

La explicación que se tiene de la naturaleza de este Yapɛrɛ que como veremos, juega un importante papel en el Nya, acuerdan y dicen los iniciados que es el interior del poder de los ‘genios’ ancestrales míticos, los Djine blew ‘genios rojos’, antepasados conocidos como Sefɛ.

El término Sefɛ, que da nombre a este Yapɛrɛ, generalmente se aplica a los espíritus ancestrales y aquí se refiere más particularmente a los primeros gemelos de Tyɛlɛrɛ, ‘la anciana mujercita’*6, según los Minianka y bien conocida entre los Bamana como Mousso Koroni.

*6 Nota: “Tyɛlɛrɛ, ‘la anciana mujercita’ estaba embarazada en el monte y no podía dar a luz, Nyɔlɛrɛ ‘anciano niño del inicio’, su hermano, preguntó a Chyɔ, ‘el enlace’, que le hizo saber que esta dificultad anunciaba el nacimiento de gemelos que serían muy superiores a ellos.

De hecho, Tyɛlɛrɛ dio a luz a gemelos anormalmente constituidos. Nacidos ‘después del término’, a los doce meses, muy pasados los normales nueve de gestación, eran siameses, dos seres en un solo tronco y tenían sus cuerpos hinchados por la lepra. Por otro lado, estaban dotados de una inteligencia deslumbrante.

Nanya

Muy rápidamente Nanya, el gemelo varón, litt. ‘hombre llegado’, ideó un plan para separarse de sus padres: murió y le dijo a su hermana, Pamanyɔh litt. ‘tráelo’, que lo llorara, lo que ella hizo. “No quería irme”, dijo, “y me estás haciendo saber ahora que nos vamos, te van a enterrar muerto y me van a enterrar viva”. Confundidos, Nyɔlɛrɛ decidió enterrarlos en el monte de todos modos, recordemos que los gemelos, siameses, están inextricablemente unidos a un solo tronco.

Pero tan pronto como comenzó a cavar una tumba, el destello de Klɛ, Klɛ yi ringɛ, lo cegó. Los gemelos aprovecharon la oportunidad para huir y establecerse en un tupido bosque del monte, bosque del que provendría la futura ‘madera sagrada’, su residencia”

Los Minianka describen a estos ‘ancestros’ como gemelos mixtos, varón y hembra, tardíamente nacidos pues su gestación duró 12 meses*7, nacidos en ‘un solo tronco y con el cuerpo hinchado por la lepra’. Él se llama Nanya, litt. ‘hombre llegado’, la otra Pamanyɔh litt. ‘tráelo’ nombre que dan los Minianka a los nacidos después del término, lo que es tenido como beneficioso.

*7 Nota: Existe un mito  que cuenta cómo los Yapɛrɛ de los Nya estaban originariamente contenidos en placentas de antílopes que luchaban por dar a luz. 

los primeros gemelos de Tyɛlɛrɛ

Estos gemelos, nacidos leprosos, en sus creencias dotados por ello de una inteligencia superior*8, son tenidos como genios tutelares de la aldea y primigenios propietarios de la tierra. Habitan en el ‘bosque sagrado’ llamado Kachin kan, en las afueras del pueblo, donde la comunidad les ofrece un sacrificio anual, por lo general un toro. Aunque la ‘madera sagrada’ es su residencia, pueden cambiar de lugar y entrar en la ‘bolsa pequeña’ del Nya donde se refuerzan, tras lo que ponen la ‘silla de montar’ en un ‘caballo’, o poseído, y regresan a la aldea para imponer sus prerrogativas como propietarios de la aldea y el Nya a la par.


*8 Nota: perciben la lepra como un cualificado regalo con daño colateral. Al leproso se le atribuye una inteligencia superior, más o menos teñida de astucia. Por otro lado, se dice que el Nya a veces toma la apariencia de un leproso para manifestarse a un hombre.

Estas criaturas arbustivas, nacidas de una gestación excesiva, también se supone que desempeñan un papel decisivo en todos los ritos relacionados con la fertilidad. El Yapɛrɛ que potencia la ‘bolsa pequeña’ del Nya está constituido por un colmillo de jabalí y dos piezas de oro, símbolo de la intangibilidad divina que lo anima, sólidamente envuelto todo en algodón rojo formando una bola.

la hermandad Nya

Pero, si los gemelos pueden acceder improvisadamente al receptáculo del Yapɛrɛ, también pueden ser manipulados, o incluso excitados, por el jefe de la hermandad Nya, el Nya fɔ, para provocar una posesión llamada ‘toma del caballo por el Nya’.

El Nya fɔ así accede al envoltorio Nya, mira el Yapɛrɛ colocado en la parte superior de la bolsa y recita la siguiente fórmula:

Fili, fili, fili, Kotigi, fili take, take, take, Kotigi, take  Nanya, i tyan i tok byan Nanya

Gemelo Kotigi vete abajo, vete abajo gemelo, si no estás ausente, aunque tu nombre siga ahí:

Fili, fili, fili, Kotigi, fili prends, prends, Kotigi, prends Pamanyɔh i tya, i tɔ kɔ byan Pamanyɔh

Lleva a tu gemelo, lleva a Kotigi contigo Pamanyɔh si no estás ausente, aunque tu nombre está ahí.

Esta invocación, emitida de manera solemne, sugiere que el Yapɛrɛ es el receptáculo de los gemelos, Nanya el varón y Pamanyɔh la hembra, a quienes el oficiante atribuye a la par el título de Kotigi, ‘dueño de las cosas de Nya’. Esta fórmula también se establece en el momento de la fabricación de todos los Yapɛrɛ, es decir, en el momento mismo de la constitución del Nya. Todo esto le da al Yapɛrɛ de la ‘pequeña bolsa’, la ‘bolsa del alma de todas las cosas’, un estatus excepcional y justifica a los ojos de los iniciados su especial posición, ser un Kɛlɛ en el Nya.

Dieterlen y Cissé

Dieterlen y Cissé 1972:76, nos dicen:

“En la numerología Bamana, también se sabe que al igual que sucede con el número 1, situar aparte un objeto dentro de un área de culto, otorga una singularidad paralela a la del ser que representa”.

En cuanto a los grafismos:

Dieterlen y Cissé 1972:64 nos revelan que: “Entre los Bamana, la existencia de una tablilla con los signos llamada Nya ti wala, constituye, como en el Kómó, “uno de los bienes intelectuales más preciados de la sociedad”.

Tallado en una madera rectangular, Bana kɔrɔ, se guarda en la cabaña Nya sobre un pequeño banco orientado al oeste, pero fuera de la vista. Incluye una serie de 86 signos gráficos, signos fundamentales del Nya, considerados provenientes del pensamiento de Klɛ, el Dios Creador.

Dieterlen y Cissé 1972:79, continúan diciéndonos:

“La génesis de los signos expresa el rastro de la creación divina, la formación del cielo y la tierra, la formación de los ‘primeros antepasados’, el descenso del Cálao a la Tierra, y demás. Y a diferencia de, al parecer, la serie Kómó, la serie Nya sigue, al menos en lo que a la primera grafía se refiere, el orden de sucesión de eventos míticos que conocemos. Así, el signo Sefɛlɛ asignado a los ‘primeros antepasados’ está en la parte superior de esta serie y el asignado a los antepasados de la segunda generación o Sefɛ está en segundo lugar”.

génesis de los signos

Esta génesis de los signos nos sumerge en el misterio más remoto de la formación del Yapɛrɛ, porque, para los Minianka, los signos del Nya, surgidos del pensamiento de Klɛ, son por tanto previos y preceden a la creación delYapɛrɛ constituido por ellos. Los 86 signos gráficos de la tablilla corresponden uno a uno a los 86 Yapɛrɛ de la ‘bolsa pequeña’ del Nya.

Es por ello que, en el momento de su constitución en el bosque, todos los Yapɛrɛ son contrastados con los signos que les corresponden en la tablilla antes de ser proclamados.Este rito, realizado para cada Yapɛrɛ por el Kara mɔkɔ, maestro del Kara o círculo, asegura en el recinto del arbusto una especie de transmutación de la esencia del signo en el ser mismo del Yapɛrɛ. Esto equivale a decir que los signos del Nya, manifestaciones del pensamiento Klɛ, preexistenal Yapɛrɛ y lo traen a la existencia.

Los Yapɛrɛ se reproducen tres veces antes de ser divididos en tres bolsas para llegar, sobre la base de esta multiplicación, a la cuenta de 256, + 10, el número básico de la creación en el Mandé. Los 266 Yapɛrɛ están entonces en las bolsas como testigos de los signos de la creación de Klɛ; garantizando la duración y vitalidad perpetua a la aldea, asegurada y aumentada por los sacrificios de sangre realizados en el recinto de entre los arbustos.

Se les dice:

“Antílope, lo tuyo es similar a lo de Klɛ”.

Kongɔnyɔh

Esta imagen del antílope tiene implicaciones mucho más amplias de lo que se puede suponer en un principio y condiciona una representación relacionada con el origen de las bolsas. Porque, aquí como en la mayoría de las grandes sociedades de iniciación Bamana, las bolsas representan simbólicamente la placenta divina de la que resulta toda la creación del universo.

Las bolsas se llaman Kongɔnyɔh, ‘principio del mundo’, o Klɛ sgara, ‘placenta de Klɛ’ o, como indica el nombre de la primera bolsa, Bwɔrɔmu, ‘bolsa madre’. Los Minianka, sin embargo, tienen una forma original de explicar el origen de las bolsas Nya. Cuentan cómo los Warablew, monos rojos, antiguos dueños del Nya en el bosque, fueron traídos por el Cálao para recoger el Yapɛrɛ  de entre las placentas de los antílopes que tenían grandes problemas para parir. Pero no hace falta decir que esta mítica simbología, la placenta del antílope representa la de los gemelos del Nya nacidos con un retraso considerable. Lo que a ojos de los Minianka es más cualificación que deficiencia. 

Juanjo Andreu
Juanjo Andreu

Profesor de Bellas Artes y comisario cientifico de arte tribal africano

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Publicado en: África, BAMANA Etiquetado como: Burkina Fasso, Costa de marfil, Guinea Bissau, Guineaconakry, Malí, Senegal, Yapɛrɛ

El animismo en el Nama Bamana Cap. XX

marzo 24, 2023 by Juan Jose martin Andreu Deja un comentario

el Nama

El Nama, la cuarta etapa: Tiene como fin enseñar a sus adeptos la necesidad y cómo conciliar la unión del espíritu, lo inmaterial y el cuerpo, lo material; del hombre y la mujer; y del bien y del mal.                              

Sus ceremonias de iniciación están particularmente relacionadas con la unión de un hombre y una mujer en el matrimonio y con la dualidad del bien y el mal, este último casi siempre pergeñado por actos de brujería.

A pesar de redundar en aspectos ya tratados antes, aquí pasaremos de lo teórico que vimos sobre esos aspectos a lo práctico:  

Deslindar a la etapa Nama del Kómó y Kworé resulta imposible, pues todas tienen como objetivo, aunque a distintos niveles, preservar el Nyama o fuerza vital de la Naturaleza y del Nya el poder del conocimiento que encierra.

Para pasar de lo teórico a lo práctico, los Mandé que lo mantienen en sus creencias, entre otros los Bamana y Minianka, utilizan altares portátiles a los que consideran receptáculos de los poderes intermedios entre Dios y los hombres. Estos altares, son elementos esenciales  para sus rituales de sacrifico, pues en ellos vuelcan los ocultos modos de conseguir sus objetivos.

el Nama
            Dos ‘caballos’ o poseídos por Nya en Wollobougou en 1977 por Catherine De Clippel

Para pasar de lo teórico a lo práctico, los Mandé que lo mantienen en sus creencias, entre otros los Bamana y Minianka, utilizan altares portátiles a los que consideran receptáculos de los poderes intermedios entre Dios y los hombres. Estos altares, son elementos esenciales  para sus rituales de sacrifico, pues en ellos vuelcan los ocultos modos de conseguir sus objetivos.

Continuearemos con los Yapete o altares la liturgia y sus sacrificios.

Juanjo Andreu
Juanjo Andreu

Profesor de Bellas Artes y comisario cientifico de arte tribal africano

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La hiena en la narrativa del Kómó Cap. XVII

marzo 10, 2023 by Juan Jose martin Andreu Deja un comentario

Introducción

Como mi intención siempre ha sido intentar que por uno u otro camino quien lea esto se sienta atraído por otros modos de vivir y procedimientos, o mejor, se apasione, permitidme poneros un texto escrito por lo más afamados etnógrafos, prescindiendo de incluir sus nombres fechas y páginas de publicación, para que la lectura no se vea alterada, pero que tengo a disposición de los interesados con todas sus datos y precisiones:

“Los herreros, que hacen el bestial y ‘exquisitamente horrible’ Kómó Kun, son una clase especial dispersa por todo el territorio de los Mandinga y otros grupos vecinos.

Debido a su trabajo con el fuego y el hierro, se les atribuye la capacidad de aprovechar y canalizar su peligroso poder para el bien de la comunidad. Sólo los herreros pueden tener títulos de liderazgo en Kómó y hacer los tocados, mientras que los de la clase de músicos, los Jeliw o Djeliw están excluidos.

La hiena

El tocado incorpora varias formas, la más prominente la cabeza de una bestia o Wara, a menudo citada como la hiena, que figura en la narrativa de Kómó, por ejemplo, en las ceremonias de apertura de la iniciación en la que  los miembros cantan: 

     “Los, niños que entran en iniciación,
van a morir uno tras otro;
la vieja hiena no ha llamado a nadie; 
pero sed bienvenidos todos. 
 ¡Que echen a perder lo anterior!    
    ¡Que se moldeen! ¡Vieja hiena!  
 Porque tú no has llamado a nadie”

   Lo que quiere decir que los iniciados han llegado para enfrentar las pruebas de Kómó por su propia voluntad y no por orden del ‘gran espíritu hiena’ que supervisa Kómó. El espíritu de la hiena o ‘la vieja hiena’, alude a las cualidades de la razón y la capacidad intelectual, y por lo tanto a la razón de ser.

Los testimonios, van más allá sugiriendo que las mandíbulas abiertas de un animal salvaje y aterrador son solo una metáfora de la identidad real y esotérica del tocado como la vagina rapaz y sagaz que los niños pronto encontrarán después de la iniciación.  El tocado se asocia con la noche de varias maneras. La hiena, en la noche, es un carroñero.

las ceremonias anuales de Kómó

Se han descrito las ceremonias anuales de Kómó, en las que una de las canciones interpretadas tiene que ver con ‘la hiena divina y antigua’, aquí se le da nombre, Jaturu:                                      

      ¡Jaturu  negro!        
Baila, da vueltas, baila.
¡Yerno del poseedor del oro negro!, es decir, del conocimiento profundo,
Baila, da vueltas, baila. 

Aquí, la hiena de la noche se revela como la palabra o manifestación, de Faaro, el gran espíritu serpiente de la creación, que posee el profundo conocimiento necesario para actuar en el Kómó.

“Se sugiere así la capacidad del danzante para transformarse en Faaro, y acompañando el sonido, los iniciados bailan un movimiento en zigzag sugiriendo el de la serpiente.La mayoría de los datos indican que el Kómó Kun se bailaba principalmente durante la noche.


Cada tocado puede tener un nombre personal y, aunque hay muchos nombres, uno de esos nombres fue registrado como “La oscuridad de la ciudad de Gwaranko”, Gwaranko Dibi,  donde se grabó una ceremonia en la oscuridad de la noche, en la oscuridad de la luna nueva, sin la más tenue luz de fuego.

los bailarines de KómóKun

Pero generalmente era bailado a la luz de una gran hoguera llamada ‘el fuego de Kómó’. En las tres fotografías de campo existentes, sin embargo, los bailarines de KómóKun aparecen a la luz del día, y esto confirma algunos datos. Dos de estas fotografías pueden haber sido escenificada. El único bailarín de Kómó está claramente con el grupo de iniciación en la arboleda boscosa.

La adquisición de materiales para aplicar al tocado es personalizada por el herrero creador a la manera de una ‘receta’, de modo que no hay dos herreros que sean iguales o funcionen de la misma manera.


Busca los cuernos y plumas correctos, símbolos de animales agresivos y emblemas de la sabiduría del herrero. Puede cavar un nuevo pozo con el fin de obtener agua fresca y pura con la que producir medicamentos para unir. Las hierbas se buscarían por sus particulares efectos, mezclados por el herrero, y reducidos a las formulas deseadas.

Dalilu

Un pollo puede ser sacrificado para asegurar el éxito. La pluma de un buitre puede agruparse en la parte superior del tocado. La acumulación resultante de materiales se considera como un Dalilu, una combinación prescrita de elementos espiritualmente poderosos diseñados para efectuar un resultado concreto. La superficie fuertemente incrustada del tocado se produce mediante la aplicación de una mezcla de arcilla negra, hojas, minerales en polvo, hueso en polvo, mijo masticado, sangre de sacrificio y posiblemente otros materiales no especificados.

Los sacrificios periódicos de sangre enriquecen la costra. Estos ingredientes simbolizaban el orden del universo y se veía que reflejaban la matriz húmeda de la creación afectando la reproducción humana. Un tocado Kómó muy antiguo habría acumulado una espectacular variedad de materiales añadidos y, por lo tanto, habría adquirido un poder extraordinario, el Nyama. Los Mandinga comparan tocados viejos con nuevos durante las actuaciones de Kómó, con letras de canciones como:    

“… has visto muchos Kómó, pero aún no has visto a la bestia salvaje”.


El tocado KómóKun se oculta de manera en extremo secreta por los miembros del Kómó, a quienes se les prohíbe incluso decir su nombre ante personas no iniciadas.

Los tocados

Los tocados funcionan no solo como tocados de baile, sino como piezas de santuario, colocadas sobre un altar sobre el que se hacen sacrificios de sangre.


Esto ha sido descrito en detalle entre los Minianka. En el camino hacia el bosque sagrado al oeste del pueblo se encuentra un claro circular cuya entrada mira hacia el este para captar los primeros rayos del sol naciente; este es el sitio de una pequeña casa sagrada. En el interior, sobre una plataforma, se colocan varios tocados, “sobre los que se ‘reza’ y se ‘sacrifica’ para que siempre aparezcan completamente cubiertos de capas de sangre densas y coaguladas, dándoles su color negro profundo”
.

Se dice que las ‘cosas de Kómó’ están vivas y ‘hablan entre sí’, lo que se manifiesta en la aparición de grietas, sangre coagulada, el deslizamiento de partes y otros signos sutiles de cambio en el movimiento. Aquí, en el altar, los tocados se conocen como ‘pedazos del cuerpo’, y uno se dirige a ellos como ‘ustedes que van a la fundación’.


Brett-Smith 1997:89, en su argumento a favor de una lectura sexual de la forma del tocado, relata un informe de Dieterlen  en el que el iniciado se ve obligado a lamer el tocado y los ganchos de metal que lleva el bailarín enmascarado.


El iniciado jura que colocará a Kómó por delante de todo lo demás en su vida, incluso de su padre y su madre. Si la metáfora es correcta, este sería un acto altamente prohibido, ya que el cunnilingus, e incluso mirar la vagina, están prohibidos para un hombre.

transgresión del iniciado en el Kómó


Por lo tanto, en su transgresión, el iniciado se coloca a merced y completamente dentro del dominio de Kómó.
Cada bailarín demuestra su poder teatralizando perspicazmente su danza.


Mientras unos hacen alardes bailando sobre zancos, otros muestran su capacidad escupiendo fuego, iluminando dramáticamente la noche. Algunos de repente parecen fuentes manando de sus brazos o cuerpo agua, o la arrojan contra el suelo simbolizando su poder para conseguir que brote a su paso un manantial. Los movimientos suelen ser acrobáticos y rápidos. El bailarín puede izar el tocado sobre el traje como si volara, desplazándolo con un largo palo.

La pirueta que forman así el tocado y su traje,  conectando tierra y cielo, dicta que el bailarín nunca debe abandonar el suelo, sino que debe anclar sus pies en él, presionando incluso hacia abajo con las rodillas flexionadas, pero con el tocado dirigido y mirando bien alto hacia el cielo.

Cuando un par de bailarines enmascarados se acercan a un iniciado, se vuelven el uno al otro y se agachan en perfecta sincronización, extendiendo sus enormes trajes. La música de Kómó incluía “dramatismo en el tañer de los tambores unas veces siniestros otras misteriosos”, para lo que usaban variedad de tambores, incluido el gran jembe.

La hiena
      Cimera Kómó de entre los siglos XIX a XX, creada en Guinea o Malí, Burkina Faso, Costa de Marfil u otro lugar de África del Oeste, según el Metropolitan Museum of Art, donde está exhibida.

     Charry 2000:8, lo llama ‘amenazante e íntimo’. El enmascarado bailarín ‘armado’ con un silbato, forjado en hierro o cobre, soplaría haciéndolo sonar durante toda su danza.

Henry

Henry 1910:147, también lo describe como “ruido que congela a uno de terror”. Acompañando a la danza, enarbolando platillos, gongs de hierro, silbatos y trompas, los músicos emitirían gran cacofonía de sonidos simbolizando a los “Hijos de la voz de Dios”.                               

Las canciones y oraciones del bailarín invocaban a los espíritus Kómó, aquellos “espíritus magnánimos que gestaron el Kómó”, solicitando protección para los niños, “No dejaré que los hechiceros ‘coman’ al hijo de nadie hoy”, y oraciones por los muertos, “Faaro está ante ti; Faaro está detrás de ti… Que este sea tu saludo”.              

McNaughton 1988:141, grabó una canción en la que el bailarín enmascarado de Kómó aparecía para ofrecer consuelo a los desafortunados y advertir a los presumidos y privilegiados: “Sirviente afortunado, cuya suerte puede cambiar, cállate, sé paciente, Todas las mañanas no se presentan de la misma manera”.

el griot

Acompañando al enmascarado, iba siempre el griot, como intérprete que representaba al espíritu, siendo conocido como la “Boca de la Bestia”.
El enmascarado de Kómó impostaba una voz dramática y opaca, similar al sonido del kazoo. La gutural voz se ha descrito como “la más fuerte bebida alcohólica”.

Podía en cada nueva actuación concebir canciones con las que dar respuestas o consejos a las preguntas que previamente se le habían formulado.

Y siempre con la voz distorsionada, tras cada canción podía detenerse y entablar conversación con alguien o interpelar a la concurrencia, pudiendo tremolar en momentos o en momentos entrar en trance mostrándose incoherente.

Dieterlen & Cisse

Dieterlen & Cisse 1972: 236-237, y McNaughton 2001:175-176; 1979:39, confirman que al final de la actuación el griot con voz clara y precisión repetía las respuestas o consejos.      Colleyn & Clippel 1998:144-147, transcriben una extensa canción del enmascarado, traducida por el asistente, el griot, que siempre les acompaña.

Durante las actuaciones de Kómó, todas las personas no iniciadas debían permanecer en el interior de sus viviendas. Las prohibiciones, o el temor que infundía, llegaban al punto en que si alguien no iniciado, inadvertidamente había presenciado un enmascarado de Kómó, ni se atrevía a contarlo en su casa ni tan siquiera en su lecho de muerte, aunque todos supieran que lo había visto.

De todos modos, previo al paso del enmascarado, un acólito antes de que amaneciera iba pregonando: “¡He aquí a Kómó! La Tierra se ilumina. Rompe el amanecer, y he visto el Kómó”.

Dieterlen & Cisse 1972:26, apuntan:

“Como ‘pescador’, Kómó, da su denominación a la propia asociación ritual”.

paso del Xix

Dieterlen & Cisse 1972: 236-37, dicen que en un momento de la iniciación de Kómó en el paso que llaman del Xix, los enmascarados KómóKun realizaban una serie de actuaciones. Este paso del Xix se tituló “hijos de las alas plegadas” aludiendo a las alas del buitre.     

El tocado del traje de KómóKun se izaba sobre su poste para la ceremonia, y en un momento dado el cantante entonaba alabanzas de Kómó, refiriéndose al buitre sagrado, curiosamente por el nombre de pila de un hombre, Zan o Nzan, enfatizando cuán poderosa es su ascendencia:

“Zan de alas poderosas. Zan de poderosas garras. ¡El gran pájaro con cuatro alas!  El pájaro capaz de arañar  la Tierra desde el cielo horadaría un pozo en la roca si descendiera”.       

    El traje de plumas de buitre recuerda una narrativa sagrada en la que se atribuía al buitre traer el conocimiento Kómó del mundo espiritual a la Tierra.

El buitre en la narrativa del Kómó

El buitre, una criatura diurna, es el guardián del “conocimiento blanco”, el conocimiento claro y abierto de origen espiritual. Como devorador de carroña, el buitre es considerado inofensivo. Como el ave más imponente, físicamente, el buitre es el patrón de la realeza, de la guerra, de la caza, y especialmente del sacerdocio tradicional y de la muerte.

Es visto como ajeno a las vicisitudes de la vida en la tierra. Como portador del conocimiento espiritual el buitre es consultado por los adivinos, y sus plumas en el traje de Kómó aluden al poder divino del intérprete de Kómó.

En las ceremonias anuales Kómó de sacrificio a los espíritus, el portavoz del evento proclama su fidelidad a “la vieja hiena que, se dice, está en el origen de todo entre los Bamana: la ‘vieja bestia’ está en la noche; la noche es oscuridad; qué es esta oscuridad, si no el secreto, el misterio del vacío original y la historia del vacío final”.

El jefe de Kómó responde: “Lo que has dicho es razonable. La hiena es una ‘gran cosa’ en los asuntos de Kómó…”.

A medida que el buitre se deleita con carroña durante el día, deja el resto a la hiena, por la noche, que no deja nada, “ni siquiera un rastro”. La hiena, en la narrativa sagrada, es un pescador, chapoteando en el mar sagrado del gran supervisor del Universo y la Tierra, el “maestro del agua”, Faaro.

La hiena según los Mandinga

Los Mandinga dicen que la hiena devora a aquellos hechiceros, que antes fueron herreros, y se cree que el herrero, presumiblemente honorable,  puede convertirse en una. Se dice que la hiena posee un enorme conocimiento sobre el bosque y sus secretos. Un animal tímido que se alimenta normalmente de carroña, a la hiena se le atribuye un extraordinario sentido del olfato y de la previsión.

Como criatura nocturna, que vive en agujeros en la tierra, la hiena se ha convertido, para el Mandinga, en un símbolo de secretos del ‘conocimiento negro’, del conocimiento de la fertilidad, la maternidad, la religión, las danzas y las canciones, en esencia, en el porqué de Kómó.

Juanjo Andreu
Juanjo Andreu

Profesor de Bellas Artes y comisario cientifico de arte tribal africano

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Publicado en: África, BAMANA Etiquetado como: Burkina Fasso, Costa de marfil, el Kómó kun, Gambia, Guinea Bissau, Malí, mauritania, Niger, Senegal

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